Picasso y los Maestros

Picasso “Muchacho conduciendo un caballo”

Abro el bellísimo catalogo-libro “Picasso y los Maestros” y me encuentro con esta dedicatoria: “Voici une petite contribution pour que le plaisir perdure… énorme bisou parisien. Elena y Josema”  ¡Qué suerte tengo de teneros y de teneros en  París!

Y el placer continúa desde noviembre de 2008 en que tuve la enorme ocasión de encontrarme allí. Entonces llovía con esa fina lluvia que apenas cala y, por el contrario, concede al gris todo su esplendor. El día era pues genuinamente parisino y Picasso, junto con los grandes Maestros de todos los tiempos, nos aguardaba en las salas del Grand Palais. París en solitario tiene su encanto; en buena compañía es doblemente encantador. Y si además la compañía es una excelente amiga culta y sensible, entonces compartir el “gran banquete ” que nos esperaba dentro de las salas se convierte en un momento inolvidable. Conservo el recuerdo de esa exposición como una de las mejores, si no la mejor, que he podido ver y eso que me he pasado la vida practicando ese bello deporte que no precisa más que de un buen calzado y la mirada expectante.

La impresionante exposición, organizada bajo la batuta y el entusiasmo de la directora del Museo Picasso de París Anne Baldassari, así mismo Conservadora General de Patrimonio, y de Marie-Laure Bernadac, es además fruto  del trabajo del Museo del Louvre y del de Orsay. Dicha exposición contó además con la participación de la National Gallery de Londres, del Museo Nacional del Prado y del Museo Picasso de Barcelona; sin olvidar la valiosa aportación de los familiares y herederos de Picasso; todo ello bajo el mecenazgo de LVMH/ Moët Hennessy y Louis Vuitton. Para poder montar y gestionar una muestra tan impresionante, se han debido aunar esfuerzos e ilusiones por parte de todos los que la hicieron posible, pues aparte de todos los organismos antes mencionados había muchas obras excepcionales de colecciones particulares.

Este acontecimiento único hasta el momento, esta intensa y extensa exposición fue presentada en las galerías nacionales del Grand Palais, en las salas Denon del Louvre  y en el Museo de Orsay a la vez desde octubre de 2008 hasta febrero de 2009 y, con posterioridad, fue llevada a Londres desde febrero hasta junio de este mism0 año.

La exposición tuvo tanto éxito que se habilitaron visitas nocturnas; algo que en los últimos tiempos se ha hecho más común.

El diálogo que Picasso mantuvo hasta el fin de su longevo quehacer con los grandes Maestros de todos los tiempos es, visto así, una labor de titanes.  Picasso, visitante asiduo del Prado y del Louvre, reinventa o recrea desde el mundo clásico (maravillosa época neoclásica con obras como “Tres mujeres en la fuente”, de 1921) hasta la pintura clásica española o la de la escuela francesa, la de los impresionistas y posimpresionistas… Picasso bebe de todas las fuentes, es un estudioso voraz, un alumno aventajado que se impregna tanto de los clásicos como del arte africano. Picasso es un dipsómano del arte que nos devuelve casi desde Altamira la cultura de todos los tiempos.  El diálogo con Velázquez (“Las meninas”), con Manet (“Desayuno en la hierba”), con Delacroix (“Las mujeres de Argel”), con David y Poussin (“El rapto de las sabinas”, “Las sabinas”), Rembrandt,  Goya, Ribera, Zurbarán, Murillo, el Greco, Courbert, van Gogh, Degas, Gaugin…

El arte intemporal, el arte con mayúsculas, el arte enfrentado sala a sala en ese diálogo con Picasso, o al revés, nos dejó agotadas. Sobre la una, como si hubiéramos dado la vuelta al día en ochenta mundos,  paramos para comer. En cualquier museo se come  mal, aunque no se nota, porque como una está “flotando” lo mismo da una cosa que otra; los sandwiches son de color amarillo limón fondo de la “Arlesiana” o la ensalada “césar” está aderezada con azules de ultramar de la época “azul y rosa”… en fin. A la hora de pagar el camarero se parece a Sabartés con gárgola y todo…

A modo de resumen, me impresionaron cuadros de colecciones privadas, que o es así en una muestra de tal categoría o no los puedes ver: un retrato al óleo de Olga, un desnudo de pie, el dibujo a la sanguina neoclásico ( de más de dos metros por uno y medio), el muchacho que conduce un caballo y un largo etcétera, me dejaron sin habla. Repito a modo de resumen: en cada sala, Picasso ganó por goleada. Solo en una, van Gogh con su “Arlesiana” le ganó por muchos goles.

La noche ya estaba en la calle cuando bajamos las escaleras del Museo, los árboles chorreaban colores y los bancos del jardín dejaban los asientos cubistas impracticables. Yo hubiera hecho cualquier cosa por sentarme… pero no hubo manera.

El Greco ” San Martin y el mendigo”

7 pensamientos en “Picasso y los Maestros

  1. Eres una poetisa, Bárbara. Al conjuro de tu mirada y tus palabras, los colores y los objetos parecen danzar a tu alrededor, bajo la lluvia amigable y purificadora. Al menos, si yo fuera director de cine filmaría una escena semejante.

  2. Nous aurions pu nous y croiser et peut-être même que cela a été le cas…j’y étais avec ma fille et mes yeux abîmés, mais si avides de cueillir tout ça 🙂 🙂 🙂

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