La cocina de los pintores III

"El estudio", Foto: Aurelio serrano Ortiz.

Con ocasión del día de los Museos, un grupo de mujeres se manifestaron pidiendo una mayor presencia de féminas pintoras en las colecciones de los mismos; cierto es que son minoría aún. En el Renacimiento las hubo que pasaron de puntillas por la historia y en el siglo pasado entre los impresionistas destacó Berthe Morisot, nacida en Bourges, que estuvo en el sitio oportuno (Camille Corot, famoso paisajista de la Escuela de Barbizon, la introduce en los círculos artísticos) y en el lugar adecuado (se casó con el hermano menor de Manet); a pesar de todo su obra no tiene el reconocimiento que su calidad merece; en el Museo de Orsay  se exhibe una de sus obras de gran belleza, ante la cual me detengo cada vez que voy, sin remedio y con pasión renovada.

Pero eso sucedía cuando todavía se usaban pintura y pinceles, y se pintaba con ayuda del caballete al aire libre o no. Después vino lo que vino y en esas estamos.

 Fue sin duda Jackson Pollock el artista americano cuyos experimentos más trastocaron los conceptos de la pintura tradicional. Él mismo explica que trabajaba con el lienzo sin bastidor directamente apoyado en la superficie dura del suelo; prescindiendo de pinceles utilizaba espátulas, palos y cualquier objeto que le sirviera para distribuir la pintura que dejaba gotear directamente de los botes de pintura acrílica. Así mismo usaba pintura con bomba de aire y aerógrafo. Pintaba de manera autómata circulando alrededor del lienzo -se le llamó Jack el Goteador-, así que su conocida “pintura en acción” respondía al sentimiento de que el inconsciente se aliaba con la actuación viva que la pintura tenía intrínsecamente. De igual manera se trataba de llenar toda la superficie con el método similar al de la escritura automática de los surrealistas.

Por otro lado el “nuevo realismo”, del que formó parte Niki de Saint Phalle junto con Jean Tinguely, Arman…, surge como reacción al expresionismo abstracto. Niki, pintora, escultora y cineasta francesa, utilizó en los llamados “Shosting Paintings” un rifle del calibre 22 para disparar pintura sobre tableros recubiertos de yeso; las famosas cajas  de Arman, donde almacenaba destornilladores, llave, violines, tubos de pintura, máscaras de gas,  respondía a su idea de acumulación, en realidad a la industrialización de la sociedad. La pintura deja de ser un fin y pasa a desempeñar un papel  de medio o de estar ausente.  Las instalaciones que proliferan hoy por todo el mundo, como una manifestación artistica  se exponían en el Grand o en el Petit Palais en los años setenta; ahora seguimos viviendo de las rentas. Nada nuevo bajo el sol.

“El estudio”,  foto de Aurelio Serrano Ortiz.

12 pensamientos en “La cocina de los pintores III

  1. Una nueva foto estupenda de tu estudio y otra interesantísima lección de arte pictórico. Muchísimas gracias, Bárbara.

    • El caso de Camile es tremendo; compartieron estudio, ella tenía un gran talento y se sabe que Rodin incluso se apropió de algunas de sus obras presentándolas como suyas. A nivel personal la trató francamente mal. Este es uno de los muchos casos en que la mujer artista queda anulada por “el maestro”.
      Gracias mil por tu comentario, Chelo.

  2. Para Chelo
    ¡Claro que sí, otro gran “maestro”; menos mal que en caso de Frida ha habido un posterior reconocimiento a nivel internacional! Personalmente me gusta más su obra que la de Diego Rivera. Y con mucha diferencia!
    Gracias y un abrazo.

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