¡Un millón de lunas de chocolate, mi niña preciosa!!!

Otro año más Noa, pero este con retraso; otro año más para decirte todo lo que te queremos. Estos días desde la terraza del estudio veíamos la luna llena, redonda y brillante, como aquella otra que tú me dabas a comer en trozos porque decías que era de chocolate. Sentadas las dos en el patio alargabas el brazo, con cuatro años, y cogías para mi trozos porque decías que estaban buenísimos. Este año con el virus todo ha sido diferente, pero igual de intenso y delante de ti, una tarta de chocolate como aquella luna que imaginabas para mi. ¡Toda la Felicidad del mundo, mi niña preciosa!























