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Picasso en Gósol

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Pisasso.» Gósol». 1908

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Picasso. «Desnudo con las manos juntas». 1908

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Picasso.»Adolescentes». 1908

En la actualidad, estas tres obras de Picasso que él pintara durante su estancia en Gósol están en L’Orangerie (París).

 

Matisse (1898 -1912)

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Matisse. «Naturaleza muerta»

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Matisse. «Naturaleza muerta»

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Matisse.

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Matisse. «Ramo en una mesa de bambú». 1903

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Matisse. «Jarrón de girasoles». 1898

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Matisse. «girasoles en un florero». 1898

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Matisse. «Ramo de flores en una terraza». 1912

El «Jarrón con girasoles» muy vangohguiano» y el más antiguo en el tiempo también me ha sorprendido, aunque de la influencia del genio holandés pocos se han librado; el siguiente, también de girasoles, es ya más matissiano, aunque no del todo. De los tres primeros, claramente con su sello, el tercero, aunque no tengo la fecha ni el título, lo creo posterior a los dos anteriores por su soltura y supongo que fue pintado a partir de los años treinta. En cualquier caso, todos maravillosos.

 

Matisse (1935-1943)

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Matisse. «Anémonas». 1943.

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Matisse. «Desnudo rosa sentado». 1935

Los desnudos de Matissee son bien conocidos por todos los amantes de su obra, sin embargo he descubierto distintas obras de flores que son en parte desconocidas y que me han sorprendido por su fuerza y colorido. El primero, «Anémonas» me ha entusiasmado por el tratamiento de las flores, aunque el jarrón es claramente reconocible, pero su pincelada es tan suelta que parece que esté lleno de vida y no algo estático. Respecto al segundo, «Desnudo rosa sentado» tiene la marca inconfundible del maestro. Dos obras que enamoran. Supongo que por la época los pintó en Niza.

El Museo Arqueológico de Florencia

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Fotos : Bárbara

Hay tanto que ver en Florencia que  muchos no nos planteábamos ir al Museo Arqueológico y la verdad es que merece la pena. Es un museo pequeño que se recorre con facilidad, abierto a un jardín lleno de árboles y pájaros que te acompañan con sus trinos como música de fondo. Muy bien montado, de forma muy didáctica, está justo al lado de la Piazza della Santissima Anunziata, en una callecita lateral de la iglesia barroca dedicada a S. Antonio, si no recuerdo mal. Lo encontramos por pura casualidad y nos encantó. La historia estaba allí representada por ánforas, vasijas, copas, pulseras, armaduras y enterramientos etruscos.

Giotto y Santa María Novella

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Cristo crucificado de Giotto. Santa María Novella. Florencia

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Cristo crucificado con las vidrieras al fondo de Santa María Novella. Florencia.

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Tablón trapezoidal de la cruz. Giotto. Santa María Novella. Florencia

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Fachada de Santa María Novella. Florencia. Foto: Bárbara

