Retratos de A. L. Coburn

A. L. Coburn: Matisse

A. L. Coburn: Matisse, 1913

 

A. L. Coburn: Ezra Pound

A. L. Coburn: Ezra Pound, 1913

 

A.L. Coburn: B. Sw

A.L. Coburn: B. Shaw, 1908

 

A. L. Coburn: Walt Whitman, 1891

A. L. Coburn: Walt Whitman, 1891

Si magníficas son las fotografías pictorialistas que Coburn hiciera de Londres, buenísimos son sus retratos; el de Walt Whitman es, por la luz y la atmósfera que enmarca el rostro venerable de patriarca, un retrato clásico, como si fuera más el resultado de una obra pictórica; su aspecto me recuerda al dibujo de Leonardo anciano. Muy bello el retrato de Ezra Pound, así como la fuerza magnética del premio Nobel B. Shaw. Respecto al retrato de Matisse paleta en mano y con su pulcra bata, debía ser la pose más natural de un pintor infatigable, pues así ha sido retratado en numerosas ocasiones.

 

 

Cubismo Órfico II – Grupo de Puteaux

Marcel Duchamp

Marcel Duchamp:»Dulcinea». 1911. Óleo sobre lienzo, 146 x 114. Museo de Filadelfia

 

Maecel Duchamp

Marcel Duchamp: «Jugadores de ajedrez». 1911. Óleo sobre tela, 102 x 102. Museo de Arte de Filadelfia

 

Siempre que hablo de Duchamp me acuerdo de Cortázar, es inevitable. El maestro Julio, atento a todas las vanguardias, apasionado del surrealismo, llamaba al pintor Marcelo Delcampo, castellanizando su nombre y apellido, con la gracia que le caracterizaba y no creo que con ánimo de ridiculizarlo, ya que este es una de las figuras claves del arte del siglo pasado y Cortázar, hombre cultísimo, conocía su trayectoria tanto como su obra. Duchamp se movió en las vanguardias mas rompedoras, pero en los años en los que el Cubismo Órfico (1911-1914) se manifiesta, formó parte del llamado Grupo de Puteaux, formado por artistas y críticos de arte, que toma su nombre de la localidad francesa donde murió Kupka, en las afueras de París, y que desarrolló un cubismo que se quiso enfrentar al cubismo de Montmartre; este grupo de tendencia más moderada giraba en torno a los tres hermanos Duchamp: Jacques (Villon), Raymond, que era escultor, y Marcel. Los Duchamp se reunían una vez por semana con amigos cubistas, entre ellos, Metzinger, Gleizes, La Fresnaye, Picabia, todos ellos con una concepción digamos «comedida» del cubismo. Jacques, hermano de Marcel, conocido como Jacques Villon, se dejó iniciar por este en el cubismo y desarrolló su especial forma de construcción  basado en la estructura piramidal que halló en los textos del gran Leonardo da Vinci y que él calificaba de «cubismo impresionista».

Por otro lado el cubismo de La Fresnaye, moderado ciertamente, se basa sobre todo en la superposición de los planos y de la técnica de Delaunay, sin abandonar por ello la composición tradicional con influencia de Cézanne. Lo mismo se podría decir de André Lhote en su intento de adaptar el cubismo al clasicismo. Pero no solo ellos, sino un gran número de artistas decidieron aprovechar ciertas técnicas y procedimientos del cubismo como un medio de avanzar por nuevos caminos de expresión. Al Grupo de Puteaux, aparte de los ya citados, hay que añadir a Picabia, Alexander Calder, Louis Marcoussis, Léger, Jeanne Rij-Rousseau y algunos más.

