Caracola

Caracola. Foto: Bárbara.

Caracola. Foto: Bárbara.

Me gustan los caracoles, las caracolas, las escupiñas grabadas, las lapas… la malacología, las casas sin precio en la especulación inmobiliaria… esas casas diseñadas por la naturaleza y que el gran Gaudi estudió con reverencia de quién ama la belleza sin artificio.

Van Gogh, «El zuavo»

"El zuavo" Óleo sobre tela. 65 X 54 cm. Ámsterdam, Rijksmuseum Vincent van Gogh.

Cuando el pintor llega al sur, a Arles en octubre de 1888, con mal tiempo, frío y nieve tiene que esperar a que los almendros florezcan para sentir que de verdad está en su Japón. Hemos visto en Matisse su atracción por el sur y para tantos otros artistas en que la luz, el exotismo, la naturaleza diferente suponen un foco nuevo desde donde explorar para ir hacia adelante; Vincent no es ajeno a ese influjo. Desde el principio el objeto de sus cuadros serán los huertos nevados, pero también desde el principio siente que encontrar modelos que quieran posar para él será un problema que solo con el tiempo puede resolver pintando el retrato de los escasos amigos que irá haciendo, como al cartero Joseph Roulin y a la familia de este, labradores, ancianos… hasta las prostitutas de un lupanar de Arles se niegan a posar porque estaba mal visto, salvo una que, tras una sesión y cobrando el posado por adelantado, no vuelve más.

En septiembre de 1888 hace amistad con el subteniente del regimiento de los zuavos instalado en Arles; su amistad supondrá para Vincent un regalo cálido, una proximidad que necesitaba; el retrato que hace de su amigo Milliet es un magnifico óleo sobre tela, hoy en el Rijksmuseum Kröller-Müller.

El exotismo del traje de los zuavos lo plasma el pintor en junio del mismo año en dos óleos sobre tela que realiza en su estudio, «El zuavo» y «El zuavo sentado»;  en este último, de cuerpo entero, se aprecia perfectamente el gorro tipo fez con una borla negra, llamado chechia, los voluminosos pantalones en rojo, la chaquetilla corta sin cuello,  un chaleco (gilet), la faja de lana (la ceinture) y las polainas blancas; los turbantes, que también llevaban, eran de distintos colores según el lugar de origen de los distintos regimientos, así los de Argel eran rojos, los de Orán blancos…

El cuadro reproducido, «El Zuavo», supone un muestrario del dominio del color y un refinamiento estético que traspasa la tela; sobre ese fondo verde intenso destaca el rojo del gorro con la borla negra, la chaqueta oscura con arabescos en ocres y amarillos y ese color azul celeste del fagín. La fuerza de los rasgos duros, raciales de ese rostro donde todos los colores del cuadro está presentes es, aparte de una obra maestra, la síntesis de ese precepto que anunció Picasso: que los colores presentes en una obra, estén en toda la superficie del cuadro.

El uniforme de los zuavos se mantuvo así hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial y como curiosidad, el padre de Camus, muerto en el frente francés, servía en un regimiento de los zuavos.

Vincent van Gogh, «El zuavo». Óleo sobre tela. 65 x 54 cm. Ámsterdam, Rijksmuseum Van Gogh.

Pulpo asado sobre cama de calabacin

Pulpo asado. Foto: Bárbara.

Pulpo asado. Foto: Bárbara.

Los domingos son los mejores días para tomar el aperitivo mientras se termina de hacer la comida. El pulpo que tanto nos gusta a los que vivimos cerca del mar, y en este país tenemos kilómetros y más kilómetros de costa, pero que también adoramos al cerdo del que decimos que de él nos gustan hasta los andares, el pulpo asado, a la brasa, al horno, a la gallega forma parte importante a la hora del aperitivo; igual que unos taquitos de jamón y unas aceitunas que no pueden faltar. Asado o braseado con un simple chorrito de aceite por encima sobre una cama de calabacines a la plancha es una delicia. Para que quede blando, primero hay que congelarlo, y yo lo hiervo antes de hacerlo al horno o a la plancha.

Lantanas

Lantanas. Foto: Bárbara.

Lantanas. Foto: Bárbara.

Ahora están podadas, con sus troncos leñosos al aire observando de reojo cómo van desperezándose, saliendo, los iris de su letargo. De momento los insectos brillan por su ausencia, pero como los días se empecinan en ir los unos detrás de los otros, dentro de nada volveremos a ver a las lantanas en todo su esplendor…

Matisse, la influencia de África

"El marroquí Amido", Matisse, óleo sobre tela. 146x 61cm. 1912

«El marroquí Amido», Matisse, óleo sobre tela. 146x 61cm. 1912

 

Este magnífico óleo sobre tela fechado en 1912 de Matisse nos transmite, junto con sus odaliscas, los arabescos de las telas que inundan sus cuadros, las escenas de  los cafés, el embrujo que sus viajes por el norte de África dejaron en el espíritu del artista, así como las visitas que hiciera a la Alhambra en su estancia por diversas ciudades de Andalucía. «El marroquí Amido» se puede admirar en el Museo del Ermitage de Leningrado.

