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José Hierro, «Cuaderno de Nueva York» y la cabra de Picasso

Pablo Picasso, "la cabra". Original.1950, Vallauris.

Pablo Picasso, «La cabra». Original. 1950, Vallauris.

El gran poeta José Hierro, Premio Adonáis, Premio Príncipe de Asturias, Nacional de las Letras Españolas,  Reina Sofía de Poesía… publicó en 1998 «Cuaderno de Nueva York», un libro compendio y resumen de su gran saber y hacer, donde conjuga el espacio y el tiempo con la maestría de quien como él sentía que ambos se hayan en el mismo plano; desde esa forma de sentir presente, pasado y futuro a la vez, me ganó para siempre… él, que sabía combinar las coordenadas, nos emociona en poemas como

A orillas del East River, Adagio para Franz Schubert, Alma Mahler Hotel, Ballenas en Long Island…

Versos que nos transportan y otros como estos que nos divierten:

Bendito sea Dios porque inventó la cabra

-la cabra que rifaba por los pueblos-

mucho antes que Pablo Picasso,

con barriga de cesto de mimbre

 y tetas como guantes de bronce.

 Picasso realizó en Vallauris varias versiones de la cabra; en el Museo Picasso de París hay dos, una en el jardín de bronce y otra en una sala que está realizada con distintos materiales. La original está hecha con yeso, cesto de mimbre, vasijas de cerámica, hoja de palma, metal, madera y cartón, terminada en 1951. Existe otra en el MOMA de bronce.

Picasso, «Gertrude Stein»

Picasso: "Gertrud Stein". Óleo sobre tela, 100 x 81. Nueva York, MOMA.

Picasso: «Gertrud Stein». Óleo sobre tela, 100 x 81. Nueva York, MOMA.

Los hermanos norteamericanos, de origen judío, Leo y Gertrud Stein llegan a París en 1903; en 1905 conocen a Matisse y el año siguiente a Picasso. El salón literario de su residencia convocaba a los artistas vanguardistas de la época, tanto plásticos como escritores; ambos hermanos ejercieron una importante labor de mecenazgo que contribuyó tanto a la consolidación de alguno de ellos, como a la rivalidad entre los distintos receptores de sus padrinazgos. Durante un tiempo «un succè de scandale», el éxito del escándalo, acompañó a Matisse y a Picasso, pronto Leo se decantó por favorecer a Matisse mientras Gertrud lo hacía con Picasso. Gertrud, poetisa, escritora, de físico contundente, fue retratada por Picasso en 1906, retrato que le regaló Leo y que nunca le gustó; cuentan que dijo que no se parecía, a lo que el pintor le contestó: Ya se parecerá. No obstante, ella siempre acompañó a Picasso en su trayectoria vanguardista, de ruptura y de investigación. Por su parte, la reiteración de palabras en su poesía  viene a ser un intento cubista de su quehacer literario.  Gertrud murió en Francia a la edad de 72 años.

Fantástico retrato cuyo tratamiento del rostro es similar al autoretrato del pintor con paleta, el arte africano e incluso del arte ibero…

Jean Cocteau : «Oda a Picasso»

Contraportada del libro "Oda a Picasso"

Contraportada del libro «Oda a Picasso»

Jean Cocteau es la figura polifacética que abarca, en el primera mitad del siglo pasado, en Francia, la vanguardia en su estado más puro: dibujante, poeta, dramaturgo, cineasta, crítico, escenógrafo… Jean Cocteau conoce a Picasso en 1916 y le dedica su «Oda a Picasso» al año siguiente; durante este año Jean Cocteau le ofrece a Picasso colaborar en el ballet «Parade» con música de Erik Satie. Los tres representan la expresión de las nuevas tendencias artísticas. La admiración entre ellos es mutua y enriquecedora. Cuando se inauguró «Parade» en Les Champs Ellysées, el escándalo fue mayúsculo y el mismo Apollinaire tuvo que cubrir la retirada de sus amigos; este ballet significaba la ruptura con la estética de los ballets rusos; con un argumento audaz, nuevo y los figurines creados por el pintor, la revolución estalla.

