
Fotografía de un estudio en equilibrio de Johannes Zabel, 1923-4. Fotografía de Lucía Moholy

Gitana yugoslava, 1930-31. Fotografía de Lucía Moholy

Walter Gropius. Fotografía de Lucía Moholy

Inez Spender, 1938. Fotografía de Lucía Moholy
Este es otro caso de los muchos que se han dado a través de la historia en los que el trabajo de una artista mujer es apropiado o silenciado por un varón. Lucía se casó con el artista Moholy-Nagy y llegó por primera vez a la Bauhaus cuando su marido fue contratado para enseñar en la escuela donde también impartían clases Klee y Kandinsky. Ella, como fotógrafa, documentó todo sobre la Bauhaus, cómo eran los edificios, las cosas que hacían siguiendo los conceptos y principios que propugnaban. A través de sus fotografías, difundió y dio a conocer a la escuela más allá de Alemania. De hecho se la conoce como la fotógrafa de la mítica escuela Alemana. La Alemania de los años 20 buscaba algo más aparte del expresionismo o de convenciones pictorialistas; buscaba la exaltación de lo cotidiano y una ruptura con el lenguaje clásico, apostando por los primeros planos y los ángulos complejos. Fue escritora, editora y fotógrafa de grandísimo talento. Su matrimonio duró siete años, los mismos en los que tuvieron amistad con Walter Gropius, quien se apoderó de los negativos de cristal de Lucía llevándoselos consigo a Massachusetts, donde emigró. El «gran» Gropius se apoderó de su trabajo, que fue publicado muchas veces sin reconocer su autoría. La Bauhaus, que significa literalmente «construir casas», buscaba, tras la primera guerra mundial, un nuevo orden, un modelo de belleza nuevo, racionalista. Cuando los nazis llegaron al poder, Lucía huyó y finalmente se estableció en Inglaterra, dejándolo todo atrás. Durante años peleó para recobrar sus más de trescientos negativos que obraban en poder de Gropius; finalmente lo consiguió a través de un abogado, litigando. Cuando falleció en 1989, fueron legados sus negativos al Archivo Bauhaus en Berlín, donde se conservan y son objeto de estudio. La obra de esta gran artista de origen polaco es otro de los casos sangrantes en los que sus colegas varones les «roban» literalmente el trabajo. La Historia del Arte debería repasar y poner a cada cual en su sitio. Lucía vivió a la sombra de su marido primero y, después, ya sabemos lo demás.





















