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Kuan Lin, el Caronte chino

El Estandarte

Fragmento de la pintura del Estandarte del Museo Británico de Londres

Pintura de la época T’ang que comprende desde el 618 al 906 en la que predomina la figura como elemento predominante y donde reside el ch’i-yün o estado de ánimo del personaje. Kuan Lin viene a ser el Caronte clásico que acompaña a  las almas de los difuntos hacia las mansiones celestes. No obstante el movimiento de las vestiduras, el rostro muestra una serena placidez. Este estandarte que se haya en el Museo Británico posiblemente sea una copia hecha en el periodo Ming de otra pintura desaparecida, aunque otros lo atribuyen a la época T’ang; sea como sea, la espiritualidad del rostro reconforta por su elegante sobriedad.

Friso del altar de Pérgamo

Friso del altar de Pérgamo.

Friso del altar de Pérgamo.

En el Pergamonmuseum de Berlín, hoy cerrado para su restauración, se encuentra el monumento más notable, el Altar de Zeus, obra monumental dedicada a Zeus y a Atenea Victoriosa. El friso del altar de Pérgamo fue esculpido entre 183-174 a. C. (en las fechas siempre hay ligeras discrepancias), en Asia Menor, en tiempo de Eumenes II, monumento conmemorativo de las victorias del monarca y representa la Gigantomaquia, la lucha entre dioses y gigantes, un tema dramático tratado con frecuencia en la mitología griega. La cabeza de Alcioneo aquí representada es la del caudillo de los gigantes, hijo de Gea, la diosa de la tierra, de la cual recibe su invulnerabilidad. Atenea lo levanta del suelo sujetándolo por los cabellos a fin de que pierda el poder que emana del contacto con ella: su trágico fin se percibe en el dolor de su rostro; su madre intercede por él inútilmente; la imagen del vencido es de un gran patetismo, que recuerda a Escopas, demostrando la lucha del hombre contra su destino. Atenea no accede a las súplicas de Gea para que perdone la vida de su hijo. Bellísima batalla cosmogónica la representada en el friso, tema muy utilizado en la cerámica griega desde la época arcaica y motivo ornamental en las metopas del Partenón.

Fue el ingeniero alemán Carl Humann quién dirigió los trabajos en la acrópolis. En 1930 se abrió al público el Museo de Pérgamo que acoge la reconstrucción del altar y las 132 placas con los relieves encontrados, estatuas, bustos, inscripciones y diversos elementos arquitectónicos. La base del altar estaba decorada por un friso escultórico de 120 metros de largo por dos con veintiocho metros de altura; sobre esta base se alzaba una doble columnata de orden jónico. El altar se elevaba sobre una plataforma casi cuadrada, en lo que era el patio central de una estructura mucho mayor.

Un dato curioso: durante la II Guerra Mundial, el contenido del Museo de Pérgamo fue custodiado en la Unión Soviética hasta que el museo, seriamente dañado por los bombardeos, fue rehabilitado.

Gustav Klimt: Obras simbólicas, marañas humanas

Klimt :"Vida y muerte". Óleo sobre tela, 178 x 198. Viena, colección privada

Klimt :»Vida y muerte». Óleo sobre tela, 178 x 198. Viena, colección privada

En la primavera de 1908 se exponen en Praga algunos cuadros de Klimt; en el verano se abre la primera manifestación oficial del grupo de artistas que, en 1905, se aleja de la Secesión Vienesa, llamado también «grupo Klimt»; en ella también expone Oskar Kokoschka. Ese mismo año inicia «Vida y Muerte» en su primera versión con el fondo de oro; con posterioridad lo cambia radicalmente por un tono verde azulado, tal como apareció en la Exposición Internacional de Roma (1911), y acentúa el volumen de la maraña humana. En Roma obtiene el primer premio ex aequo junto con Zuloaga y Szinyei Merse. La obra, sin vender durante tiempo y en el estudio del pintor, sufrió una transformación intermedia en 1911 y otra más radical en 1915, que es cuando la da por terminada tal como aparece aquí.

Gustav Klimt: "La Virgen" Praga.

Gustav Klimt: «La Virgen». Óleo sobre tela. 190 x 200.  1914.  Národni Galerie. Praga.

En marzo de 1913 participa en la exposición de la Liga de los artistas austriacos, con sede en Budapest. En este año termina «La Virgen», que luego es expuesta en la XI Exposición Internacional de Arte de Munich. Los elementos geométricos de esta gran obra simbólica son como el magma que une los cuerpos enmarañados en una gran geoda cuyo volumen se acentúa por la incorporación de caras y cuerpos alrededor de ella; el concepto, la»idea» prima en ese periodo según una concepción decimonónica (pintura del pensamiento). Inagotable la obra de Klimt, que en este momento está inmerso también en el paisaje.