 

Juana J. Marín Saura: «Del Azul»

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Esta no es la primera vez que me detengo en la poesía de Juana J. Marín Saura, esta vez con ocasión de una lectura poética que se celebró recientemente en la Galería de Arte Babel de Murcia. Juana respiró su poesía con su voz dulce de mujer valiente y luchadora que, como Frida, sabe que cada día debe ganar la batalla con su cuerpo esbelto y menudo que navega contra el dolor y que ella transmuta en olas regeneradoras de vida. Porque Juana sabe como nadie ganar el tiempo al tiempo, tornar la angustia en risa sonora, y por ello oímos al escucharla un cascabel de cristal con dureza acerada o diamantina; Juana no endulza porque es dulzura, no engaña, cada palabra que brota de ella es cierta, como que nació poeta y solo respira versos claros y meridianos. Su sabiduría viene de siglos, de ese lugar donde reposan las palabras con sonoridad ancestral, allí donde los poetas las rescatan para que los libros sigan siendo lo que son: un regalo de la inteligencia y de la sensibilidad que hace al mundo más habitable. De su libro «Del azul» traigo solo unos versos, pero en el enlace que os dejo tenéis su voz y el poema entero de L’Illa, que me encanta, amén de otros del mismo libro.

 

L’Illa

 

Poco a poco más pequeña te dejo,

en cada surco de ola que el barco forma

distanciándome de ti.

Te abandono angustiada en medio de la espuma

que se estrella contra tus rocas.

Me voy alejando dolorosamente veloz,

hasta dejarte allá, como un indefenso punto

sobre el horizonte.

Sola tú, desafiando rebeldes tempestades

en medio de las profundas aguas,

valiente e inmensa en tu pequeñez mi amada isla,

traigo tu luz en el centro mismo de mi pecho.

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Aquí su voz:

 

 

Al final la pillé

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Llevo dos días estornudando, con escalofríos, y con la mente espesa; barrunto que el yin y el yan no andan bien; observando el panorama me digo para mis adentros: Mon dieu, estamos a 26 grados mientras en León, es un decir, tiritan de frío rodeados de nieve que da gusto. Me encuentro en medio de terribles oscilaciones nocturnas y diurnas (típico clima desértico) y al final, claro, la pillé; iniciando el proceso en el que me hallo, aún no estoy segura si es trancazo, constipado o gripe, en fin, que más da si estoy hecha unos zorros. Para mí, que cuando te invaden los microbios, ellos no te preguntan si te viene bien o no, simplemente te invaden… Invadida pues, no me queda otra que resignarme y tomar infusiones de tomillo que aclaran la garganta y te dejan el estómago fané y «descangallao». Barrunto que esta invasión sin previo aviso se debe a que tenía el yin y el yan descompensados; debe ser eso. En fin, para restablecer las coordenadas de mente y espíritu he decidido pasar por el Oasis Zen Garden del Huerto del Cura, que es una maravilla. ¡Vean si no!

El desván de La Pedrera

Foto: Bárbara

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

 

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

 

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

 

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

 

La última planta de la Pedrera de Gaudí ocupa 800 m2. y estaba pensada para albergar los lavaderos y otras zonas de servicios, con la finalidad, al mismo tiempo, de aislar el resto de la vivienda de los rigores del tiempo. El genial arquitecto se inspiró en la buhardilla de la masía catalana, pero con la novedad de los arcos parabólicos que no necesitan columnas ni muros de carga; en total 270 arcos que forman una estructura semejante a la de un barco; a otros les recuerda la columna de un animal; sea lo que sea en lo que se inspirase, el espacio es realmente soberbio; a la luz, al exterior se abren dos hileras de pequeñas ventanas. Los arcos catenarios están realizados en ladrillo plano. En 1953 fue remodelado por el arquitecto Francisco Barba, que tuvo la ocurrencia de hacer trece apartamentos, disparate que se solventó en 1996 cuando Caixa Catalunya compró el edificio, devolviendo el desván a su estado original, tal como Gaudí lo diseñó. Este espacio acoge en la actualidad una exposición permanente sobre Gaudí.

 

 

Tagliatelle con espinacas, nueces y pasas.

Foto: Bárbara. Receta mía

Receta y foto: Bárbara.

