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Epicuro: Exhortaciones

Matisse, "La danza" 1909. acuarela y tinta china sobre papel (22,1x 32 cm). Muse de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Matisse, «La danza», 1909. Acuarela y tinta china sobre papel (22,1 x 32 cm). Museo de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Me confieso admiradora de la filosofía epicúrea. De todas las recomendaciones de Epicuro para llevar una vida feliz, una de las exhortaciones que estos días recordaba dice así: La amistad danza alrededor de la tierra habitada anunciándonos  a todos que nos despertemos a la felicidad. 

Y viendo las distintas obras de Matisse sobre la danza, nada mejor que seguir danzando con el pensamiento de Epicuro.

Comenzar danzando con Matisse

Matisse: "Nasturtiums y La Danza", 1912. Óleo sobre lienzo (190,5 x 114,5 cm.) Muaeo de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Matisse: «Nasturtiums y La Danza», 1912. Óleo sobre lienzo (190,5 x 114,5 cm.) Muaeo de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Empezar el año bailando no está del todo mal y, si lo hacemos con Matisse, mejor que mejor. A partir de 1912 Matisse se fue interesando de manera especial por la estructura, según dicen los estudiosos de su obra, como respuesta tardía al cubismo. En este año realiza dos obras estrechas y alargadas que llama «Nasturtiums y La Danza»; este es el primero de los dos con el mismo tema, un trípode que sostiene un jarrón con nasturtiums o capuchinas y una silla, teniendo como fondo un boceto sobre La Danza de 1908, pero no el definitivo. Es el juego del cuadro dentro del cuadro, que tanto gustara al pintor. Durante estos años Matisse y Picasso tuvieron encuentros frecuentes, incluyendo la práctica de la equitación, en los que se debía debatir sobre la vanguardia y el cubismo representado por Braque, Juan Gris y Picasso; lo realmente interesante es que Picasso consideraba a Matisse un magnífico colorista que buscaba el dibujo y a él mismo un dibujante magnífico que buscaba el color. En esos momentos en que él se preocupa por la estructura y modera el color, su amigo abandonaba el monocromático cubismo «analítico» para sumergirse en el «sintético», de paleta más colorista. Curioso e interesante. Lo más destacable de este cuadro es el «efecto fotográfico» que utiliza por primera vez como resultado de cortar parte de las cabezas y las extremidades de los danzantes; antes lo habían empleado los grabadores japoneses con gran acierto y el pintor francés Edgar Degas.

Blanco y negro: Aurelio, dibujante

  Aurelio: " 27-12- 2013". Lapiz sobre papel.


Aurelio: » 27-12- 2013″. Lapiz sobre papel.

El blanco y negro que nos entusiasma, sobre todo a los que hemos vivido el cine de los años cuarenta-cincuenta, esa estética de luces y sombras, de elegancia en un contexto fílmico con una narración  de guionistas de primer orden en películas en las que las imágenes prodigiosas se sumaban a unos diálogos de primera categoría… Bueno, Aurelio se apunta al blanc0 y negro, porque a lo mejor es de la quinta de los chicos de Liverpool…

Gustav Klimt : Paisajes

Gustav Klimt " El castillo kammer junto al Attersee". Óleo sobre lienzo, 110 x 110 cm

Gustav Klimt » El castillo Kammer junto al Attersee». Óleo sobre lienzo, 110 x 110 cm

La obra de Klimt, tan extensa y variada tanto en temática como en tratamiento, requiere quizás un agrupamiento, por ello he querido traer de forma casi consecutiva algunas que claramente tienen esa vinculación con Van Gogh. «El castillo Kammer junto al  Attersee»  presentado en noviembre-diciembre de 1910 en la Galerie Miethke de Viena, probablemente fue realizado en el verano del mismo año y donado a la Oesterreichische Galerie por la familia Bloch- Bauer. El cuadro de abajo está fechado en 1912.

Gustav Klimt, "Sendero en el pqrque del castillo Kammer", Óleo sobre lienzo, 110 x 110.

Gustav Klimt, «Sendero en el parque del castillo Kammer», Óleo sobre lienzo, 110 x 110.

Il Duomo

Il Duomo. Foto: Bárbara.

Il Duomo. Foto: Bárbara.

Il Duomo según la luz se envuelve en un color diferente, rosa, verde, incluso a veces una especie de neblina lechosa al atardecer la embellece en blanco. Es también, bajo la lluvia, un decorado inesperado que invade toda la plaza y nos aplasta contra el Battisterio.

Gustav Klimt: lo cotidiano II

gusta Klimt : "La casa del guardabosques". Öleo sobre lienzo, 110 x110. Colección privada EEUU.

Gustav Klimt : «La casa del guardabosques». Öleo sobre lienzo, 110 x110. Colección privada EEUU.

Esta obra de Klimt, un óleo de las mismas proporciones que el «Huerto con gallos», llamada «La casa del guardabosques», representa la casa en Weissenbach, junto al Atersee, en la que el pintor vivió un corto periodo de tiempo en 1912 y en los veranos de 1914 y 1916. Se expuso en Berlín en 1916; sobre su cronología los críticos no se ponen de acuerdo, sí sin embardo en la influencia de Van Gogh. Durante estos años pinta los retratos de Bárbara Flöge, Charlotte Pulitzer, Friederike María Beer… y será en ellos donde Matisse influirá en su nueva concepción del color cada vez más fauve como en el retrato de Johanna Staude, por ejemplo. Participa en la exposición del Bund Österreichischer Kaünstler en la Secesión de Berlín junto con Schiele, Kokoschka y Faistauer. En Alemania, desde 1914, se  había iniciado la crítica a la obra de Klimt bajo la influencia de las teorías expresionistas.  De estos años es también el «Sendero en el parque del castillo Kammer», donde así mismo se siente la influencia, sombra o espíritu vangoghiano; en cualquier caso es una obra con un indudable encanto paisajístico.