Velázquez y la gastronomía

Velázquez:

Velázquez: «Vieja friendo huevos». National Gallery of Scottland, Edimburgo.

Velázquez, que pintó esta maravillosa obra que incluye uno de los mejores bodegones de todos los tiempos, con solo diecinueve años, muestra su maestría no solo en la técnica, además resume con pocos ingredientes el summun de todos los grandes cocineros, la quinta esencia, la cumbre de la gastronomía: los huevos fritos. Sin olvidarnos del principio de todas las cosas «el huevo cósmico», del de Colón y, bajando a los del gallinero, los más humildes de gallina, fritos con patatas, son para Ferrán Adriá, Arzac y el resto de los más ilustres chefs, el no va más de sus papilas gustativas. Lo mismo da que decostruyan lo que sea, hagan espumas. cocinen al vapor…, al final la joya son los huevos fritos. Pintado en 1618, este óleo sobre lienzo de 99 x 169, ha suscitado la siguiente polémica, para mí absurda: ¿los huevos, se están cociendo, escalfando o friendo? Los que opinan que se están escalfando o cociendo, ¿será porque los huevos no tienen puntillas?… eso dependerá del grado de calor que haya alcanzado el aceite en el momento de sumergirlos.. Para mí va a misa el título: «Vieja friendo huevos». Si lo dijo el maestro,  punto.

Liquidada la tonta polémica, cualquier blog sobre alta gastronomía debería tener este magistral bodegón como cabecera y fuente de inspiración para y sobre todo poner las cosas en su justo sitio.

El realismo y el populismo del cuadro es indudable, destacando la suciedad del velo que cubre la cabeza de la anciana, el aspecto del muchacho, los cacharros de cobre, la cebolla roja, el melón, la botella de vidrio… Las figuras destacan sobre un fondo neutro en pardos y negros, reinando los blancos soberbiamente matizados. Algunos doctos opinan además que esta obra se anticipa al impresionismo, al levantar el plano de la mesa y el hornillo utilizando así una doble perspectiva. La pincelada suelta del Velázquez maduro de las Meninas, por ejemplo, aquí es medida, pequeña y minuciosa. Soberbia obra del naturalismo tenebrista que no se puede calificar de juventud porque la maestría es evidente ya, y uno de los mejores bodegones españoles de todos los tiempos.

Notre Dame de París y Marc Chagall

Marc Chagall:  "Autoretrato". 1968. 61 x 51. Óleo sobre lienzo. Galería de los Uffizi (Florencia)

Marc Chagall: «Autorretrato». 1968. 61 x 51. Óleo sobre lienzo. Galería de los Uffizi (Florencia)

 

Marc Chagall: "El árbol de jesé". Óleo sobre lienzo, 150 X 120. 1960. Öffentliche

Marc Chagall: «El árbol de Jesé». Óleo sobre lienzo, 150 x 120. 1960. Öffentliche Kunstsammlung, Basilea.

 

¿Qué tiene Notre Damme de París? ¿Es real el simbolismo de la barca de Isis-Cité donde se asentó el núcleo de lo que después sería París?; ¿qué relación tiene con las Vírgenes negras, ya que todas reciben el nombre de Nuestra Señora?… ¿qué hace que algunos lugares objeto de culto y peregrinaciones resulten mágicos desde tiempos muy remotos? Siempre me hago esta pregunta cuando esa magia la siento en alguno de esos lugares, no siendo precisamente alguien practicante; lo curioso es que lo que cambia sea el culto, el nombre, la religión: el lugar sigue siendo el mismo. Las religiones mistéricas de la antigüedad se han ido sustituyendo, en apariencia, bajo otros nombres.

Chagall hace al cielo soporte de su pintura, uno de azules intensos donde libremente, sin sujeción ninguna el hombre libre vuela, donde la magia permite que los peces con cabeza de asno circulen y se crucen con arpías, y de Notre Dame brote el árbol de Jesé, que es la representación simbólica de la genealogía de Cristo a partir de la figura de Jesé padre del rey David. En el primer cuadro, su autorretrato, el pintor sostiene en la cabeza un gallo y a una mujer; la total falta de respeto de Chagall por la proporción, por la medida y la lógica lo hacen especialmente atractivo para los surrealistas cuando desembarca en París en 1910; entonces triunfaban estos y los fauvistas, y también posteriormente se dejó influenciar por los cubistas, pero solo admite algún elemento de pasada: su camino era distinto. Chagall, de origen judío, fuera de Bielorrusia necesita poblar su pintura de todo su acervo, los violines, velas, samovares, vacas, su origen y sus raíces, con la ingenuidad de niño; pero desde la fábula, la risa y la comicidad de los inteligentes. Su color,  el color, debe responder a la química, resultado de una intensidad casi alquímica.