 

Receta y foto: Bárbara

Receta y foto: Bárbara

 

Con lo que tengamos en casa, podemos jugar e inventar recetas con las que podemos aprovechar restos y así ir renovando la despensa. Para el domingo esta receta acompañada de un buen vino tinto, por ejemplo un Faustino crianza 2011, es una buena propuesta.

Ingredientes: Tagliatelle de pasta dura, espinacas, salsa bechamel, nueces y pasas.

Hervimos la pasta en abundante agua con sal, durante el tiempo que marque en el paquete. Hacemos una salsa bechamel no muy espesa (con harina, sal, leche y nuez moscada) y la reservamos. Escurrimos la pasta y le añadimos la bechamel. Hacemos en una sartén las espinacas con muy poco aceite y las agregamos a la pasta. Salpimentamos el conjunto y añadimos unos trozos de nueces y las pasas, que las habremos tenido en remojo con un poco de coñac. Et voilà, très facile!

 

Este febrero está un poco loco

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Fotos: Bárbara

Fotos: Bárbara

La meteo nos anuncia bajada de las temperaturas y nevadas. Siempre me digo, aquí no. En los viveros están las flores al sol tan calentitas y disfrutando de una primavera anticipada. Miro la ropa de abrigo en el armario con resignación; qué le voy a hacer soy una rara avis que suspira por el invierno, las castañeras y esa lluvia mansa que repiquetea en los cristales.

Cubismo Órfico I

Jean Metzinger:" danzante en un café" 1912. Óleo sobre lienxo 146x 114

Jean Metzinger: «Danzante en un café», 1912. Óleo sobre lienzo, 146 x 114

 

Robert Delaunay.1911

Robert Delaunay: «La Torre Eiffel», 1911

 

Robert Delaunay: "Roeee Eyffel. 1911

Robert Delaunay: «Torre Eiffel. 1911

 

El poeta, crítico de arte y amigo de todas las vanguardias, Guillaume Apollinaire, asistía atento a todo lo que se movía en el terreno artístico de París y, por tanto, no es de extrañar que fuera el primero que empleara el termino de Órfico para denominar, en primer lugar, la pintura de Delaunay. Apollinaire optó por el nombre derivándolo de Orfeo, personaje de la mitología griega que representa la unión de la música y de la poesía. Esta nueva corriente, el cubismo órfico, dotó de color al cubismo analítico de Braque y de Picasso, cuyas obras consideraba exentas de vitalidad y en exceso formalistas. El cubismo órfico solamente duró dos años, de 1911 a  1912. La primera exposición colectiva cubista se celebró en El Salón de los Independientes en 1911. En la famosa Galería de la Boétie de París se expusieron, en 1912, las obras resultado de esta nueva corriente que agrupó a Delaunay, Metzinger, Albert Cleizes, André Loth, Calder, Marcel Duchamp, Leger, Robert de la Frenaye…; las obras se expusieron bajo el nombre de Sección de Oro. Todos estos artistas de distintas procedencias, unos venían de Jinete Azul, otros del futurismo italiano y  algunos del cubismo,  se amparan bajo esta nueva corriente, reacción al cubismo analítico. Las grandes figuras del cubismo órfico son: Delanay, Kupka y Matzinger. Con el tiempo el cubismo órfico se convierte en algo específicamente francés, representado sobre todo por Delaunay y su mujer Sonia Delaunay, quienes condujeron la nueva pintura a la abstracción, objetivo en un principio impensable.

 

 

Leonardo: «La Virgen de Las Rocas»

Leonardo da Vinci: "La Virgen de Las Rocas". Óleo sobre tabla (transferido a lienzo en 1806), Museo del Louvre.

Leonardo da Vinci: «La Virgen de Las Rocas». Óleo sobre tabla (transferido a lienzo en 1806), 1497. Museo del Louvre, París.

Leonardo

Leonardo da Vinci: «La Virgen de Las rocas». Óleo sobre tabla, 189 x 120, 1506- 1508, Nationale Gallery. Londres.

