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La cocina de los pintores V

"El estudio". Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

«El estudio a través del caballete». Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

Un amigo pintor me decía que, al utilizar la espátula para extender la pintura al óleo sobre el lienzo, tenía la misma sensación que al usar el cuchillo para extender la mantequilla sobre las tostadas; que era una sensación casi física y muy agradable. Quien más o quien menos hemos trabajado con la espátula para hacer unos trabajos muy densos con las calidades propias de un exceso de materia. Yo diría que suele coincidir con la experimentación primera, pero hay muchos pintores que encuentran en ese modo de trabajar su medio ideal para llevar a cabo el resto de su producción. Otros van eliminando, adelgazando la materia, al buscar otras calidades. Por poner un ejemplo, Cézanne fue aligerando su pintura al óleo al correr de los años; su forma de trabajar, obsesiva y muy perfeccionista, hacía que la realización de sus cuadros fuera muy lenta y muy laboriosa. La rapidez de la acuarela le resultaba muy agradable y se convirtió en su técnica preferida por su fácil manejo y rapidez. La atmósfera etérea y la brillantez del colorido hicieron que fuera utilizando el óleo con la técnica de la acuarela, diluyendo este y dejando espacios en blanco hasta conseguir obras maestras como «El jardinero», de alrededor de 1906, hoy en la Tate Gallery de Londres. Otro pintor como Gorky siguió el mismo proceso de aligerar el óleo llevando este hasta mojar previamente el lienzo, consiguiendo de este modo unas calidades extraordinarias en unas atmósferas casi mágicas.

Aviso a navegantes

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Dos nuevos capítulos, 10 y 11, de la novela Parísombra en los que se cuenta cómo lleva Marie Santini la investigación del caso y de cómo Niko Sureda se queda tras arrojar el cadáver del pintor mexicano por la borda del Dodo.

 

Dalí en Port-Lligat

Dalí le debe al Ampurdán la visión temprana de la belleza de una tierra brava, de un cielo y una costa que siempre vuelca en sus lienzos. Los colores del Ampurdán  son los colores de Dalí, para ello basta con contemplar un amanecer en cualquier cala de Cadaqués, en Port-Lligat… eso es, aparte de un acto de amor, un fenómeno natural y similar en otros artistas; en los pueblos costeros de Holanda está, uno reconoce, la atmósfera de Rembrandt; en los cuadros de Miguel Barceló encontramos el mundo marino de Mallorca; en el  Picasso de la época azul se reconocen los rasgos celtas de las mujeres gallegas…

Pero además Dalí ejerció de cónsul o embajador de su tierra, anfitrión de todas las personalidades que acudían a su reclamo desde poetas, hasta pintores, aristócratas… Y existen documentos gráficos que detuvieron esos instantes, con García Lorca, Paul Eluard… : como testimonio estas dos fotos no muy conocidas y cuya fecha desconozco con exactitud pero que debía ser de alrededor de los años 60. ¡ Y qué bien se lo pasó!

Los guanches (I)

cerámica guanche

cerámica guanche

DEDICADO A CANDIDE 57 Y A GILDERIC, QUE SÉ QUE AMAN LAS ISLAS CANARIAS.

Viví en la isla de Tenerife algo más de tres años, cuando era adolescente y, como tal, descentrada y algo tonta;  allí pase la fiebre del «existencialismo», devoraba los libros de Camus, Sartre y soñaba con París; en eso fui precoz. Soñaba con les caves del Barrio latino y de Saint Germaine; Juliette Greco me inspiraba y Françoise Hardy, también. A pesar de  esa necedad juvenil, recorrí la isla, la viví y descubrí su enorme belleza.

Desde hace 2500 años los guanches habitaron las Islas Canarias. El desconocimiento de su origen hace que las fábulas y los mitos hayan crecido alrededor de los antepasados de los actuales habitantes del archipiélago canario. Los griegos situaban en las islas Los Campos Elíseos y los romanos las bautizaron con el nombre de Afortunadas; Plutarco describe maravillas de las islas; Plinio, en su «Historia natural», las llamó «aquellas apasionantes islas». Aristóteles también habló de ellas y se dice que fueron los fenicios y los cartagineses, en sus rutas comerciales, los primeros en descubrirlas. Las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, del hipotético jardín, se hallaban allí. En fin, un buen número de cosas se han escrito sobre las islas y sus habitantes, como que los guanches podrían ser los supervivientes de la Atlántida o que son de origen mauritano. La opinión más generalizada es que su origen es norteafricano y bereber.  La lengua que hablaban tenía vocablos bereberes y de los tuaregs; vivían en el Neolítico cuando llegaron los españoles en el siglo XV y, tras casi 100 años de batallas, fueron doblegados sus reyes o menceys.  Los habitantes de las costas se refugiaron en el interior de las montañas y los barrancos. Este enigmático pueblo se alimentaba de carne, derivados lácteos, moluscos marinos y del gofio, una especie de harina  que obtenían moliendo el maíz. No conocían el horno y su cerámica de barro cocido al sol la hacían a mano, porque desconocían el torno. Sus armas eran la piedra y el palo, ya que desconocían los metales; sin embargo, momificaban a sus muertos y conocían la trepanación; existía el oficio de momificador. Las mujeres acompañaban a los guerreros en las batallas y se encargaban de retirar los cadáveres y de trasladarlos a las cuevas sepulcrales. Vivían en cuevas y se vestían con pieles de cabra o simplemente desnudos; eran blancos, con una estatura media de 1,71 los hombres y las mujeres, 1,57cm. Adoraban al Sol y tenían conocimientos medicinales. Un pueblo enigmático.

