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Matisse: «Rincón del taller»

Matisse: "Rincón del taller". 1912, óleo sobre tela. 191 x 114 cm.  Museo de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Matisse: «Rincón del taller», 1912. Óleo sobre tela, 191 x 114 cm. Museo de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

 

Este cuadro forma una unidad con la tela que hay en el mismo museo «Jarrón con capuchinas y ‘La danza’ «, pintado también en 1912, y representa un rincón del taller del artista en Issy-les-Moulineaux. Magnífico «rincón» con un encuadre fotográfico patente, donde ya no hace falta que se reproduzca todo el objeto. Las masas de color sabiamente perfiladas las alterna con otras en las que estas, sin fundirse, aligeran el objeto tornándolo más liviano; este contraste está magistralmente dosificado.

Picasso: «El guitarrista ciego»

Picasso: "El guitarrista ciego".Chicaho Art Institute, Colección Bartlett, Chicago.

Picasso: «El guitarrista ciego»Chicago Art Institute, Colección Bartlett, Chicago.

Esta obra que Picasso realiza en 1903 pertenece a su época azul. A finales de enero de ese año, el pintor regresa de París y se vuelve a instalar en casa de sus padres en la calle de la Merced de Barcelona. Trabaja en el estudio que compartiera en 1900 con Casagemas en la calle Riera de San Joan 17,  y ahora lo comparte con Ángel Fernández de Soto, llamado «Patas». Allí permanecerá un año, hasta que encuentra un estudio para él solo en la calle del Comercio.

Sus obras entre 1900 y 1906  muestran la preocupación del dibujo como contorno real de la figura, a la que integra en ese mundo de seres desamparados, proyectando el hambre, la miseria, la alienación, la vida y la muerte; no es casual que su paleta se torne fría con esos azules y ocres tan característicos. Es el suyo un realismo idealizado que mira al clasicismo.  Con el alargamiento de los miembros, huesudos, descarnados logra una estética elegantemente picassiana que algo le debe al arte egipcio al que admiraba especialmente (no hace falta que las figuras sean hieráticas); no olvidemos que Picasso, como Saturno, devora y bebe de todas las fuentes, y en sus retortas se «cocinan» todos los saberes del arte.

«El guitarrista ciego» está realizado con óleo sobre tabla. 121 x 82 cm. Barcelona 1903.

Juan Gris: «La botella de banyuls»

Juan Gris: "La botella de banyuls"

Juan Gris: «La botella de banyuls». Kunstmuseum, Berna, Suiza.

 

José Victoriano González Pérez, verdadero nombre de Juan Gris, es uno de los más grandes exponentes del cubismo, a cuyo movimiento permanece fiel cuando ya se imponía en las vanguardias francesas la vuelta al clasicismo; Picasso comienza entonces su época neoclásica, razón por la cual su alejamiento se hace patente. Este cuadro de 1914 es el resultado de la experimentación con diversos materiales como pasta de papel, óleo, carboncillo, lápiz y guache sobre lienzo, lo que le proporciona unas calidades y texturas muy interesantes.

El banyuls es un vino dulce que, en esa comarca, iniciaron los Templarios, aunque la receta se atribuye a Arnaud de Vilanova en 1285. Dichas viñas, cultivadas manualmente, descienden en terrazas hasta el Mediterráneo. Banyuls-sur-mer es el centro de esta zona vinícola, situada en El Pays Catalan (Pirineos Orientales). En esta localidad nació Aristide Maillol en 1861, cuyas primeras obras (tapices) están influenciadas por Puvis de Chavanne y Gaugin y sus esculturas de cuerpos femeninos se consideran como precursoras de las de Henry Moore o Alberto Giacometti.

 

Velázquez: «La Venus del espejo»

Velázquez : "La Venus del espejo"

Velázquez : «La Venus del espejo» Óleo sobre lienzo, 122 x 177 cm. National Gallery, London.

