Calabacines: falso escabeche

"Calabacines en escabeche". Foto: Bárbara.

«Calabacines en escabeche». Foto: Bárbara.

Esta receta, «Calabacines en escabeche», tengo entendido que es italiana, pero bien podría ser española donde los escabeches gozan de una gran tradición, supongo que por ser esta forma la idónea para conservar distintos alimentos durante días; la caza, los pescados azules, las aves… en escabeche resultan deliciosos. Antes, cuando las conservas en lata no estaban tan a mano, los productos de temporada abundantes se solían escabechar o bien guardarse en aceite. El adjetivo de falso escabeche se debe a que o bien se toman de un día para otro o se pueden tomar con solo prepararlos unas horas antes a ser consumidos dependiendo del tipo y grado del vinagre. Como guarnición de platos de carne o de pescados resultan deliciosos.

Calabacines en escabeche.

Ingredientes: Calabacines, vinagre de Modena, de vino o de manzana, aceite de oliva virgen extra, unos dientes de ajo, albahaca, sal.

Cortamos los calabacines en rodajas de un dedo de grosor, lavamos y secamos bien; sazonamos con sal y las freímos en aceite de oliva, dejándolas al dente. Las escurrimos sobre papel de cocina. En un bol ponemos vinagre, aceite, sal y unos dientes de ajo picados; removemos bien y vertemos sobre los calabacines, que habremos puesto en un recipiente con tapa; removemos con cuidado para que se impregnen del aliño y añadimos hojas de albahaca. Tapamos y reservamos en la nevera. Si lo vamos a consumir en unas horas, se puede hacer una mezcla de vinagre de vino (un poco, por ser el más fuerte) y vinagre de Módena, que suaviza un tanto: para los que quieran guardarlos varios días, es mejor la mezcla de vinagre de manzana (más suave) y el de Módena, porque no se trata de que estén tan fuertes como unos encurtidos. El sabor que proporcionan las hojas de albahaca es impresionante. El quid de esta receta, que es tan sencilla, solo depende de que ajustemos el sabor más o menos fuerte del vinagre a nuestro gusto, teniendo en cuenta que el aliño no pasa por la acción del fuego.

Friedrich Nietzsche, poeta

Retrato de Niezsch realizado por Munch

Retrato de Nietzsche realizado por Munch de 1906.

La realidad es la muerte del espíritu y el arte, su salvación. El filósofo Friedrich Nietzsche, creador de la idea del superhombre, afirmó que el ser humano, animal metafísico, debería perecer para dar origen a un mundo nuevo, a un hombre nuevo. Tras la muerte de Dios, había que crear un nuevo concepto del infinito; el artista debía tener una religión propia y la eternidad o el eterno retorno es del superhombre, que finalmente es una afirmación y un canto a la vida. Hay que crear nuevos valores, el mundo absurdo, sin sentido, debe dar paso a un «yo creo». En «Así habló Zaratustra» se pregunta cómo soportar el ser hombre, si el hombre no fuese poeta y adivinador de enigmas…

SILS-MARÍA

Aquí estuve sentado, esperando, esperando… nada

más allá del bien y del mal, gozando

a veces del sol, a veces de la sombra,

todo juego, todo mar, todo mediodía, todo tiempo sin meta.

 

Y de pronto, amiga mía, de uno se hizo dos

y  Zaratustra  pasó a mi lado.

 

Ediciones Hiperión. «Poemas» Friedrich Nietzsche.  Madrid. Primera edición 1979.

Algunas quedan

Foto: Bárbara.

Foto: Bárbara.

Son flores sencillas de cuyo nombre no es que no quiera acordarme, es que no me acuerdo en este momento; son de esas cuya belleza es su mejor carta de presentación, ¡ni falta que les hace el nombre o apellido!

Negro sobre Blanco IV

Bárbara Carpi. Acrílico sobre tela.

Bárbara Carpi. Acrílico sobre tela. 140 x 70 cm.

Este cuadro apaisado forma parte también de la serie «Negro sobre Blanco». Al no utilizar retardador de secado, es el resultado de una acción gestual rápida, sin apenas correcciones. Pinchar en el centro de la imagen para ampliar esta que queda así de pequeña por el formato del blog.