«La Oda a Picasso» está dividida en dos partes «El hombre sentado» y «Las musas». El libro,  editado por El Barquero en primera edición en 1981 y reeditado en 2003, contiene un retrato a lápiz de Cocteau sentado realizado por Picasso y fechado en Roma en 1917, y otro con uniforme militar, fechado en 1916; por su parte Cocteau, de forma recíproca, hace un dibujo de su amigo, «Picasso en Roma», fechado en 1917 recogido también en esta edición. La traducción y el prólogo, interesantísimo, de esta bonita edición corre a cargo de Cristina Peri Rossi, quien sitúa, centra al lector para que pueda degustar el contenido, a través de la aproximación, a las vanguardias del momento. La contraportada es una fotografía anónima retocada por Cocteau de sí mismo de 1919.

Dora Maar

Dora Maar 1944

Dora Maar, 1944

Quizá sea esta una de las fotografías más conocidas de la poeta y fotógrafa surrealista Dora Maar. Cuando ella conoce a Picasso es sobradamente famosa por sus retratos y sus deslumbrantes composiciones. De todas las amantes de Picasso, Dora, es sin duda la única que podríamos calificar de intelectual. Las fotografías en blanco y negro tomadas en Montmartre utilizando el picado son magníficas, y famosos son los retratos que hizo a poetas, pintores, actores… Dora formó parte del movimiento surrealista y una de sus figuras más apasionantes.

Picasso, en la intimidad

Foto de D. D, Duncan

Foto de D. D. Duncan

En este caso es evidente que una imagen vale más que mil palabras, aunque mil bien dichas tampoco es una tontería. Picasso en una mecedora … ¿meditando…?

Picasso en la intimidad: D. Douglas Duncan

 

Esta singular y fantástica fotografía del fotógrafo D. Douglas Duncan nos muestra al pintor en una escena doméstica entrañable donde Jacqueline Roque su mujer le enjabona en la bañera. Esta una de las múltiples fotos que Duncan les hizo a la pareja en los últimos años de sus vidas en Notre Dame de Vie, en Mougins. Jacqueline adoraba a Picasso, le llamaba Monsieur y le besaba las manos; ella se volvió imprescindible y él dependía totalmente de ella. Lo que se transmite en la exposición del Museo Picasso de Barcelona es lo más intimo, lo más hermoso de esa relación, nada que ver, como a veces se ha dicho, de una relación despótica; viendo esas escenas domésticas lo que se transmite es amor, complicidad y juegos.

Picasso, el Bateau Lavoir y Madeleine

"La planchadora" de 1904. Pablo Picasso. Öleo sobre lienzo. Museo Guggenheim,N.Y.

«La planchadora» de 1904. Pablo Picasso. Öleo sobre lienzo. Museo Guggenheim,N.Y.

Cuando Picasso llegó a Montmartre y se instaló en 1904 en el Bateau Lavoire, y antes de conocer a Fernande Olivier, tuvo una amante llamada Madeleine de la que se sabe que era modelo. El Bateau Lavoire fue al principio una fábrica de pianos y después una cerrajería; con el tiempo el dueño decidió convertirlo en estudios. Parece ser que el de Picasso era amplio y luminoso, aunque el edificio estaba construido tan mal que propiciaba la humedad; carecían de luz y de gas, y en invierno se helaban las tuberías y el olor a moho impregnaba aquel laberinto de estructuras imposibles. Dado que Picasso prefería pintar de noche, se supone que lo haría como Goya, con velas, o bien con quinqués de gasóleo. Los alquileres eran bajos y se ocuparon enseguida; la miseria y las estrecheces económicas marcaban esos años, pero el pintor aprendió a vivir como un pícaro. Después de que unos anarquistas estuvieran alojados en el Bateau Lavoir con los consiguientes escarceos con la policía, el edificio se llenó de españoles con escasos recursos como Canals, Sunyer, Juan Gris, Max Jacobs, Andrés Salmón… Estos dos últimos bautizaron el edificio con el apodo con el que se le conoce, nombre con el que se designaba  a los barcos lavandería del Sena. Madeleine, el nuevo amor de Picasso, era una bella modelo muy delgada que inspiró el cuadro «La planchadora» y «Comida frugal» entre otros trabajos de esos años.  El escritor John Richardson, en la biografía sobre Picasso, sostiene que la estructura ósea de la modelo es responsable de esa estética de cuerpos anoréxicos, de miembros alargados, de dedos filiformes como en el cuadro en la que otra amiga, Margot, acaricia a un cuervo. Lo cierto es que con ambas avanza hacia los tonos pastel al tiempo que los cuerpos anoréxicos se mantienen incluso después de que conociera a Fernande Olivier, de formas rotundas del tipo que llamamos mujer-mujer. Pero eso para mí es solo una parte; la influencia del arte egipcio configura la estética que modela las obras de la llamadas época azul y rosa, como en el cuadro «Jovencita con el brazo levantado» de la colección Harriman de N.Y. Puede ser que esa influencia se realizara, se plasmara a través de ellas, pero no solo por ellas.

