La reja

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Fin de semana de julio, vacaciones, calor, reuniones familiares, amigos… lo normal en estos días. Pero si además es el verano la estación en que cumplen años las personas que más quiero y por ese motivo pasamos horas felices juntos, pues bienvenido sea, aunque a mí es la estación climatológica que menos me gusta, porque  me agobia el calor en exceso; donde esté el otoño, que se quite todo lo demás: no hay moscas, no sudas, puedes salir a pasear a cualquier hora del día… Recuerdo el 2003 con aquella «canicule» terrible que pasamos en París; la cifra de muertos alcanzó las 15000 personas, que se dice pronto…; claro, por aquellas latitudes no están acostumbrados ni las casas acondicionadas; recuerdo ver ventiladores en los autobuses, una pesadilla. Los árabes saben mucho de como combatir el calor: las calles estrechas, las celosías, las fuentes cuyo  arrullo sonoro nos alivia hasta el alma, en fin.¡ Felices vacaciones a todos y que lo pasemos lo mejor posible!

Tagetes amarillos

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Tagetes. Foto, Bárbara

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Tagetes. Foto, Bárbara

Hacía años que no plantaba tagetes y la verdad es que los echaba de menos. Esos pompones redondos y tiesos, como diciendo: aquí estoy yo. Orgullosos, altaneros y conscientes de su belleza sencilla y cotidiana. Les pasa lo mismo que a las margaritas, blancas o amarillas, que cuando forman un macizo compacto, cuajado de flores, son una preciosidad en su sencillez y las prefiero a esas raras como las orquídeas, que ahora vemos por todos lados y, ojo, que no digo que no sean muy bonitas, pero debe ser que soy de gustos también sencillos.

Cézanne, «La route tournante»

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Cézanne, «La Route tournante»

Aunque el gran maestro brilla con luz propia en los bodegones, también pintó muchos paisajes de entre los cuales, este me gusta de manera especial. Aquí ya las casas se reducen a formas geométricas, con esa sola casa blanca con las ventanas negras. Al meterse uno en el cuadro dan ganas de seguir el sendero que él redondea hacia abajo y nos invita a seguirlo; aun así parece un paisaje ensimismado, encerrado en sí mismo, donde las cortas pinceladas verdes de la hierba y de los árboles lo dotan de movimiento. Los dos troncos de la derecha se afianzan en el suelo, cerrándose al unirse hacia arriba como sujetando la curvatura del sendero. Equilibrio perfecto en un planteamiento nada fácil; ahí es donde se muestra la maestría.

Julia Margaret Cameron, fotógrafa victoriana II

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«El Tránsito de Arturo», 1874

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«Día de mayo», 1866

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«Mrs. Duckworth», 1867

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«Sir Henry Taylor», 1867

 

Beatrice

«Beatrice», 1866

 

Julia Margaret Cameron pertenece al movimiento «pictorialista». Comenzó tarde su quehacer fotográfico, a los 45 años, pero su interés no cesó de crecer. Hoy es considerada una de las mejores fotógrafas victorianas. Sus magníficos retratos transmiten más que describen. Y tienen la fuerza expresiva de unos rostros que surgen de las sombras, capta lo que esos rostros le inspiran, poses y actitudes, al estilo romántico y melancólico. Su puesta en escena los hacen intemporales, como en los tres últimos, o en los temas alegóricos, como en las dos primeras fotografías, que forman parte de su gusto por los asuntos bíblicos, mitológicos o artúricos; pero sobre todo es por sus retratos por los que su figura se engrandece. La cámara que le regalaron estaba pensada para el paisaje, pero ella buscaba el desenfoque porque, a pesar de las críticas de entonces, buscaba lo etéreo, lo impreciso, el sfumato que quería lograr al modo del gran Leonardo.

 

Cosas que pasan(relato corto)

Apenas fue como una ráfaga de aire. Aquella mañana un hombre cualquiera tropezó con una piedra al ir al trabajo. A punto estuvo de caer, pero un hombre desconocido le sujetó por la espalda; cuando se giró agradecido, aquel hombre había acelerado el paso y apenas tuvo tiempo de darle las gracias. El reloj de la plaza dio la hora y supo que llegaba con retraso. Ese hombre cualquiera que estuvo a punto de caer, a su vez aceleró el paso y mientras lo hacía se dio cuenta de que su reloj atrasaba un cuarto de hora. Sin duda se había dormido y temió llegar tarde a la oficina. A medida que avanzaba por la ancha avenida de plátanos y de castaños de indias oyó de nuevo el reloj que dio los cuartos; con gesto mecánico miró su muñeca desnuda. No llevaba reloj. Empezó a sudar y viendo que el tiempo se le echaba encima comenzó a correr. Cansado por el esfuerzo se paró y se encontró de nuevo en medio de la plaza, y de la torre se oyeron nueve campanadas. Avanzó y avanzó exhausto y se halló  enfrente de su casa. Subió las escaleras que encontró llenas de gente y llegó a su dormitorio; tendido en la cama estaba él con el rostro pálido; le estaban amortajando. En la mesilla de noche el reloj marcaba las nueve en punto,

Leonora Carrington

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«Ab eo quod», 1956

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«Los faustos del subsuelo» 

 

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«Las distracciones de Dagoberto». Óleo sobre lienzo. Colección privada

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«El mundo mágico de los Mayas», 1963. Museo Nacional de Antropología, Mural en homenaje a Chiapas.

