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Lobo Lunar

Rapsodia precoz que alcanzaba los linderos, Lobo reconoció a la legua los rasgos diferenciales; suspiró y después vomitó o suspiró las resinas y el ámbar dorado de los amaneceres, y decidió posponer el asunto para mejor momento; unos cuantos ciclos entre la manada y listo.

La vio venir adjetivando revuelos, ondas, remolinos rojos… el amor brujo y sus trenzas bajo lenguas de fuego; ¡uff, el cannabis de la abuelita traidora…! El clic en el cerebro y caput: listo para la siesta de la que no se volvía intacto.

Lobo Lunar

 

 

 

En noches así, Lobo Lunar se vestía de Caperucita y aullaba que daba pena; dipsomaníaco, bebía sin pausa un Martini seco tras otro, cazando al vuelo y zampando las aceitunas que giraban en el aire.

Moraleja: ninguna, ¡cosas del verano!

Lobo lunar

 

 

 

Mientras la abuela se moría de aburrimiento en la cama, Lobo lunar intentaba silbar juntando los labios, pusch, ssiff, schif.. ; el viento ululaba, uh, uh, uh…; Tambor el conejo golpeaba la txalaparta, pam pam pam…; Verde, la rana, croaba, croa, croa, croa…;  Grio, el grillo, cri, cri, cri… en el regazo de Caperucita que seguía el compás  con el pie. Lobo alzó la batuta y la orquesta dejó de afinar; comenzaba el concierto en clave de sol más o menos así;  croacricricri uhuh crischifpampam croacripampampam croacricripampamschif schif…

¡Basta! -gritó la abuela. Fue lo último que dijo.

Lobo lunar en París

El circular armónico de la tortuga le irritó y la fustigó con ortigas furiosas o la instigó furiosamente, que daba igual; ella circulaba místicamente alrededor de la marquesina del Metropolitano: bajar no podía, luego, subir tampoco. Lobo lunar fascinado por la polifonía de lo imposible oyó el órgano de catedral y el escalofrío metálico de la luna; sintió en su cabeza un disparo como el latigazo de un metrónomo y la fustigó y la instigó hasta verla girar y girar circulando boca arriba por la línea siete dirección La Courneuve.

Lobo Lunar

 

Voraces los corderos sobre zancos insaciables, balsámicos pasos que avanzan alrededor de la última llama azul. Por zonas desérticas, senos de leche en la Vía Láctea, acompañan el cadalso furtivo; circunspecto en la danza, Lobo Lunar sorteaba las flechas envenenadas.

Lobo lunar

"El otoño". Foto: Bárbara.

“El otoño”. Foto: Bárbara.

Lobo lunar sorteaba las castañas abiertas en el suelo del otoño; horadadas por la carcoma, sonaban como el cri-cri de los grillos. Las sorteaba, bajo la mirada de la esfera omnipresente. Con el paso de los días olvidaba el orden de las cosas. Los días en fuga, pensó, y aulló sin orden ni concierto, lanzado contra el infinito, mientras la esfera luminosa se elevaba.

Lobo lunar

Fanaticón y receloso, Lobo lunar sostenía el peso de la noche. Una frase zumbaba sobre el paisaje; incómodo el modo de traspasarlo, si es que, carajo, hay modo. Los escarabajos peloteros, llenos de mierda, jugaban al ping-pong; monumental el desorden en el camino que, fluctuante, emergía entre los helechos eléctricos, galvanizados. Los dioses lares fueron propicios a Caperucita que, inconsolable ante la muestra simbólica de la magia, se despachó a gusto con el lobo. Carioca la luna de agosto lloraba mojitos, carioca la luna;  pendón el lobo, que con tanto desorden no hay modo.