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Josep Maria Jujol, arquitecto, colaborador de Gaudí.

Torre de la Creu

Torre de la Creu, conocida como «Casa dels Ous».

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Esgrafiados de la fachada de la casa LLopis Bofill, Barcelona 1902.

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Finca San Salvador. Barcelona 1909.

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Santuario de Nuestra Señora de Montserrat. Montferri 1926

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Puerta de madera que protege la balconada de la casa Batlló.

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Banco de trencadís del Parque Güell.

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Escalera de la Torre de la Creu.

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Mosaico en el techo de la sala hipóstila del Parque Güell.

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Casa Bofarull, Els Pallaresos, 1914.

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Iglesia del Sagrado Corazón, La Secuita, 1918.

Josep Maria Jujol i Gibert (Tarragona, 16 de septiembre de 1879 – Barcelona, 1 de mayo de 1949) fue arquitecto, dibujante, diseñador y pintor modernista catalán. Amigo personal y admirador de Gaudí colaboró con él en varios de sus proyectos más conocidos. Durante sus estudios recibió la influencia del neogoticismo de Viollet-le-Duc, la formulación volumétrica de Gaudí y la afirmación vital y floral de Doménech. Desde su época de estudiante Jujol se entusiasmó con Gaudí; en los dos, el arte nace de la naturaleza y de la geometría. Los dibujos de pájaros y de flores de Jujol son admirables y su sentido del color y del barroquismo aportan a ciertos trabajos de Gaudí un valor añadido. Su relación personal continuó hasta la muerte de Gaudí en 1926, sin embargo su colaboración profesional cesó cuando las obligaciones como profesor de la Escuela de Arquitectura le obligó a dejar el estudio de Gaudí en 1915. Ya en sus época de estudiante colaboró también con el catedrático de arquitectura Antoni Maria Gallissá haciendo pequeños proyectos, diseño de barandillas, puertas, muebles, esgrafiados… todo lo que era decorativo. La forma de colaborar con Gallissá primero y después con Gaudí formaliza una actividad complementaria que señala su amor por lo artesanal, por el detalle concreto de las formas de la naturaleza y de la reutilización creativa de materiales de deshecho o viejos. No obstante la influencia de esos dos maestros, Jujol, crea una arquitectura innovadora. En 1926 es nombrando arquitecto municipal de Sant Joan Despi, cargo que ejerció hasta 1949; allí reforma Can Negre y la casa Bofarull de los Pallaressos. La aportación de Jujol en la casa Batlló se concreta en el diseño de las puertas y otros elementos decorativos del primer piso y las pinturas de la capilla; sin duda lo más interesante es la decoración de la fachada con un recubrimiento cerámico multicolor con piezas cerámicas que simulan escamas. El diseño de la fachada es de Gaudí, pero la aportación del color es de Jujol. En la casa Milá diseñó la forja de los balcones, los relieves de estuco del techo del primer piso y las pinturas del techo de la entrada. En el Parque Güell se encargó del recubrimiento cerámico colorista del «banco ondulante»; igualmente colaboró con Gaudí en la reforma de la catedral de Palma e hizo la maqueta policromada de La Sagrada Familia de Gaudí para presentarla en la Exposición de París de 1910. La decoración de la tienda de Pere Mañach, fachada e interior fue un escenario de lo más onírico y surrealista, creando un espacio mágico, allí dejó libre su imaginación, sorprendiendo la capacidad sumamente vanguardista de aprovechar materiales de deshecho, pobres, detritus, para darles otros usos. Jujol peculiar y singular, en todo caso un gran artista.

Desde la costa ceutí.

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Fotos Jero.

El sol al atardecer dorando las rocas, las piteras y el horizonte. El mar que une las dos orillas a un lado y al otro del estrecho.

Leopoldo Pomés, fotógrafo y publicista.

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  1. Homenaje a Giorgio de Chirico 2) Ventana redonda 3) Eve 4) Antoni Tàpies 5) Un señor de Barcelona 6) Solidaridad nacional.

