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Cochifrito.

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Foto Bárbara.

La cocina del Hotel Palacio Infante Juan Manuel, en Belmonte, es realmente buena. El cochifrito que allí comimos estaba delicioso.

Ingredientes: cochinillo lechal, agua, sal, aceite de oliva extra para freír.

La elaboración es bien sencilla; en una cacerola ponemos a cocer trozos de cochinillo cortados en cuadrados de unos tres cm de lado. Cocemos durante 30 minutos. Pasado este tiempo, bien escurrida la carne la ponemos a freír en aceite de oliva virgen extra. Acompañamos de una ensalada o patatas fritas. Más fácil imposible. Sazonamos con sal en escamas. De «cocido y frito» viene la palabra cochifrito. ¡A disfrutar!

Patio interior de la Hospedería Palacio de Buenavista.

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Fotos Aurelio, patio interior del Palacio de Buenavista. Belmonte (Cuenca)

Belmonte es el lugar de la Mancha, parada de la Ruta De D. Quijote, de cuyo nombre me gusta acordarme, pues al encanto de sus paisajes se une la hermosa Colegiata de S. Bartolomé, la muralla, sus puertas y los Palacios de Buenavista y del Infante D. Juan Manuel, sin olvidar el hermoso castillo que fue regalado a Eugenia de Montijo. Personajes célebres, hijos del lugar, fueron fray Luis de León y Juan Pacheco, ilustre político, señor feudal, figura influyente en la corte de los Reyes Católicos. Y qué decir de su gastronomía deliciosa y contundente. El porqué de tanta parada en Belmonte es tan sencillo como el hecho de que cada vez que vamos a la capital del reino nos gusta hacer parada y fonda en este delicioso pueblo. De hecho lo conocemos ya tanto que es como una segunda residencia.

El balcón abierto a la noche

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Fotos Bárbara desde el Palacio Buenavista (Belmonte)

El balcón abierto a la noche, la basílica iluminada y el visillo como los de antes primorosamente planchado; en la pared del patio, el trampantojo anudando otra realidad, como si eso hiciera falta…

La pirámide del Louvre desde arriba

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Fotos Bárbara.

Desde la galería de la cafetería del Louvre (foto2), vemos la pirámide de cristal y también la estatua ecuestre del rey Sol que en los años setenta estaba en el lugar que hoy ocupa la pirámide por donde hoy se tiene acceso al museo. Entonces, en los años setenta, debajo del citado rey, Luis XIV, había un pequeñito jardín con césped, y era allí donde, después de un recorrido extenuante por el museo, la gente joven se tumbaba a descansar, sonaba alguna guitarra y se cantaban canciones de todo el mundo. ¡Qué tiempos! En aquella época el césped de todo París nos pertenecía; ahora no se lo recomiendo, pues de inmediato un flic (léase guardia) te levanta. En la galería del museo, bien guardada por caballeros de piedra de la época del mismo rey Sol, había que afinar bien el acento, pues si pedías «deux déca» (léase dos descafeinado) te podían traer «deux cocas» o similar. Pero eso no era nada, pues la vista bien merecía cualquier equívoco sin importancia.

La aguja de Viollet-le-Duc

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Fotos Bárbara.

