Montmartre

Montmartre. foto: Bárbara

Montmartre. Foto: Bárbara

 

El famoso y colorista «Le Consulat». Algunos establecimientos no cambian, algo que se agradece mucho.

 

Montmartre. Foto: Bárbara

Montmartre. Foto: Bárbara

 

Este es uno de los bonitos edificios que uno se encuentra paseando por Montmartre. Las fotos no son buenas pero ayudan a fijar el recuerdo y puede que  a algún nostálgico les guste.

Aviso a navegantes

Le Sacré Coeur. Foto : Bárbara

Le Sacré Coeur. Foto : Bárbara

 

Nuevo capítulo de mi novela PARÍSombra; esta vez es más largo de lo habitual, por ser une balade de Niko Sureda y Nina por Montmartre, sin duda para ello hay que tomarse un tiempo y recrearse en cada rincón, hay que sorber la atmósfera de este barrio parisino sin prisa, dejando pasar el tiempo…

Los caballos de Velázquez

Velázquez: "Retrato ecuestre de Isabel de Borbón". Museo del Prado.

Velázquez: detalle del «Retrato ecuestre de Isabel de Borbón». Museo del Prado.

 

Esta soberbia cabeza del caballo pertenece al «Retrato ecuestre de Isabel de Borbón», esposa de Felipe IV, pintado por Velázquez (1634-1635). Los retratos ecuestres son retratos con empaque y monumentalidad; en los de Margarita de Austria y de Isabel de Borbón, grandes mantos y gualdrapas dejan ver solo la parte anterior de las cabalgaduras; en los de Felipe III y Felipe IV, en el del Conde-Duque de Olivares y también en el del Príncipe Baltasar Carlos los caballos parecen  encabritados, en movimiento, robustos, incluso potentes, rechonchos, debido, según algunos, a la altura en la cual iban a ser colgados; los de las dos parejas reales flanqueaban las puertas del Salón de Reinos; el del Príncipe Baltasar Carlos lo pinto para El Gran Salón del Palacio del Retiro. Estos retratos ecuestres fueron ampliados con tiras laterales añadidos al lienzo original.

Pero lo que quiero destacar aquí es que esta maravillosa cabeza es totalmente velazqueña,  donde se aprecia la pincelada suelta que resbala sobre la pintura, el realismo costumbrista de la escuela sevillana, la maestría del genio. Y la noble mirada del caballo… Bellísima estampa.

Todo pasa y todo queda…

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Decía Antonio Machado: «Todo pasa y todo queda / pero lo nuestro es pasar…» y aquí estamos pasados de calor, comenzando septiembre a 36 grados oficiales, que a mediodía serán 38 o  más, ¡que alguien pare esto, por Dior!!! (esto va por ti, Josep). ¡Basta de pasar calor! Este desbarajuste climático no hay quien lo aguante; hoy en Galicia estarán a 38 y temo, ¡ay, por el marisco y por sus verdes campas! Ea, pongamos color a este mes que así comienza y aún queda, por Dior, «el veranillo del membrillo»…

Una tapa murciana: los matrimonios

Foto: Bárbara.

Foto: Bárbara.

 

Hay matrimonios mal avenidos, pero estos, formados por un boquerón y una anchoa, se llevan la mar de bien. Esta es una tapa típica de Murcia que resulta muy refrescante, ideal para el aperitivo en los meses del verano. En las redes sociales se debate apasionadamente sobre una cuestión muy peliaguda: el boquerón se sitúa abajo y la anchoa encima o al revés. ¡Oh, qué dilema! Problema de difícil solución que entretiene y mucho… De derecha a izquierda, un matrimonio normal y otro con edredón… la aceituna es optativa, pero yo es que a todo le pongo la redonda, verde, jugosa fruta del olivo, tan española ella.

Marguerite Yourcenar: la dama de las letras («Negro sobre Blanco» VI)

Bárbara Carpi: de la serie Negro sobre blanco, técnica mixta sobre tela. 2013.

Bárbara Carpi: de la serie Negro sobre Blanco, técnica mixta sobre tela. 2013.

