Velázquez: Boceto del dios Apolo

Velázquez: boceto del dios Apolo

Velázquez: boceto del dios Apolo. Óleo sobre lienzo, 36×25 cm. Colección particular. N.Y.

 

Muchos pintores quisieran al final de su producción poder realizar un boceto como este; el término «abocetado», que designa un estudio rápido, realizado con ligereza para un posterior trabajo más complejo, alcanza una dimensión diferente cuando los bocetos están realizados como este, como los de Leonardo, Miguel Ángel o Rembrand, y valen por sí mismos lo que una «obra» terminada; su calidad así lo manifiesta con la impronta de lo genial. Esta cabeza de Apolo, realizada sobre tela, para la «Fragua de Vulcano», está pintada en Roma en 1630, es un boceto donde se ve la impresión que le causara la visión de los pintores venecianos, quizás más que en su obra terminada. La factura de esta cabeza revoluciona el concepto pictórico y la técnica que se refleja en la libertad de la pincelada, la ligereza, el aire que la envuelve; el menos es más aquí se ejemplariza. Bellísimo boceto resuelto con cuatro pinceladas.

Safo (III)

Fresco pompeyano del cuarto estilo. Museo Arqueológico de Napoles

Fresco pompeyano del cuarto estilo. Museo Arqueológico de Nápoles

 

Con el cálamo sobre los labios y la tablilla de cera, el rostro pensativo de la joven, en este supuesto retrato de Safo, del siglo I d.c., al margen de que la represente o no, es ciertamente hermoso. El fresco, en el Museo Arqueológico de Nápoles, es conocido como La Gioconda de la Antigüedad; desconozco el porqué, pero es de destacar la mirada de unos ojos ¿excesivamente grandes? que miran al espectador. En la Antigüedad clásica la figura de Safo se nos antoja compleja y fascinante; por un lado, si ella, en vez de nacer en la aldea de Eresos, en la isla de Lesbos, lo hubiera hecho en Atenas, tendría que haber sido una cortesana para tener acceso a la cultura y a las artes, pues solo a ellas les era permitido, de modo que hubiera estado condenada a vivir una oscura vida dentro del hogar; por suerte para todos los autores venideros que adoraron sus poemas, como Virginia Woolf, Platón, Baudelaire, Lord Byron, Ezra Pound y un largo etc., nació en una isla abierta a todas las culturas, a todas las influencias y donde las mujeres tenían el mismo derecho que los hombres, por lo que pudo dirigir su Academia al modo de la de Platón, donde se impartía danza, música, poesía, literatura; ella creó ritmos y metros nuevos, y hay que tener en cuenta que las composiciones entonces  estaban destinadas  a ser cantadas, bailadas, acompañadas por la flauta o por la lira y que ella, una excelente bailarina, coreografiaba, componía la música… ay, fuente de inspiración para la gran Isidora Duncan. Existe una especie de nebulosa sobre su vida debido en parte a que la sabemos por fuentes indirectas, de personas que no la conocieron en vida; aun así se sabe que era de familia acomodada, que se dedicó también a los negocios y a la política, que tuvo amantes tanto masculinos como femeninos, que se casó y tuvo una hija, todo ello bastante habitual en Lesbos. La fama de Safo, el mito Safo, el fenómenos Safo, a la que Platón llamó la Décima Musa, ha llegado hasta nuestros días a pesar de que su obra nos llega fragmentada. Su poesía intimista y sencilla la escribió en aeólico frente a la poesía épica del momento y desde la pasión revolucionaria del subjetivismo femenino. y fueron posteriormente copiadas a través del tiempo hasta que el Papa Gregorio VII ordenó quemar sus manuscritos por inmorales (con la Iglesia hemos topado). Sus obras más famosas son Oda a Afrodita, Oda a las Nereidas y Adiós a Atthis.

Marguerite Yourcenar en su libro «Fuegos» le dedica un hermosísimo relato titulado «Safo o el suicidio», cuya lectura recomiendo por su excelsa dosis de desgarrada poesía.

Safo: «A una muchacha inculta» (II)

foto: Bárbara

foto: Bárbara

A UNA MUCHACHA INCULTA (IV)

Cuando te mueras, te enterrarán, y en ningún sitio quedará memoria de ti para el futuro por no tener parte en las rosas de Pieria. Invisible morarás en la mansión del Hades, sombra al vuelo entre muertos oscuros.

 

No tener parte con las rosas de Pieria significa tanto como «no tener trato con las musas», también llamadas Piérides por hijas supuestas, de  Piero.