Exposición de fotografías de D. Douglas Duncan en el Museo Picasso de Barcelona

Picasso y Cocteau. Fotografía de Edwuard Quinn.

Picasso y Cocteau. Fotografía de Edward Quinn.

El día 24 de este mes hablaba de los fotógrafos de primera línea que rodearon la vida de Picasso. D. Douglas Duncan, con más de noventa años, ha podido inaugurar la exposición de fotografías que estos días se exponen en el Museo Picasso de Barcelona; él fue, de entre todos ellos, el que estuvo presente en la vida cotidiana de Picasso y Jacqueline durante los últimos años del pintor; el que retrató a Picasso en la bañera enjabonado por Jacqueline, sentado en la mecedora, besándose, a Jacqueline con sombrero, Picasso en el estudio, el pintor bailando… mofándose de sí mismo, sin perder nunca el sentido del humor. Sin duda una exposición muy interesante.

Después están las otras, como esta de Edwuard Quinn en la que aparecen Picasso y J. Cocteau con sombreros y capotes de toreros.

Rembrandt y Picasso

Rembrandt: "Mujer desnuda sentada girada a la izquierda". Lapiz y aguada con tinta china. Museo del Louvre.

Rembrandt: «Mujer desnuda sentada girada a la izquierda». Lápiz y aguada con tinta china. Museo del Louvre.

Los amigos seguidores de este blog saben que tengo la manía de rastrear buscando relaciones y posibles influencias entre unos artistas y otros, teniendo en cuenta que el ansia de conocer y de aprender directamente de los maestros es una constante en todas las épocas. Repasando un libro magnífico de dibujos de Rembrandt -«Drawings of Rembrandt», editado en  N.Y.  en 1965 por Dover Publications, Inc.- me he encontrado con este dibujo de un desnudo que podría estar firmado por cualquiera de los maestros del siglo XX. La formación académica de Picasso es indudable, solo es preciso ver sus dibujos de estudiante y sus primeros cuadros regidos por los cánones clásicos; sin duda su padre, profesor de dibujo, le aconsejó bien. Picasso conocía concienzudamente a los grandes pintores flamencos,  italianos, franceses e indudablemente a los españoles; es sobradamente conocida su admiración por Velázquez. Lo admirable es que, durante toda su longeva vida activa como pintor, su diálogo con los grandes maestros fue constante. Este hermoso dibujo de Rembrandt tiene, si se fijan, la fuerza tremenda, casi robusta, escultórica de las mujeres de Picasso de su época neoclásica. Recuerdo el bellisimo conjunto de tres mujeres en la fuente realizado en sanguina que fue expuesto en la exposición de «Picasso y los Maestros» realizada en París hace unos años. Las proporciones de ese dibujo eran poco frecuentes; si acaso en el Renacimiento. Aquel dibujo de Picasso me impactó por su limpieza de ejecución, su belleza y su maestría.

Picasso y los Maestros

Picasso «Muchacho conduciendo un caballo»

Abro el bellísimo catalogo-libro «Picasso y los Maestros» y me encuentro con esta dedicatoria: «Voici une petite contribution pour que le plaisir perdure… énorme bisou parisien. Elena y Josema»  ¡Qué suerte tengo de teneros y de teneros en  París!

