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Una perra que monta a caballo

"Nona montando a caballo"". Foto: Bárbara.

«Nona montando a caballo»». Foto: Bárbara.

La perra se llama Nona y la tenemos en casa porque un día, cuando solo tenía tres meses, la tiraron desde un coche metida en una caja de zapatos. No comprendo a los que abandonan a un animal, aunque no sea una belleza como en este caso. Tuvimos otra perrita que vivió 17 años, era muy cariñosa, pero esta se lleva la palma, es super mimosa y lista como solo son los perros sin raza conocida; es tan inteligente que  tiene esta habilidad y otras muchas, pero de las cuales no tengo testimonio gráfico. Hoy, por casualidad, me he encontrado la foto y, aunque no es buena, no he podido vencer la tentación de ponerla en el blog.

Pez y Peza.

 

Peza. Foto: Bárbara.

Peza. Fotos : Bárbara.

La lógica de los niños es impecable; esos enanos simplifican el mundo que les rodea con afirmaciones tan rotundas como esta, «él se llama pez y ella peza».  Pues, la peza que daba besos al pez pachucho está así de espléndida, luciendo una cola larga y casi transparente.

Picasso se ríe de sí mismo

En el archivo de fotos me he encontrado con esta divertida del malagueño más universal, aunque no he podido verificar de quien es. Autor aparte, creo que merece la pena ponerla como homenaje al buen humor y a la gente en general que tiene la sana costumbre de reírse de sí mismo, lo que para mí significa una cura de humildad y la aceptación de que nadie está por encima de nadie.

Exposición de fotografías de D. Douglas Duncan en el Museo Picasso de Barcelona

Picasso y Cocteau. Fotografía de Edwuard Quinn.

Picasso y Cocteau. Fotografía de Edward Quinn.

El día 24 de este mes hablaba de los fotógrafos de primera línea que rodearon la vida de Picasso. D. Douglas Duncan, con más de noventa años, ha podido inaugurar la exposición de fotografías que estos días se exponen en el Museo Picasso de Barcelona; él fue, de entre todos ellos, el que estuvo presente en la vida cotidiana de Picasso y Jacqueline durante los últimos años del pintor; el que retrató a Picasso en la bañera enjabonado por Jacqueline, sentado en la mecedora, besándose, a Jacqueline con sombrero, Picasso en el estudio, el pintor bailando… mofándose de sí mismo, sin perder nunca el sentido del humor. Sin duda una exposición muy interesante.

Después están las otras, como esta de Edwuard Quinn en la que aparecen Picasso y J. Cocteau con sombreros y capotes de toreros.

Picasso y la mantis

 

Fotografía de R. Doisneau

Fotografía de R. Doisneau

 

La actividad pictórica de Picasso no decreció con los años, más bien todo lo contrario. Durante su vida numerosos fotógrafos de primera línea fotografiaron a Picasso buscando imágenes insólitas en su vida cotidiana, con los amigos o bien en los distintos talleres durante procesos de creación; cualquier actividad del pintor fue fijada, plasmada. Una muestra es esta foto de R. Doisneau donde Picasso observa la mantis religiosa que tiene en la mano.

Cinco años juntos

Peces de agua fría. Foto: Bárbara

Peces de agua fría. Foto: Bárbara

A la vuelta del viaje había que retomar los hábitos cotidianos; hubo que regar las plantas, recoger a la perra, que vino más contenta que unas pascuas, y limpiar el habitáculo de los peces, un macetero bastante grande que nos hace las funciones de estanque; mientras se limpiaba,  en un barreño de plástico, los dos peces de agua fría que habían sobrevivido a la razzia supongo que de un gato nocturno, se comportaban de un modo extraño: el más grande parecía enfermo y apenas se movía, el rojo nadaba a su alrededor y pasaba por debajo de él, no se alejaba ni le dejaba solo hasta que capté un beso cariñoso. A la mañana siguiente con el agua limpia y en su lugar habitual parecía mejor, aunque sigue sin comer. El caso es que ya llevan cinco años juntos.

"El beso". Foto: Bárbara.

«El beso». Foto: Bárbara.

La cocina de los pintores V

"El estudio". Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

«El estudio a través del caballete». Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