Leonora Carrington, nacida inglesa, es una figura clave para entender el surrealismo en México, donde vivió la mayor parte de su vida. Tras un brote psicótico comenzó a tener visiones y estas, unidas a su fascinación por el ocultismo, las viejas tradiciones indígenas y los rituales celtas hacen que su pintura y escritura estén fuertemente marcadas por un mundo onírico muy personal. Su simbología tan particular hacen de ella una figura extraordinaria; consciente tras su internamiento decía que «la locura puede llevarte a la iluminación». Allí, en México, mantuvo amistad con las también primeras figuras del surrealismo, como su entrañable amiga Remedios Varo, Sir Edward James y Luis Buñuel; pero fue en París, cuando se rencontró con su antiguo amante Marx Ermat, quien la introdujo en el círculo surrealista con Breton, Benjamin Peret, Dalí, Joan Miró, e incluso le presentó a Picasso, cuando hizo propio el surrealismo. Se casó con el poeta mexicano Renato Leduc para poder regresar a París, donde su pareja Ermat había sido apresado por el régimen de Vichy. En México Sir James tenía en Xilitla un jardín selvático con una estructura laberíntica que ella, en sus frecuentes visitas, gustaba recorrer. Para la entrada de la casa de su amigo pintó «El diablo rojo». La Carrington pintaba en su cocina, lugar alquímico por excelencia donde comida, olores y sabores se mezclaban, laboratorio donde todo era posible. Realizó en 1963, para el Museo de Antropología de la ciudad de México, «El mundo de los Mayas» . Entre 2009 y 2011 creó una colección de esculturas en bronce bajo el nombre de «Las posibilidades de los sueños». Su capacidad para plasmar los sueños es el gran legado de Leonora Carrington.

Comer en Galicia

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Bandeja de marisco, fografía de Aurelio Serrano

 

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Centolla, fotografía de Aurelio Serrano

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Cigalas, fotografía de Aurelio Serrano

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Percebes, fotografía de Aurelio Serrano

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Ostras, fotografía de Aurelio Serrano

En este caso sí que una imagen vale más que mil palabras. El marisco del Norte es un bocado di cardinale. En este caso de Galicia, pero puedo asegurar que el pescado de Bizkaia es de lo mejor que he comido nunca. Podemos presumir de tener unos productos frescos fantásticos y que nuestra gastronomía no tiene nada que envidiar a cualquiera de las más importantes del mundo.

La nit de Sant Joan

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Fotografía de Aurelio Serrano García

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Fotografía de Aurelio Serrano García

Ya se pasó la noche de San Juan, la noche más corta del año, la más festiva celebrada en las playas. Todo preparado para celebrar el solsticio de verano. Estas fotos corresponden a A Coruña, pero la fiesta es igual de alegre y festiva en cualquier lugar. En las playas de nuestra geografía, por toda España, esta noche mágica inicia la estación que más forofos tiene en todo el mundo, o casi, porque si estás en la playa de veraneo genial, pero como te encuentres trabajando o en la ciudad sufriendo los horrores de un verano caluroso, solo queda cerrar las ventanas a cal y canto, y poner el aire acondicionado, porque últimamente hasta en los pueblos del Pirineo se pasa calor. A estas alturas, ¿alguien duda todavía del cambio climático? Pienso en las generaciones venideras y en el reproche bien fundado que nos pueden hacer… ¿Cómo consentisteis que se degradara tanto el planeta? De momento la noche de las hogueras sigue alegrándonos el corazón.

El puerto de A Coruña

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Fotografías de Aurelio Serrano García

Preciosa fotografía que recibo de A Coruña, Gracias mil por esta imagen tan veraniega del hermoso puerto gallego. Y a vosotros seguir disfrutando del buen tiempo y del fantástico marisco.

Amédée Ozenfant

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«Verre et bouteilles en bleu», 1926

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«Table, pipe, livre, bouteille, papier»,  dibujo a lápiz 1917

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«Naturaleza muerta con botellas, vasos y guitarra», c. 1922-25

Se considera a este pintor como cubista y fundador del movimiento purista. Nacido en Saint  Quentin en 1886, estudió en los dominicos y comenzó a realizar sus primeras acuarelas y pasteles, y, cuando cumplió los diecinueve años, marchó a París; allí recibió clases de artes decorativas con Maurice Vermeuil y Charles Cottet. Durante cuatro años viaja por distintos países de Europa y por Rusia conociendo a los grandes maestros de la pintura y conociendo las vanguardias. Fue en 1915 cuando, junto con Apollinaire y Max Jacob, funda la revista L’Élan, donde comienza a desarrollar sus teorías sobre el purismo, que considera el color como secundario frente a la forma; teoría esta que, después, en Londres, revisaría. Conoció en 1917 al gran arquitecto Le Corbusier y ambos expusieron sus teorías sobre el purismo en el libro» Después del Cubismo». Coincidiendo con su publicación, expuso sus obras en la Galerie Thomas de París. Durante cinco años escribió en el periódico «L’Esprit nouveau». En la segunda muestra purista realizada en París, expuso en la Galerie Druet. En el 24 abrió con Leger su propio taller, en donde impartían clases junto con Marie Laurencin y Alexandra Exter. En 1925 escribió, junto con Le Corbusier, «La Peinture moderne» y «Art» en solitario. En Londres abrió otra academia, pero dos años después marchó a N. Y. donde permaneció hasta 1955. Finalmente se trasladó a Cannes donde permaneció hasta su muerte. Entre sus alumnos destacan Leonora Carrington y Hamed Saeed, entre otros. Su obra se encuentra en los más prestigiosos museos del mundo: Guggenheim de N. Y., L’Hermitage de San Petersburgo, el Museo del Louvre, en Polonia, Filadelfia, San Francisco, Tate de Londres… Murió en Cannes el 4 de mayo de 1966.