 

Estas dos versiones de la Virgen de las Rocas y las vicisitudes de ambas rodean la obra de cierta aura de misterio. Leonardo, que entonces vivía en Milán, recibe el encargo de hacer el frontal de un retablo de parte de la Cofradía franciscana para la iglesia de San Francesco Grande. El caso es que la primera  (comenzada en 1843), realizada por Leonardo, nunca se llegó a entregar, bien por desavenencias dinerarias o por que la obra no gustó a dicha cofradía por desavenencias de contenido; la obra, hoy en el Louvre, parece ser que finalmente se vendió a Luis XII, rey de Francia. La segunda parece ser una réplica completada por los hermanos De Predis. La réplica de una obra se generalizó, en los distintos talleres, durante el siglo XVI, gracias a Tiziano. La réplica del original podía suponer variaciones, estar ejecutada por el autor o bien dirigida por él. Formalmente, la digamos original, es una obra que no se ciñe al contenido clásico cristiano; Leonardo obraba más de acuerdo con la naturaleza que con contenidos puramente de religión. La primera versión es más monumental que la segunda; en la primera predominan los colores oliva metalizados, en la segunda destacan los azules que idealizan el paisaje. Los rasgos delicados de la Virgen con la barbilla muy perfilada es el modelo renacentista ideal del pintor, un modelo juvenil de rasgos serenos que tiene en los cabellos bien definidos otra característica de la época. Por mediación de las manos de la Virgen, Leonardo equilibra el conjunto nada convencional y oscuro en su significado, y con ese gesto lleno de ternura humaniza lo que en principio era un encargo de la Virgen con el Niño y ángeles. La Virgen de rodillas tampoco se ceñía a la idea original. El paisaje rocoso es otra aportación brillante de Leonardo, que con la técnica del sfumato consigue difuminar los contornos para crear una atmósfera irreal o de sueño; el sfumato permite lo que siglos después Picasso repetía tozudamente: «Cada uno de los colores deben estar en todas partes a la vez»; en definitiva se trata de armonizar el conjunto. Finalmente reseñar que el dibujo del agua que fluye, que el gran Leonardo dibujara, según él se asemeja a los rizos en el cabello y las espirales del agua tienen semejanza con el crecimiento espiral de algunas plantas. Rocas, agua, plantas, naturaleza toda que Leonardo reverenciaba. Dominio total y absoluto de la luz y de la sombra.

Gertrude Stein a través de … otros ojos

Picasso: "Gertrude Stein"- Óleo sobre lienzo.

Picasso: «Gertrude Stein»- Óleo sobre lienzo, 1905-6. Museo Metropolitano de N.Y.

 

Gertrude Stein fotografiada por Coburn

Gertrude Stein fotografiada por Coburn

 

Aunque en su momento ya subí el cuadro que Picasso hiciera a su amiga y mecenas norteamericana Gertrude Stein, ahora me encuentro con la fotografía que Coburn le hiciera en 1917. A Stein los pintores  que trabajaban en París a principios del siglo pasado le deben mucho; su labor a favor del arte de vanguardia ahí está. Sobre ella y Picasso se cuenta lo siguiente: una vez finalizado el retrato alguien le dijo a Picasso: «No se le parece», a lo que este contestó sin inmutarse: «Ya se le parecerá». Respuesta que puede sorprender, pero que tiene mucha enjundia. El retrato, una vez que la fotografía permite acercarse lo más fielmente a la realidad, se libra del lastre del «parecido» y son otros valores los que entran en juego, la captación de la personalidad, el cómo y los valores intrínsecos de la obra y, como consecuencia, el retrato se libra de embellecer al retratado. La dureza del retrato de Gertrude hay que encajarlo en el momento estilístico en que se hizo y ese rostro, casi máscara de ella, es sumamente elocuente en cuanto a su fuerte personalidad. Con la mirada limpia, ajena a los prejuicios es como mejor se puede acceder a cualquier obra. Ustedes juzgaran.