Un amigo pintor me decía que, al utilizar la espátula para extender la pintura al óleo sobre el lienzo, tenía la misma sensación que al usar el cuchillo para extender la mantequilla sobre las tostadas; que era una sensación casi física y muy agradable. Quien más o quien menos hemos trabajado con la espátula para hacer unos trabajos muy densos con las calidades propias de un exceso de materia. Yo diría que suele coincidir con la experimentación primera, pero hay muchos pintores que encuentran en ese modo de trabajar su medio ideal para llevar a cabo el resto de su producción. Otros van eliminando, adelgazando la materia, al buscar otras calidades. Por poner un ejemplo, Cézanne fue aligerando su pintura al óleo al correr de los años; su forma de trabajar, obsesiva y muy perfeccionista, hacía que la realización de sus cuadros fuera muy lenta y muy laboriosa. La rapidez de la acuarela le resultaba muy agradable y se convirtió en su técnica preferida por su fácil manejo y rapidez. La atmósfera etérea y la brillantez del colorido hicieron que fuera utilizando el óleo con la técnica de la acuarela, diluyendo este y dejando espacios en blanco hasta conseguir obras maestras como «El jardinero», de alrededor de 1906, hoy en la Tate Gallery de Londres. Otro pintor como Gorky siguió el mismo proceso de aligerar el óleo llevando este hasta mojar previamente el lienzo, consiguiendo de este modo unas calidades extraordinarias en unas atmósferas casi mágicas.

Aviso a navegantes

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Dos nuevos capítulos, 10 y 11, de la novela Parísombra en los que se cuenta cómo lleva Marie Santini la investigación del caso y de cómo Niko Sureda se queda tras arrojar el cadáver del pintor mexicano por la borda del Dodo.

 

Dalí en Port-Lligat

Dalí le debe al Ampurdán la visión temprana de la belleza de una tierra brava, de un cielo y una costa que siempre vuelca en sus lienzos. Los colores del Ampurdán  son los colores de Dalí, para ello basta con contemplar un amanecer en cualquier cala de Cadaqués, en Port-Lligat… eso es, aparte de un acto de amor, un fenómeno natural y similar en otros artistas; en los pueblos costeros de Holanda está, uno reconoce, la atmósfera de Rembrandt; en los cuadros de Miguel Barceló encontramos el mundo marino de Mallorca; en el  Picasso de la época azul se reconocen los rasgos celtas de las mujeres gallegas…

Pero además Dalí ejerció de cónsul o embajador de su tierra, anfitrión de todas las personalidades que acudían a su reclamo desde poetas, hasta pintores, aristócratas… Y existen documentos gráficos que detuvieron esos instantes, con García Lorca, Paul Eluard… : como testimonio estas dos fotos no muy conocidas y cuya fecha desconozco con exactitud pero que debía ser de alrededor de los años 60. ¡ Y qué bien se lo pasó!

Los guanches (I)

cerámica guanche

cerámica guanche

DEDICADO A CANDIDE 57 Y A GILDERIC, QUE SÉ QUE AMAN LAS ISLAS CANARIAS.

Viví en la isla de Tenerife algo más de tres años, cuando era adolescente y, como tal, descentrada y algo tonta;  allí pase la fiebre del «existencialismo», devoraba los libros de Camus, Sartre y soñaba con París; en eso fui precoz. Soñaba con les caves del Barrio latino y de Saint Germaine; Juliette Greco me inspiraba y Françoise Hardy, también. A pesar de  esa necedad juvenil, recorrí la isla, la viví y descubrí su enorme belleza.

Desde hace 2500 años los guanches habitaron las Islas Canarias. El desconocimiento de su origen hace que las fábulas y los mitos hayan crecido alrededor de los antepasados de los actuales habitantes del archipiélago canario. Los griegos situaban en las islas Los Campos Elíseos y los romanos las bautizaron con el nombre de Afortunadas; Plutarco describe maravillas de las islas; Plinio, en su «Historia natural», las llamó «aquellas apasionantes islas». Aristóteles también habló de ellas y se dice que fueron los fenicios y los cartagineses, en sus rutas comerciales, los primeros en descubrirlas. Las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, del hipotético jardín, se hallaban allí. En fin, un buen número de cosas se han escrito sobre las islas y sus habitantes, como que los guanches podrían ser los supervivientes de la Atlántida o que son de origen mauritano. La opinión más generalizada es que su origen es norteafricano y bereber.  La lengua que hablaban tenía vocablos bereberes y de los tuaregs; vivían en el Neolítico cuando llegaron los españoles en el siglo XV y, tras casi 100 años de batallas, fueron doblegados sus reyes o menceys.  Los habitantes de las costas se refugiaron en el interior de las montañas y los barrancos. Este enigmático pueblo se alimentaba de carne, derivados lácteos, moluscos marinos y del gofio, una especie de harina  que obtenían moliendo el maíz. No conocían el horno y su cerámica de barro cocido al sol la hacían a mano, porque desconocían el torno. Sus armas eran la piedra y el palo, ya que desconocían los metales; sin embargo, momificaban a sus muertos y conocían la trepanación; existía el oficio de momificador. Las mujeres acompañaban a los guerreros en las batallas y se encargaban de retirar los cadáveres y de trasladarlos a las cuevas sepulcrales. Vivían en cuevas y se vestían con pieles de cabra o simplemente desnudos; eran blancos, con una estatura media de 1,71 los hombres y las mujeres, 1,57cm. Adoraban al Sol y tenían conocimientos medicinales. Un pueblo enigmático.