Otoño en mi jardín

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Fotos, Bárbara

Las flores de la bignonia están así de esplendidas a principios de diciembre. No se puede pedir más. Recuerdo el día en que mi cuñado Antonio se presentó en casa con esa planta, entonces pequeñita, porque él tenía una en su casa de campo y crecía que daba gusto verla. Nunca pensé que en el poco espacio de tierra que tengo crecería con las mismas ganas y generosidad. Y ahí sigue adornando nuestros días. ¡Gracias Antonio allí donde estés!

Kenzo Okada

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Reproducciones: 1º Screen I (díptico), 1955; 2º Young bamboo (díptico); 3º No. 3, 1953; 4º Blanco y oro, 1961

Kenzo Okada, nacido en septiembre de 1902 en Yokohama, tuvo que esperar a que su padre, que se oponía a que su hijo se dedicara al arte, muriera para poder dedicarse a su verdadera vocación. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Tokio, pero al igual que su compañero Fujita marchó a París en 1942. En aquella época, ya lo he dicho en varias ocasiones, el centro del mundo artístico estaba en París. En 1927 expuso en el Salon d’Automne y regresó a Japón el mismo año. En 1936 obtuvo un premio del Nikai Group de artistas contemporáneos, pasando a formar parte del mismo de forma vitalicia. Enseñó en la Universidad de Nihon y en la Universidad de Arte de Musashino. Su pintura realista realizada en Japón evoluciona al ir a N.Y. hacia la pintura abstracta, siendo el expresionismo abstracto imperante lo que le sedujo; no obstante, su sensibilidad oriental le hace ser distinto, con una fuerte personalidad que modula las formas y colores con una sutileza propia. En 1952 comienza a exponer en N.Y. en la galería Parsons. Su lirismo y reinterpretación de los efectos decorativos de la pintura tradicional japonesa lo hacen único. La neblina que envuelve sus obras, como sumergidas en agua, prestan a sus pinturas una atmósfera poética más propia del lenguaje escrito. Okada trabó amistad con Mark Rothko y especialmente con los amantes del color. Es un colorista nato. Murió en Tokio el 24 de julio de 1982.

Frantisek Kupka y el Orfismo

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Reproducciones: 1º «Retrato de su mujer»; 2º La escala amarilla (autorretrato), c. 1907; 3º «Discos de Newton, estudio para fuga en dos colores», 1911; 4º «Estudio para el lenguaje de las verticales», 1911; 5º «La catedral», 1912-1913.

Nunca de forma más clara se puede ver por las reproducciones la evolución de su pintura; desde el retrato de su mujer clásico, por cierto muy bueno, a la creación y estudio de la relación entre los colores. Kupka, nacido en la actual República Checa en 1871, estudió y se formó en Praga y expone por primera vez en Viena en 1894. En la primavera de 1896 se establece en Puteaux, en los alrededores de París, donde tiene como vecinos a Duchamp, Apollinaire, Léger, Metzinger y Gleizes. y, aunque expone en el Salón de Otoño en la sala de los cubistas, nunca quiso que se le encuadrara en dicho movimiento ni en ningún otro. A partir de 1911 se pasa a la abstracción, realizando formas circulares organizadas según una disposición rítmica. Se forma el grupo de Puteaux y acude a varias de sus reuniones. A principio se dio a conocer como ilustrador de libros, carteles y como caricaturista. Agrupó su obra artística en cinco categorías: círculos, verticales, verticales y diagonales, triángulos y diagonales. Expuso con otro excelente pintor checo, Alfons Mucha en el Jeu de Paume de París y en el MoMA de N.Y. Se hizo una retrospectiva de su obra en la Galerie Mánes de Praga en 1946 y en el mismo año en el Salon des Realités Nouvelles, donde expuso con regularidad hasta su muerte acaecida en Puteaux en 1957. Kupka se centró en sus teorías del color, que le llevaron a realizar discos que llamó de «Newton», porque con anterioridad había explorado sir Isaac Newton y Herman von Helmholtz. Su objetivo se centraba en liberar los colores de asociaciones descriptivas, reflejando sus teorías de movimiento, color y la relación entre la música y la pintura (orfismo).

Pastel de carne

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Fotos y receta, Bárbara

Aparte de que es una receta fácil, se puede hacer de un día para otro y calentarla en el micro. No pongo cantidades porque dependerá del número de comensales y de lo grande que se quiera hacer. Eso sí cuanto más relleno más bueno estará.

Ingredientes: Puré de patatas que puede ser de sobre, carne picada, aceitunas verdes deshuesadas, pasas, 1 huevo duro. 1 cebolla, 1 diente de ajo, aceite de oliva virgen extra, (mantequilla y leche para el puré), sal y pimienta negra.