De la Antología incluida en The Oxford Book Of de Greek Verse (1954) Editorial Aguilar. Biblioteca de Iniciación al Humanismo. Madrid 1968.

Safo: «Una amada ausente»

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

UNA AMADA AUSENTE (VI)

Te igualaba a una diosa insigne, y tú te embelesabas con su canto como con otro ninguno. Pero se fue, y ahora sobresale entre las damas lidias lo mismo que la luna de rosados dedos eclipsa todas las estrellas una vez puesto el sol. Y su brillo baña de plata el mar salobre, e ilumina las campiñas floridas, donde ha caído el rocío y han brotado las rosas, el tierno perifollo, las dulces flores del trébol.

Mas en el ajetreo de su nueva vida no deja de añorar el cariño de su amada Atis, y en el pecho le duele de nostalgia el corazón.

Poema VI que figura en la antología incluida en La Oxford Book OF Greek Verse (1954), traducido directamente del griego por Manuel Rabanal Álvarez. Editorial Aguilar. Biblioteca de Iniciación al Humanismo. Madrid, 1968.

¡En la plaza… gana el tronco!

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

¡Bonitas patas! La belleza del tronco no se deja empañar ante el «invento» del palo de la sombrilla cuyo pie deteriorado nos puede llevar a pensar, por contraste, que lo natural permanece ….  Plaza de San Antonio (Denia)

 

 

Tomates rellenos de atún y langostinos

Tomates rellenos. Foto: Bárbara

Tomates rellenos. Foto: Bárbara

 

Una receta muy fácil, barata y rápida de hacer. Las propiedades beneficiosas del licopeno, presente en los tomates, hace además que sean una buena apuesta en cualquier época del año; es cierto que los tenemos todos los meses en las grandes superficies, pero también lo es que ya no saben como sabían antes los de temporada, los que iban madurando al sol en las tomateras y de ahí iban directamente a los mercados. El recuerdo del olor, color y sabor de un tomate cogido en la huerta me lleva a la nostalgia… y a pensar en todo lo que nuestra gastronomía le debe al continente americano.

Ingredientes: 1 lata de atún en aceite o de bonito, 1 tomate mediano por persona, arroz redondo, salsa de tomate a ser posible casera o que sea un bote de salsa buena, (no de esas muy aceitosas que arruinan el plato, ojo ahí está el meollo de cualquier plato que lleve tomate), mahonesa casera, gambas o langostinos.

 

Cortamos los tomates en dos y los vaciamos; los ponemos boca abajo para que suelten el agua. Hervimos el arroz y lo enfriamos bajo el grifo para quitarle el almidón y que el grano quede suelto; reservamos. Si por falta de tiempo tenemos que utilizar mahonesa no casera… qué le vamos a hacer, pero está mejor con la casera… en fin. Mezclamos en un bol el atún bien escurrido de aceite -evidentemente cuanto más atún pongamos mejor será el resultado; yo suelo poner dos latas para cuatro comensales-, la salsa de tomate, el arroz y la mahonesa; la mezcla tiene que quedar untuosa, el arroz seco no tiene gracia en esta receta. Por último cocemos muy poco en agua con sal los langostinos o los compramos ya cocidos; aunque otra opción es pasarlos por la sartén. Rellenamos los tomates salpimentados y los guardamos en la nevera para que a la hora de consumirlos estén fresquitos. ¡Y nada, a disfrutar que son dos días!

PD: En la foto parece que el langostino se zambulle en el arroz!

Rafael: «La Virgen de la silla»

Rafael: "La Virgen de la silla". diámetro 71 cm. Palazzio Pitti. Florencia

Rafael: «La Virgen de la silla». Óleo sobre tabla. Diámetro 71 cm.  1516. Palazzio Pitti. Florencia

 

 

Respecto de esta pintura de Rafael, Renoir dijo: «La pintura más libre, más sólida, más maravillosamente simple y viva que sea posible imaginar»; sin duda amaba su obra… ¿y quién no? El maestro de Urbino pintó varias vírgenes en un tondo como son «Virgen de Alba» y «Virgen de los candelabros», pero en este la composición en espiral  de la Virgen, San Juan y el Niño, así como la utilización de colores fríos en el exterior y los cálidos en el interior transmiten una calidez envolvente, una gran ternura maternal. Según Fred Bérence en su libro «Raphaël» (Librerie Larousse, París, 1963), el rostro de la Virgen es una transposición de la Donna Velata, sin duda la mujer que él amó y cuyos rasgos se encuentran transfigurados también en la «Madona Sixtina». Según los cotilleos propios de la época, se dice que la Fornarina fue una cortesana que posó para varios pintores del Renacimiento, que aparece en siete obras de Rafael, que pudo ser su amante o bien que era la hija de un panadero romano y su nombre era Margherita Luti; aunque los últimos estudios se decantan porque era una cortesana.