Jean Cocteau : «Oda a Picasso»

Contraportada del libro "Oda a Picasso"

Contraportada del libro «Oda a Picasso»

Jean Cocteau es la figura polifacética que abarca, en el primera mitad del siglo pasado, en Francia, la vanguardia en su estado más puro: dibujante, poeta, dramaturgo, cineasta, crítico, escenógrafo… Jean Cocteau conoce a Picasso en 1916 y le dedica su «Oda a Picasso» al año siguiente; durante este año Jean Cocteau le ofrece a Picasso colaborar en el ballet «Parade» con música de Erik Satie. Los tres representan la expresión de las nuevas tendencias artísticas. La admiración entre ellos es mutua y enriquecedora. Cuando se inauguró «Parade» en Les Champs Ellysées, el escándalo fue mayúsculo y el mismo Apollinaire tuvo que cubrir la retirada de sus amigos; este ballet significaba la ruptura con la estética de los ballets rusos; con un argumento audaz, nuevo y los figurines creados por el pintor, la revolución estalla.

«La Oda a Picasso» está dividida en dos partes «El hombre sentado» y «Las musas». El libro,  editado por El Barquero en primera edición en 1981 y reeditado en 2003, contiene un retrato a lápiz de Cocteau sentado realizado por Picasso y fechado en Roma en 1917, y otro con uniforme militar, fechado en 1916; por su parte Cocteau, de forma recíproca, hace un dibujo de su amigo, «Picasso en Roma», fechado en 1917 recogido también en esta edición. La traducción y el prólogo, interesantísimo, de esta bonita edición corre a cargo de Cristina Peri Rossi, quien sitúa, centra al lector para que pueda degustar el contenido, a través de la aproximación, a las vanguardias del momento. La contraportada es una fotografía anónima retocada por Cocteau de sí mismo de 1919.

Pan de Calatrava

Pan de Calatrava. Foto: Bárbara.

Pan de Calatrava. Foto: Bárbara.

Soy poco de dulce, pero aquí dejo una receta fácil y muy económica que se hace en toda España y que en Murcia es un clásico.

Ingredientes: 1 litro de leche, 15o gr. de azúcar, 150 gr. de bizcocho, magdalenas o pan de molde, canela en rama, 6 huevos, 1 corteza de limón, una copita de brandy y caramelo (puede ser comercial y así nos evitamos hacerlo).

Precalentamos el horno a 160º . Forramos el molde con papel de aluminio. Ponemos en un cazo la leche, la corteza de limón, la canela y el azúcar; llevamos a ebullición. Mientras, batimos los huevos. Colamos la leche y mezclamos con el batido de huevos. Ponemos el caramelo en el fondo del molde que hemos forrado y rellenamos con las magdalenas, el bizcocho o el pan de molde, troceados; lo bañamos con el brandy. Agregamos, por encima, la leche con los huevos de forma uniforme.

Ponemos al baño maría en el horno ya caliente. Lo tenemos hasta que cuaje, alrededor de 45 m. Desmoldamos cuando esté frío y lo dejamos enfriar en la nevera una noche para que quede consistente. Este es un postre delicioso, bonito y barato… más no se puede pedir.

Caracoles II

Caracoles. Foto: Bárbara

Caracoles. Foto: Bárbara

 

Hay formas y proporciones que se repiten en la naturaleza. Cuando observamos la perfección de las espirales que estructuran la forma del caracol nos maravilla que ese prodigio se repita. Y es la llamada espiral áurea la que da forma a los caracoles añadiendo cámaras de mayor tamaño cada vez, pero siempre de igual forma. La tal famosa espiral áurea es llamada también de Durero o logarítmica. Cuando después de un día de lluvia uno se va al campo a buscar caracoles y los encuentra tan felices y contentos me viene a la memoria Pitágoras y también  Arquímedes, que tiene su propia espiral, así llamada, y que es la de la tela de araña, pero con la salvedad de que en la suya las espiras se mantienen constantes. Moraleja: no salga a pasear al campo a tontas y a locas, párese a pensar cuando vea un caracol y contemple su perfecta estructura y, si se topa con una araña, verá que nunca tejen extrañas telas, siempre las hacen siguiendo la espiral de Arquímedes… También párese a reflexionar en la teoría del número Φ: aquellos sabios tenían mucha razón… en tantas cosas.