El cristo crucificado pintado sobre tabla de Giotto «flota» en mitad de la iglesia de Santa María Novella. Dicho así parece una simpleza, pero responde a una sensación muy personal. Y uno se queda plantado delante de esa cruz con la emoción de estar delante de una obra de arte muy singular y de gran belleza. Después se puede analizar y leer sobre la época, documentarse y comentar sobre lo que hay de innovación en relación a lo que se hacía y comparar a Cimabue, Giotto y Pisano. Pero antes de entrar, haciendo cola en el jardín del claustro -mientras los gorriones van de aquí para allá entre los cipreses y te miras los zapatos cómodos para poder recorrer Florencia por matar la espera- llega un punto en el que el sol y el cielo tan azul te distraen de tal modo que, cuando por fin entras por el lateral de la iglesia, como que ya estás en otra cosa, de repente ahí está el Giotto; y te quedas clavado y sin palabras. La tradición de las cruces pintadas rodeadas de personajes de la pasión según el modelo bizantino tradicional del Cristo triunfante sobre la muerte, se cambia a mediados del siglo XIII por la del Cristo Paciente, humanizando la figura de Cristo. Este cambio se produce en apenas cuarenta años, desde la cruz pintada por Pisano para la iglesia de San Domenico de Bolonia hasta la cruz pintada por Giotto para Santa María Novella; entre las dos, y como paso intermedio, está la de Cimabue para la iglesia de la Santa Croce. En el Cristo de Cimabue la figura esta curvada hacia el lado izquierdo, mientras que Giotto lo hace hacia el lado derecho. La medida de ambas tablas siguen los cánones del duocento y ambas muestran una misma asimetría: miden 2 centímetros más por el lado izquierdo que por el derecho, pues se quería contrarrestar la curvatura de la figura a efectos ópticos, aunque en el caso de Giotto no hiciera falta posiblemente porque los carpinteros fueron los mismos que trabajaron para Cimabue, de cuyo taller fue Giotto aprendiz, o para la Santa María Novella, más tradicionales. La forma trapezoidal en la cruz de Giotto fue un añadido en la parte baja del soporte, desde donde chorrea la sangre de Cristo sobre el esqueleto de Adán, todo un símbolo y una indudable innovación. Pero ante la crucifixión del Giotto nada de eso importa, sí la emoción del Cristo humano que sufre y muere, el Cristo humanizado por S. Francisco de Asís.

Fachada principal de Santa María del Fiore, Florencia

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Fachada, detalle de la Catedral. Florencia. Fotos: Bárbara

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Uno de los rosetones de la fachada. Foto: Bárbara

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Frontispicio. Foto: Bárbara

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Fachada principal. Foto: Bárbara

La primera vez que vi il Duomo fue un día claro y luminoso de otoño. Tras instalarnos en el hotel y salir a recolectar imágenes para el recuerdo, fue lo que salió a nuestro encuentro a modo de promesa bellísima.  Por suerte nuestro hotel estaba tan cerca  que teníamos que pasar por delante a cualquier hora del día o de la noche y,  siempre estaba más hermoso o así me lo parecía; con la lluvia o bajo un cielo gris, sus piedras me hablaban de otros tiempos, como si Florencia habitara en mí desde siempre. De esta manera, al tenerlo tan próximo, era lo primero que veíamos al salir a la calle y se convirtió en algo tan cotidiano, tan cercano, como el tañido de las campanas que oía desde la cama; algo así, casi familiar, que me hizo sentir que no estaba de paso, que ya formaba parte de esa maravilla que es Florencia; desde cuándo, no lo sé; lo que sí sé es que debo volver en cuanto pueda.

 

Dólmenes de Antequera: Dolmen de Viera

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Entrada al dolmen de Viera. Foto: Bárbara

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Corredor del dolmen de Viera. Foto: Bárbara

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Final del corredor de Viera. Foto: Bárbara

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Restos de pintura en Viera. Foto: Bárbara.

