La esperada primavera

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Fotos, Bárbara

Estas fotos pertenecen a una serie que hice hace unos años y que me apetecía subir ahora, cuando el polvo sahariano lo cubre todo. Dicen que cada vez será más frecuente este fenómeno y digo yo que será cosa de la globalización, es un decir, pero si eso es también el efecto de la desertización a la que estamos abocados, será cuestión de buscar unas chilabas y hacernos al ánimo.

Amanece en Estepona

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Fotografía, Pedro Villarejo

Magnífico amanecer en Estepona, donde los malvas y rosas componen un paisaje marino de ensueño. Cielo y mar son la misma cosa; todo se impregna y se contagia, se funde como en un espejo transparente. Donde acaba uno y empieza el otro es trabajo para un párpado que aún se despierta con las primeras luces del alba.

La niebla

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fotografía, Jero García

Este es el ejemplo de que, según dicen, una imagen vale más que mil palabras. Gracias Jero por esta imagen que me llega desde Ceuta.

Contra el viento

Decían que venía desde el golfo de León, a nosotras nos daba igual de donde viniera. El caso es que soplaba con una fuerza tremenda, y era como oír el aullido de los lobos. De toda una jauría. Ese sonido era el preludio, señal de que nos aguardaba. El realidad no, éramos nosotras las que lo esperábamos. En el plano de S. Francisco confluía ese viento con el que venía del puerto y se anillaban, se enroscaban como volutas de humo. Esperábamos ansiosas durante las primeras clases de la mañana, pensábamos que no cese, que no cese, así hasta la hora del recreo. Aquel viento tenía nombre, era la Tramontana, nombre sonoro que lo describía a la perfección. Cuando soplaba la mañana se nos hacía eterna. No nos dejaban salir en el primer recreo y las cuatro comíamos el bocadillo a toda prisa como para apresurar el momento y entonces la sobrasada de payés que tanto me gustaba podía haber sido cualquier otra cosa. Solo prestábamos atención al viento. Y «el que no cese, que no cese» era como las cuentas de un rosario mental que rezábamos calladas. Después de aquel recreo venía la clase de literatura con aquel profesor mayor que quería adoptar a mi hermana. !Qué historia aquella! A todo esto el viento iba y venía y nosotras detrás de las ventanas oyendo, pero sin escuchar al profesor de turno. Mirábamos los cristales como si estos ocultaran un mensaje que venía de lejos, de otras tierras. Mientras la Tramontana hacía su trabajo también en los campos, inclinando, doblegando los árboles en su dirección que era como poner su firma en el paisaje. De modo que toda la isla tenía su sello. Domesticaba el paisaje a su antojo y eso me maravillaba; los acebuches, los pinos, todos en la misma dirección como en un desfile militar. No recuerdo otro viento como ese y mira que he vivido en lugares muy distintos y distantes en mi vida. Pero ese es el viento de mi infancia, ¡caray que suerte he tenido! Porque otros no tienen ni nombre ni a lo mejor se sabe de donde vienen. Este sí, era, por así decir un viento con linaje. De alta alcurnia, me parto de risa solo de pensarlo. Cuando por fin sonaba el timbre del segundo recreo, salíamos a la estampida las cuatro, bien abrigadas con nuestras trencas. Y entonces era el momento tan esperado; a la de tres salíamos del instituto corriendo como locas contra el viento que nos empujaba con toda su fuerza y, corríamos con la boca abierta llenándonos de Tramontana, como peces fuera del agua, con los brazos abiertos, sin parar, sin parar hasta llegar exhaustas a tocar el borde del muro. Exhaustas, sin respiración. Y una vez allí contemplar el puerto, las bateas de mejillones, la base americana y las gaviotas que también iban de aquí para allá como el viento. En esa carrera loca siempre ganaba la Tramontana y nosotras que desgranábamos los días felices de la infancia.

