
Gustavo Torner


Bonifacio Alonso

Henri Dechanet

Gerardo Rueda
Haciendo historia, el 1 de julio de 1966 se inauguraba el Museo Abstracto de Cuenca, cuyos cofundadores fueron Gerardo Rueda, Gustavo Torner y Fernando Zóbel, artistas unidos por su concepción abstracta del arte y enamorados de la ciudad. Los artistas elegidos para la realización de las vidrieras de la Catedral fueron Gustavo Torner, Gerardo Rueda, Bonifacio Alonso Gómez y Henri Dechanet. Para esos trabajos hubo un acuerdo entre la Consejería de Cultura y Educación de Castilla-La Mancha y el Cabildo. Fue el 2 de abril de 1995 cuando se inauguraron las nuevas vidrieras. Para la realización de los bocetos el Cabildo elaboró unas directrices u orientaciones iconográficas que fueron facilitados a los artistas seleccionados que fueron La Creación, la Salvación, Glorificación y Redención. La obra se encargó al arquitecto D. Magín Ruiz de Albornoz y al maestro vidriero Henri Dechanet. Aprobados los bocetos por parte del Obispado y del Cabildo se realizó un informe sobre la obra a la Comisión del Patrimonio Histórico de Cuenca, donde fueron definitivamente ratificados. Se encargó la realización a la cooperativa de vidrieros «Vitrea», dirigida por el maestro vidriero Henri Dechanet y los vidrios con la gama cromática a la fábrica francesa de Saint Just.
Gustavo Torner se centró en la Creación, aludiendo al big bang, a la creacion del mundo, a la cadena del ADN y a las lenguas de fuego de Pentecostés. Torner quiso representar la subida de las almas al cielo y los atardeceres de Cuenca; Bonifacio Alonso se ocupó del Génesis. Por su parte Henri Dechanet se centró en El sol, la luna, y la muerte, asi como en la Virgen y al auxilio que buscan los fieles ante la Madre.
Personalmente no conozco las vidrieras, pero cuando expuse en Cuenca, me enamoré de la parte alta de la ciudad, de sus paisajes y de su gastronomía, así como de los amigos conquenses, que me trataron con una amabilidad extraordinaria así como de las autoridades de Cultura. Mi recomendación es que, si pueden, reserven alojamiento en la famosa Posada de S. José con vistas a las hoces del Júcar: maravilloso. La Posada, en la parte alta de la ciudad, se conserva tal como era y es una joya a conservar; espero que siga abierta. Cuenca, tan cerca de Madrid, merece no una sino varias visitas; en otoño, un paseo por el río es imprescindible.