Una pone: Frida Khalo (México, 1907-1054), pintora mexicana casada con Diego Rivera, unida a los ideales de los muralistas mexicanos y bla. bla bla…, mas esos datos que sitúan una vida fijándola en el tiempo histórico aquí no sirven para nada, generalmente no sirven, pero en este caso es como poner puertas al campo; ¿cómo se puede describir a un ave fénix, sin caer en el tópico, a alguien que como ella, con un cuerpo destrozado, se reinventa todos los días desde el dolor más atroz, hilvanando esperanzas desde el fondo de un pozo? Frida es una lección magistral de vida; cuando Bretón la define como una surrealista espontánea, ella responde: «Se me tomaba por una surrealista. Ello no es correcto, yo nunca he pintado sueños, lo que yo he representado era mi realidad». Claro, ella lleva sus frustraciones, traiciones, desencantos como ningún pintor hasta el momento; su biografía la pinta y lo hace con los colores de su sangre, con su linfa, con sus huesos como polvo de mármol. Para exacerbar su identidad bucea en las raíces precolombinas, imágenes de su México, que se reivindica en aquellos años por los pintores muralistas encabezados por Diego Rivera, Orozco y Siqueiros. Pero su pintura tampoco encaja ahí, ella «es» su biografía pintada.
Archivos
Cézanne, «Autorretrato»
Cézanne trató la naturaleza «mediante el cilindro, el cono y la esfera» e hizo más de lo que dijo en su famosa frase: «Hacer del impresionismo algo duradero y sólido como era el arte de los museos». Fue más allá, propició el paso al cubismo; su papel de precursor es indudable. Con el desasosiego de quien busca un orden nuevo encontró, mediante la austeridad, la geometría y su mirada hacia el futuro, la manera de estructurar la superficie del cuadro con su pincelada ordenada y su personal concepción del volumen.
Amadeo Modigliani: retrato de Léopold Zborowsky
Léopold Zborowski fue un admirador incondicional del pintor, del cual dijo tras su muerte prematura: «Era hijo de las estrellas y para él no existía la realidad». Durante unos años en los que ya la enfermedad hacía estragos en Modigliani, agravada por las penurias de la guerra y por sus escasos medios económicos, Léopold le sostuvo económicamente y lo envió a Cagnes-sur-Mer en la costa francesa, junto con su mujer Jeanne, para que hiciera una cura de reposo. Este retrato masculino es uno de los más sugerentes de los que pintara el maestro italiano, donde se refleja el equilibrio y la bondad; Léopold fue posiblemente el único amigo verdadero en aquellos duros años.
Interior del Palazzo Vecchio
Zola retratado por Manet
Edouard Manet retrató en 1868 a su amigo el escritor Émile Zola con la rectitud, la nobleza e integridad del que con la palabra: «J’accuse», con la que encabezaba su valiente artículo publicado en «L’Aurore», conmocionó y emocionó a toda Francia. Lo hizo treinta años después de ser retratado, al tomar partido en el «Caso Deyfrus»; los ecos de aquel magistral y polémico artículo aún resuenan.
El padre del naturalismo, Zola, y su amigo Manet formaban parte del movimiento que luchaba contra el desorden del romanticismo con las armas del rigor y de la fidelidad al modelo. Este soberbio retrato fue admitido en el Salón de París, cosa que sorprendió hasta al mismo pintor. La hermosa cabeza de finos rasgos y la inteligencia de la mirada hablan de la vehemencia y valentía del que fuera contertulio ilustre del Café Guerbois.
Max Ernst, el inventor (II)

Max Ernst: » Et les femmes volcaniques relèvent et agitent, d’un aire menaçant, la partie posteriéure de leur corps» 1929. Collage sobre papel, 20 x 20.
El inventor Max Ernst, a lo largo de su trayectoria artística, no cejó de experimentar renovando las imágenes, dando un sentido nuevo a la percepción visual; sus técnicas innovadoras revolucionan las relaciones entre el material utilizado y el objeto final; el collage, el frottage, el grattage, la decalcomanía son la gran aportación a los artistas del futuro. 1916 es el año en que realiza su primera exposición individual y cuando comienza a utilizar el collage (recortar y pegar sobre una superficie distintos elementos) para lo cual utiliza impresos, catálogos y en general textos e ilustraciones de diversa procedencia; el resultado es un objeto nuevo con una carga que apela al inconsciente. En los años siguientes sigue realizando collages, como «Fruit of a long experience» de 1919 o «Dada-Gauguin» de 192o. Traslada su residencia a París en 1922 y, a partir de ahí, sus obras son netamente surrealistas con figuras fantásticas en espacios renacentistas pintados con una magistral precisión; como ejemplo, «L’eléphant Célèbes», realizado un año antes y hoy en la Tate Gallery (Londres). Inventa en 1924 el frottage (calcos de lápiz sobre tela o papel) y con esa técnica realiza una serie de obras que se recogen en su famosa «Histoire Naturelle» como definición y desarrollo del automatismo sicológico. Utiliza la técnica del grattage (raspado de pintura seca) en sus obras pictóricas y un ejemplo es «Eve, the Only One Left to Us» de 1925. Inventa las novelas-collage sustituyendo el texto por imágenes, publicadas por entregas, como si se tratase de las del XIX, y como sátira de los folletines. Las tres novelas que publicó son: «La mujer 100 cabezas», «Sueño de una niña que quiso entrar en el Carmelo» y, la mejor, «Una semana de bondad».
