- Por lo visto las señales que tanto me gustaron en Florencia son obra del artista Clet Abraham, que se dedica en sus paseos en bicicleta a transformarlas para lanzar un mensaje crítico contra las leyes que limitan la libertad de expresión (según su criterio); y en su rodar por las ciudades más importantes, como París, Florencia, Barcelona, ha ido transformando el aspecto de las señales urbanas en señales de amor, un cristo crucificado, una raspa de pez… Le bastan unos segundos para realizar los cambios. Lo que desconozco es si le han multado en caso de haber sido pillado «In fraganti» . Cuando vi esta señal pensé : qué majos son los italianos, que ponen dirección obligatoria, pero sintiéndolo mucho y con el corazón «partío», como dicen en Andalucía. ¡Claro que entonces no sabía que era una cosa del señor Abraham; de todas maneras Florencia me ha dejado el corazón partío y una mitad se me ha quedado allí, que la otra la tengo en la douce France do mora la Estirga (ella lo sabe y de momento no se queja).
- Debo dar las gracias a Clet Abraham porque disfruté mucho descubriendo sus señales y decirle que estoy con él cuando opina que el arte debe interactuar con la gente de la calle, que debe tener presencia en las calles, aunque todo lo que se nos vende como «arte en la calle» no lo sea.
La cúpula de la basílica de San Lorenzo
El trazado de las grandes ciudades modernas con sus amplias avenidas, sin dejar de tener su encanto, nos impide el sobresalto infantil que nos deja con la boca abierta tal como sucede cuando se pasea por un entramado de callejuelas medievales en las que, de pronto, se nos viene encima una cúpula como esta de la basílica de San Lorenzo; la desproporción nos apabulla y nos empequeñece al tiempo que pensamos: ¡qué grandes los Medicis!
Picasso se ríe de sí mismo
En el archivo de fotos me he encontrado con esta divertida del malagueño más universal, aunque no he podido verificar de quien es. Autor aparte, creo que merece la pena ponerla como homenaje al buen humor y a la gente en general que tiene la sana costumbre de reírse de sí mismo, lo que para mí significa una cura de humildad y la aceptación de que nadie está por encima de nadie.
Comer en Florencia II. Carpaccio di chianina con la rucola e la mousse di parmigiano
Solo con oír el nombre del plato a una le dan ganas de llorar de la emoción. Tal como se ve en la foto, la presentación es impecable; los hechos, al incarle el diente, confirman la primera impresión. La carta del restaurante-osteria Dell’olio en la plaza del mismo nombre es un relato de platos deliciosos que no defraudan como «la tartara di tonno rosso e la sua guarnizione» o «Gamberi in fiore di zucca in crema di fromaggio»… Cenar en la terraza con algún acordeonista yendo y viniendo, con una copa de chianti en la mano es un placer florentino. El servicio es rápido y agradable, debo decir que no hemos encontrado más que gente simpática y muy amable… en fin un lugar ideal para cenar en un ambiente muy acogedor. El restaurante está situado entre Santa Maria Maggiore y el Duomo.
Hotel Paris
En el centro antiguo de Florencia hay un número importante de hoteles ubicados en antiguos palacetes con un encanto extraordinario. El hotel Paris situado en la via dei Banchi ocupa enteramente el Palacio Venturi, antiguamente palacio Doni, y una parte del palacio Mondragone. La vía se construyó para unir el barrio de San Giovanni (Duomo) y el de Santa Maria Novella, y se terminó en 1324. Desde el hotel se divisa la cúpula del Duomo, muy cerca se encuentran Santa María Magiore, La Basílica de San Lorenzo con su mercadillo popular en las calles adyacentes y la Capilla Medicea.
El hotel Paris cuenta con una bonita terraza para desayunar con buen tiempo y un comedor con unos techos abovedados con frescos muy interesantes.
Sobre Julio Cortázar en Berkeley
Carles Gelí cierra su magnífico artículo del 10 de octubre en El País, publicado bajo el título «Un cronopio en las aulas de Berkeley», con esa frase de Carles Álvarez: «Esas clases en Berkeley serán para Cortázar el último momento feliz de su vida». Magnífico artículo el de Carles Gelí desde Barcelona.
