
Foto de Aurelio Serrano Ortíz
Bellísima y sorprendente simetría de la naturaleza

Foto de Aurelio Serrano Ortíz
Bellísima y sorprendente simetría de la naturaleza

Lobo estaba inquieto. La niebla de los últimos días había sido tan espesa que se había dado de bruces con los troncos que los leñadores había apilado cerca del cruce de Sanvián. Se sentía magullado y herido en su amor propio; esto último le dolía más. De una de su patas delanteras corría un hilo de sangre negra que se lamió a medida que fluía despacio, con pereza. Buscó un claro en el bosque y se sentó a esperar. La noche encendía las luciérnagas; rogó al santo patrón de los lobos para que el viento disipara las nubes espesas. Pasaban las horas y el día le amenazaba con paso apresurado; llegó a oír los latidos de su corazón en medio de aquel claro tan negro como sus pensamientos; el sueño le iba venciendo. De repente un viento racheado comenzó a desmigar las nubes que se iban deshilachando; desde las copas, algunos jirones colgaban con desgana, estirándose hasta deshacerse. Fue entonces cuando apareció la Luna, con alivio se desperezó estirando su cuerpo fibroso, alargó el cuello todo lo que pudo y emitió un largo y profundo aullido que estremeció el silencio. Ahora podría descansar.

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara
Ahora, con el buen tiempo, salgo al exterior y me siento en una tumbona, me quedo quieta y observo a los peces cometas. Al principio de tenerlos, y mientras se hacían con su nuevo habitáculo, se mostraban muy huidizos; con el paso de los días ya no salen a la estampida cuando me acerco y les echo la comida. Se han acostumbrado a que esa sombra que yo soy va unida a su alimento. Observándolos me doy cuenta de que son, como opinan los japoneses, muy relajantes; esa manera que tienen de deslizarse tan elegante me fascina, parecen tan ingrávidos, tan tranquilos en su mundo, que hay días que me cambiaría por uno de ellos.
Cogidos de las patas, Oso y Duna duermen plácidamente después de un largo paseo. El domingo es un día que se presta a holgazanear y a disfrutar de una buena siesta. Esto es lo que yo llamo llevar «una vida de perro», que ya quisiera más de uno.
Los morros juntos, como en un tierno beso perruno, es realmente conmovedor.
Desde el Oceanográfico de Valencia recibo este regalo inesperado y que agradezco doblemente porque sus remitentes son las personas que más quiero y porque el mar y sus pobladores, tanto del mundo vegetal como animal, son mi gran pasión. Y sigo dando las gracias… totalmente restablecida añoraré tantas muestras de cariño.
Lobo sintió que, por momentos, se le iba ablandando el cerebro, que no el corazón; se sabía ser pensante anarquista, por tanto perfectamente capacitado para la reflexión, y aunque de perfil se palpó la grasa visceral, pensó que los juegos de asociaciones le funcionaban, de momento. Aun así se sintió andropáusico abrumado por la disminución de los estrógenos y pensó en las placas de adipocitos, en los ateromas que obstruían sus arterias… El reloj de cuco dio las tres y la lechuza en su nido en aquel claro del bosque hizo «chut». Una idea se iba abriendo paso en su cerebro acorchado: que, como ser pensante, un exceso de razonamiento no le tenía por qué perjudicar su cerco a las caperucitas.
¿Contemplando el panorama?
Oso y Duna, un golden retriever y una labrador retriever, se han vuelto inseparables, no paran de jugar y de hacerse carantoñas; a eso le llamo yo un «mordisquillo cariñoso».
Gracias a la gentileza de sus respectivos dueños, Pilar, Alex y Natalia podemos disfrutar de esas imágenes estupendas que nos acercan más a esos nobles animales, sin duda los más fieles compañeros del hombre.
.
Rapsodia precoz que alcanzaba los linderos, Lobo reconoció a la legua los rasgos diferenciales; suspiró y después vomitó o suspiró las resinas y el ámbar dorado de los amaneceres, y decidió posponer el asunto para mejor momento; unos cuantos ciclos entre la manada y listo.
La vio venir adjetivando revuelos, ondas, remolinos rojos… el amor brujo y sus trenzas bajo lenguas de fuego; ¡uff, el cannabis de la abuelita traidora…! El clic en el cerebro y caput: listo para la siesta de la que no se volvía intacto.