Fuera queda atrás el hoy; dentro, un mundo desaparecido que nos asombra por su riqueza y belleza deslumbrante. Después viene la reflexión: ¡tanto para tan pocos! y ¡no obstante, el poder apoyó el arte como en ningún otro momento histórico!
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El sol y «los pareos» en la playa
Palazzo Vecchio
El Palazzo Vecchio visto desde la Piazza della Signoria y desde la terraza de la cafetería de los Uffizi. Allí me gustaría estar tomándome una cerveza bien fría, observando los escudos y el de la flor de Lis, emblema de los Medici, que se encuentra por toda Florencia; Margarita de Medici lo introdujo en Francia y desde entonces es más francés que el Sena, así son las cosas y allí se quedó como emblema real.
Y aunque uno tenga las ganas de dar el salto y tocar la cúpula del Duomo, tan a mano, como que no te dejan…
Ensalada de zanahoria
La ensalada de zanahoria con bastante perejil es una ensalada que encanta a los parisinos; aunque simple, es perfecta por la vitamina C del perejil y todas las bondades del caroteno. Yo le añado unas pipas de calabaza y unas algas dulse (palmaria palmata) que contienen yodo, fósforo, magnesio calcio y zinc; en caso de no encontrar la dulse, la lechuga de mar también es fenomenal. En grandes superficies y en tiendas especializadas se venden los paquetes de algas deshidratadas. Es una ensalada genial para este tiempo y para todo el verano; más sana imposible.
Ingredientes: Zanahorias, un puñado de algas deshidratadas, un manojo de perejil, pipas de calabaza peladas, aceite de oliva, vinagre de manzana, sal y pimienta, un poco de zumo de limón.
Aunque venden la zanahoria ya cortada, prefiero cortarlas en cintas con un pelador; en un bol con agua ponemos el puñado de algas para que se hidraten (cinco minutos en este caso). Picamos el perejil. Escurrimos las algas y en una ensaladera mezclamos todos los ingredientes y aliñamos. Suelo dejarla preparada en la nevera y la aliño en el momento.
La sonata de Primavera
El Duomo baila o cambia de color
Marc Chagall y Picasso
Le Lapin agile (Le Lapin à Gill) II

Interior de «Le Lapin agile». Escuchando al Père Frédé, Modigliani, Francis Casco, Paul Fort y Gaston Conté
La historia del más famoso cabaret de Montmartre, «Le Lapin Agile», se remonta al año 1872 cuando el lugar se llamaba «À ma campagne» y su propietaria era una antigua bailarina de cancan llamada Adèle. En 1880 se conocía como «Cabaret des assassins» y su propietario encargó al caricaturista André Gill un cartel para la fachada de su local; el artista pintó un conejo escapándose de una cazuela. El cartel tuvo tanto éxito que se empezó a conocer como «Le Lapin à Gill» (El conejo de Gill) que con el transcurso del tiempo se convirtió en «Le Lapin agile» (El conejo ágil).
A principios del siglo pasado, el matrimonio Berthe Sébource y Frédéric Gerad, apodado Le Père Frédé, se hacen cargo del cabaret. Le Père Frédé, personaje pintoresco, reunía en el local a artistas como Braque, Modigliani, Max Jacob, Picasso, Utrillo, Apollinaire… junto a su fauna particular, una corneja amaestrada, el mono Théodule, la cabra Blanchette, un perro, varios ratones blancos y, el más famoso de todos, el asno Lolo, nombrado el pintor Boronali por un grupo que frecuentaba el local; al burro le ataron un pincel en el rabo con el que pintó un lienzo que llevaron y se expuso en el Salón de los Independientes, con el título: «Coucher du soleil sur l’Adriatique», que tuvo un gran éxito de crítica. Le Père Frédé, excéntrico y peculiar, calzaba zuecos y lucía una larguísima barba blanca, alimentaba a sus artistas a cambio de poemas, canciones, dibujos y cuadros que se colgaban en las paredes del local.
En las humildes paredes del local se colgaron cuadros que hoy están en los mejores museos del mundo. Picasso colaboró con dos obras, entre ellas la excelente «La femme à la corneille», retrato de Margot Luc, hija de Berthe, y de la corneja amaestrada, a caballo entre la época azul y rosa.
En la actualidad está abierto al público, si tienen curiosidad está en el número 22 se la rue des Saules, al lado de los viñedos más antiguos de París.
Lubina rellena de lomo y gambones al horno
Unas lubinas bien fresquitas rellenas al horno no dan mucho trabajo y solucionan la comida del sábado o del domingo. Y, si mientras las preparamos, nos tomamos una copa de Protos para abrir boca, tanto mejor, ya que el fin de semana se inventó para ir sin prisas y relajarnos.
Ingredientes: Una lubina por comensal, cebolletas tiernas, zanahorias, 2 dientes de ajo, salsa de tomate frito, unas hojas de laurel, aceite de oliva virgen extra, pimienta negra, un poco de cúrcuma, una cucharada de postre de mostaza de Dijon, gambones, lomo embuchado, un poco de fumet de pescado y vino blanco.
Las lubinas, sin espina central y bien limpias, las rellenamos con rodajas de lomo embuchado (se puede sustituir por jamón serrano, pero queda demasiado salado para mi gusto) y trozos de gambón o de cualquier otro marisco. Laminamos los ajos, troceamos la parte blanca y la verde de las cebolletas y rehogamos en una sartén con un poco de aceite de oliva; agregamos las zanahorias cortadas en brunois y rehogamos; finalmente añadimos tres cucharadas de salsa de tomate, la cúrcuma, unas hojas de laurel y salpimentamos. Incorporamos finalmente el vino blanco y al poco el fumet y la mostaza. Dejamos unos cinco minutos al fuego. Colocamos, en una bandeja para el horno, las lubinas rellenas y vertemos por encima la salsa. Metemos en el horno precalentado a 220 grados y horneamos lo justo, unos 15 minutos.
El punto de la mostaza le da un nosequé buenísimo y el lomo, más suave que el jamón, un queseyó que recomiendo. Buen provecho!!!





