El mundo se paró cuando en abril de 1919 asistimos en directo al incendio de Notre Dame y pudimos ver como la aguja de Viollet-le-Duc se desplomaba junto con la techumbre de la iglesia. La aguja, todo un símbolo, fue inaugurada en agosto de 1859; estaba inspirada en la de la catedral de Saint-Croix d´Orléans, a su vez inspirada en la de la catedral de Notre Dame d´Amiens. Fue realizada por Auguste Bellu, quien realizó la estructura de madera, y por los talleres Monduit, que hicieron la cubierta metálica. De estilo neogótico, medía 93 metros, 21 menos que la de la catedral de Orléans. Su capa de plomo pesaba 250 toneladas, y cubría una estructura de 500 toneladas realizada íntegramente en roble de champaña. Estaba rodeada por cuatro coronas con criaturas legendarias como figuras guardianas mitológicas. La parte superior de la torre octogonal estaba adornada por 12 coronas de flores y arriba estaba coronada por una cruz de seis metros de altura rematada por un gallo de cobre. Las esculturas de los doce apóstoles enmarcaban la base y miraban a París, menos la de Santo Tomás, patrón de los arquitectos, que presenta los rasgos de Viollet-le-Duc, que miraba hacia la aguja para contemplarla. En una placa de hierro situada en la base aparecían unos signos masónicos que nos hacen deducir que el autor Viollet-le-Duc y el que realizó la estructura de madera, eran masones. En 2020 se decidió reconstruirla tal como era la original. Hasta su caída, la aguja era un punto de la red geodésica francesa. Curiosamente las dieciséis figuras (los doce apóstoles y los cuatro tetramorfos) habían sido retiradas cuatro días antes del incendio para su restauración, por lo tanto no se vieron afectadas por el fuego.

Balcones y ventanas de La Pedrera.

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Fotos Bárbara.

Apasionante siempre Gaudí. Les recomiendo una escapada a Barcelona, en este puente del doce de Octubre o en cualquier otra fecha, donde hay tanto que ver, pasear por las Ramblas, visitar el Gotic o el MNAC, desde donde nos espera, además, una vista inmejorable de la ciudad; una visita al mejor mercado de Europa, la Boquería, tomar allí un buen aperitivo… en fin un excelente plan en cualquier época del año.

Frente a la Pirámide.

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Foto Bárbara.

Como un flanêur volvía de un paseo errante por el Sena. Me dejaba ir cuando la noche inundaba los puentes de luces estrelladas; el río circulaba manso, oscuro y las guedejas de verdes ramas se hundían en el agua. En los ojos, la brisa ligera era como la caricia del sauce llorón, que se balanceaba detrás de Notre Dame. Los gatos negros se escondían en los portales para maullar sin estridencias, La noche se estremecía cuando llegué al Louvre y me rendí frente al cristal oriental. Sentada en aquel banco de piedra, tuve que reverenciar a aquella luna llena que inundaba la plaza. Nadie y la Luna. Oscuridad enfebrecida. Sola para grabar aquel instante eterno. Sola ante la belleza del instante único.

Estructura orgánica

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Fotos Aurelio y Bárbara.

Inspirado en las formas rocosas de la playa de Les Arenetes (Reserva marina del Cap de Sant Antoni), en el Hotel Les Rotes de Denia, más concretamente en sus hermosos jardines, nos encontramos con esta construcción orgánica hecha con materiales locales tradicionales y ecológicos buscando un equilibrio entre tradición y vanguardia. Es una puesta en valor de los recursos naturales. Caña y cuerdas de pita forman esta bella obra, mediante la construcción de entramados resistentes de arcos fabricados con fajos de caña. Hecho durante más de tres años por los integrantes de Econstrucció, La Plataforma de Parados de Paterna y el CEM Júlia.

El puente que pintó van Gogh (Arles)

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Fotos Bárbara. Pont de Langlois.

En las afueras de Arles, visitamos el viejo, pero aún en pie, puente que inmortalizara Vincent Van Gogh. Es uno de esos puentes de madera que se alzaban para dejar pasar las barcas y que el pintor inmortalizara en varios cuadros, donde además del puente se veía a las lavanderas lavando ropa en el río y hasta un caballo atravesándolo. Este lugar, para los amantes del pintor, es como un lugar de culto, un lugar que emociona. En definitiva visitar Arles es seguir los pasos del holandés.

Gaudí

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Fotos Bárbara.

Sorprendente esta singular terraza de la casa Batlló donde el genio de Gaudí no dejó ningún detalle al azar, la combinación de azulejos y cerámica nos enamora con la belleza de sus colores.