La venus del Espejo -catalogada en la National Gallery como «The Toilet Venus»-, conocida también como The Rokeby Venus, así llamada por ser durante el siglo XIX  propiedad de John Morritt que la colgó en su casa de Rokeby Park, en Yorkshire, es uno de los desnudos más hermosos que se hayan pintado. Se cree que durante la guerra de Independencia los ingleses la robaron y la sacaron de España; los ingleses siempre han tenido buen gusto, no hay más que ver sus museos. Lástima que sufriera el ataque de una furibunda sufragista que, armada con un hacha, dañó la tela; debido a ello la protegen con un cristal; nada más deprimente que ver una pintura al óleo sin respirar. con los reflejos inevitables del cristal; lo mismo le sucede a la cesta de pan de Dalí en su Museo de Figueres… una pena.

Los rosas y grises maravillosos de Velázquez, que los trató como nadie, rodean ese cuerpo de una delicadeza y belleza estilizada insuperable. Siempre se ha dicho que el rostro desdibujado que se refleja en el espejo no se corresponde con la finura del cuerpo; la verdad es que a mí me ha chocado siempre esa disonancia tan patente. Por otro lado la carnalidad, más propia de los pintores del diecinueve y de principios del veinte, hacen de esta Venus, una «deidad» más próxima a nuestros gustos, obviando claro al angelote en esta composición clásica, aunque con el desnudo de espaldas al espectador. Esta postura del cuerpo, frente a la mayoría de desnudos en posición frontal, le otorga además un halo enigmático, que se acrecienta con la distancia que Velázquez pone entre el primer plano y el rostro, haciendo borrosos los objetos en la distancia, como en las Meninas, en que también es evidente. Efecto este que se utiliza en el Renacimiento por ejemplo en el Tondo Doni de Miguel Ángel: pero que Velázquez utiliza de forma casi fotográfica.

Versión romana del botijo

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

En España todo el mundo sabe lo que es un botijo: recipiente de barro para conservar el agua fresca en los días de canícula estival… Este «botijo» versión romana  es una autentica preciosidad:  con esa carita  de amigo fiel (el detalle del collar testimonia una relación),  las patas recogidas, la mirada inteligente y las orejas alerta… me recordó tanto a Nona que, si hubiera podido, me lo habría traído a casa. Museo Departamental de Arles Antiguo.

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Museo Departamental de Arles Antiguo: dos danzantes

Museo Departamental de Arles Antiguo. Foto: Bárbara

Museo Departamental de Arles Antiguo. Foto: Bárbara

Este museo, que fue inaugurado en 1995 delante de los vestigios del circo romano, lleva la firma del arquitecto Henri Ciriani. Los amplios espacios  reciben la luz  del exterior gracias a los lienzos de cristal  que dan a un patio central del edificio; muy cerca, el Hortus, jardín de inspiración romana, añade a esta visita unos 7000 metros cuadrados abiertos al público todos los días. Desde la prehistoria hasta la antigüedad tardía, que se cierra con la muerte del Obispo Cesáreo de Arles, transcurre el itinerario del museo. En el siglo IV la ciudad cristiana de Arles resplandece gracias a este personaje; con su desaparición  acaba el Arles Antiguo y comienza el reinado franco en 536. Apasionante recorrido que nos lleva a configurar la riqueza cultural de la comarca y el intercambio fluido con culturas de Italia, España y África.

Bailarinas. Foto: Bárbara

Danzantes. Foto: Bárbara

Bailarina romana. Foto: Bárbara

Danzante romana. Foto: Bárbara

Especialmente me gustaron estas danzantes romanas por la belleza y el movimiento de los paños que parecen mecidos por el viento.

