Estar agazapada buscando un tono, según las horas, no es nada nuevo ni original pero es cuanto menos muy entretenido y el tiempo pasa volando.
Buda de la dinastía Gupta
La imagen del Buda de la dinastía Gupta -la edad de oro del arte indú- intenta reflejar lo humano idealizando la figura de forma que se transmita la serenidad extrema, la paz y alegría interior propias del ideal budista. La máxima expresión de esta religiosidad llena de dulzura son las figuras del Buda creadas en Samath durante la época Gupta. Esta dinastía se fundó en el norte de la India hacia el año 320 cuándo la presión militar y política ejercida sobre los reyes Andhra hacen desparecer el arte de Amaravati, y reinó hasta el año 650 alcanzando las artes visuales y la literatura escrita en sánscrito su máximo apogeo, influyendo las fábulas en el mundo musulmán (Las mil y una noches) y en el mundo Occidental (Chaucer, Boccaccio, Lafontaine…). La famosa obra de Kalidasa, el mayor poeta y dramaturgo de la India, «Sakuntala» influyó en muchos escritores europeos, entre ellos Goethe.
Andy Warhol, el pop art

Andy Warhol: «Mao». Pintura de polímero sintético y tinta de serigrafía sobre lienzo.448 x 346 cm. 1973.
¿Hay alguien más genuinamente americano que Andy Warhol, sus pompas y sus obras? ¿Quién no conoce sus latas de sopa Campbell y sus botellines de Coca-Cola? El rey del pop art, de origen eslovaco y nacido en Pittsburg, lleva en sus genes el espíritu aventurero de los primeros colonos; habiendo destacado desde joven en arte, es después de un viaje alrededor del globo cuando decide conquistar el nuevo mundo y el mundo entero. Andy lo consigue en todo lo que su genio toca, cine, publicidad, colaboraciones musicales, pintura… Y como nada surge de la nada, el pop art se inspira en el dadá y hunde sus raíces en el Marcel Duchamp que eleva a la categoría de arte la elección de un objeto de la vida cotidiana; el arte ya no reside en la realización manual. La elección puramente accidental o banal encierra una crítica irónica sobre el consumismo, el materialismo, el dinero, la fama… Sus latas de sopa y las botellas de cola son los iconos de los nuevos tiempos, siendo presentados por primera vez en la exposición en el Paul Bianchinni bajo el nombre de «El supermercado estadounidense»; corría el año 1964.
La unión de arte y vida, esa es la idea. Warhol utiliza la fotografía y la serigrafía como antes no se había hecho. Las fotografías bien conocidas de estrellas de cine como Marilyn Monroe y Elizabeth Taylor, o de la música como Elvis Presley y Mick Jagger reiteradas en distintos colores, o bien accidentes de tráfico, la silla eléctrica, animales, flores o sus retratos son el resultado de su trabajo incansable de las décadas de los sesenta y setenta; los ochenta fueron años más tranquilos en los que el artista juega también y proyecta su imagen andrógina, tanto o más importante que su obra, él es el icono del pop. Su estudio The Factory fue no solo un lugar de reunión de los artistas underground de N. Y., fue también un centro de creación, de intercambio de ideas. Warhol muere en N. Y. en 1987. Su excentricidad y su magnetismo crearon escuela, todos querían formar parte de su círculo, pero Warhol es único e irrepetible.
El retrato de Mao, soberbio, me inspira más que sus latas; es solo cuestión de gustos. El mayor icono de la China revolucionaria es su guiño más genial.
Max Ernst, jugando muy seriamente
Sin perder el rumbo…
Aurelio Serrano Ortiz, dibujante: mi avatar
Lee Krasner, pintora expresionista abstracta
Quizás no sean los más conocidos de Lee Krasner, como «Esquinas Blancas» en el Museo Whitney de N.Y. , «Sin título» en el Museo de Arte moderno de N. Y., «El resurgir de la primavera» en el Museo de Arte contemporáneo de Los Ángeles o «Espacio libre» en el Museo de Bellas Artes de San Francisco…, son los que particularmente me gustan de entre todos los que más me gustan, que son muchos. La pintora neoyorquina tuvo que esperar treinta años para que su gran obra tuviera el reconocimiento que se merecía. Representante de lo mejor del expresionismo abstracto, luchó durante parte de su vida para mantener, con su trabajo, las clases de pintura de Pantuhoff, con quien vivía; después haría lo mismo con el alcoholizado Pollock, su marido, hasta que este murió en un accidente de coche. Hasta el punto que abandonó la pintura para satisfacer las necesidades materiales del pintor. Aquí me quedo sin aliento: ¡qué barbaridad! Hay que pararse para darse cuenta del papel de la mujer no hace tanto tiempo. Hasta después de la muerte de su marido no fue «ella», artista, y de las grandes; y luego dicen que las viudas se esponjan, cómo no. Por cierto Igor Pantuhoff terminó de retratista de la alta sociedad… ¡Válgame!