Gustav Klimt: lo cotidiano

Gustav klimt, "Huerto con gallos".                                             Öleo sobre lienzo, 110 x 110. 1917

Gustav Klimt: «Huerto con gallos». Öleo sobre lienzo, 110 x 110. 1917

Quizá lo menos conocido de Klimt sean sus paisajes, los jardines con  gallinas, los huertos, los bosques de hayas y de abedules, los árboles frutales,  los girasoles…; pero es en ellos en donde la naturaleza se viste de la marca klimt de una manera tal, que es como si la descubriéramos de nuevo; es su forma de describirla con la misma fuerza y personalidad que lo hiciera Van Gogh, de hecho muchos críticos de arte señalan su influencia. En esta obra, un óleo de formato grande, «Huerto con gallos»,  la forma compacta de los macizos de flores delimita el sendero que nos señala la perspectiva con los animales escalonados en diversos planos. La exuberante vegetación de los dos macizos,  formada por flores y hojas apretadas sin espacio, sin aíre entre ellas conforma un abigarrado mosaico vegetal como dos  robustas columnas. Y la forma de perfilar de Klimt no permite que perdamos ningún detalle de esas flores tan fuera de la naturaleza común, porque son «sus flores» que llenan toda la superficie del lienzo. El cuadro representa el huerto de la casa de Weissenbach junto al Attersee en la que el artista pasó el verano de 1916. El cuadro resultó destruido durante el incendio del castillo Immendorf en 1945.

Claustro de S. Lorenzo

Claustro de S. Lorenzo. Foto: Bárbara.

Claustro de S. Lorenzo. Foto: Bárbara.

Como estamos ya a viernes muchos intentan desconectar de la rutina y del estrés, para ello la serenidad de las formas de un claustro con un canto gregoriano de música de fondo, la lectura sosegada o la simple contemplación de una ermita en mitad de campo pueden ser opciones para hacer algo distinto que nos permitan experimentar un relaxing (¡gracias, Ana Botella!) espiritual.

Claustro de S. Lorenzo. Foto: Bárbara.

Claustro de S. Lorenzo. Foto: Bárbara.

Picasso, el Bateau Lavoir y Madeleine

"La planchadora" de 1904. Pablo Picasso. Öleo sobre lienzo. Museo Guggenheim,N.Y.

«La planchadora» de 1904. Pablo Picasso. Öleo sobre lienzo. Museo Guggenheim,N.Y.

Cuando Picasso llegó a Montmartre y se instaló en 1904 en el Bateau Lavoire, y antes de conocer a Fernande Olivier, tuvo una amante llamada Madeleine de la que se sabe que era modelo. El Bateau Lavoire fue al principio una fábrica de pianos y después una cerrajería; con el tiempo el dueño decidió convertirlo en estudios. Parece ser que el de Picasso era amplio y luminoso, aunque el edificio estaba construido tan mal que propiciaba la humedad; carecían de luz y de gas, y en invierno se helaban las tuberías y el olor a moho impregnaba aquel laberinto de estructuras imposibles. Dado que Picasso prefería pintar de noche, se supone que lo haría como Goya, con velas, o bien con quinqués de gasóleo. Los alquileres eran bajos y se ocuparon enseguida; la miseria y las estrecheces económicas marcaban esos años, pero el pintor aprendió a vivir como un pícaro. Después de que unos anarquistas estuvieran alojados en el Bateau Lavoir con los consiguientes escarceos con la policía, el edificio se llenó de españoles con escasos recursos como Canals, Sunyer, Juan Gris, Max Jacobs, Andrés Salmón… Estos dos últimos bautizaron el edificio con el apodo con el que se le conoce, nombre con el que se designaba  a los barcos lavandería del Sena. Madeleine, el nuevo amor de Picasso, era una bella modelo muy delgada que inspiró el cuadro «La planchadora» y «Comida frugal» entre otros trabajos de esos años.  El escritor John Richardson, en la biografía sobre Picasso, sostiene que la estructura ósea de la modelo es responsable de esa estética de cuerpos anoréxicos, de miembros alargados, de dedos filiformes como en el cuadro en la que otra amiga, Margot, acaricia a un cuervo. Lo cierto es que con ambas avanza hacia los tonos pastel al tiempo que los cuerpos anoréxicos se mantienen incluso después de que conociera a Fernande Olivier, de formas rotundas del tipo que llamamos mujer-mujer. Pero eso para mí es solo una parte; la influencia del arte egipcio configura la estética que modela las obras de la llamadas época azul y rosa, como en el cuadro «Jovencita con el brazo levantado» de la colección Harriman de N.Y. Puede ser que esa influencia se realizara, se plasmara a través de ellas, pero no solo por ellas.

La cúpula de la basílica de San Lorenzo

Cúpula de la basílica de San Lorenzo. Foto: Bárbara.

Cúpula de la basílica de San Lorenzo. Foto: Bárbara.

El trazado de las grandes ciudades modernas con sus amplias avenidas, sin dejar de tener su encanto, nos impide el sobresalto infantil que nos deja con la boca abierta tal como sucede cuando se pasea por un entramado de callejuelas medievales en las que, de pronto, se nos viene encima una cúpula como esta de la basílica de San Lorenzo; la desproporción nos apabulla y nos empequeñece al tiempo que pensamos: ¡qué grandes los Medicis!