Y el placer continúa desde noviembre de 2008 en que tuve la enorme ocasión de encontrarme allí. Entonces llovía con esa fina lluvia que apenas cala y, por el contrario, concede al gris todo su esplendor. El día era pues genuinamente parisino y Picasso, junto con los grandes Maestros de todos los tiempos, nos aguardaba en las salas del Grand Palais. París en solitario tiene su encanto; en buena compañía es doblemente encantador. Y si además la compañía es una excelente amiga culta y sensible, entonces compartir el «gran banquete » que nos esperaba dentro de las salas se convierte en un momento inolvidable. Conservo el recuerdo de esa exposición como una de las mejores, si no la mejor, que he podido ver y eso que me he pasado la vida practicando ese bello deporte que no precisa más que de un buen calzado y la mirada expectante.

La impresionante exposición, organizada bajo la batuta y el entusiasmo de la directora del Museo Picasso de París Anne Baldassari, así mismo Conservadora General de Patrimonio, y de Marie-Laure Bernadac, es además fruto  del trabajo del Museo del Louvre y del de Orsay. Dicha exposición contó además con la participación de la National Gallery de Londres, del Museo Nacional del Prado y del Museo Picasso de Barcelona; sin olvidar la valiosa aportación de los familiares y herederos de Picasso; todo ello bajo el mecenazgo de LVMH/ Moët Hennessy y Louis Vuitton. Para poder montar y gestionar una muestra tan impresionante, se han debido aunar esfuerzos e ilusiones por parte de todos los que la hicieron posible, pues aparte de todos los organismos antes mencionados había muchas obras excepcionales de colecciones particulares.

Este acontecimiento único hasta el momento, esta intensa y extensa exposición fue presentada en las galerías nacionales del Grand Palais, en las salas Denon del Louvre  y en el Museo de Orsay a la vez desde octubre de 2008 hasta febrero de 2009 y, con posterioridad, fue llevada a Londres desde febrero hasta junio de este mism0 año.

La exposición tuvo tanto éxito que se habilitaron visitas nocturnas; algo que en los últimos tiempos se ha hecho más común.

El diálogo que Picasso mantuvo hasta el fin de su longevo quehacer con los grandes Maestros de todos los tiempos es, visto así, una labor de titanes.  Picasso, visitante asiduo del Prado y del Louvre, reinventa o recrea desde el mundo clásico (maravillosa época neoclásica con obras como «Tres mujeres en la fuente», de 1921) hasta la pintura clásica española o la de la escuela francesa, la de los impresionistas y posimpresionistas… Picasso bebe de todas las fuentes, es un estudioso voraz, un alumno aventajado que se impregna tanto de los clásicos como del arte africano. Picasso es un dipsómano del arte que nos devuelve casi desde Altamira la cultura de todos los tiempos.  El diálogo con Velázquez («Las meninas»), con Manet («Desayuno en la hierba»), con Delacroix («Las mujeres de Argel»), con David y Poussin («El rapto de las sabinas», «Las sabinas»), Rembrandt,  Goya, Ribera, Zurbarán, Murillo, el Greco, Courbert, van Gogh, Degas, Gaugin…

El arte intemporal, el arte con mayúsculas, el arte enfrentado sala a sala en ese diálogo con Picasso, o al revés, nos dejó agotadas. Sobre la una, como si hubiéramos dado la vuelta al día en ochenta mundos,  paramos para comer. En cualquier museo se come  mal, aunque no se nota, porque como una está «flotando» lo mismo da una cosa que otra; los sandwiches son de color amarillo limón fondo de la «Arlesiana» o la ensalada «césar» está aderezada con azules de ultramar de la época «azul y rosa»… en fin. A la hora de pagar el camarero se parece a Sabartés con gárgola y todo…

A modo de resumen, me impresionaron cuadros de colecciones privadas, que o es así en una muestra de tal categoría o no los puedes ver: un retrato al óleo de Olga, un desnudo de pie, el dibujo a la sanguina neoclásico ( de más de dos metros por uno y medio), el muchacho que conduce un caballo y un largo etcétera, me dejaron sin habla. Repito a modo de resumen: en cada sala, Picasso ganó por goleada. Solo en una, van Gogh con su «Arlesiana» le ganó por muchos goles.

La noche ya estaba en la calle cuando bajamos las escaleras del Museo, los árboles chorreaban colores y los bancos del jardín dejaban los asientos cubistas impracticables. Yo hubiera hecho cualquier cosa por sentarme… pero no hubo manera.

El Greco » San Martin y el mendigo»