
Como los camaleones, los caballitos de mar cambian de color

Un caballo de mar pariendo

Como una parejita dando un paseo

Por la forma del abdomen parece un macho, el de la hembra es puntiagudo. El colorido es fabuloso.
Ahora que la palabra de moda es «fluir» y que se utiliza para todo, pues yo también fluyo y me dejo ir por el tema de los océanos. Y es aquí donde se encuentran estas otras criaturas maravillosas y bellas hasta lo impensable. En lagunas grandes de agua salada como el Mar Menor había caballitos y tuvimos uno en casa precioso disecado, que olía a pescado y a mar y que un día, ante nuestro horror, se comió la perra que entonces teníamos.
La mitología contribuye a convertir al hipocampo en uno de los más curiosos animales que existen. Su alimentación se basa en plancton y en pequeños crustáceos que ingieren enteros, ya que carecen de dientes, aspirándolos y tragándolos enteros. Su cola es prensil lo que les permite aferrarse a la vegetación marina, enroscándola a ella. Otra singularidad es que poseen en sus cabezas unos relieves llamados coronas y que son únicas en cada ejemplar. Pero lo más curioso y sorprendente es que son los machos los que se quedan preñados y paren. Tras la danza ritual de apareamiento, los hipocampos cambian de color para poder ocultarse buscando la intimidad. Y es entonces cuando la hembra deposita los huevos en el torso del macho, donde tiene una bolsa incubadora, tras haberse ambos enroscado.
Plinio el Viejo les atribuía propiedades curativas en su Historia Natural y los chinos afrodisíacas.






















