La necrópolis romana de Arles, a las afueras, vivió el desarrollo de la cristiandad y el prestigio de su primer mártir arlesiano, Saint-Genest, en el siglo III. En el lugar se construyó en el siglo XII la iglesia románica de Saint-Honorat y como sucede en casi todas las iglesias, se fueron añadiendo elementos diferentes hasta el siglo XVIII. Del conjunto de Saint-Honorat sobresale a la izquierda esta capilla des Mollégès, bella construcción del gótico flamígero del siglo XV.
Tomando el sol otoñal
Versión romana del botijo
En España todo el mundo sabe lo que es un botijo: recipiente de barro para conservar el agua fresca en los días de canícula estival… Este «botijo» versión romana es una autentica preciosidad: con esa carita de amigo fiel (el detalle del collar testimonia una relación), las patas recogidas, la mirada inteligente y las orejas alerta… me recordó tanto a Nona que, si hubiera podido, me lo habría traído a casa. Museo Departamental de Arles Antiguo.
Museo Departamental de Arles Antiguo: dos danzantes
Este museo, que fue inaugurado en 1995 delante de los vestigios del circo romano, lleva la firma del arquitecto Henri Ciriani. Los amplios espacios reciben la luz del exterior gracias a los lienzos de cristal que dan a un patio central del edificio; muy cerca, el Hortus, jardín de inspiración romana, añade a esta visita unos 7000 metros cuadrados abiertos al público todos los días. Desde la prehistoria hasta la antigüedad tardía, que se cierra con la muerte del Obispo Cesáreo de Arles, transcurre el itinerario del museo. En el siglo IV la ciudad cristiana de Arles resplandece gracias a este personaje; con su desaparición acaba el Arles Antiguo y comienza el reinado franco en 536. Apasionante recorrido que nos lleva a configurar la riqueza cultural de la comarca y el intercambio fluido con culturas de Italia, España y África.
Especialmente me gustaron estas danzantes romanas por la belleza y el movimiento de los paños que parecen mecidos por el viento.
Por la calle: Un «picasso»
Paseando a lo largo del Ródano se encuentra uno con este «picasso», «Lee Miller en Arlesienne», de 1937 pintado en una de las paredes exteriores del Museo Réattu, por alguien que quiso emplazarlo al aire libre. El original en el interior está por suerte al abrigo de las inclemencias del tiempo; según las estadísticas de los arlesianos, al año el mistral sopla de cada tres días uno con una virulencia total. El Museo Réattu es el Museo de Bellas Artes de Arles, antiguo palacio de la Orden de Malta y sueño hecho realidad del pintor Jacques Réattu, que deseaba hacer de este lugar el museo que albergara tanto su obra como su colección. El palacio está declarado monumento histórico y acoge además exposiciones temporales de fotografía; Arles, en los meses del verano, celebra uno de los encuentros más prestigiados de fotografía a nivel mundial. Hablar de Arles hoy día es sinónimo de fotografía al más alto nivel.
Raíces
Albert Camus: «Escritos libertarios» (1948-60)
Hablar de la Provenza es también hablar de Albert Camus y de un lugar concreto, Lourmarin, el pueblo del macizo del Lubéron donde compró una casa en la que su hija Catherine vive en la actualidad. Tras el terrible accidente de tráfico en el que el premio Nobel falleció, sus restos están enterrados en el cementerio del pueblo. Mi admiración por su obra hacía de la visita a dicho cementerio una muestra de respeto por sus ideas de hombre comprometido con El HOMBRE, por sus obras y por su condición de defensor de la ética, de la moral, de la justicia.
Hace unos pocos días, el gran periodista canario Juan Cruz recomendaba, en el programa la Noche de TV1, lo último que se ha publicado sobre el premio Nobel: un número monográfico dedicado a él en la prestigiosa Revista Barcarola, que se publica en Albacete, y que año tras año demuestra su gran calidad, un ejemplo destacable de supervivencia y este libro «Escritos libertarios» en el que se recogen a través de cartas, manifiestos, artículos, el pensamiento del gran humanista, del defensor de la Segunda República española, tanto como acusador de la represión franquista como del totalitarismo comunista, de su relación con anarquistas de distintos países europeos. Pero su anarquismo era pacifista, de admiración hacia Gandi y de fraternidad hacia el individuo.
Este libro es una oportunidad de conocer el pensamiento de este hombre extraordinario cuya muerte prematura nos hurtó de quién sabe qué obras. Gracias a esta recopilación, publicada en este mes de octubre, podemos tener acceso a una visión extensa a través de sus palabras y reflexiones sobre los momentos convulsos que vivió Europa en el siglo pasado; en cualquier caso un pensamiento comprometido.