Hans Hofmann, el maestro alemán, influyó a través de su Academia en muchos pintores neoyorquinos, como en el caso de Kresner, que conocieron así la Escuela de París y a Picasso, Matisse y Braque; el concepto de bidimensionalidad del lienzo que preconizaba Hofman determinó el quehacer de la pintora. Con el tiempo se fue alejando de los preceptos de su maestro y se acercó más a la obra de Joseph Albers. En 1941 conoce a Pollock a través de Willem de Kooning cuya obra la impactó grandemente. Aquí lo dejo; Lee Krasner tiene obra sumamente importante para poder disfrutarla en otras entradas.
Alberto Giacometti trabajando
Giacometti en plena faena, pintando uno de sus retratos con esa técnica tan personal apoyada en un «rayado» con pinceladas finales que se superponen sobre otras borradas; y siempre buscando la esencia de la vida interior que se delata a través de la mirada. El ambiente de taller, rodeado el artista de esculturas y lienzos contra la pared, está captado a las mil maravillas.
Alicia Gaya, dibujo de Cristobal Hall
La guerra, cualquier guerra, es una hecatombe, un suceso terrible que cambia el rumbo, el destino de millones de seres humanos. La nuestra, la guerra civil, fue una lucha fratricida, de las peores, la que enfrenta a hermanos contra hermanos. En el bombardeo de Barcelona murió Fe, la madre de Alicia, y su marido, el pintor Ramón Gaya, huye a Francia y termina en un campo de refugiados. Ramón Gaya, Medalla de Oro a las Bellas Artes en 1985, Premio Nacional de Artes Pásticas en 1997 y Premio Velázquez de las Artes en 2002, tendría un largo y difícil camino por delante, subsistir, el exilio en México y el retorno a Europa: a Roma -y el Trastevere sobre todo-, que es volver a la vida oliendo y sintiendo el mundo clásico del arte que circulaba por sus venas. A su salida del campo, deja a su hija Alicia en el Chateaux de Cardese con su gran amigo el pintor Cristóbal Hall y su familia, formada por Trinita Japp, su mujer y Anne Pauline, la hija de ambos; solo entonces el padre de Alicia emprende el exilio a México. Es así como la vida de Alicia, con apenas siete años, une su destino al de los Hall; con ellos vive en Jamaica y en Cuba, en Londres y en Lisboa como una hija más.
Hoy Alicia es una mujer encantadora que vive en Portugal con los modales de una inglesa, fina y extremadamente cortés, que dice que tiene dos padres pintores, Ramón Gaya, el biológico, y Cristobal Hall, el inglés. Y los dos la pintaron y retrataron, como era natural, cuando era pequeña, con el buen hacer de cada uno y según su estilo propio.
Cristóbal Hall se merece una entrada más, pues si la vida de Ramón Gaya fue azarosa, no lo fue menos la suya, quebrada también por la guerra europea. La pintura figurativa de Hall es elegante, sobria lo mismo en sus retratos que en sus paisajes, particularmente los de Jamaica. Y me gusta en especial este dibujo precioso de Alicia, que me lleva a Matisse con esa línea suelta por donde pasa el aire y palpita la vida.
En Murcia Alicia tiene una cita con el Museo que contiene la obra de su padre biológico, al que menos trató y conoció; Cristóbal Hall está enterrado en Lisboa; sus dos padres pintores ya no están y ella acude a esa cita de cuando en cuando buscando aún sus raíces…
Y cuando Alicia nos anuncia su llegada, nos da una enorme alegría.
Crema de verduras especial
Deliciosa crema de verduras de aprovechamiento de restos. Un día se me ocurrió que iba a hacer una crema con las típicas verduras que se añaden al cocido madrileño y que se suele vender en una bandeja en las grandes superficies de talla XXL y añadirle caldo de mejillones y de chirlas que me había sobrado. Tenía verduras en cantidad y caldos, de modo que me puse manos a la obra. El sabor del mar y las verduras maridaban muy bien. Lo mismo fría que caliente esta crema es una buena opción como entrante y, de un día para otro, ideal; baja en calorías, es muy nutritiva y saciante.
Ingredientes: Zanahorias, puerros, un trozo de apio, nabo, una patata, un trozo de calabaza, sal, pimienta y cúrcuma, caldo de hervir las verduras y los caldos de los moluscos (de por sí estos últimos caldos son salados, de modo que hay que controlar la sal añadida).
Hervimos las verduras y las pasamos por la batidora. En una cazuela ponemos las verduras, una vez pasadas, con su caldo y el de los moluscos, salpimentamos y añadimos una cucharadita de cúrcuma (esta mezcla de especias es antinflamatoria y anticancerígena).













