Para los amantes del buen beber y del mejor yantar nada mejor, en los momentos de crisis, que soñar con cochinillos al horno o terneras con los caretos de los responsables de la crisis mundial que nos atenaza, ensartadas al más genuino estilo pampero. ¡Soñar es gratis, no aporta calorías y, al despertar, esas imágenes algo consuelan! Propongo, para esta época de contrarreforma, una vuelta revisada y aligerada (de mantecas de cerdo) a las recetas de la posguerra.
CREMA SUPREMA CON TEXTURA DE NATILLAS Y UNA NUBE DE PEREJIL
Ingredientes para 6 personas:
9 huevos ( son muchos huevos pero, si se tiene colesterol, ni caso; en la posguerra no había colesterol, había hambre; si vive en un pueblo y tiene el gallinero del vecino a mano, mejor que mejor), caldo de pollo (1 carcasa, 1 trozo de apio, 2 zanahorias o una XXL; en cuanto dé un hervor, se retiran y guardan para otra sopa), un poco de cúrcuma para que aporte colorcillo y sabor, y un poco de perejil de la maceta.
Las 9 yemas se baten bien, haciendo otro tanto aparte con 3 claras. Se mezclan en una cacerola, despacio y sin dejar de batir. Apartamos del fuego la cacerola y echamos lentamente el caldo colado y muy caliente. Añadimos como unos tres cuartos de litro y ponemos a cocer al baño María hasta que queden como unas natillas. Las claras sobrantes se cuecen también al baño María y, cuando estén, se parten en tiritas finas echándolas en la sopa. Adornamos con el perejil muy picado a modo de nubecilla. Buena no sé si estará pero saciar, sacia. Después unas buenas torrijas caseras y a dormir la siesta a calzón quitado o en su defecto lo que llamamos la «siestecilla del perro».