El Lyceum

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El Lyceum Club Femenino de Madrid fue una organización pionera en España. A imagen y semejanza del Lyceum Club de Londres es una organización cultural y laica creada en 1926, que luchó por la igualdad social y jurídica de las mujeres. Después del de Londres, creado por la escritora Constance Smedley en 1903, surgieron otros en distintos lugares del mundo. Una de las grandes impulsoras en España fue Carmen Baroja y otras destacadas como Victoria Kent, Zenobia Camprubí, Isabel Oyarzabal y María de Maeztu ocuparon puestos relevantes en la dirección de la entidad. El LCF fue un lugar para compartir ideas, un espacio donde luchar por los derechos civiles de la mujer española. Como es fácil de entender, la Iglesia Católica y el patriarcado, que reducían a la mujer al ámbito familiar, reaccionaron en contra de forma furibunda, pero la sociedad existente se estaba resquebrajando. El sufragio femenino se logró gracias a la lucha de Clara Campoamor y, del mismo modo, se logra la retirada del artículo 438 del Código Penal que penaba solo con el destierro el asesinato con el que el marido castigaba el adulterio de su esposa. Las integrantes del LCF sufrieron todo tipo de insultos y escarnio público; para ello, las abogadas Victoria Kent y Matilde Huici tomaron cartas en el asunto para defender su dignidad. Otras socias destacadas fueron Mª Teresa León, Concha Méndez, Maruja Mallo, Elena Fortún, Victoria Durán, Hildegart Rodríguez, Ernestina de Champourcín… Mª Teresa León decía que había que «adelantar el reloj de España».

La importantísima labor del Club se vio interrumpida por el golpe militar del 36, que supuso el exilio para todas ellas; pero no solo eso ya que sus nombres fueron borrados como si sus tareas no hubiese existido, como borrando el pasado y sus logros, y se volviera a condenar a las mujeres a ser «las reinas del hogar». El LCF fue confiscado por la Falange y la Sección Femenina lo convirtió en El Club Medina. Sin palabras.

Después de la poda

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Fotos. Aurelio

Después de la poda, a esperar la llegada de la primavera. El sol de la tarde dora las ramas, que despojadas de todo lo superfluo, se muestran desnudas. Este desolado panorama, no obstante, presagia nuevos brotes, el nuevo ciclo que se renueva. Desde mi jardín los bambúes acompañan la poda; ellos son los únicos que no brotarán, pero les acompañan en este ciclo de vida.

Lou Andreas-Salomé

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Fotografías: Lou c. 1897, München; Nietzsche, Lou y Paul Rée ; Friedrich Carl Andreas y Lou.

Lou Andreas-Salomé según Freud era «Una mujer de peligrosa inteligencia» y la única aceptada en el círculo de Viena. Lou nació en San Petersburgo en febrero de 1861 y se dedicó al psicoanálisis y al análisis y a la creación literarios. Se rodeó de artistas, escritores y científicos de finales del siglo XIX y principios del XX. Sin duda fue una adelantada a su tiempo. Con dieciséis años estudió filosofía, teología, religión, literatura francesa y alemana. Estudió en la universidad de Zúrich una de las pocas donde las mujeres tenían acceso a la universidad. En Roma, con 21 años, conoció a Paul Rée, quien sería su amante durante un tiempo, y a Friedrich Nietzsche con quienes establecería un trío intelectual. Una foto en la que aparecen los tres y en la que Lou conduce un carro vino a expresar ese pacto. Nietzsche le propuso matrimonio y ella no aceptó. En 1894 escribió un ensayo sobre la personalidad de él bajo el título de «Friedrich Nietzsche in seinen Werke» y sobre su filosofía; en él, lo definió como «un genio religioso enfrentado a la muerte de Dios» Los tres viajaron por Italia junto con la madre de Lou. En 1889 conocería a Carl Friedrich Andreas con quien se casaría, aunque debió de ser un matrimonio muy particular ya que vivieron en casas separadas y se dice que tampoco mantuvieron relaciones íntimas; permanecieron casados hasta la muerte de este en 1930. Mantuvo una relación amorosa con el poeta Rainer Maria Rilke que duró varios años y se conserva la correspondencia de ambos hasta la muerte del poeta. En Viena Andreas-Salomé visitaba el Hof Atelier Elvira un lugar de encuentro para lesbianas y gays. El mejor libro de Lou y el primero es una novela autobiográfica «Im Kampf um Gott» (1885), que tuvo un gran éxito, con una prosa muy cuidada. En 1911 conoció a Sigmund Freud e inmediatamente se interesó por el psicoanálisis y, a partir de 1915, comenzó a pasar consulta en la ciudad alemana de Gotinga, ciudad donde murió en febrero de 1937. Otros libros de Lou son «Hedrik Ibsens Frauengestalten» sobre los personajes femeninos de Ibsen; «Narzissmus als doppelrichtungen»; «Grundris einigen Lebenserinnerungen» y «Lebensrüchblick», estos dos últimos fascinantes para conocer sus puntos de vista sobre las personalidades que conoció, con las que convivió y sobre su propia vida. Una vida apasionante sin género de dudas.