Esto es un breve resumen. Max Ernst es un prodigio y un revolucionario de la imagen y, como muestra, este botón.
Max Ernst, el inventor (I)

Max Ernst : «La toilette de la mariée». 1940. Óleo sobre tela, 129 x 93. Peggy Guggenheim Collection, Venecia.
La formación académica de Max Ernst en humanidades abarcó materias como la filología clásica, la psiquiatría, la filosofía y la historia del arte en la Universidad de Bonn entre los años 1910 y 1914; ello, unido a su ansia de conocimiento e investigación a lo largo de toda su vida, le lleva a adentrarse en campos tan diferentes como la etnología, las matemáticas, la etología, la astronomía y un largo etc.; un hombre con ansias renacentistas como Dalí y como él elemento esencial del surrealismo. Max llega a París con la mochila cargada de experiencias dadaístas. Al poco, Breton redacta el Primer Manifiesto y él es considerado uno de los grandes surrealistas. Años de efervescencia creativa y personal, Paul Eluard, Max Ernst, Dalí y la musa de los tres Gala, común denominador de un poeta y de dos pintores unidos por el destino. La amistad y colaboración con Luis Buñuel le hacen participar como actor en «L’Age d’Or»; allí están todos los que son, vasos comunicantes que vierten su energía al ritmo que marca Breton. Durante la guerra Paul Eluard consigue que las autoridades francesas pongan en libertad a Max, arrestado por ser un enemigo hostil como ciudadano alemán que era. Se ha dicho de él que era un revolucionario de la imagen y desde luego que su aportación al surrealismo es esencial; incluso cuando abandona el movimiento, nunca deja sus principios y sus vínculos entre las imágenes y el subconsciente. Su vida transcurre entre Europa y Estados Unidos.
Gala Eluard, la artista Leonora Carrington y la mecenas Peggy Guggenheim fueron algunas de sus compañeras; un hombre afortunado, dotado para el arte y mimado por las musas.
La Venus de Arles
Esta bella Afrodita, conocida como La Venus de Arles, fue encontrada entre las ruinas de Arrelatum, fundada por César en el 46; esta antigua ciudad romana (hoy Arles) fue uno de los centros más importantes del mundo romano occidental. Se asemeja a la Venus de Milo y, a pesar de su comedida belleza arcaizante, tiene ya el movimiento de Praxiteles, por ello se la suele datar hacia el 350. Los labios entreabiertos, los grandes ojos vacíos, la frente amplia y la inclinación de la cabeza hacia un lado le confieren un aire dulce y melancólico. En el hermoso y moderno Museo Departamental de Arles Antiguo se encuentra este bello busto de una Afrodita; se echa de menos una copia o reproducción de la de Arles.
Última hora: El triunfo de Remedios Varo
La noticia dice literalmente:»Remedios Varo se merienda al gran Diego Rivera»; aparecía hoy en eldiario.es, sección feminismo. El suceso, que arrancó aplausos entre los espectadores de la subasta de Christie’s en N.Y., fue la suma que el cuadro de Varo consiguió, alrededor de tres millones de euros (3,3 millones de dólares) superando en tres veces el cuadro de Diego Rivera y el de Wifredo Lam. La subasta era de pintores surrealistas latinoamericanos; sin embargo, el famoso muralista mexicano, a mi entender y hasta donde llego, no se le puede considerar un pintor surrealista, a no ser que los entendidos digan otra cosa. Dicho lo cual celebro enormemente este triunfo que ha tenido la obra reproducida no hace mucho aquí en la Estirga Burlona: «Vampiros vegetarianos». La obra, absolutamente genial y divertida donde las haya, muestra a tres vampiros vegetarianos, sentados a la mesa y sorbiendo «sangre vegetal» con pajitas de rojos tomates y sandías, mientras uno de ellos sujeta a una gallina con cuatro patas con una cuerda y otro tiene atada a otra a la pata de su taburete. Esto me recuerda que Leonardo da Vinci narra como en los festines florentinos se ataban conejos para que los convidados se limpiaran la grasa de las manos en su piel, por lo que el gran genio tuvo que inventar también las servilletas.
¡Enhorabuena a Remedios Varo, allá donde esté! Despacio, pero avanzamos.
Gustave Moreau, «Orfeo»
Este «Orfeo» o «Joven tracia llevando la cabeza de Orfeo» de Gustave Moreau contiene todo el misterio y la emoción de la pintura simbolista. Moreau, pintor francés nacido en París en 1826 y fallecido en 1898, está considerado como el pintor prerrafaelita francés que como ellos vuelve sus ojos a las leyendas antiguas, a los temas bíblicos y mitológicos; de su paleta destacan los brillos dorados y su peculiar sentido del color, como buen conocedor de Miguel Ángel y Mantegna, con un acabado minucioso propio de un miniaturista.
Según el poeta Ovidio, Orfeo muere descuartizado a manos de las mujeres de Tracia, que no le perdonan que, tras su descenso a los infiernos en busca de su mujer Eurídice, pasara años sin querer trato con ellas. Se cuenta que, aun separada del cuerpo, la cabeza siguió cantando. En el cuadro, la cabeza reposa sobre la lira, de ahí la expresión de tristeza del rostro de la joven que la recoge. Esta hermosa obra de Moreau estuvo con anterioridad en el Museo del Louvre.