Para el verano (III)

"Luz y sombra". foto: Bárbara.

«Luz y sombra». foto: Bárbara.

Agosto y su acento festivo se va terminando. Las sombras van ganando terreno al tiempo que la reflexión nos lleva a sentir aquello de la «fugacidad de la vida»; que todo pasa: lo bueno y lo malo, y digo yo que, ¡menos mal! No obstante, hasta la llegada del otoño, en el que los sombreros de paja dan paso a las boinas, a los borsalinos, a los gorros de piel o de lana, todavía nos queda el mes de la templanza, del sosiego, el mes de transición: septiembre se impone casi sin querer.

Para Elena

"Subiendo o bajando". Foto Bárbara.

«Subiendo o bajando». Foto Bárbara.

 

Bajando o subiendo; mejor, contando días hacia atrás. ¡Ya te queda menos, ma belle!  Fue en abril de 2005. Desde aquí, te recuerdo con todo el cariño del mundo.

Para el verano (II)

"Tres en raya". Foto: Bárbara.

«Tres en raya». Foto: Bárbara.

Para muchos las vacaciones se han acabado; otros comienzan las suyas en esta segunda quincena de agosto soñando con las playas y el sol. En los pueblos se celebran las fiestas patronales, tan diversas y divertidas como la de la tomatina en Buñol, la de san Roque en Vila García d’Arousa a base de chorros de agua y la de tantos rincones de la Península y de las islas, sin olvidar que en Barcelona se celebran la de Gracia, la de la Paloma en Madrid, los Lorenzos en Huesca…  El mes de Agosto es el mes festivo por excelencia donde la gente se lo pasa bomba.

La cocina de los pintores IV

"Estudio". Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

«Estudio». Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

La experimentación con los distintos materiales constituye la parte más interesante del trabajo de un pintor; los soportes sobre los que se ha realizar dicha experimentación contribuyen de forma notable al resultado final. Al principio de mi trayectoria pictórica, un galerista me comentó con mucho desparpajo, a la vista de unos trabajos que había realizado aplicando óleo sobre papel, sorprendido quizá por su calidad, que «es que el papel es muy agradecido», restando mérito a mi trabajo.  Poco tiempo después, un gran crítico de arte me comentó que no sabía cómo había conseguido esas «calidades», «que él, pintor frustrado, lo llevaba intentando durante años sin conseguirlo, utilizando unas esponjas»; como es natural, le agradecí sus elogios, pero no le revelé mi técnica. Mi juventud de entonces me impidió ser generosa y humilde; hoy con gusto habría compartido mis «secretos de cocina». La experiencia es el resultado de horas y horas de trabajo; el estudio de un pintor es un laboratorio donde se vuelca la pasión y el amor por lo que se hace. Hay una regla que no falla: trabajo, trabajo, trabajo y no tener miedo al fracaso; investigar y experimentar por disparatado que sea a priori. Y, si me apuran, cuando más ilógico pueda parecer el «invento», mejor. En una conferencia que di en unas jornadas organizadas por la Universidad de Murcia sobre «Técnicas al agua», los alumnos de arte me hicieron muchas preguntas precisamente sobre la cocina de la acuarela.  Por entonces preparaba una exposición en Cuenca en torno a la obra de Fernando Zóbel, uno de los fundadores del Museo de dicha ciudad. Sus acuarelas son de una belleza y perfección técnica insuperables; para ello había estudiado a conciencia su trabajo y me puse a experimentar. Una cosa que descubrí intentando llegar a unos tonos tostados con unas notas doradas fue la utilización de un tipo de café torrefacto portugués que me proporcionó muchas alegrías; después me he enterado que otros lo han hecho: no hay nada nuevo bajo el sol; pero esto es solo un ejemplo de lo bien que se lo puede pasar uno recorriendo caminos que desconoce… A los alumnos que asistieron a aquella conferencia esa tontería del café portugués les encantó.

Picasso, que fue un gran investigador, utilizaba los pigmentos del pastel mezclados con óleo y la acuarela con pastel. Todo vale, si el resultado es bueno.

La hora de la siesta

"La ventana". Foto: Bárbara

«La ventana». Foto: Bárbara

Si algo tenemos bueno en este país es la siesta. Claro que inventos como este han contribuido a engordar la fama de gandules y poco trabajadores que tenemos; a estos mal pensados les diría que, tras una buena paella y con temperaturas de 38 grados para arriba, dormir después es una necesidad propia de la supervivencia. Médicamente se ha demostrado que un sueñecito corto, de alrededor de veinte minutos, es saludable; no hace falta una siesta de dos horas, aunque hay gente que las hace y en la cama, de esas de las que gustaba el nobel Camilo José Cela, con pijama y orinal. Algunos sestean en el sofá mientras el televisor vomita esas cosas inenarrables del verano; otros juegan a las cartas en una sobremesa entretenida, tomando el café y una copita de Chinchón. Y otros, como esta perra, se asoma por la ventana…

Para el verano

El sombrero. Foto: Bárbara.

«El sombrero». Foto: Bárbara.

Aunque el verano aún está sin estrenar en según qué latitudes, en otras el sol se apodera hasta de los sombreros. Como muestra este, que en la pared espera cumplir su función; pero el astro sol se filtra, impaciente, insuflándole vida.