Bizcocho de pasas

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Receta y fotografía: Aurelio Serrano Ortiz

Está claro que a muchas personas que antes del confinamiento por el coronavirus no se les podía llamar «cocinillas» se han enganchado al arte culinario. Véase aquí un ejemplo. A Aurelio le dio por la repostería y he aquí el resultado: un buenísimo y esponjoso bizcocho de pasas. Ya lo decía mi abuela, que era muy refranera: no hay mal que por bien no venga. Esto dicho así puede quedar muy frívolo, nada más lejos de mi intención. Esta pandemia que estamos pasando y sufriendo en todo el mundo es algo terrible que tardaremos mucho en superar. No obstante la vida sigue, aunque nuestro recuerdo estará siempre con los que han sufrido y seguirán sufriendo.

Ingredientes:

5 huevos, 300 gr. de harina, 300 gr. de mantequilla, 250 gr. de azúcar glass, 100 gr. de pasas de Corinto y 10 de levadura en polvo.

Juntamos el azúcar con la mantequilla en un bol con las manos hasta obtener una crema homogénea. Añadimos a esto las yemas de los huevos y reservamos las claras. Añadimos a la crema anterior la harina y la levadura tamizadas. Trabajamos hasta obtener una masa sin grumos. Después añadimos las claras montadas a punto de nieve. Mezclamos hasta conseguir una masa algo esponjosa. Engrasamos un molde con mantequilla derretida y luego un poco de harina para que no se pegue el bizcocho al desmoldarlo. Vertemos la masa en el molde y agregamos las pasas de forma homogénea. Calentamos el horno a 220 e introducimos el molde. A los diez minutos y tras formarse una costra en la superficie, haz una incisión. Bajamos la temperatura a 180 grados y dejamos durante 50 minutos. Desmoldamos y dejamos que se enfríe fuera del molde por lo menos durante tres horas antes de consumir.

Cita de Julio Cortázar

» Cuando sé que voy a escribir un cuento tengo hoy, como hace cuarenta años, el mismo temblor de alegría, como una especie de amor». Del libro «Conversaciones con Cortázar» de Ernesto González Bermejo.

Georgiana Houghton

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«El Señor resucitado», 29- 6- 1864

 

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«Flor de Catherine Emily Stringer»,

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«El ojo del Señor», 1864.

Esto se podría llamar el insólito caso de Georgiana Houghton, una pintora victoriana nacida en Las Palmas de Gran Canaria en 1814, que ha estado olvidada y redescubierta como la primera pintora abstracta de la historia. Alguna de sus obras que han pasmado a los críticos de arte más afamados, como el del Times, tienen algo en común con algunos de los inicios de Georgia O’Keefe. Nacida en España en el seno de una familia de comerciantes que se trasladó a Londres, tuvo una  importante relación con el espiritismo, que la llevó a afirmar que «el espíritu es quien conduce mi mano». La muerte de su hermana y después de sus padres la llevó al espiritismo para poder comunicarse con ellos. Su obra, de haber sido conocida y difundida, se habría adelantado a la obra del ruso Kandisnky, a sus teorías del arte abstracto de 1910 y a su consideración del primer artista abstracto. Su familia se arruinó y su vida no fue fácil, hacía de médium y producía «dibujos de espíritus». Expuso en 1871 en la New British Gallery y se arruinó con ella. Se hizo fotógrafa para captar con su cámara sombras y signos de otra vida. Murió en la pobreza en Londres en 1884. La mayoría de sus obras terminaron en Australia donde se preparaba una exposición que al final no llegó a realizarse. La exposición londinense costaba de 150 acuarelas. Al morir casi todas sus obras fueron heredadas por la Unión de Espiritistas Victorianos de Melbourne. La pregunta que nos hacemos muchos es por qué su obra fue olvidada, por su relación con el espiritismo o por el hecho de ser mujer, ya que otros autores decimonónicos, como Victor Hugo o Conan Doyle, estuvieron relacionados con estas prácticas y sin embargo ahí están para la historia. Otro caso lacerante de mujer artista «olvidada». Quizás algún día se debería revisar este orden de cosas y hacer justicia para todas ellas. Es increíble que estos dibujos de marañas de hilos que evocan el dibujo surrealista automático de André Masson de 1920 y los psicodélicos de los años 60 fueran hechos por esta pintora victoriana.