El conjunto arqueológico Dólmenes de Antequera constituye uno de los sitios prehistóricos más extraordinarios de la Península Ibérica, de igual importancia que Altamira y Atapuerca. El Sitio de los Dólmenes de Antequera, situados en el centro de Andalucía, está constituido por tres monumentos culturales: los dólmenes de Menga y de Viera y el Tholos del Romeral, además de dos monumentos naturales, las formaciones montañosas de La Peña de los Enamorados y el Torcal. Este conjunto es uno de los mejores y más conocidos exponentes del megalitismo europeo. Los megalitos son las primeras formas de arquitectura monumental en piedra en la Prehistoria europea. En su sociedad agrícola algunos megalitos no solo cumplen su función de necrópolis o lugar de enterramiento, sino además de lugar de ceremonias propiciatorias o de otros ritos relacionados con la fertilidad; de cualquier manera son un extraordinario documento vivo de la vida de los pueblos pastores y agrícolas del Neolítico. El dolmen se caracteriza por la utilización de grandes bloques de piedra con cubierta adintelada más propia de la tradición atlántica o bien la de tradición mediterránea en bóveda, llamados tholos. El Conjunto de Antequera se conserva en excelente estado, con su estructura rocosa interior o los túmulos que los recubren casi intactos. Durante el verano de este año, las diversas actividades desarrolladas bajo el patrocinio de la Junta de Andalucía han sido una maravilla: «Las celebraciones del Sol en el solsticio de verano» y «Las «celebraciones de la Luna» (junio-septiembre), que incluyen contemplación de la entrada del sol en el dolmen de Menga con música ancestral y visitas guiadas de 20 a 22 horas en la de la luna; en julio, jornadas astronómicas, musicales y de danza. Celebración del II aniversario de la declaración de Patrimonio Mundial de la UNESCO. En agosto. «Música de raíz», «El comienzo de la historia»… Septiembre: «Jornada astronómica» con observación solar dirigida por el director del Observatorio Astronómico del Torcal… Todas las actividades son gratuitas hasta completar aforo.

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Dolmen de Viera. Foto: Bárbara

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Entrada. Foto:Bárbara

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Bloques de piedra. Foto: Bárbara

La cúpula del Duomo

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Cúpula del Duomo. Florencia. Foto: Bárbara

 

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Pavimento del Duomo. Florencia. Foto: Bárbara

 

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Pavimento del Duomo. Florencia. Foto: Bárbara

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Pavimento del Duomo. Florencia Foto: Bárbara

Del cielo al suelo. El Duomo no te permite que pases por alto nada. La belleza se instaló para siempre por todos los rincones y hay que ir con todos los sentidos alertas. Que el acto de pisar sea consciente, que sepas donde pones los pies; hay suelos ante los que te inclinas aunque sea metaforicamente hablando.

 

Dolmen de Menga IV

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Entrada al dolmen de Menga. foto: Bárbara

Para finalizar, quiero añadir algo realmente curioso: en la Península Ibérica estos conjuntos megalíticos están orientados al levante, pero este de Menga está orientado hacia noreste, es decir, el norte de la salida del sol en el solsticio de verano. Esta orientación es totalmente anómala, pero si nos situamos a la entrada del monumento vemos que está alineado con la Peña, una montaña que tiene toda la forma de un rostro humano. En la foto de abajo, tomada desde esta entrada al dolmen, lo que se ve justo enfrente es la citada Peña.

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La Peña de los Enamorados. Foto: Aurelio.

 

Dolmen de Menga III

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Aquí se ve perfectamente la estructura del dolmen de Menga. Diversas teorías y opiniones tratan de explicar el cómo y el porqué de estas construcciones sin tener los adelantos técnicos que hoy poseemos ni el conocimiento de la rueda. Se ha descartado la división social del trabajo, hecho que se produce mucho después del megalitismo y la arqueología ha demostrado  que los trabajos de construcción de una tumba se iniciaban con la realización de ofrenda y sacrificios antes de cualquier construcción funeraria o de población. Decidido el lugar, se procedería a iniciar la retirada de tierra hasta llegar a la base rocosa; después se excavaría una zanja alrededor de la que se colocarían los ortostatos verticalmente. Las grandes piedras empleadas en Menga serían de calcarenita de los alrededores. Según parece se utilizaron picos y hachas junto con la acción de calentar la superficie de la piedra con grandes hogueras hasta alcanzar elevadas temperaturas para a continuación enfriarlas con agua, lo que provocaría grietas y fisuras que agrandarían con las herramientas. Hay quienes opinan que se podrían haber construido raíles de madera engrasados con grasa animal para facilitar el deslizamiento y unos rodillos. Una vez en el lugar, las losas se deslizarían por planos inclinados o rampas, hasta caer inclinados en el surco. Sea como fuere uno se quita el sombrero ante el ingenio y el  trabajo de esos hombres que más parecen los trabajos de Hércules.