Aviso a navegantes

Plaza de . Foto: Bárbara

Un rincón del jardín  Lagrange. Foto: Bárbara

 

En vista de que tengo unos lectores maravillosos, cuatro capítulos nuevos un poco gamberros por exigencia del guión.

Caravaggio: «Baco»

Caravaggio: "Baco". Óleo sobre lienzo,95 x85 cm. 1596. Galleria degli Uffizi. Florencia.

Caravaggio: «Baco». Óleo sobre lienzo,95 x85 cm. 1596. Galleria degli Uffizi. Florencia.

 

Magistral esta representación del dios Baco que se aparta de los cánones de su época. Caravaggio fue un pintor libre que pintaba su verdad, lo que veía, apartándose así del realismo idealista del Renacimiento; buscando sus modelos entre sus amigos, entre las prostitutas, entre los compañeros de juergas nocturnas; los lances, riñas, peleas en los bajos fondos condicionaron el final de su vida, por todo lo cual, hoy diríamos que fue un rebelde que pintó como vivió. El naturalismo con que están realizados los distintos elementos de este bodegón, la copa de vino que ofrece al espectador, los pámpanos, la botella nada tiene que ver con el aristocrático ideal del renacimiento, ni el rostro sensual del muchacho responde al canon mitológico del dios. La tremenda ambigüedad sexual convierte a esta tela en una obra inquietante; se piensa que el muchacho de rostro regordete, que muestra la rojez de la piel atribuible al vino -más que el tono «rosado de las mejillas», que contrasta fuertemente con la blancura de la piel del torso-, de mirada sensual y de labios carnosos, cuya identidad se cree era la de un «castrato» o bien que era un autorretrato debido a la postura frontal del personaje, ya que se retrató frente a un espejo. Sea como sea, el resultado es una soberbia obra alrededor de ese dios cercano, profano y tremendamente inquietante.

Su otro «Baco», pintado con anterioridad a este, «Baco enfermo», hoy en la Galleria Borghese de Roma, sí se sabe con certeza que es un autorretrato, y para mí que guarda mucha similitud en los rasgos con el  de 1596; de todas maneras ambos son la expresión del genio del lombardo Michelangelo Merisi, nacido en el pueblo de Caravaggio.

Delacroix: «Frédéric Chopin»

Delaroix: "Frédéric Chopin". 45 X 37. Museo del Louvre.

Delacroix: «Frédéric Chopin». 45 x 37. Museo del Louvre.

 

Delacroix, Chopin y George Sand, un pintor, un músico y una escritora fueron los protagonista de este retrato. El maestro Delacroix pintó pocos retratos, pero este influyó  grandemente en los impresionistas. La amistad entre los tres se inicia en 1838, año en que se conocen; el genial músico polaco y su compañera, la escritora francesa, fueron la encarnación del espíritu romántico, su relación y sus vidas casi un alegato vivo. Cuando la amistad, el vínculo más noble, fuerte y desinteresado que pueda darse, une a esos tres seres fuera de lo común, lo hace para siempre, hasta la muerte del músico. Baste decir que en el estudio de Delacroix se instaló un piano para que Chopin pudiera tocar sus maravillosas improvisaciones, componer y deleitarlos; de igual manera la pareja tenía en su casa un taller para que el pintor, otro romántico declarado, pudiera trabajar a su antojo. Este cuadro tiene su historia; en un principio era un retrato de mayor tamaño en el que aparecían George Sand y Chopin separados por un piano, cuando se produce la ruptura entre ellos, el lienzo se cortó, separando físicamente a la pareja; la parte de la escritora se conserva en el Museo de Ordrugaard de Copenhague en Dinamarca.

Para algunos el retrato de Chopin está inacabado, quizá por la soltura con que está resuelta la cabeza, por los vigorosos trazos de cabello o por el protagonismo de la luz que enmarcan los rasgos sustituyendo al dibujo o a las líneas bien perfiladas. Una línea en diagonal, descendente, constituye el eje del rostro bellamente, magistralmente realizado.