Publicó: «Evening at Home in Spiritual Seánce»  y»Crónicas de las Fotografías de Fenómenos y  Seres espirituales invisibles al Ojo Material»

 

El mar

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Fotografías: Jerónimo García Gázquez

El mar al otro lado del Estrecho; el mar que une orillas y culturas. que nos acuna y nos mece, el mar siempre. El  mar infinito que nos hace soñar en viajes a otras tierras, que nos permite  conocer otras músicas, a sentir a otras gentes, el mar, siempre el mar…

Isabel Guerra, la «pintora de la luz»

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Sin título.

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«Confío en tu palabra».

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«Ven en ayuda de mi soledad»

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«Sobre rastrojos, sueño de primavera», 1985

Isabel Guerra, esta pintora universal, nació en Madrid en 1947. Su pintura extraordinaria va más allá del realismo, tampoco se puede calificar de hiperrrealismo, yo no lo haría, pero sí que su realismo es muy velazqueño. La importancia que esta grandísima pintora otorga a la luz es notable y por eso es conocida como la «pintora de la luz». Por todo ello, siendo una pintora de hoy, su obra es de un clasicismo imperecedero. Comenzó a pintar de forma autodidacta a los doce años y expuso por primera vez a los quince en la galería Toisón de Madrid. Estudió en el Museo de El Prado, viendo a los grandes maestros y leyendo con avidez libros de arte. Ingresó en el monasterio cisterciense de Santa Lucía en Zaragoza en 1970. Este hecho otorga además una dimensión casi mística a su pintura, que se refleja claramente en su manera de hacer, de impregnar cualquier tema que trata, desde sus retratos a sus bodegones. Sus dibujos al carboncillo son de una calidad insuperable. Es académica de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis y de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Ha realizado más de treinta exposiciones, estando su obra cotizadísima.

Atardeceres

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Fotos: Jerónimo García Gázquez

De nuevo el BN y el color en estas fotografías preciosas que me llegan desde Ceuta. Como bien me decía Ashley desde Irlanda, no hay porqué elegir en el siempre presente debate sobre unas u otras. Y tenía razón. El color tiene unos matices y el BN tiene otros.¡Gracias mil  Jero por estos regalos magníficos!

 

Gotas tras la lluvia

 

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Fotos, Bárbara

Para este fin de semana se anunciaba lluvia, algo parecido al diluvio universal, por lo que renunciamos a los planes que habíamos hecho de antemano. El sábado por la mañana lució un sol esplendoroso y por la tarde se oyeron a lo lejos unos truenos y cayeron cuatro gotas. Cuando dejó de llover, me asomé y esto era lo que quedó del anuncio apocalíptico, eso sí bien bonitas sobre las hojas del rosal.

Un Hotelito con encanto, «Le Clos Medicis» (París)

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Fotos: Bárbara

Aunque ya puse en su momento la dirección de este hotel con encanto en pleno Barrio Latino, me he encontrado con estas fotos que pueden dar una idea más completa de como es: bonito, confortable y muy bien situado. Tiene, además de unas habitaciones que están muy bien, una pequeña terraza donde se puede desayunar si el tiempo lo permite. Nosotros fuimos en mayo y nos hizo un tiempo espléndido. Está también al lado del Luxemburgo, donde muchos estudiantes y personas de todas las edades, a mediodía, toman su baguette de jambon y se tumban sobre el césped o bien se sientan en las sillas alrededor de la gran fuente de los jardines.

Café «Le Rostand» (París)

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Fotos: Bárbara

Le Rostand, café situado frente a los Jardines de Luxemburgo, es un lugar ideal para quedar con amigos y, sentados ante los minúsculos veladores, dejar pasar el tiempo o bien filosofar a cubierto de la fina lluvia tan parisina. Le Rostand es un clásico, esos lugares que permanecen inmutables como parte del paisaje y al que acudimos sabiendo que estarán allí, que no habrán desaparecido por la especulación inmobiliaria como sucede en otras ciudades. París guarda sus lugares icónicos y es un alivio saber que cuando uno vuelve se encontrará como en su casa, porque todo lo que ama sigue igual y en su sitio.

Mariposa

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Estas fotos son de Jerónimo García, mi querido corresponsal en Ceuta, en las que se aprecia el BN y el color. Y en este caso sí que no sé con cual quedarme, si tuviera que elegir entre una u otra, aunque posiblemente con la primera, cuya elegancia le gana al color. Es lo que tiene el BN, esa fuerza tan maravillosamente basada en los contrastes y en los grises, igual que en la vida. !Muchas gracias, Jero!