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Lobo lunar

 

 

 

Mientras la abuela se moría de aburrimiento en la cama, Lobo lunar intentaba silbar juntando los labios, pusch, ssiff, schif.. ; el viento ululaba, uh, uh, uh…; Tambor el conejo golpeaba la txalaparta, pam pam pam…; Verde, la rana, croaba, croa, croa, croa…;  Grio, el grillo, cri, cri, cri… en el regazo de Caperucita que seguía el compás  con el pie. Lobo alzó la batuta y la orquesta dejó de afinar; comenzaba el concierto en clave de sol más o menos así;  croacricricri uhuh crischifpampam croacripampampam croacricripampamschif schif…

¡Basta! -gritó la abuela. Fue lo último que dijo.

Lobo lunar en París

El circular armónico de la tortuga le irritó y la fustigó con ortigas furiosas o la instigó furiosamente, que daba igual; ella circulaba místicamente alrededor de la marquesina del Metropolitano: bajar no podía, luego, subir tampoco. Lobo lunar fascinado por la polifonía de lo imposible oyó el órgano de catedral y el escalofrío metálico de la luna; sintió en su cabeza un disparo como el latigazo de un metrónomo y la fustigó y la instigó hasta verla girar y girar circulando boca arriba por la línea siete dirección La Courneuve.

Lobo Lunar

 

Voraces los corderos sobre zancos insaciables, balsámicos pasos que avanzan alrededor de la última llama azul. Por zonas desérticas, senos de leche en la Vía Láctea, acompañan el cadalso furtivo; circunspecto en la danza, Lobo Lunar sorteaba las flechas envenenadas.

Lobo lunar

"El otoño". Foto: Bárbara.

“El otoño”. Foto: Bárbara.

Lobo lunar sorteaba las castañas abiertas en el suelo del otoño; horadadas por la carcoma, sonaban como el cri-cri de los grillos. Las sorteaba, bajo la mirada de la esfera omnipresente. Con el paso de los días olvidaba el orden de las cosas. Los días en fuga, pensó, y aulló sin orden ni concierto, lanzado contra el infinito, mientras la esfera luminosa se elevaba.

Lobo lunar

Fanaticón y receloso, Lobo lunar sostenía el peso de la noche. Una frase zumbaba sobre el paisaje; incómodo el modo de traspasarlo, si es que, carajo, hay modo. Los escarabajos peloteros, llenos de mierda, jugaban al ping-pong; monumental el desorden en el camino que, fluctuante, emergía entre los helechos eléctricos, galvanizados. Los dioses lares fueron propicios a Caperucita que, inconsolable ante la muestra simbólica de la magia, se despachó a gusto con el lobo. Carioca la luna de agosto lloraba mojitos, carioca la luna;  pendón el lobo, que con tanto desorden no hay modo.

Lobo lunar

La caja registradora de los miedos reseñó el suyo. Era novilunio y lobo lunar insularizó su pánico, rodeado como estaba de ojos fluorescentes; en la noche feroz la tierra acechaba a la luna que giraba ingrávida en la bóveda celeste. Lobo lunar maldijo al planeta que en novilunio la ocultaba. Ciego, sin luz aullaba su ausencia y las presas se desternillaban en sus madrigueras.

Lobo lunar

Lobo Lunar

Lobo Lunar

 Gobernaba el buen tiempo en los límites siderales cuando en primavera Lobo Lunar tenía pensamientos que florecían en lila y amarillos. Lejos el cuervo de Poe acuñaba pensamientos negros que, bajo el obelisco de la Concordia, transitaban en círculos concéntricos.

Gobernaba el silencio en los límites del tiempo.

Más lejos aún, la luna, en cuarto creciente, se elevaba sobre la sabana, los juncos y los trigales verdes. El viento, viejo prestamista de sonidos, amplificó los ecos. Cercenado el silencio, el lobo soñó que lo estrangulaba mientras éste rugía sobre las rocas. Los pensamientos lilas y amarillos de Lobo Lunar planeaban sobre las montañas buscando su salida al mar. Allí, en los límites siderales, las luciérnagas, sobre las estrellas, procesionaban la noche.

