Un cementerio diferente de perros y gatos

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

 

El lunes, paseando por la finca de unos amigos, me encontré bajo unos árboles un rincón donde los vecinos habían estado enterrando a sus perros y a sus gatos. El terreno, en alto, dominaba el hermoso paisaje de un valle roturado en verdes que se extendía hasta la sierra; el día era caluroso y cambiante, el cielo limpio y despejado; a lo largo del día las nubes se cerraron descargando una tormenta primaveral corta e intensa que aligeró la atmósfera para potenciar un atardecer radiante donde el sol se acurrucó en el horizonte… En medio de estos vaivenes atmosféricos fui haciendo fotos de las distintas tumbas con el nombre de sus habitantes, de los carteles dibujados por sus seres queridos, y pensé en el cariño incondicional de los perros y de los gatos y de que ellos compartían en paz esa atalaya de la concordia… Y también pensé que ya me gustaría a mí disfrutar de esta vista por todos los siempres…

«Dessine-moi un Parisien» de Olivier Magny

Rara vez leo un best-seller; todo lo que me suena a triunfo planetario, a aplauso generalizado, me pone en guardia, porque sospecho que detrás de todo ello hay un plan muy estudiado, una campaña publicitaria y un negocio super bien planificado al margen de la calidad y de la cultura. Por eso mismo no compro  libros de éxito fulgurante, pero una no se escapa de que se lo regalen. Mi reacción en estos casos es buscarles acomodo en algún rincón del estudio y dejar que reposen per saecula saeculorum porque, aunque sé que no saldrán de ahí, un libro es un libro, es un libro… como diría Gertrude Stein; y aunque solo sea por la tinta y el papel hay que cuidarlos… por fuera, como un paciente enfermo de gloria.

«Dessine-moi un Parisien» de Olivier Magny fue un best-seller y a este, sin embargo, no lo tengo castigado cara a la pared. La cosa es que se cumple en él lo que dijo Le Figaroscope: «Une Bible» y Libération : «Hilarant» o  «Es un regalo, muy bien escrito, tan verdadero y realmente divertido» como dijo Le Point…  El autor, Olivier Magny, escribía un blog en inglés llamado Stuff Parisians Like, que tuvo un éxito tal que la editorial 10/18 le propuso publicar su blog en papel. Otro éxito. Tanto éxito me mosqueaba, pero… siempre hay un pero y una excepción a toda regla, quien me lo regaló es una persona muy querida (parisina ya de adopción) y que sabe de mi pasión por todo lo parisino…, de modo que se salvó del olvido por todo eso y porque realmente es deliciosamente divertido. Capítulos como: «Le mot putain», «Traiter les gens de fachos», «Le caramel au beurre salée», «Critiquer les parisiens», «Les bobos», «Les beaux quartiers»… La chispa y el ingenio lo han convertido en uno de esos libros que una puede leer sin problemas para pasar un buen rato, aunque no es evidentemente un libro profundo ni lo pretende y eso si que me gusta: poder llamar a las cosas por su nombre.

Editado en Francia, 2011, con la aprobación de Baror International, Inc., Armonk, N.Y. Ilustraciones de Marie Sourd.

Col lombarda con bacon

Lombarda con bacon. Foto: Bárbara.

Lombarda con bacon. Foto: Bárbara.

 

 

En el centro de España se hace mucho la col lombarda (chou rouge), sobre todo en Navidad; en Aragón se toman los cardos con bechamel o con un picado de almendras realmente delicioso; en Galicia los grelos con lacón están estupendos… en cada zona predominan unas u otras verduras en su tradición gastronómica particular. Esta receta, con un aspecto final soberbio, proporciona a una simple lombarda el aire de plato festivo, de días especiales. Y sin embargo es sencilla, fácil de hacer, rápida y no es cara.

Ingredientes: 1 lombarda, unas lonchas de bacon (si es ahumado mejor), un puñado de piñones, pimentón dulce, cebolla, 2 dientes de ajo.

Hervimos la lombarda; escurrimos y reservamos algo del caldo. En una sartén doramos los dientes de ajo laminados y, cuando estén dorados, añadimos la cebolla picada y rehogamos hasta que esté doradita. Es entonces cuando agregamos a la sartén el bacon en trozos no muy grandes. Damos vueltas y añadimos los piñones para que se tuesten un poco; cuando el bacon esté un poco crujiente, ponemos la lombarda. Rehogamos y vertemos por encima un poco de caldo y una cucharada de pimentón dulce; dejamos que dé un hervor y ¡listo para disfrutar de un plato que es un lujo de sabores!