El Arno

Florencia. Foto : Bárbara.

Florencia. Foto : Bárbara.

El Arno a cualquier hora del día, pero al atardecer es un calmante que serena el espíritu…

Una terraza con estilo

Florencia. Foto : Bárbara.

En la plaza de San Marcos de Florencia, frente a la iglesia donde Fra Angelico  nos espera, esta bonita terraza es un buen lugar para descansar después de haber visto el Museo Arqueológico y la Santissima Annunziata,  muy cerca de allí.

Foto : Bárbara.

El Rey Mono contra el Demonio de Hueso Blanco

Este libro editado en la República Popular China es una adaptación de la novela mitológica del siglo XVI «Peregrinación al oeste» de Wu Cheng-en. Su protagonista es el Rey Mono, personaje heroico de los más queridos de la tradición china. Fue enterrado por el Buda y quinientos años más tarde asumió el budismo y acompañó al monje Tang en su peregrinación en busca de las escrituras búdicas. En el largo peregrinar venció a demonios y monstruos, realizando innumerables hazanas. El más temible de ellos, el Demonio de Hueso Blanco, quiso comerse al monje Tang, el cual fue salvado por el Rey Mono; no obstante, finalmente logró embaucarlo de tal manera que el monje expulsó a su fiel amigo; el Rey Mono era fiel y voluntarioso, y al cabo de mil aventuras consigue salvar al monje que había caído en manos del malvado demonio. El Rey Mono era un simio, el demonio de Hueso Blanco es un cráneo, pero adopta, en esta versión, la forma de mujer, por ser esta astuta y taimada – en todas las culturas y religiones vemos que la mujer encarna el mal (¿Hasta cuándo?)-.

La moraleja de esta narración tradicional es que hay que distinguir entre lo verdadero de lo falso, lo correcto de lo erróneo y además que hay que luchar contra los demonios y exterminarlos.

Las ilustraciones de este libro, responden al estilo de dibujo tradicional chino y lo dotan de una belleza realmente nada sorprendente, porque la estética del arte chino es, de sobra lo sabemos, algo mágico y casi irreal por su perfección.

El libro es de Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1976. Adaptado por Wang Sing-pei, dibujos de  Chao Jung-pen y Chien Siao-tai.

Una de las ilustraciones.

Una de las ilustraciones maravillosas que aparecen en cada página

Reflejos III

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Nuevos reflejos de troncos de árboles que se sumergen en el agua sin ánimo de competir, solo de ser, habitar el agua; en el agua «son» de otra manera, más libres quizás, como sin ataduras en la tierra… En el agua son como pájaros estremecidos o como el vuelo rápido que, de tan rápido, queda congelado en la retina.

Foto: Bárbara.

Karl Marx, su tesis doctoral

Tengo entendido que últimamente Karl Marx ha vuelto a estar presente en tertulias sesudas. ¿Se están revisando sus textos quizá porque no se entendieron del todo o por el hecho de que el sistema predador del furioso capitalismo está llevando a la desesperación a capas de la sociedad -claramente a la clase media- que está desapareciendo en muchos países sumándose a la casi indigencia? ¿O acaso el fenómeno es algo tan frívolo y pasajero como una moda? Sea como sea, quiero traer aquí el primer trabajo que se conoce de él, su tesis doctoral, en el que se nos muestra el proceso de su evolución ante la filosofía, y que se presentó en Berlín en 1841 bajo el titulo de «Diferencia de la Filosofía de la naturaleza en Demócrito y en Epicuro». Una obra no muy extensa, acostumbrados como estamos hoy a tesis enormes, pues contando con el prefacio y los apéndices no va más allá de las 96 páginas. Este pequeño libro en extensión, que no en profundidad, es, me atrevo a decir, apasionante para los amantes de la filosofía.  Posteriormente el proyecto de Marx era ampliar el texto con el ciclo de la Filosofía epicúrea, estoica y excéptica y sus relaciones con toda la especulación helénica. Y se pregunta si no son esos sistemas el arquetipo del espíritu romano, la forma en que Grecia emigra a Roma.

Fue editado por Editorial Ayuso en Madrid en 1971.