El zapato de tacón de la cabra de Picasso

Cabra de Picasso. Museo Picasso. Foto: Bárbara

Situado en el Marais,  muy cerca del  Musée  Carnavalet,  le Musée Picasso, 5 rue Thorigny, está alojado en l’Hôtel Salé un palacete del siglo XVI cuyo propietario era recaudador de impuestos sobre la sal. Al correr de los años pasó de ser propiedad privada a albergar una biblioteca, luego un colegio donde estudió Balzac y con posterioridad, Escuela de Artes y Oficios. En 1962 fue adquirido por el Ayuntamiento de París. La colección es el resultado de la donación de Picasso y de su viuda al estado francés: pinturas, esculturas, cerámicas, dibujos, fotografías, obras de arte africano y de Oceanía, importantes obras de otros pintores (Cézanne, Matisse, Braque, Miró…), cartas, manuscritos y documentos. El recorrido que comienza, por orden cronológico, en el primer piso termina en la planta baja. Y es allí, en la planta baja, muy cerca del jardín, donde uno se encuentra de pronto con esa cabra que luce un zapato de tacón portentoso en un giro de tango porteño y arrabalero que te lleva a las madreselvas en flor y a Carlitos Gardel con toda la añoranza. La otra cabra, la más conocida en bronce,  esta en el jardín, muy cerca, para que puedan balarse mutuamente a ratos sin grandes impedimentos.

Los sauces llorones del Sena

Sauce llorón a orillas del Sena. Foto: Bárbara.

¿Alguien sabe por qué al sauce llorón le cayó ese ladrillo? ¿Se merece, el pobre, este adjetivo? Por qué llorón y no grandón, vistosón, fatigón, huevón, cagón, mariposón, meón, orejón… Pongámonos como nos pongamos un sauce siempre será lo que es; lo que tienen los adjetivos es que califican, si no calificaran sería menos doloroso, y él gesticularía menos. ¿Han visto cómo se mueve en días de viento?; la cosa se puede suavizar dependiendo de quien sea el que califique y él se podría sentir reconfortado porque el sauce, por tener, tiene hasta empatia; supongamos que el que lo hizo por primera vez fuera un poeta lamentoso, relamido, alambrequinado, en trance de perderse en absurdas divagaciones góticas, porque vio a la Estirga sobrevolar los puentes convertida en ave nocturna. El poeta al final pudo llorar sobrecogido, al tiempo que le nacía un poema y se  interrogaba, respecto del sauce: «Un sauce grandón no tendría sentido, sería como decir un manzano grandón y un sauce vistosón, y uno fatigón tampoco, pero si le llamamos llorón resulta quizás cursi, pero tierno y hasta simpaticón…»

Indignados

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Indignado hasta la náusea

Indignados hasta la náusea por los asesinatos en Toulouse: son niños, como en Siria, como en África donde  mueren de hambre. Son niños. En cualquier caso son niños. La depravación moral a la que llegan ciertos sujetos que siegan la vida de inocentes no tiene justificación ni religiosa ni ideológica. El asesinato a sangre fría de niños en Toulouse es tal aberración, que solo un monstruo es capaz de ejecutarla. El fanatismo es el mayor enemigo al que nos enfrentamos; también los del tercer mundo son victimas por la desidia de los Estados y de cada uno de nosotros. Estamos de luto; esos niños, todos ellos, son hijos  nuestros. Y solo a nosotros nos incumbe cambiar las cosas. No valen excusas; es ya hora de entrar en acción. Solo con la indignación no vamos a ningún sitio, hay que ponerse en marcha, como Gandhi podemos andar el camino… marcar una ruta nueva.

Un Gauguin diferente: The Moon and Sixpence.

Gauguin: "Autorretrato".