A 33 grados y en abril

Todo. Foto: Bárbara

Toldo. Foto: Bárbara

Muchos están en las playas o descansando en las ciudades, haciendo turismo rural o senderismo… en fin son días de recargar las pilas; en el levante sufrimos ya los 33 grados en abril que ya es pasar calor. Y en vista de que todo el mundo está en otras cosas  aprovecho para poner alguna fotografía de una de las cosas que más mitigan el calor de una forma bonita.

¡Ya están aquí!

Moreras. Foto: Bárbara

Moreras. Foto: Bárbara

¡Ya están aquí!, de nuevo con sus tiernas hojas, saludando a las nubes, bien tiesas, orgullosas como diciéndoles aquí, aquí mirad que guapas estamos… Las veo desde casa, frente a mí, las moreras renovadas.

Última hora

Nos hemos despertado con la triste noticia de la muerte de Gabo. Sabíamos de su enfermedad, él ya anunció que había dejado de escribir, esa rutina férrea que mantuvo toda su vida y que produjo una obra de reconocimiento universal. Engrandeció nuestro idioma llamando a la realidad con la magia de sus palabras, lo llaman «realismo mágico»; pues bien, se nos ha ido el gran mago… In memoriam.

Lobo lunar

 

 

 

Mientras la abuela se moría de aburrimiento en la cama, Lobo lunar intentaba silbar juntando los labios, pusch, ssiff, schif.. ; el viento ululaba, uh, uh, uh…; Tambor el conejo golpeaba la txalaparta, pam pam pam…; Verde, la rana, croaba, croa, croa, croa…;  Grio, el grillo, cri, cri, cri… en el regazo de Caperucita que seguía el compás  con el pie. Lobo alzó la batuta y la orquesta dejó de afinar; comenzaba el concierto en clave de sol más o menos así;  croacricricri uhuh crischifpampam croacripampampam croacricripampamschif schif…

¡Basta! -gritó la abuela. Fue lo último que dijo.

El Greco y el paisaje

El Greco: "Toledo". The Metropolitan Museum of N.Y.

El Greco: «Toledo». The Metropolitan Museum of N.Y.

 

 

Estamos en el año del Greco y la ciudad de Toledo le rinde homenaje merecidísimo. Todo aquel que pueda acercarse a visitar la ciudad para contemplar las distintas exposiciones y los lugares donde dejó su huella el pintor cretense, como su casa convertida en Museo desde 1910 situada en la judería que perteneció al mecenas Samuel Levi, el Hospital Tavera, cuyo retablo proyectó el Greco y realizó su hijo Jorge Manuel -allí se conserva una de las pocas esculturas que realizara, el «Cristo Resucitado»-, la Catedral… ; se encontrarán además con el añadido de ver los bellos paisajes y el contorno de una ciudad encantadora encaramada en lo alto con el Tajo a los pies.

En «Vista y plano de Toledo» (1608-1614), conservado en su casa Museo, nos encontramos con sus figuras idealizadas y estilizadas, y la descripción meticulosa de las casas, palacios e iglesias, la alegoría del río Tajo, el plano que porta el Niño …, una obra compleja que dio lugar a numerosas interpretaciones: para unos era una obra inacabada; para otros, un precedente de los paisajes de Cézanne y de la corriente impresionista.

El dramatismo y movimiento que caracteriza a las figuras del pintor de Candia (hoy Heraklión) los traslada al paisaje, dotándolo de toda la fuerza interior al enfatizar su representación dramática antes que la descriptiva en los pocos que realizó. Esta forma de tratar el paisaje dotándolo de una atmósfera onírica, angustiada, fue muy valorada por los pintores simbolistas del siglo XIX y con posterioridad otros pintores impresionistas, posimpresionistas y expresionistas bebieron de estos, considerados primeros paisajes españoles y, más concretamente, su «Vista de Toledo», fechado en 1597-1599.

Este cuadro «Toledo», hoy en el Museo Metropolitano de N.Y. , cumple todos esos requisitos antes citados y yo añadiría que el color verde aplicado sin matices, además, lo hace absolutamente moderno, actual, destacando también ese hermosísimo cielo cargado de expresividad emotiva que me lleva a los cielos de otro pintor personalísimo, Van Gogh, evidentemente no en la forma sino en el tortuoso sentimiento proyectado.

Parísombra

Le Louvre. Foto: Bárbara.

Le Louvre y Le Marly al fondo. Foto: Bárbara.

 

 

Dos nuevos capítulos de mi novela «Parísombra» donde Niko Sureda se extasía en el Marly mientras observa fascinado la pirámide del Louvre, dejando pasar la mañana en elucubraciones nada rentables. Y el día a día de Monsieur Mir i Manent, el viejo comunista o «coco», que dicen los franceses, contándole a su perro «Cándido» sus memorias de guerra.