Caballitos de mar o hippocampus

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Como los camaleones, los caballitos de mar cambian de color

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Un caballo de mar pariendo

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Como una parejita dando un paseo

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Por la forma del abdomen parece un macho, el de la hembra es puntiagudo. El colorido es fabuloso.

Ahora que la palabra de moda es «fluir» y que se utiliza para todo, pues yo también fluyo y me dejo ir por el tema de los océanos. Y es aquí donde se encuentran estas otras criaturas maravillosas y bellas hasta lo impensable. En lagunas grandes de agua salada como el Mar Menor había caballitos y tuvimos uno en casa precioso disecado, que olía a pescado y a mar y que un día, ante nuestro horror, se comió la perra que entonces teníamos.

La mitología contribuye a convertir al hipocampo en uno de los más curiosos animales que existen. Su alimentación se basa en plancton y en pequeños crustáceos que ingieren enteros, ya que carecen de dientes, aspirándolos y tragándolos enteros. Su cola es prensil lo que les permite aferrarse a la vegetación marina, enroscándola a ella. Otra singularidad es que poseen en sus cabezas unos relieves llamados coronas y que son únicas en cada ejemplar. Pero lo más curioso y sorprendente es que son los machos los que se quedan preñados y paren. Tras la danza ritual de apareamiento, los hipocampos cambian de color para poder ocultarse buscando la intimidad. Y es entonces cuando la hembra deposita los huevos en el torso del macho, donde tiene una bolsa incubadora, tras haberse ambos enroscado.

Plinio el Viejo  les atribuía propiedades curativas en su Historia Natural y los chinos afrodisíacas.

 

Medusas, ese milagro

 

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Maravillosas criaturas que desde pequeña me han entusiasmado. Las hay tantas, de tantas clases, tamaños y colores que sus transparencias y movimientos sugieren todo un mundo aparte como si fueran de otro planeta, sin darnos cuenta de que realmente desconocemos parte importante de nuestros océanos. Debo decir que, si hubiera nacido en otra época, mi vida se hubiera orientado hacia la oceanografía o cualquier otra actividad que tenga que ver con el mar. El mar lo llevo en los genes, porque tuve un tío marino mercante y un abuelo gallego farero, cuando los faros no estaban automatizados casi en su totalidad. Y por suerte, de pequeña y jovencita, siempre viví a orillas del Mediterráneo y después en el Cantábrico. Sin embargo, la madurez me privó de lo que más amo, aunque ahora, sin nada que me ate a esta tierra, quisiera plantearme volver al mar al que tanto añoro. A veces pienso que, a falta de él, se me están secando las escamas del alma… y eso no me gusta un pelo.

Moreras teñidas de otoño

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Fotos: Bárbara

Este año, por fin, el Ayuntamiento nos ha dejado disfrutar a los vecinos el ver día a día como las moreras se vestían de amarillo a medida que avanzaba el otoño; otros años las podaban antes, cuando las hojas aún no había cambiado de color. Abrir la puerta de casa y ver como la nueva estación se instala despacito es todo un acontecimiento para alguien como yo que pinto la vida de colores o eso intento.

Matisse y el velador rosa

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Matisse, «La mesa de mármol rosa».

Es un Matisse muy curioso e incluso extraño, pero tiene ese punto que el maestro daba a sus  composiciones. Afuera llueve y  me viene a la memoria  esa canción francesa de la que no recuerdo el título y que cantaba Pascal Danel que dice así:» Il pleut dans la rue , il pleut dans ma vie»… Así me siento.

Otros Joan Miró y su Fundación

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La necesidad de crear la  fundación Joan Miró de Barcelona nace tras la primera gran exposición del pintor en la ciudad en 1968 en el antiguo Hospital de la Santa Creu. La fundación está situada en el barrio del Poble-Sec en el Parque de Montjuïc (av. Miramar, 1) y su diseño y construcción son obra de su gran amigo Josep Lluis Sert, concebida como un espacio con terrazas exteriores e interiores para facilitar la circulación de los visitantes. Fue el primer gran espacio de arte contemporáneo de Barcelona, que no solo alberga la obra del mallorquín, sino también cualquier expresión de arte vanguardista. Recomiendo vivamente la visita porque solo el edificio de Sert merece una atención especial

Paul Klee

 

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Imágenes de peces, 1925

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Los límites del intelecto, 1927

