Lobo Lunar

13

El calor lo tenía amodorrado. De día salía apenas de la lobera solo lo hacía cuando los rayos del sol declinaban. Era entonces, cuando amparado por las sombras, saltaba entre los riscos buscando algo que llevarse a la boca. Se daba cuenta que ya sus facultades menguaban porque la mayoría de las veces las presas más insignificantes se le escapaban. Los conejos, que no hacía mucho eran su mayor fuente de proteínas, corrían a toda velocidad metiéndose en sus guaridas. Se sentía tan humillado y avergonzado que había días que hubiera preferido seguir durmiendo aunque las tripas le sonaran como una sinfonía dodecafónica. ¡Qué triste llegar a viejo! penaba en esos momentos de tristeza. Ya ni siguiera salir a aullarle a la luna le producía satisfacción alguna.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s