Este extraño país que habitamos, mosaico de lenguas, de culturas, cruce de caminos, a veces bárbaro, radical, insumiso, ácrata, pasota y quijotesco, ha dado de forma excepcional hombres y mujeres fuera de lo común; unos dotados de ingenio, otros de valor y unos pocos tocados por la llama del genio que digo debe venir desde arriba, concretamente del Olimpo de los dioses. Gaudí, orgullo de todos los que formamos esa amalgama que es España, es el genio que mejor representa el mar, el azul del Mediterráneo, la cultura clásica griega, la música de todas las orillas del Mare Nostrum. Gaudí es clásico (él dice: tot això des mosaics és grec = todo esto del mosaico es griego), es barroco ( él dice: i la casa d’estadant del carrer de Casp és ben emparentada am el barroc català= y la casa de la calle Casp está emparentada con el barroco catalán), es mudéjar-morisco (él dice, hablando de los arcos: trobo superior el sentit mecànic des àrabs = encuentro superior el sentido mecánico de los árabes). Gaudí es todo y su originalidad está en la vuelta al origen, a la simplicidad de las primeras soluciones. Gaudí hace las cosas bien, es un perfeccionista que siempre busca, indaga hasta conseguir lo mejor; siempre busca mejorar lo inicialmente proyectado, y consigue la perfección del inconformista. Gaudí es inclasificable, porque Gaudí es un genio y a los genios no se les cosifica. Gaudí es como Beethoven: sus sinfonías arquitecturales se basan en la repetición; igual que el músico, reitera, amplia, retoca y vuelve sobre la partitura. Los dos son únicos e irrepetibles. Preguntado por qué hacía columnas inclinadas, respondía que por la misma razón que el caminante cansado se para y se apoya en el bastón inclinado, porque si lo apoyara vertical no descansaría. ¡Maravillosas las columnas inclinadas del parque Güel! De ensueño, «la Pedrera» (casa Milà) por dentro y por fuera: subir a la azotea es ascender a otra galaxia; las chimeneas tienen un diseño futurista y visionario. Y es que además fue un visionario al mismo tiempo que un hombre de su tiempo; en el momento en que el fauvisme triunfaba, él soñaba con el color al que daba la misma importancia que los griegos. Cada una de sus obras es un todo donde se unen la música, la pintura, la escultura. De la naturaleza extrae las formas paraboidales, helicoidales, conoides, la proporción áurea. Catalán universal, Gaudí define el mar como la única cosa que sintetiza las tres dimensiones. «El mar és l’unica cosa que em sintetitza les tres dimensions-espai. A la superficie, s’hi reflecteix el cel, i a través d’ella veig el fons i el moviment.»
Definir lo que es Gaudí es vano; a Gaudí hay que sentirlo como sucede con los grandes: trasciende la piedra, lo material, es la retorta donde la alquimia se traduce en poesía mística.
Las obras más importantes de Gaudi son: «El capricho», Comillas; Palau Güel, Barcelona; «Los Botines», León; Palau Episcopal de Astorga; Casa Calvet, Barcelona; Casa Batlló, Barcelona; Casa Milà («La pedrera»), Barcelona; Park Güel, Barcelona; y la Sagrada Familia.
Del libro-catálogo: VV. AA. «Gaudí x Gaudí», Ed. Triangle Postals S. L., Barcelona, 2001.