 

Marguerite Yourcenar escribía como nadie de las cosas más terribles con la poesía de los grandes poetas, con la profundidad del pensamiento de los clásicos y con la hermosura y delicadeza del arte oriental. Era un alma delicada que nada rehuía en su prosa fluida y elegante cuando dibuja sus personajes plenos dotándolos de una carnalidad real.  En «Fuegos» decía: «No hay amores estériles. Y es inútil tomar precauciones. Cuando te dejo llevo dentro de mí el dolor, como una especie de hijo terrible». Calidad y lucidez, unido a una independencia de pensamiento que la convierten en una de las plumas más notables del siglo pasado y me atrevo a decir que de los venideros. Su esmerada educación clásica y su pasión viajera la llevó, desde su Bruselas natal, a conocer Europa y Oriente Medio. De ese conocimiento y amor surgen sus «Cuentos Orientales», escritos diez años antes de la segunda guerra mundial y recopilados por primera vez en 1938. He vuelto a releerlos  y ha sido como destapar un frasco de perfume conocido y delicioso que nos lleva por China, Japón, Grecia, los Balcanes…   El primero de ellos, titulado «Cómo se salvó Wang- Fô» y que empieza así: «El anciano pintor Wang-Fô y su discípulo Ling erraban por los caminos del reino de Han…», nos anuncia un relato sorprendentemente bello, como una porcelana china tan fina y exquisita que la luz la atraviesa dotándola de vida.

De Ediciones Alfaguara. 1982, Madrid. Magnífica traducción de Emma Calatayud.

Titulo original: «Nouvelles Orientales» Editions Gallimard, 1938.

Último viernes de agosto

Denia. Foto: Bárbara

Denia. Foto: Bárbara

 

Una imagen refrescante de Denia y su castillo para todos los amantes del mar y para los que este fin de semana se les acaban las vacaciones.

 

Denia. Foto: Bárbara

Denia. Foto: Bárbara

 

 

Velázquez y el paisaje II

Velázquez: "El mediodía". Museo del Prado.

Velázquez: «El mediodía». Museo del Prado.

Este es el otro rincón de la Villa de los Médicis que Velázquez pintó en su segundo viaje a Italia, posiblemente motivado por el agradable recuerdo de su estancia de mayo a julio de 1630 en  la Villa de los Médicis. Esta obra, un óleo sobre lienzo de 55 x 38 cm., «El mediodía», se encuentra también en el Museo del Prado. Fue pintado al natural y con la técnica propia del impresionismo, se supone que volvió para plasmar la belleza del lugar; fuera de su época, en estos dos paisajes se anticipa casi tres siglos y además se lleva sus propias «fotografías» de Roma…

Cita de Eduard Manet

Éduard Manet dijo: «Solo por ver a Velázquez vale la pena el viaje [ a España]; es el pintor de los pintores. No me ha asombrado, me ha maravillado.»

Velázquez y el paisaje

Velázquez: "Vista del jardín de la Villa Médicis" (La tarde). Óleo sobre lienzo,  48 x 42. Museo del Prado.

Velázquez: «Vista del jardín de la Villa Médicis» (La tarde). Óleo sobre lienzo, 48 x 42. Museo del Prado.

Aunque durante mucho tiempo se pensó que «Vista del jardín de la Villa Médicis. en Roma»  fue pintada por Velázquez en su primer viaje a Roma debido a que fue entonces cuando se alojó en la Villa Médicis, ahora los investigadores se decantan por datarla sobre 1650 y  dar por hecho que la realizó en su segundo viaje a Italia; la pincelada de esos años libre, suelta y en forma de coma es propia de entonces y no de 1630. Los hermosos rincones del jardín los traslada a dos obras de pequeño formato, esta, llamada también «La tarde», y otra, «El mediodía», que  son realmente dos estudios al modo impresionista, captando la luz a diversas horas del día; sin embargo, Velázquez mantiene la óptica propia del siglo XVII y su propia técnica; él distingue netamente la forma de los objetos, la atmósfera, el espacio y no los refunde como los impresionistas; pero, al igual que ellos, los pinta al aire libre, algo novedoso y que dota a estos dos paisajes de una frescura inusual; lo que se hacía antes era tomar apuntes, bocetos para luego recrear lo visto en el taller y eso se nota por la falta de naturalismo. Ademas en estos dos trabajos aparecen cuatro personajes apenas esbozados, sugeridos, una nueva forma de representar las figuras, que dejan de tener el protagonismo que anteriormente tenían dentro del paisaje. Por sus pinceladas y el estudio de la luz, Velázquez es considerado por algunos como un adelantado del impresionismo; son obras revolucionarias como el «Paisaje de Toledo» del Greco.