El gran Leopoldo Pomés (Barcelona 1931-2019 ) aportó un nuevo lenguaje fotográfico dentro de la publicidad. El escritor Vázquez Montalbán afirmó que Leopoldo Pomés erotizó a España en el momento en que el país estaba, en los años 60 y 70, intentando salir de la dictadura. Su primera exposición la realizó en las desaparecidas Galerías Layetanas de Barcelona. Junto con su mujer, Karin Leiz, creó en 1961 los «Estudios Pomés» y comenzó a dedicarse al cine y a la publicidad. Son numerosos los galardones que recibió a lo largo de su vida, como en el Festival de Cine Publicitario de Cannes, el León de Oro del cine publicitario en Venecia, Medalla de Oro al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Barcelona, Premio de Artes Plásticas de la Generalitat de Cataluña y la Cruz de San Jordi. En 1997 se realizó una gran retrospectiva de su obra en el Palau de la Virreina de Barcelona y en 2018 se le concede el Premio Nacional de Fotografía por sus numerosas contribuciones al mundo de la fotografía y de la publicidad «con una mirada renovada a la sociedad de su época». Ilustró numerosos libros, como Las Ventanas de R. M. Rilke, Gaudí Arquitectura de anticipación y varios filmes y vídeos como Ensalada Baudelaire, Josep Pla, viajero, y Barcelona, una pasión…

Famosas se hicieron sus campañas publicitarias, como las navideñas de Freixenet y la ceremonia de inauguración del Mundial de fútbol del 82, pero además, Leopoldo Pomés fue partícipe y cronista de la llamada «Gauche Divine». Bocaccio, el mítico local de la calle Muntaner, se convirtió en el centro donde se daban cita, artistas, escritores, fotógrafos, editores, periodistas, cineastas… Marsé, García Márquez, Teresa Gimpera, Carlos Barral, Terenci Moix, Serrat, Rosa Regás… Junto con el arquitecto Alfonso Milá fundó el mítico local Flasch, Flasch. Creador, cosmopolita, Leopoldo Pomés, tuvo como obsesiones a las mujeres, a los agujeros negros y a la ausencia de sombras arrojadas. Retrató bellos paisajes urbanos y ciudadanos anónimos que contribuyen a «que un paisaje sea un paisaje», según sus propias palabras.

Jorge Oteiza.

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Jorge Oteiza. 1) Conjunción dinámica de dos pares de elementos curvos y livianos, 1957. 2) Retrato de un gudari llamado Odiseo, 1975. 3) La Ola, 1996. 4) Articulación de cuatro espacios vacíos, 2001.

Jorge Oteiza, escultor, poeta, filósofo, artista experimental, es uno de los artistas más importantes del siglo XX. Galardonado con el Príncipe de Asturias de las Artes en 1988 y la Medalla del Círculo de Bellas Artes en 1998, supo compaginar su labor pedagógica con la magia y la espiritualidad de los monumentos megalíticos, especialmente del País Vasco, con los movimientos de vanguardia. Nació en Orio en 1908 formándose en sus primeros años entre San Sebastián y Navarra. En 1927 se trasladó a Madrid donde terminó apuntándose en la Escuela de Artes y Oficios. La ruina familiar le obligó a trabajar en diversos oficios y es en esos años cuando se forja su identidad vasca desde posiciones sociales y de izquierdas. Sus primeras esculturas figurativas reciben la influencia de artistas como Epstein, Alberto Sánchez y, sobre todo, Picasso. En los años 30, junto con sus amigos Balenciaga y Lekuona, se introduce en la vida artística de San Sebastián a través de distintas exposiciones y concursos. Los siguientes quince años fueron decisivos; con Balenciaga viaja por Argentina donde fue profesor en la Escuela Nacional de Cerámica de Buenos Aires, participó en la creación del teatro político experimental, se sumergió en el cubismo y el constructivismo y estudió las estructuras megalíticas de las culturas amerindias. Ya en los años cuarenta se inicia en las «oquedades» en sus esculturas, en la línea de Henri Moore. La vuelta al País Vasco le muestra el ambiente desolador que impera durante el franquismo. Es conocida la rivalidad entre él y Chillida surgida por la realización de la nueva basílica de Aránzazu. Se le concede el Premio de la Bienal de Sao Paulo en 1957 con la serie «Propósito Experimental». De esa época son las decisivas «Desocupación de la Esfera» y «Cajas vacías» y «Cajas Metafísicas». Los años siguientes su labor se inclina hacia la poesía, la arquitectura, la filosofía o el ensayo. En 1988 la Fundación La Caixa y el Museo de Bellas Artes de Bilbao organizan una gran exposición antológica de su obra. En 1992 dona todos sus fondos a Navarra. En 2003, cerca de Pamplona, se inaugura el Museo Oteiza y el escultor muere antes de verlo terminado.

Callos.

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Fotos Jero García.

Una receta tradicional de la cocina de casquería, muy apreciada.

Ingredientes: Callos de ternera, chorizo, morcilla de cebolla, panceta, laurel, especias para callos, guindilla, salsa de tomate, garbanzos, pimentón.