William Somerset Maugham, escritor británico (1874-1965), supo desde el arranque de su carrera literaria lo que era saborear el  favor del público y de cierta parte de la crítica; su novela «Servidumbre Humana» fue un éxito rotundo, igual que la obra teatral «Lady Frederick». Fue un escritor prolífico que abarcó no solo la novela y el teatro sino ensayos, narración corta y libros de viajes.  En 1944 publicó «Al filo de la navaja» ( The Razor’s Edge), su novela más conocida, que fue llevada a la pantalla. Viajero infatigable, en 1916 se embarcó hacia el Pacífico para documentarse sobre la vida de Gauguin en las islas y de cómo se desarrolló la vida del pintor hasta su muerte. La novela «The Moon and Sixpence», publicada en la colección «Los Clásicos del Siglo XX» de Ediciones G.P.  (1967) Barcelona bajo el titulo de «Soberbia», es una aproximación al ambiente familiar burgués al que renuncia en pos de su sueño artístico, tardío por cierto, siempre en busca de una belleza extraña que solo encontró en una isla verde, Tahití, donde los pimenteros podían ser lilas como las plantaciones de cocoteros y de vainilla. Del «indígena» en que se convirtió Gauguin, llamado en la novela Strickland, Somerset Maugham dice: «Era un peregrino eterno, absolutamente obsesionado por una divina nostalgia, y el demonio que llevaba dentro era implacable»  El otro Gauguin, el más conocido, es el que se revela a través de las «Cartas a Theo» , las que escribió Vincent van Gogh a su hermano o el Paul Gauguin que se desprende de «Escritos de un Salvaje»  de Ed. «Debate», escrito por el pintor, donde se muestra una genial personalidad, mas sobre todo un intelectual sagaz, muy culto, que disecciona la práctica del arte de su época. Imprescindibles para quien quiera acercarse tanto a su peripecia vital de aventurero como al precursor de la pintura moderna junto con van Gogh. Ambas personalidades son antagónicas y difíciles de encasillar, pero geniales.

La Estirga tiene su punto musical

La Estirga tiene su punto musical

La Estirga tiene sus momentos musicales; está acostumbrada a los conciertos de órgano de los domingos y al sonido de la campana más grande de la catedral. Esta campana, la mayor,  fundida en el siglo XVII y que pesa más de 13 toneladas, tiene, como toda que se precie, un nombre largo, Emmanuel, Ludovic, Marie- Thèrese, ¿bonito no?; de los apellidos no se sabe nada, pero ni falta que hace; el badajo pesa 5oo kilogramos y dudo que el Jorobado pudiese con ella, en fin… En cuanto a sus gustos es bastante ecléctica, se diría que depende del momento, del día y del espectáculo que los hombrecitos desde abajo le ofrecemos. Hoy está asi de romántica y de tierna, y yo le aplaudo su buen gusto, porque como es natural hay momentos en los que coincidimos y otros en los que no. Especialmente dedicado a los amigos de Lleida.

Lechugas rebozadas

Arcimboldo: "Retrato del verdulero"

Seguimos en tiempos de crisis y la que nos rondará morena… Habrá que seguir agudizando el ingenio y acudir a las recetas de la abuelita.   Esta (receta, no abuelita) aparte de ser sana es barata y fácil de hacer.

Ingredientes para 6 personas: 6 cogollos de lechuga, harina, 1 pechuga de pollo, 150 gr. de chorizo, 6 huevos, aceite de girasol (que es más barato),  1 bote de aceitunas rellenas, perejil y caldo del tipo que sea.

Picamos el pollo, el chorizo y medio bote de aceitunas. Hacemos un picadillo con la yema de cuatro huevos duros. Tostamos en una sartén dos cucharadas de harina y añadimos los picadillos; los salpimentamos y rehogamos todo. Abrimos los cogollos con cuidado, los rellenamos con el picadillo anterior y los atamos. Pasamos los cogollos por harina y huevo batido. A continuación los freímos en aceite muy caliente y los ponemos sobre celulosa para que absorba el exceso de aceite. En una cazuela calentamos el caldo, añadimos el resto de las aceitunas cortadas en rodajitas y dejamos que reduzca como si fuera una salsa;  agregamos los cogollos, dejando cocer unos cinco minutos. Añadimos el perejil picado. Si los acompañamos de arroz blanco tendremos un plato único sano y sabroso.

Arcimboldo: "Retrato del verdulero" al revés. Magnífico bodegón.