Pero ¿qué tiene Notre Dame?, ¿responde a su necesidad de magia, de lo esotérico»? En el cuadro que tituló «El monstruo de Notre Dame», el tamaño de la Estirga saliendo de las torres casi dobla al de la catedral; la intensidad la contiene el «monstruo». La atracción que siente por Notre Dame es evidente. Lo mismo se puede decir de Picasso que, ¿se lo imaginan? iba a los muelles a dibujarla, a hacer bocetos que nunca quiso enseñar ni exponer.

Marc Chagall y los girasoles

Marc Chagall: "Los girasoles". Óleo sobre lienzo, 147 x 60. 1955. Galería Maeght, París.

Marc Chagall: «Los girasoles». Óleo sobre lienzo, 147 x 60. 1955. Galería Maeght, París.

 

Muy curiosa esta obra del pintor ruso por el uso de una paleta de tonos apagados, aunque aparecen la ventana y la escena cotidiana de una pareja con su hija (¿Ida?) asomados a un espacio ciudad-cielo. Los girasoles que han pintados casi todos los pintores que han pasado por la Provenza, en este caso no forman parte del paisaje, sino que forman parte de ese otro paisaje interior en los que Chagall reinventa la realidad con su magia y fantasía, donde  los enamorados vuelan por el cielo y los burros también y las vacas son verdes o blancas… y la música y los violines y los samovares; todo grácil y etéreo. Cuando Chagall pinta este óleo atípico -los enamorados están dentro de una habitación-, en 1955, hacía tres años que se había casado con su segunda mujer, Vava, y lejos quedaban los años en que él y su primera mujer, Bella, se refugian en el precioso pueblo de Gordes  al estallar la Segunda Guerra Mundial, como Vassarely y tantos otros. Fueron años, a pesar de todo, tranquilos en ese pueblo provenzal situado en la zona del Parque Natural del Luberon y con las bellezas paisajísticas de Vaucluse. Pero la memoria la utiliza el pintor para bucear y rastrear su pasado remoto de la infancia y el más próximo, a fin de que de «su realidad» no se escape nada; como en sus memorias, «Ma vie», escritas en 1933.  De modo que, muerta su querida Bella, la sigue evocando en estos girasoles que son los «vividos»  por ambos en la Provenza.

Las flores de Odilon Redon en el Museo de Orsay

Odilon Redon detalle de "La rama florecida amarilla"

Odilon Redon: «La rama florecida amarilla». Carboncillo, óleo y temple sobre lienzo. 248 x 163. 1901. Museo de Orsay. París.

 

Odilon Redon: "Margaritas". Óleo y temple. sobre lienzo. 123 x 149. Museo de Orsay, Paris.

Odilon Redon: «Margaritas». Óleo y temple. sobre lienzo. 123 x 149. Museo de Orsay, París.

 

Odilon Redon es de la generación de los impresionistas y, como estos, recibe encargos para decorar salones, castillos o grandes mansiones. Lo «decorativo», a partir de 1900 no tiene el carácter peyorativo que posteriormente se le ha dado; grandes figuras como Monet o Renoir y el mismo Odilon Redon  reciben gustosos los encargos de las grandes fortunas de Francia para llevar a cabo dichas decoraciones que les permiten realizar obras de gran formato. Para algunos hoy sería un escándalo la frase que acuñó Albert Aurier, escritor y crítico: » No existen cuadros, solo existen decoraciones». El primer encargo que recibió fueron los cerca de quince paneles para el castillo del barón Robert de Domecy en Yonne, entre 1900 y 1901; realizados con temple, óleo y pastel, atrás quedaron sus obras en carboncillo, sus «Negros» de otra época anterior. En 1902 decora el salón de música de la casa parisina de la viuda del músico Chausson; y posteriormente la manufactura de Gobelins le encarga cartones para tapicerías. Pero es en Fontfroid en donde realiza su gran obra en decoración.

El primer cuadro, «La rama florecida amarilla», destaca por su marcado aire japonés dentro de su peculiar estilo; el segundo nos lleva a los paneles de Fontfroid.