Bailarina romana. Foto: Bárbara

Danzante. Foto: Bárbara

Safo (III)

Fresco pompeyano del cuarto estilo. Museo Arqueológico de Napoles

Fresco pompeyano del cuarto estilo. Museo Arqueológico de Nápoles

 

Con el cálamo sobre los labios y la tablilla de cera, el rostro pensativo de la joven, en este supuesto retrato de Safo, del siglo I d.c., al margen de que la represente o no, es ciertamente hermoso. El fresco, en el Museo Arqueológico de Nápoles, es conocido como La Gioconda de la Antigüedad; desconozco el porqué, pero es de destacar la mirada de unos ojos ¿excesivamente grandes? que miran al espectador. En la Antigüedad clásica la figura de Safo se nos antoja compleja y fascinante; por un lado, si ella, en vez de nacer en la aldea de Eresos, en la isla de Lesbos, lo hubiera hecho en Atenas, tendría que haber sido una cortesana para tener acceso a la cultura y a las artes, pues solo a ellas les era permitido, de modo que hubiera estado condenada a vivir una oscura vida dentro del hogar; por suerte para todos los autores venideros que adoraron sus poemas, como Virginia Woolf, Platón, Baudelaire, Lord Byron, Ezra Pound y un largo etc., nació en una isla abierta a todas las culturas, a todas las influencias y donde las mujeres tenían el mismo derecho que los hombres, por lo que pudo dirigir su Academia al modo de la de Platón, donde se impartía danza, música, poesía, literatura; ella creó ritmos y metros nuevos, y hay que tener en cuenta que las composiciones entonces  estaban destinadas  a ser cantadas, bailadas, acompañadas por la flauta o por la lira y que ella, una excelente bailarina, coreografiaba, componía la música… ay, fuente de inspiración para la gran Isidora Duncan. Existe una especie de nebulosa sobre su vida debido en parte a que la sabemos por fuentes indirectas, de personas que no la conocieron en vida; aun así se sabe que era de familia acomodada, que se dedicó también a los negocios y a la política, que tuvo amantes tanto masculinos como femeninos, que se casó y tuvo una hija, todo ello bastante habitual en Lesbos. La fama de Safo, el mito Safo, el fenómenos Safo, a la que Platón llamó la Décima Musa, ha llegado hasta nuestros días a pesar de que su obra nos llega fragmentada. Su poesía intimista y sencilla la escribió en aeólico frente a la poesía épica del momento y desde la pasión revolucionaria del subjetivismo femenino. y fueron posteriormente copiadas a través del tiempo hasta que el Papa Gregorio VII ordenó quemar sus manuscritos por inmorales (con la Iglesia hemos topado). Sus obras más famosas son Oda a Afrodita, Oda a las Nereidas y Adiós a Atthis.

Marguerite Yourcenar en su libro «Fuegos» le dedica un hermosísimo relato titulado «Safo o el suicidio», cuya lectura recomiendo por su excelsa dosis de desgarrada poesía.

Rafael: «La Virgen de la silla»

Rafael: "La Virgen de la silla". diámetro 71 cm. Palazzio Pitti. Florencia

Rafael: «La Virgen de la silla». Óleo sobre tabla. Diámetro 71 cm.  1516. Palazzio Pitti. Florencia

 

 

Respecto de esta pintura de Rafael, Renoir dijo: «La pintura más libre, más sólida, más maravillosamente simple y viva que sea posible imaginar»; sin duda amaba su obra… ¿y quién no? El maestro de Urbino pintó varias vírgenes en un tondo como son «Virgen de Alba» y «Virgen de los candelabros», pero en este la composición en espiral  de la Virgen, San Juan y el Niño, así como la utilización de colores fríos en el exterior y los cálidos en el interior transmiten una calidez envolvente, una gran ternura maternal. Según Fred Bérence en su libro «Raphaël» (Librerie Larousse, París, 1963), el rostro de la Virgen es una transposición de la Donna Velata, sin duda la mujer que él amó y cuyos rasgos se encuentran transfigurados también en la «Madona Sixtina». Según los cotilleos propios de la época, se dice que la Fornarina fue una cortesana que posó para varios pintores del Renacimiento, que aparece en siete obras de Rafael, que pudo ser su amante o bien que era la hija de un panadero romano y su nombre era Margherita Luti; aunque los últimos estudios se decantan porque era una cortesana.