Remedio Casero

Durero no tenía problemas de calvicie

Acaba de caer en mis manos, de un antiguo recetario, un consejo práctico que no tiene desperdicio y dice así: «Para lavar la cabeza lo mejor es el alcohol, por ser a la vez fortificante y desinfectante» (¡qué bárbaros!). Y continúa: » Si comienza a caerse, conviene investigar la causa, pues muchas veces consiste aquélla en intoxicaciones gástricas o intestinales, en infecciones de sangre o esfuerzos intelectuales exagerados. La cabeza debe lavarse totalmente, cuanto menos una vez cada quince días, siempre por la tarde, y mejor por la noche» (el motivo no se especifica, pero debía ser complicado ir lavándola por partes). «Para que no se caiga el pelo conviene la ventilación y guardar la cabeza de corrientes de aire frío, prescribiendo en absoluto el mojarla con agua fría». Y termina dicho consejo: «En cualquier caso si la caida es total, sin dejar rastro, lo que significa la muerte del bulbo, no se inventó todavía el remedio». Genial ¿no? ¡Hay que ver lo que pensaban nuestros ancestros!

Economía

Bajo el titulo ¿Qué proyecto para España?, César Molinas ha publicado en El País, en las páginas salmón de Economía, tres artículos en los que hace un lúcido análisis del porqué España necesita remedios específicos para salir de la crisis dentro del marco internacional.  Recomiendo su lectura sosegada, son conceptos y juicios muy esclarecedores. El primero del día 2/3/2012, «España, capital Madrid»; un «capitalismo castizo» basado en la proximidad del poder sigue siendo la forma de capitalismo dominante en el país. El segundo del día 9/3/2012, «Consecuencias actuales de la guerra del Peloponeso»; durante siglos, España ha sido una sociedad refractaria al cambio; su transformación requiere el apoyo a la innovación. Y el tercero del día 18/3/2012, «¿Existe el problema catalán?»; España necesita un proyecto de futuro más audaz, motivador y urgente que otros países europeos para salir de la crisis.

La Legión de Honor para A. Escoffier

A  August Escoffier, el gran cocinero, el primero en recibir la Legión de Honor, le debemos entre muchas otras cosas que dignificara la profesión de cocinero. Nació el 28 de octubre de 1846, buena fecha para nacer bajo el signo de Escorpio; muchos lo consideran el padre de la «haute cuisine», sin embargo lo que hizo fue modernizar y simplificar el estilo anterior.  Durante la guerra franco-prusiana estudió la técnica de las conservas en lata. Trabajó en Niza, Montecarlo, Lucerna y en el Savoy de Londres. Junto con Ritz creo el Hôtel Ritz de París y otros muchos por todo el mundo. Diseñó las cartas de los más lujosos transatlánticos de la época, entre ellos la del Titanic. En 1903 publicó su «Guide Culinaire», aún hoy libro de texto imprescindible para los profesionales, y en 1911 «Le Carnet d’Epicure». En el 2006 la Ed. Flammarion reedita «L’Aide-Memoire Culinaire» en una edición facsimilar prologada por su nieto Michel, obra tan necesaria como la «Guide Culinaire»  para cualquier amante de la cocina, que cada vez somos más.

Indignados

Más que indignado ya...

Se habla estos días de que la población aterrorizada de Siria intenta huir hacia las fronteras de Turquía, Líbano y Jordania. Se calcula que hay ya unos 15.ooo refugiados en Turquía. Por su parte el gobierno de Ankara hace un llamamiento para que los turcos que viven en Siria salgan del país. Lo inconcebible es que Rusia al tiempo que defiende un alto el fuego de las dos partes, siga vendiendo armamento y, lo que es más terrible, minas antipersona al régimen alauí, minas con las que el ejercito está cubriendo las distintas fronteras, de modo que la huída puede convertirse en una trampa mortal. Se sabe además que hay miles de desplazados de sus casas dentro de Siria. ¿Cómo sobreviven estos desplazados internos? Sin la posibilidad de crear una zona de exclusión aérea, como se hizo en Libia, o de corredores humanitarios para poder hacer llegar ayuda a la población, vivir el día a día debe ser dantesco. Mientras, ¿qué pasa en Occidente? En Occidente no pasa nada; la vía diplomática no está dando resultado; los estados que no son partidarios del régimen tampoco lo son de armar a los rebeldes, aunque se cree que algunos países árabes están haciendo llegar armas al Ejército Sirio Libre. ¿Y qué pasa con nosotros, ciudadanos demócratas occidentales? Nada, no pasa nada, seguimos indignados con nuestras cosas, que ya son, no digo que no, pero  frente al terror, frente a los asesinatos hay que salir a la calle. ¡Salgamos de una vez! ¡A qué estamos esperando!