Por circunstancias que no vienen al caso, la visita a Lurmarin no fue posible; espero que sea prioritaria en la próxima; hace años que espero rendir mi pequeño homenaje desde la emoción al grandísimo escritor y al mejor HOMBRE.
Albert Camus, «Escritos libertarios»(1948-60), Edición de Lou Marin, Tusquets Ediciones. Barcelona. 1ª edición octubre 2014.
Bistrot des Artistes
Siguiendo el Canal de Craponne que bordea los Alyscamps llegamos al Bd. Clemenceau y, justo al lado del Teatro, nos sentamos en este bistrot siempre lleno de parroquianos y turistas. Era la hora del aperitif y las cervezas se imponían de forma necesaria y los hidratos también para reponer fuerzas… pedimos frites y nos sorprendieron con un bol XXL acompañado de todo tipo de salsas; ante nuestro estupor frente a semejante cantidad, la camarera nos dijo, con total desparpajo: Frites, ñam, ñam! y yo: Oh, là là…! Hicimos ñam, ñam y no quedó ni una.
Me he instruido un poco y parece ser que la palabra «bistrot» se adoptó de la palabra rusa que significa «rápido» que los marinos rusos, en número importante en Arles en otra época, repetían en sus juergas nocturnas en los locales un poco canallas del barrio marinero y de pescadores de la Roquette al borde del Ródano…; en fin eso se dice.
Les Alyscamps vistos por Gauguin y Van Gogh
Nos habíamos quedado en este lugar; este óleo sobre lienzo pintado en noviembre de 1888 tiene ya la influencia de Gauguin: el orden y la superficie unificada del color, las normas de la escuela de Pont-Aven que Gauguin pretendía imponer a la factura del holandés. Este admitía la condición de aquel como maestro, pero la presión a que se vio sujeto debió ser muy estresante.
También este óleo sobre tela está realizado en noviembre de 1888; la hilera natural de los árboles está fragmentada y cortada para realzar el carácter del lugar y su aura de antigua necrópolis. Los dos que vienen a continuación son más el reflejo de la firma de Van Gogh.
En estas dos versiones del lugar, también óleos sobre tela pintados en noviembre de 1888, vuelve a «desatarse» la pincelada sinuosa, la materia densa, sobre todo en el suelo de la avenida con la iglesia de San Honorato al fondo. La definición de la pintura desde la Escuela de Pont- Aven, que consistía en expresar la esencia del objeto reflejado, dejando de lado los numerosos detalles que capta el ojo, para capturar la realidad interior, era la doctrina que Gauguin, Bernard Anquetin y otros habían elaborado buscando una pintura independiente de la naturaleza.
El enfrentamiento entre dos formas de ver, sentir la pintura era inevitable, a pesar de la reverencia del holandés hacia su amigo. La convivencia pacífica, fructífera que Van Gohg había deseado desembocó en el drama que todos conocemos y en sus distintas versiones.
Bellísimo este Gauguin cien por cien, pero curiosamente de alguna manera tiene la «vibración» de Van Gogh; este último, a mi entender, tiene todos los elementos que le son característicos y que hacen de él uno de mis pintores preferidos. Y si tuviera que elegir, cosa que no podría hacer, me quedaba con los dos. Vosotros, ¿elegís?.
Van Gogh: Les Alyscamps
En noviembre de 1888, tal como pone en la cartela, Vincent escribe a su hermano Theo describiendo la avenida de los Alyscams tal como la ve y siente. Este lugar, entonces igual que hoy, era un lugar donde las familias iban a pasear, los niños a jugar y a disfrutar los días en los que el sol se filtraba por entre las hojas de los álamos de gruesos troncos; aquí plantaba el caballete para que se vieran además los sarcófagos en hilera… También Gauguin pinta los Alyscamps a su manera para mostrarle a su amigo como se debía pintar… Sin comentario.
Entrada a la Necrópolis y punto de partida para el Camino de Santiago desde Arles.
El nombre de «Alyscamps» («Campos Eliseos» en provenzal) se aplica a la necrópolis de la época romana a lo largo de la vía Aurelia al este de la villa romana de Arelate (Arles), Esta necrópolis (villa de los muertos) muy extensa se reduce hoy a una avenida de sarcófagos. En la Edad Media fue uno de los más célebres cementerios de Occidente. El lugar fue declarado Monumento Histórico en 1913.
Durante años se saqueó la necrópolis e incluso los sarcófagos se los llevaban para que sirvieran de abrevaderos para los animales… ¡Hay gente para todo!



