La flor del almendro

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Foto: Jesús Juárez

Impresionante fotografía que refleja muy bien el momento en que los almendros comienzan a florecer en estas latitudes. En esta época invernal pasear por el campo contemplando esta maravilla, me lleva a sentir la emoción que profesan y sienten los japoneses cuando, con un sentido casi religioso, van a contemplar cómo florecen los cerezos. Nuestra cultura no es tan delicada ni siente la devoción por la naturaleza y sus prodigios como ellos, aunque creo que los más jóvenes son más ecologistas y respetan el medio ambiente como nunca antes. Eso es tan positivo como el sentido animalista, de modo que vamos por buen camino. ¡Gracias, Jesús, por esta belleza!

Pollo al limón con couscous.

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Foto, Aurelio

He de decir que a mi el couscous me encanta y esta receta aúna la simplicidad con un resultado espectacular. No es la del pollo al limón que más o menos conocemos muchos, no tiene nada que ver. Es otra cosa también muy buena y realmente deliciosa.

Ingredientes:1 limón, 3 dientes de ajos, 5 cucharadas de AOVE y un poco más para aliñar, 2 pechugas de pollo fileteadas, 50 gr. de cebolleta, 175 gr. de judías verdes redonda, un puñado de hojas de menta o hierbabuena, un puñado de perejil, 200 g. de couscous (cuscús), 250 ml. , 250 ml. de agua, sal y pimienta.

Quitamos la parte amarilla de la piel del limón (la parte blanca amarga). Pelamos los dientes de ajo. Batir con una batidora, la piel del limón, su zumo, los dientes de ajo y tres cucharadas de aceite de oliva virgen extra hasta que quede una pasta basta. Salpimentamos el pollo y las untamos por ambos lados con esa pasta, las ponemos en un recipiente, tapamos y dejamos en la nevera mientras seguimos preparando los ingredientes. Lavar y picar la cebolleta. Lavar y cocer al dente las judías verdes cortadas en tres o cuatro partes iguales. Lavar las hojas de menta o de hierbabuena y el perejil, secarlas y picarlas muy bien. Ponemos el couscous en un bol, vertemos por encima el agua hirviendo, tapamos y dejamos reposar varios minutos; suficiente para que se haga. Ponemos en una sartén 2 cucharadas de aceite y en ella cocinamos los filetes de pollo cortado en tiras. Finalmente mezclamos el couscous con la cebolleta, las judías, la menta y el perejil con las tiras de pollo y condimentamos con aceite de oliva sal y pimienta al gusto. ¡Et voilà!

Una luz prodigiosa

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Fotografía de Jero García

Una luz impactante, los colores propios de un atardecer que en el mar se diluyen como en una acuarela de tonos brillantes, de plateados y amarillos que doran el momento. La naturaleza pinta de colores nuestras vidas…