Caravaggio: «Baco»

Caravaggio: "Baco". Óleo sobre lienzo,95 x85 cm. 1596. Galleria degli Uffizi. Florencia.

Caravaggio: «Baco». Óleo sobre lienzo,95 x85 cm. 1596. Galleria degli Uffizi. Florencia.

 

Magistral esta representación del dios Baco que se aparta de los cánones de su época. Caravaggio fue un pintor libre que pintaba su verdad, lo que veía, apartándose así del realismo idealista del Renacimiento; buscando sus modelos entre sus amigos, entre las prostitutas, entre los compañeros de juergas nocturnas; los lances, riñas, peleas en los bajos fondos condicionaron el final de su vida, por todo lo cual, hoy diríamos que fue un rebelde que pintó como vivió. El naturalismo con que están realizados los distintos elementos de este bodegón, la copa de vino que ofrece al espectador, los pámpanos, la botella nada tiene que ver con el aristocrático ideal del renacimiento, ni el rostro sensual del muchacho responde al canon mitológico del dios. La tremenda ambigüedad sexual convierte a esta tela en una obra inquietante; se piensa que el muchacho de rostro regordete, que muestra la rojez de la piel atribuible al vino -más que el tono «rosado de las mejillas», que contrasta fuertemente con la blancura de la piel del torso-, de mirada sensual y de labios carnosos, cuya identidad se cree era la de un «castrato» o bien que era un autorretrato debido a la postura frontal del personaje, ya que se retrató frente a un espejo. Sea como sea, el resultado es una soberbia obra alrededor de ese dios cercano, profano y tremendamente inquietante.

Su otro «Baco», pintado con anterioridad a este, «Baco enfermo», hoy en la Galleria Borghese de Roma, sí se sabe con certeza que es un autorretrato, y para mí que guarda mucha similitud en los rasgos con el  de 1596; de todas maneras ambos son la expresión del genio del lombardo Michelangelo Merisi, nacido en el pueblo de Caravaggio.

Delacroix: «Frédéric Chopin»

Delaroix: "Frédéric Chopin". 45 X 37. Museo del Louvre.

Delacroix: «Frédéric Chopin». 45 x 37. Museo del Louvre.

 

Delacroix, Chopin y George Sand, un pintor, un músico y una escritora fueron los protagonista de este retrato. El maestro Delacroix pintó pocos retratos, pero este influyó  grandemente en los impresionistas. La amistad entre los tres se inicia en 1838, año en que se conocen; el genial músico polaco y su compañera, la escritora francesa, fueron la encarnación del espíritu romántico, su relación y sus vidas casi un alegato vivo. Cuando la amistad, el vínculo más noble, fuerte y desinteresado que pueda darse, une a esos tres seres fuera de lo común, lo hace para siempre, hasta la muerte del músico. Baste decir que en el estudio de Delacroix se instaló un piano para que Chopin pudiera tocar sus maravillosas improvisaciones, componer y deleitarlos; de igual manera la pareja tenía en su casa un taller para que el pintor, otro romántico declarado, pudiera trabajar a su antojo. Este cuadro tiene su historia; en un principio era un retrato de mayor tamaño en el que aparecían George Sand y Chopin separados por un piano, cuando se produce la ruptura entre ellos, el lienzo se cortó, separando físicamente a la pareja; la parte de la escritora se conserva en el Museo de Ordrugaard de Copenhague en Dinamarca.

Para algunos el retrato de Chopin está inacabado, quizá por la soltura con que está resuelta la cabeza, por los vigorosos trazos de cabello o por el protagonismo de la luz que enmarcan los rasgos sustituyendo al dibujo o a las líneas bien perfiladas. Una línea en diagonal, descendente, constituye el eje del rostro bellamente, magistralmente realizado.