Willem de Kooning

Kooning: "Pirate". Óleo sobre tela, 223 x 194. MoMA.

Kooning: «Pirate». Óleo sobre tela, 223 x 194. MoMA.

Willem de Kooning está considerado uno de los máximos representantes de la Escuela de Nueva York o expresionismo abstracto; de origen holandés se trasladó a Nueva York en 1926 por lo que es considerado un pintor americano. En 1948 expuso por primera vez, individualmente, obras abstractas en blanco y negro, y desde entonces se le consideró uno de los principales pintores del expresionismo abstracto y es cuando a su obra se aplica, por primera vez, el término de action painting por sus amplios y gruesos trazos; aun así su labor ha sido, a través de los años, una búsqueda en la fusión del expresionismo, el cubismo y el fauvismo. tarea titánica a la que nunca renunció, partiendo de la figuración inicial. Así, de forma paralela a la abstracción, a partir de los años 50 crea una amplia serie de obras casi todas con el mismo título: mujer, en las cuales combina elementos figurativos con otros puramente abstractos; mujeres grotescas, de toscas facciones, primitivas, de sexualidad evidente. Entre la red de líneas que caracterizan su obra, el gestualismo vital es, junto con el color emotivo, la expresión de la energía que trasmite.

Kooning: "Interchanged". Óleo sobre tela. 1955. Colección de David Gellen. Los Angeles.

Kooning: «Interchanged». Óleo sobre tela. 1955. Colección de David Gellen. Los Ángeles.

Kooning: "Orestes". 1947. Esmalte sobre papel montado sobre contrachapado. 61 x 91.

Kooning: «Orestes». 1947. Esmalte sobre papel montado sobre contrachapado. 61 x 91. Colección privada.

Willem de Kooning nació en Rotterdam en 1904 y murió en East Hampton en 1997 después de padecer alzheimer desde 1989.

Odilon Redon y la Abbée de Fontfroid

Odilon Redon: "El dia". Óleo sobre lienzo. 1910.

Odilon Redon: Panel izquierdo de «El dia». Óleo sobre lienzo. 1910. Abadía de Fontfroid.

La abadía cisterciense de Fontfroid (Narbonne) fue un centro espiritual del Languedoc, vanguardia de la lucha contra los cátaros. Uno de sus abades llegó a ser papa en 1334 con el nombre de Benoît XII e hizo construir el palacio de los Papas de Avignon. En 1791 el último monje abandona la abadía y esta es vendida. Con posterioridad, en 1833, el claustro, la iglesia y la sala capitular son declarados monumentos históricos y en 1843 son restaurados por Viollet-le-Duc; este es, así mismo, el responsable de la restauración de Notre Dame de París y «padre» de las quimeras y de mi Estirga, que se asoman desde entonces sobre el parvis de la catedral para, abarcando toda la ciudad, hacernos ver lo «pequeños » que somos.

La pintura de Odilon Redon y su peculiar forma de entender el mundo la podemos ver en el Museo d’Orsay.

Odilon Redon: "La noche". fragmento del panel. Óleo aobre lienzo. 1910. Abadía de Frontfroid.

Odilon Redon: Panel izquierdo centro del friso «La noche»l. Óleo sobre lienzo. 1910. Abadía de Frontfroid.

En 1908 Gustave Fayet y su mujer, Madelaine, compran la abadía y emprenden importantes trabajos. Odilon Redon realiza unos grandes paneles al óleo que representan su personal visión del día y de la noche. Bajo la influencia de Fayet, también pintor, Fontfroid se convierte en un centro cultural y artístico. En verano se celebran los «Nocturnos» de Fontfroid.

Los últimos Polloks

J. Pollok: " The-deep" 1953. País, Museo de Arte Moderno

J. Pollok: » The-deep» 1953.  París, Museo de Arte Moderno

 

J. Pollok: "Easter  an totem".1953. MoMA.

J. Pollok: «Easter an totem».1953. MoMA.

 

J. Pollok: "Greyed Rainbow". 1953.

J. Pollok: «Greyed Rainbow». 1953.

 

A partir de los años cincuenta Pollok cambia de estilo y retoma  la figuración en blanco y negro; su vida se truncó por un accidente de circulación cuando había alcanzado una elegancia suprema. Creo que fue con «Obra  Number 7 » fechada en 1951 , hoy en la National Gallery of Art, cuando se inicia la última vuelta de tuerca.

J. Pollok: "Number 7". 1951.  National Gallery of Art.

J. Pollok: «Number 7». 1951. National Gallery of Art.