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Interior del Palazzo Vecchio

Foto: Bárbara

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Fuera queda atrás el hoy; dentro, un mundo desaparecido que nos asombra por su riqueza y belleza deslumbrante. Después viene la reflexión: ¡tanto para tan pocos! y ¡no obstante, el poder apoyó el arte como en ningún otro momento histórico!

El sol y «los pareos» en la playa

Serie

Serie «Pareos». Foto: Bárbara

Serie

Serie «Pareos». Foto: Bárbara

El sol casi veraniego, juega sobre las telas de los «pareos» que nos visten en las playas y piscinas; abandonados sobre la arena esperan nuestro regreso brillando con luz propia. Un juego de luces y sombras que cobra vida.

Palazzo Vecchio

Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

El Palazzo Vecchio visto desde la Piazza della Signoria y desde la  terraza de la cafetería de los Uffizi. Allí me gustaría estar tomándome una cerveza bien fría, observando los escudos y el de la flor de Lis, emblema de los Medici, que se encuentra por toda Florencia; Margarita de Medici lo introdujo en Francia y desde entonces es más francés que el Sena, así son las cosas y allí se quedó como emblema real.

 

Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Y aunque uno tenga las ganas de dar el salto y tocar la cúpula del Duomo,  tan a mano, como que no te dejan…

 

Ensalada de zanahoria

Foto: Bárbara

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La ensalada de zanahoria con bastante perejil es una ensalada que encanta a los parisinos; aunque simple, es perfecta por la vitamina C del perejil y todas las bondades del caroteno.  Yo le añado unas pipas de calabaza y unas algas dulse (palmaria palmata) que contienen yodo, fósforo, magnesio calcio y zinc; en caso de no encontrar la dulse, la lechuga de mar también es fenomenal. En grandes superficies y en tiendas especializadas se venden los paquetes de algas deshidratadas. Es una ensalada genial para este tiempo y para todo el verano; más sana imposible.

Ingredientes: Zanahorias, un puñado de algas deshidratadas, un manojo de perejil, pipas de calabaza peladas, aceite de oliva, vinagre de manzana, sal y pimienta, un poco de zumo de limón.

Aunque venden la zanahoria ya cortada, prefiero cortarlas en cintas con un pelador; en un bol con agua ponemos el puñado de algas para que se hidraten (cinco minutos en este caso). Picamos  el perejil. Escurrimos las algas y en una ensaladera mezclamos todos los ingredientes y aliñamos. Suelo dejarla preparada en la nevera y la aliño en el momento.

La sonata de Primavera

Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

El violín de Yehudi Menuhin se enreda con las notas del piano de Wilhelm Kempff en la ejecución de la sonata «La Primavera» Op. 24. El color, la vivacidad y la alegría de las flores se subliman en esta bella sonata de Beethoven. ¡Qué gran maestro!

Marc Chagall y Picasso

Marc Chagall y Picasso

Marc Chagall y Picasso

 

Desconozco quien es el autor de la fotografía, pero lo que es indudable es que se lo están pasando muy bien y se ríen a mandíbula batiente; muy «coleguillas» y cómplices ellos.

Le Lapin agile (Le Lapin à Gill) II

Interior de "El Lapin agile". Escuchando al Père Frédé, Midigliani, Francis Cascs, Paul Fosrt y Gaston Conté

Interior de «Le Lapin agile». Escuchando al Père Frédé, Modigliani, Francis Casco, Paul Fort y Gaston Conté

La historia del más famoso cabaret de Montmartre, «Le Lapin Agile», se remonta al año 1872 cuando el lugar se llamaba «À ma campagne» y su propietaria era una antigua bailarina de cancan llamada Adèle. En 1880 se conocía como «Cabaret des assassins» y su propietario encargó al caricaturista André Gill un cartel para la fachada de su local; el artista pintó un conejo escapándose de una cazuela. El cartel tuvo tanto éxito que se empezó a conocer como «Le Lapin à Gill» (El conejo de Gill) que con el transcurso del tiempo se convirtió en «Le Lapin agile» (El conejo ágil).

André Gill. öleo sobre tabla. 151 x 111. Museo de Monmartre.

André Gill. öleo sobre tabla. 151 x 111. Museo de Montmartre.

A principios del siglo pasado, el matrimonio Berthe Sébource y Frédéric Gerad, apodado Le Père Frédé, se hacen cargo del cabaret. Le Père Frédé, personaje pintoresco, reunía en el local a artistas como Braque, Modigliani, Max Jacob, Picasso, Utrillo, Apollinaire… junto a su fauna particular, una corneja amaestrada, el mono Théodule, la cabra Blanchette, un perro, varios ratones blancos y, el más famoso de todos, el asno Lolo, nombrado el pintor Boronali por un grupo que frecuentaba el local; al burro le ataron un pincel en el rabo con el que pintó un lienzo que llevaron y se expuso en el Salón de los Independientes, con el título: «Coucher du soleil sur l’Adriatique», que tuvo un gran éxito de crítica. Le Père Frédé, excéntrico y peculiar, calzaba zuecos y lucía una larguísima barba blanca, alimentaba a sus artistas a cambio de poemas, canciones, dibujos y cuadros que se colgaban en las paredes del local.

Interior del establecimiento

Interior del establecimiento

En las humildes paredes del local se colgaron cuadros que hoy están en los mejores museos del mundo. Picasso colaboró con dos obras,  entre ellas la excelente «La femme à la corneille», retrato de Margot Luc, hija de Berthe, y de la corneja amaestrada, a caballo entre la época azul y rosa.

Tertulia en el exterior.

Tertulia en el exterior. Modigliani junto al Père Frédé

En la actualidad está abierto al público, si tienen curiosidad está en el número 22 se la rue des Saules, al lado de los viñedos más antiguos de París.

Lubina rellena de lomo y gambones al horno

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Unas lubinas bien fresquitas rellenas al horno no dan mucho trabajo y solucionan la comida del sábado o del domingo. Y, si mientras las preparamos, nos tomamos una copa de Protos para abrir boca, tanto mejor, ya que el fin de semana se inventó para ir sin prisas y relajarnos.

Ingredientes:  Una lubina por comensal, cebolletas tiernas, zanahorias, 2 dientes de ajo, salsa de tomate frito, unas hojas de laurel, aceite de oliva virgen extra, pimienta negra, un poco de cúrcuma, una cucharada de postre de mostaza de Dijon, gambones, lomo embuchado, un poco de fumet de pescado y vino blanco.

Las lubinas, sin espina central y bien limpias, las rellenamos con rodajas de lomo embuchado (se puede sustituir por jamón serrano, pero queda demasiado salado para mi gusto) y trozos de gambón o de cualquier otro marisco. Laminamos los ajos, troceamos la parte blanca y la verde de las cebolletas y rehogamos en una sartén con un poco de aceite de oliva; agregamos las zanahorias cortadas en brunois y rehogamos; finalmente añadimos tres cucharadas de salsa de tomate, la cúrcuma, unas hojas de laurel y salpimentamos. Incorporamos finalmente el vino blanco y al poco el fumet y la mostaza. Dejamos unos cinco minutos al fuego. Colocamos, en una bandeja para el horno, las lubinas rellenas y vertemos por encima la salsa. Metemos en el horno precalentado a 220 grados y horneamos lo justo, unos 15 minutos.

El punto de la mostaza le da un nosequé buenísimo y el lomo, más suave que el jamón, un queseyó que recomiendo. Buen provecho!!!