Fanaticón y receloso, Lobo lunar sostenía el peso de la noche. Una frase zumbaba sobre el paisaje; incómodo el modo de traspasarlo, si es que, carajo, hay modo. Los escarabajos peloteros, llenos de mierda, jugaban al ping-pong; monumental el desorden en el camino que, fluctuante, emergía entre los helechos eléctricos, galvanizados. Los dioses lares fueron propicios a Caperucita que, inconsolable ante la muestra simbólica de la magia, se despachó a gusto con el lobo. Carioca la luna de agosto lloraba mojitos, carioca la luna; pendón el lobo, que con tanto desorden no hay modo.