Las lapas enmudecían en la resaca del mar.  Lobo lunar soñaba que estrangulaba el viento, los erizos aplaudían y las anémonas se dejaban peinar por las olas.

Moraleja:  soñar no cuesta dinero, entretiene y en  tiempo de crisis es muy aconsejable.

Lobo lunar

Lobo Lunar

Lobo Lunar

El crepúsculo circulaba por entre las charcas.

La Luna  reflejada en el agua se escindía en bolas de mercurio que, desbocadas, rebotaban sin rumbo.

El crepúsculo circulaba por entre las charcas.

El sapo comerciaba con las ranas que croaban de forma sincopada. Al beber, el lobo chascaba la lengua y junto al viento se iba encadenando el ritmo del atardecer. La música del bosque ablandaba a las caperucitas temerosas que, cantando bajito, ponían sordina al terceto.

El crepúsculo circulaba por entre las charcas.

Al anochecer el lobo croaba y croaba y el sapo enamoraba a las caperucitas temerosas. Lobo lunar patrullaba el claro con desgana mientras la luna crecía y crecía preñada de si misma. Lobo lunar se iba apagando al tiempo que  la luna llena brillaba sobre el llano con un resplandor apocalíptico.

Moraleja: Nada es lo que parece. Aplicación práctica ninguna.

Lobo lunar

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

Foto: Aurelio Serrano Ortiz

Remedio casero contra la subida de las tasas eléctricas.

Los búhos cubrían los nidos que la luz poliédrica de la luna enlazaba en las copas. Los árboles gemían y Lobo Lunar tiritaba de frío. Los búhos gestionaban sus círculos oculares para leer razonablemente la noche. Lobo Lunar, que tiritaba, echó más leña al fuego y unas briquetas prefabricadas. El hollín se prendió y una vez más una bala insensata y amnésica zanjó el asunto. De lo alto cayeron un lirón y un grajo que, con la nitidez del fuego fatuo, se asaron a la brasa. Lobo Lunar los troceó y los untó con mostaza. Mientras comía, emanaba del cielo un equilibrio exótico y transparente. Una lechuza hizo “chut” y el bosque se durmió perplejo y sincopadamente.

Contra la subida, volvamos al fuego del hogar, a las trébedes y la economía doméstica de nuestros abuelos. Es una quimera, pero ¡qué bonito!

Lobo lunar

Lobo lunar

La luna decrecía con balido aullador. Allí arriba dolía hasta la ingravidez del viento, que al verse mudo enloquecía. De la luna caían trozos, bloques desgajados como carcoma que serraban los claros del bosque. Abajo, en los pastos, lobo lunar comenzó a utilizar los bloques de luna y martilleando la noche capitalizó el material lapislazulino de ella que balaba mientras se paría a si misma.

Instalada ya en cuarto menguante, vitalmente aún desorientada observó a lobo lunar que brillaba como una luciérnaga encendida mientras saltaba las cercas corriendo tras los tiernos corderos.

Este, más que un remedio casero, es un consejo encaminado a encarrilar las maltrechas economías domésticas. Con los tiempos que corren de “guerra mundial incruenta”, que no mata con balas, pero que nos va llevando a la inanición, a umbrales de pobreza inconcebibles hasta hace bien poco… con todo lo que se avecina, gracias a los canallas que manejan en la sombra los tejemanejes financieros, hay que olvidarse de eso de que todo es “de usar y tirar”. Pues no, hay que reutilizar, hay que volver al trueque Hagamos como el lobo que lo aprovecha todo, hasta lo que le cae del cielo. ¡Volvamos al remiendo! Que siempre es mejor que remendar nuestras vidas con hipotecas y créditos imposibles.