Hacemos el puré como siempre, poniendo en un cazo la leche a calentar, añadimos, sal, pimienta y mantequilla que se puede sustituir con aceite de oliva que es más sano, peo que no le dará la misma untuosidad que le da la mantequilla. En una sartén rehogamos un diente de ajo picado menudo y cuando empiece a tomar algo de color, añadimos la cebolla cortada en trozos pequeños. y después cuando esté pochada añadimos la carne picada, salpimentada y la rehogamos; troceamos las aceitunas verdes deshuesadas cortadas en trozos, las pasas y el huevo duro picado y loa añadimos a la carne. Pintamos con un pincel con aceite el recipiente que irá al horno. En ese recipiente ponemos una capa fina de puré en el fondo; añadimos el relleno y cubrimos con otra capa más gruesa de puré que tape todo el relleno. Por encima ponemos una capa abundante de queso rallado que puede ser de varios tipos diferentes, según vuestro gusto. Y ya solo queda meterlo en el horno a 180 º. El tiempo dependerá del horno y del recipiente pero cuando veamos la capa de queso dorada ya lo podéis retirar. ¡Buen provecho!

Rosas rosas

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Fotos , Bárbara

Son capullos que acaban de abrirse ahora, me diréis que están algo desenfocadas, pero me gustan así, como si el color se difuminara. Es una manía que tengo que he utilizado mucho en mi pintura; que todo se impregne del mismo color, que se fundan los contornos y que haya una especie de atmósfera alrededor.

El río

El agua llegaba a los lavaderos desde arriba, porque el río circulaba rodeando la montaña y serpenteando hacia el pueblo. Las mujeres llevaban los canastos de ropa de dos en dos. Iban por el sendero de tierra cantando o parloteando; sus risas se oían casi desde las piscinas municipales vacías, ahora, en el invierno. Se había canalizado el río, ordenado y amansada el agua, que desde los caños surgía heladora. Las manos con sabañones, frotaban la ropa con jabón Lagarto, que hacía poca espuma, pero que era el mejor. El cierzo soplaba con ganas y los cantos subían de tono cuando el frío las atenazaba. Había que golpear la ropa con brío, como si su rabia se centrara en ese punto y no en sus condiciones de trabajo. ¡Y menos mal, dijo María, que han techado los lavaderos, que si no…! porque el cielo amenazaba lluvia. «Y si llueve, ¿dónde se secará la ropa? ¡Maldita sea!» . María «La Coja», a la vuelta, se emparejó con la Marta, que era más o menos de su misma estatura, que cuando iba con Ana «la Larga» todo el peso de la ropa mojada caía de su lado y eso si que no, que luego le dolía la pierna durante una semana. Cuando entraban en el pueblo comenzó a tronar y vieron un rayo encender la mañana que se había enfoscado. Con el peso de la ropa mojada llegaron a punto para tender la ropa en las falsas de las casas de los señores, allí donde se curaban los jamones y los chorizos al lado de las tinajas de las aceitunas y de los queso en aceite. En la cocina, María se untó las manos con manteca de cerdo; los sabañones la martirizaban como si hubiera hecho mucho mal en otras vidas, eso pensó, y cada vez se convencía más de que el purgatorio estaba aquí si es que ese invento de los curas existía.

Asenagawa Toharu, el gran maestro

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Reproducciones: !ª Detalle del panel Pájaros y flores c.1570, Panel completo; 2º Cuervos y garzas, 1605-10, detalle y completo; 3º, Detalle y Panel completo derecho de Pinos.

Toharu, nacido en 1539 y originario de Nanao en la provincia de Noto, fue un pintor que comenzó haciendo pinturas budistas; ya a los veinte años era profesional y a los treinta se fue a Kioto para completar sus estudios en la prestigiosa escuela de Kano, que era conocida por sus murales, que decoraban los castillos y las casas de los más poderosos señores de la guerra. Se trataba sobre todo de tinta sobre papel blanco o bien de paneles de pan de oro que eran ostentosos a fin de mostrar el poder de los señores feudales. Su ansia por saber le llevó a estudiar los pergaminos más antiguos de Song, Yuan y Muromachi durante en su estancia en Kioto, de modo que desarrolló su propio estilo de Sumie y volvió al minimalismo de los antiguos. La influencia de Sesshu es evidente en muchas de sus obras, como su biombo de árboles y flores que fueron declarados tesoros nacionales de Japón. Tras la muerte de Kano Eitoku en 1590, Tohaku se convirtió en el mayor maestro vivo de su tiempo y en su taller se produjeron la obras más grandes y elegantes de algunos templos, que se conservan aún. Fue convocado a Edo y el shogun le otorgó el titulo sacerdotal de hogen. Murió a los 67 años-.