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Jardín botánico, 1926

Paul Klee responde a la idea del artista completo; a los once años era un virtuoso del violín. La música jugó un papel importante en su vida de modo que, cuando tras un viaje a Túnez decide hacerse pintor, comienza por el  dibujo, porque no entendía el color hasta que, y según sus palabras, dijo: «El color me posee, no tengo necesidad de perseguirlo, sé que me posee para siempre… el color y yo somos una sola cosa. Yo soy pintor». Sin embargo en sus obras está siempre presente la poesía, la música y lo onírico; incluyendo notas musicales o palabras. La frescura de sus obras hace que estas no se pasen, que estén siempre de actualidad. Suizo de nacimiento, estudió arte en la Academia de Bellas Artes de Múnich. Terminados sus estudios, completó su formación visitando Roma, Florencia y Nápoles estudiando a los maestros del Renacimiento. Experimentó con distintas técnicas y sus viajes a París, cómo no,  influyeron de manera que pudo encontrar «el estilo que conecta el dibujo y el reino del color». Él mismo reconoce la influencia de Van Gogh respecto al color, pero fue la luz de Túnez lo que le ayudó a combinar la abstracción al agregar el color a sus dibujos, como en su serie «pinturas operísticas». Siguió pintando durante la guerra y terminó enseñando en la Bauhaus desde el año 21 al 31; también formó parte de Die Blauer Vier (los cuatro azules) con Kandinsky, Feininger y Jawlensky, dando conferencias y exponiendo en Estados Unidos. Expuso también en París y enseñó en la Academia de Düsseldorf, pero los nazis le acusaron de hacer un arte degenerado, su casa fue registrada por la Gestapo y expulsado de su trabajo. Emigró con su familia a Suiza y después expuso en Londres y París, donde conoció a Picasso al que admiraba. Su producción es ingente. Enfermó de esclerodermia y falleció en Muralto (Suiza) a los sesenta años, siendo enterrado en Berna.

El silencio dolorido

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Lucia Carpi Cases, mi madre con 18 años

Mi admirado Albert Camus lo expresó así, cuando comienza «El extranjero», traducido también como «El extraño»: «Aujourd’hui, maman est mort. Ou peut-être hier. Je ne sais pas»…. Esta mañana, cuando me he despertado, he tenido que  preguntar cuándo ha sido, si el día treinta o el treinta y uno. Porque ha sucedido todo tan rápido desde la hospitalización,  han sido unos días tan frenéticos, tan raros que aún me cuesta hacerme a la idea.  El caso es que mamá ha muerto de forma inesperada. El personaje de Camus, ajeno a la vida corriente, pero incisivo, lo expresa como si fuera algo que sucede a su alrededor y que él viese desde fuera: «Pour le moment, c’est un peu comme si maman n’était pas morte. Après l’enterrement, au contraire, ce sera une affaire clasée et tout aura revêtu une allure plus officielle». Difícilmente se puede expresar mejor la sensación de verlo todo desde fuera como si todo eso de la muerte no fuese realmente con uno… porque uno no se hace a la idea, porque hay que seguir haciendo cosas que nada tienen que ver con el hecho de la desaparición para siempre de esa persona que es tu madre. Nosotros decimos que es como estar en una nube, flotando, que te llevan, pero que sabes que tendrás que aterrizar y que, pasados unos días, es cuando la ausencia será por fin presente. Y ahora es cuando estoy empezando a aterrizar…

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Lucía Carpi Cases, mi madre con 17 años

Amedeo Modigliani, desnudos

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«Desnudo doliente·», 1908

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«Cariatide II»

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«El gran desnudo», 1917

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«Desnudo sentado con las manos en el regazo», 1918. Museo de Honoluu

El primero de ellos debió de ser el que hiciera con veinte años, del que destacaría las pinceladas gruesas, furiosas, con esa linea negra que refuerza la postura de la cabeza caída hacia atrás. De estos otros, personalmente, me gusta muchísimo el último por su delicadeza y armonía de color. Amedeo Modigliani tiene un estilo tan personal que es inconfundible. Alguna vez he contado que sobre su tumba suele haber una rosa amarilla y una muchacha que le llora sentada sobre la lápida…

 

 

Otoño… y las plantas desconcertadas

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Fotos: Bárbara

Otoño, veroño, ya no sabemos, tal como está el tiempo, en qué estación estamos. El cambio climático nos atañe a todos, lo difícil es comprender en qué medida se puede contribuir a paliar este desastre y si nuestra pequeña contribución servirá para algo, porque muchos dudan de que esto sea reversible. A mí particularmente me preocupa mucho que lo estemos haciendo tan mal, y hablo de los que realmente tienen el poder de cambiar las cosas, de los gobiernos, de los países que tanto contaminan… en fin, ya sé que esto no sirve para nada, pero ahí queda.