Cada una busca la luz como puede, a veces haciendo ejercicios gimnásticos… véase la primera; la segunda, derecha como una vela.
Cuándo subo una foto es que no tengo tiempo para nada, la cosa es así y para qué disimular. Oigo estornudar a la vecina por aquello de las alergias o de la fiebre del heno y pienso en mi afección: «fiebre pictórica o de estudio» con el pincel en la mano… causa los mismos estragos y remite a su voluntad… , me digo resignada.
No sé si porque este invierno ha sido raro, muy lluvioso para estas latitudes o si yo tengo un año más, el caso es que encontrarme por primera vez con esta Nepenthes Alata, planta carnívora procedente de Borneo, Sumatra, Australia o Nueva Guinea, me alegra como si esto fuera una fiesta. Las variedades gigantes pueden llegar a engullir hasta pequeños monos, prefiero no pensarlo y contemplar la belleza y curiosidad de las «jarras» donde los insectos atraídos por el perfume y el néctar se adentran en la capucha sin posible retroceso…
De la maceta cuelga la Nepenthe, que necesita un sustrato liviano y que drene bien, si no las raíces se pudren. Me voy del vivero, tras este hallazgo, más contenta que unas pascuas.
¿Globos con luz propia?
El viernes pasado comenzó la estampida desde todos los puntos de la geografía española, son días de fiesta, la inmensa mayoría hacia las playas y otros a conocer la Semana Santa en sus diversas versiones: las austeras castellanas, las más coloristas del Levante, las más dramáticas del Sur… Otra opción es el turismo rural, cada vez con más adeptos por quienes buscan el descanso absoluto y la contemplación de la naturaleza… Visitar lugares así, como el Huerto del Cura en Elche, y de paso comer un buen arroz reconforta, anima y restablece el equilibrio interior.
Una semana lloviendo casi sin parar; temo por los cactus, pero los narcisos en el interior florecen anunciándonos la primavera; su fuerte y fragante olor inunda la casa de notas florales que se enredan con el allegro vivace de la cuarta de Beethoven.
El nombre de Fuente Caputa deriva del latín caput-aquae; lo aclaro, digo, más que nada porque somos muy dados a sacar punta a todo y a la coña marinera; es un paraje o zona húmeda que alimenta un manantial que desemboca en el río Mula, creando pozas y pequeñas cascadas. Es tiempo de hacer senderismo y empezar a sentir la primavera en todo su esplendor…
El proceso de la vida nos lo ofrecen las estaciones. La filosofía de las gentes del campo, pegados a la tierra, es el resultado de contemplar los ciclos en los que todo nace, se regenera y muere. Pegado a la naturaleza, el hombre no se piensa como algo ajeno y su ciclo vital se vive como algo natural, sin sobresaltos… Alejados de ella es fácil perder el norte, la ciudad nos pervierte el horizonte.