Navidad y Lobo Lunar

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Lobo lunar estaba más que arto; en el bosque se había sentido invadido. Cada año era peor que el anterior. La primera señal fueron las marcas en el barro, luego el ruido ensordecedor. Huyó lo más rápido que pudo hacia la cumbre, saltando de risco en risco, sin mirar atrás. De día era insufrible, los árboles caían como heridos por un rayo; la noche le daba un respiro y aun así su sueño era inquieto y sus ojos cerrados se movían dentro de aquella pesadilla. Miraba, en su sueño, cómo los leñadores entraban en su lobera, hasta ahí se sentía vulnerable. Al despertar, angustiado, ponían en alerta todos sus sentidos; olisqueaba el aire que llegaba desde los cuatro puntos cardinales, igual de dañino o más cada amanecer. Desde el valle nevado se iluminaban miles de bombillas pequeñas como luciérnagas intermitentes y esas señales le decían: huye, escapa, corre. Luego veía venir los camiones que subían hasta el bosque como lombrices que serpenteaban por el camino y a los hombres que talaban los árboles sin compasión como cada año por esas fechas. Diciembre era el mes y la nieve su peor pesadilla.

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