Los callos pueden llevar, también, distintos tipos de carne como morro y manitas. Tras limpiar bien los callos se cortan en trozos cuadrados y los ponemos a cocer con una hoja de la laurel. La víspera ponemos a remojo los garbanzos. Cocemos durante cuarenta minutos desde que empieza a hervir a fuego medio; después añadimos la morcilla, la panceta y los garbanzos. Cocemos hasta que los garbanzos estén tiernos. Por último añadimos el pimentón, que puede ser dulce o picante al gusto. Este guiso puede tener sus variedades regionales; los callos a la madrileña son los mas conocidos y estos no llevan garbanzos, sí los callos a la gallega, que pueden también llevar lacón y pata de ternera o de cerdo, los callos a la navarra y un largo etc.

La Estirga Burlona, 500.000 vistas

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Foto Bárbara.

Mil gracias a todos los visitantes y a los amigos de La Estirga Burlona porque el blog ha recibido hasta ayer 500.000 vistas. No pensé nunca que esta vigía fantástica, hija de Viollet Le Duc, que se asoma desde su espléndida atalaya de Notre Dame y resbala su mirada burlona, primero sobre Le Parvis y después hasta donde le permite su prodigiosa vista, me permitiera hacer este hermoso viaje junto a ella en esta aventura que tiene como protagonistas a todos los amantes de ese París eterno.

Cochifrito.

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Foto Bárbara.

La cocina del Hotel Palacio Infante Juan Manuel, en Belmonte, es realmente buena. El cochifrito que allí comimos estaba delicioso.

Ingredientes: cochinillo lechal, agua, sal, aceite de oliva extra para freír.

La elaboración es bien sencilla; en una cacerola ponemos a cocer trozos de cochinillo cortados en cuadrados de unos tres cm de lado. Cocemos durante 30 minutos. Pasado este tiempo, bien escurrida la carne la ponemos a freír en aceite de oliva virgen extra. Acompañamos de una ensalada o patatas fritas. Más fácil imposible. Sazonamos con sal en escamas. De «cocido y frito» viene la palabra cochifrito. ¡A disfrutar!

Patio interior de la Hospedería Palacio de Buenavista.

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Fotos Aurelio, patio interior del Palacio de Buenavista. Belmonte (Cuenca)

Belmonte es el lugar de la Mancha, parada de la Ruta De D. Quijote, de cuyo nombre me gusta acordarme, pues al encanto de sus paisajes se une la hermosa Colegiata de S. Bartolomé, la muralla, sus puertas y los Palacios de Buenavista y del Infante D. Juan Manuel, sin olvidar el hermoso castillo que fue regalado a Eugenia de Montijo. Personajes célebres, hijos del lugar, fueron fray Luis de León y Juan Pacheco, ilustre político, señor feudal, figura influyente en la corte de los Reyes Católicos. Y qué decir de su gastronomía deliciosa y contundente. El porqué de tanta parada en Belmonte es tan sencillo como el hecho de que cada vez que vamos a la capital del reino nos gusta hacer parada y fonda en este delicioso pueblo. De hecho lo conocemos ya tanto que es como una segunda residencia.

El balcón abierto a la noche

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Fotos Bárbara desde el Palacio Buenavista (Belmonte)

El balcón abierto a la noche, la basílica iluminada y el visillo como los de antes primorosamente planchado; en la pared del patio, el trampantojo anudando otra realidad, como si eso hiciera falta…

La pirámide del Louvre desde arriba

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Fotos Bárbara.

Desde la galería de la cafetería del Louvre (foto2), vemos la pirámide de cristal y también la estatua ecuestre del rey Sol que en los años setenta estaba en el lugar que hoy ocupa la pirámide por donde hoy se tiene acceso al museo. Entonces, en los años setenta, debajo del citado rey, Luis XIV, había un pequeñito jardín con césped, y era allí donde, después de un recorrido extenuante por el museo, la gente joven se tumbaba a descansar, sonaba alguna guitarra y se cantaban canciones de todo el mundo. ¡Qué tiempos! En aquella época el césped de todo París nos pertenecía; ahora no se lo recomiendo, pues de inmediato un flic (léase guardia) te levanta. En la galería del museo, bien guardada por caballeros de piedra de la época del mismo rey Sol, había que afinar bien el acento, pues si pedías «deux déca» (léase dos descafeinado) te podían traer «deux cocas» o similar. Pero eso no era nada, pues la vista bien merecía cualquier equívoco sin importancia.