La elegancia, finura y trazos delicados de los grandes maestros japoneses están presentes; son la esencia de su pintura.

Corinne (Michael) West

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Reproducciones: 1º Sin titulo,1970–71; 2º Dancing figure 1962; 3º Santuario Cythera, 1979 ;4º Estudio espacial, 1964; 5º Tótem Cubista 1975

Corinne (Michael) West, fue una pintora que, aconsejada por su amigo y amante Arshile Gorky, firmaba con el nombre de Mikael West, como si se tratara de un hombre. Volvemos a prejuicios sobre las mujeres artistas, poco o nada consideradas, como fue el caso de George Sand y George Elliot, que también firmaban con nombres masculinos. Si no fuera tan dramático, me moriría de risa, porque las obras de las pintoras de cualquier época no tienen nada que envidiar a las de sus homólogos masculinos y en muchos casos les superan, pero seguimos viviendo en un patriarcado realmente devastador en muchos casos. y de eso, no hace nada; solo hay que fijarse en los años en que están fechadas sus obras. El caso de Aurelia Navarro, que puse hace poco, es otro ejemplo sangrante, hasta el punto de terminar en un convento. Nacida en Chicago, West comenzó estudiando música, pero después se pasó a la pintura, estudiando en N. Y. con distintos maestros. Tras graduarse, comenzó a pintar como los cubistas y neocubistas. En 1936 realizó su primera exposición individual; en 1946 expuso en N.Y. en la galería Pinacotheca junto a Mark Rothko y Adolph Gottieb. En 1948 se casó en Manhattan con el cineasta Francis Lee. West fue una de las pocas pintoras mujeres miembros del movimiento de la Escuela de Arte de N.Y. Se inspiró en las teorías existencialistas de Bergson tan en boga en esos momentos sobre la «energía viva». En los cincuenta se dedicó a la acction paintig como una consecuencia lógica en obras como «Space Poetry» de 1956. Siguió exponiendo en las más prestigiosas galerías de N.Y. Después siguió experimentando con collages, caligrafías y tinción. Murió en 1991 en N.Y. Cinco años después de su muerte se hizo una retrospectiva de su obra en la Casa Pollock- Kresner y con posterioridad en la Galería de Art Resource Group en Newport Beach, California en 2010. Está considerada una de la pioneras de expresionismo abstracto. Afirmó que su pintura fue una respuesta a la destrucción de la bomba atómica y a las tensiones que surgieron de la Guerra Fría.

Macarrones con atún

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He descubierto una bechamel que venden en break que es tan buena y cremosa que paso de hacerla en casa. Esta receta es fácil y muy rápida de hacer. Hervimos los macarrones; a mi la pasta al dente no me hace mucha gracia prefiero que esté un pelín más hecha, que me perdonen los italianos, pero en este caso como después va gratinada al horno la hago al dente. Una vez hervidos en agua con sal, los escurrimos. Abrimos unas latas de atún en aceite, el break de bechamel y lo mezclamos todos en un recipiente para el horno, Cubrimos por encima con bastante queso rallado y listos para gratinar. ¡Y buen provecho!

La olla

La bandada de mirlos le hizo levantar la cabeza. ¡Los muy ladinos siempre dejaban sus cagadas por el suelo y ahora encima de los cojines de los sillones del jardín! Estaba harta. Un día de estos cogería la escopeta de perdigones y ya verían lo que es bueno. La olla a presión silbaba la monserga de siempre y también estaba hasta el moño de ese aparato que Silvestre le trajo un día como quien regala un abrigo de visón; y es que lo estaba viendo venir, como aquel día, tan ufano, con aquella caja enorme que dejó encima de la mesa de la cocina y, claro, me temí lo peor. Nadie deja un regalo que valga la pena encima de… en fin, se me hace mala sangre y la olla pita que te pita. No si un día de estos la tiraré a la basura, pero no quiero ni pensar la pelotera que me iba a montar. Después de treinta años y me regala ese adefesio que me da cada susto… El otro día sin ir más lejos estuvo a punto de explotar, pero nada, esos aparatos infernales son más duros que los chuscos de pan de la posguerra. Total, que mientras barro los excrementos que los mirlos han dejado en el jardín con la escoba vietnamita, su último regalo, exótico eso sí, decido que me voy a ir a casa de la vecina de palique un rato y que le den morcilla a la olla a presión.