La ingente obra del escritor tiene dos ángeles guardianes: su mujer Aurora Bernárdez y Carles Álvarez. Su primera mujer, Aurora, que vive todavía en el domicilio que compartieron en Montparnasse y en cuyo buzón aún se conserva el nombre de los dos, es la legítima depositaria de su legado literario; Älvares es el gran conocedor de su obra y editor de toda su correspondencia.
Cuando el maestro acepta impartir sus clases en la universidad de Berkeley, tenía 66 años, era en 1980 y nadie podía imaginar que moriría cuatro después. Su estancia en la Universidad americana fue como unas gratas vacaciones en compañía de su último gran amor, Carol Dunlop. El tiempo fue rácano con ellos; seis meses después de esas clases magistrales, Carol enfermó y murió en 1982 en París. La foto que publica el periódico es de la misma Carol Dunlop.
En 1980 Cortázar era ya todo un mito y a esas clases asistieron, además, alumnos venidos de distintos países sudamericanos, profesores y admiradores de su obra que ya eran legión. ¡Qué enorme fortuna haber podido asistir a esas clases para escucharle descifrar las claves de su obra! A todos los cortazarianos y cronopios de este mundo que tengan curiosidad sobre el porqué aceptó dar esas clases en una universidad imperialista, para todos los detalles en donde se muestra su personalidad iconoclasta, les remito al artículo de Gelí y, con su permiso, copio la frase resumen que Julio Cortázar dirigió a su amigo Guillermo Schavelzon: «Les dejé una imagen de rojo tal como se puede tener en los ambientes académicos de los USA…».
Esto es solo un apunte, una pincelada para abrir boca: lo mejor es leerse el artículo y comprar el libro editado por Alfaguara, «Clases de Literatura. Berkeley, 1980» transcripción de las cintas, de gran calidad, grabadas posiblemente por un alumno y que llegaron a manos de Aurora Bernárdez en 2005 y con la inestimable labor de Álvarez, encargado de la edición.
Cita de Picasso
Picasso defensor de la República Española : «No, la pintura no existe solo para decorar las paredes de las casas. Es un arma que sirve para atacar al enemigo y para defenderse de él».
Exposición de fotografías de D. Douglas Duncan en el Museo Picasso de Barcelona
El día 24 de este mes hablaba de los fotógrafos de primera línea que rodearon la vida de Picasso. D. Douglas Duncan, con más de noventa años, ha podido inaugurar la exposición de fotografías que estos días se exponen en el Museo Picasso de Barcelona; él fue, de entre todos ellos, el que estuvo presente en la vida cotidiana de Picasso y Jacqueline durante los últimos años del pintor; el que retrató a Picasso en la bañera enjabonado por Jacqueline, sentado en la mecedora, besándose, a Jacqueline con sombrero, Picasso en el estudio, el pintor bailando… mofándose de sí mismo, sin perder nunca el sentido del humor. Sin duda una exposición muy interesante.
Después están las otras, como esta de Edwuard Quinn en la que aparecen Picasso y J. Cocteau con sombreros y capotes de toreros.
Giotto
Hace días que estaba queriendo traer aquí la escultura de Giotto que nos mira con gesto adusto desde la galería exterior de los Uffizi. Su cuerpo robusto, asentado sobre piernas contundentes, lo anclan al mundo venidero para recordarnos que su pintura abrió y dotó el gesto, la expresión, al rostro humano; y que, además, en su mano sostiene los planos de la primera planta del Campanile del Duomo… Si alguien ama al Giotto esa soy yo, a pesar de esa minifalda con flores tan renacentista…
Palazzo Vecchio (patio interior)
La belleza de las columnas del patio interior me sorprendieron; no conocía el Palazzo Vecchio por dentro y es tan extraño llegar a sorprenderse de verdad, cuando toda Florencia está filmada, fotografíada, reproducida y la hemos visto tantas veces a través de todos los medios…









