Nuevo mes estival, inicio de vacaciones para muchos y el sol dorando las plantas…
Fotos: Bárbara
El tronco viejo posee la belleza natural que los años han ido depositando en su corteza; brillan con luz propia las heridas que la vida le ha ido infringiendo… como arrugas que orgulloso no intenta ocultar. Un día quiero tener en mi piel las arrugas del tronco viejo y presumir de todo lo que habré vivido… y, en cada surco, lucir un pellizco de vida.
Esta receta, sorprendentemente fresca, de sabores originales muy bien combinados, es una creación de Aurelio Serrano García con la que nos obsequió este mes de julio en su casa de Alicante. Nuestro hijo tiene un gusto especial para la cocina y la que hace es muy creativa, nueva y debo decir que exquisita. Estoy convencida de que el gusto y el placer por el buen comer se transmite en el hogar de padres a hijos, de abuelas sabias y de tías reposteras… es un decir. En este punto me pongo la medalla al mérito y él también porque a su hija, con casi tres años, da gusto verla comer de todo y encantada en dejarse sorprender. Hoy, por el tipo de vida que llevamos, con los niños comiendo en comedores escolares, sin tiempo para guisar y comiendo los fines de semana en grandes superficies… es bien difícil iniciar el camino del amor por la buena mesa y el buen yantar. Pero el esfuerzo merece la pena, ya que al final, alrededor de una mesa, se comparte felicidad y alegría.
Ingredientes: Placas de canelones que pueden ser de las ya precocidas, 1 lata de bolitas de anchoas, 1 de seudo caviar, aceite de oliva, unas hojas de cilantro, humus (puede ser de los preparados).
Es realmente fácil y el resultado es espectacular. Rellenamos las placas con el humus, al que añadimos las hojas de cilantro picadas; enrollamos. Ponemos por encima las bolitas de anchoas y las del seudo caviar. El contraste entre el humus y las bolitas con fuerte sabor a mar es extraordinario. Acompañado de un buen vino blanco fresco de Alicante como el Marina Alta una delicia.
Fotos : Bárbara.
Otra manera de encarar el paisaje en esta aguada que realizó el pintor en su anhelado viaje a Tahití, paraíso de su admirado Gauguin. Es en los años treinta cuando al final pudo realizar su sueño. En esta obra, singular, los mástiles del barco casi al centro son el eje alrededor del cual el resto de los elementos, las nubes, los árboles, parecen dotados de un gran movimiento; paradójicamente el barco está varado, encajonado, quieto. La línea del horizonte, con esas nubes, contribuye a aplastar, a situar el barco blanco, girado hacia la derecha, en esa quietud del mar. La cortina con motivos blancos como el barco es el nexo de unión entre los dos planos. Divertida, alegre, esta aguada de gran proporción refleja la alegría de vivir, el juego permanente de Matisse; los colores planos, puros y la simplificación son ya precursoras de las posteriores aguadas recortadas.
Fotografía de AP Charles Dharapak
2014 © chelopuente
Gaza… 650 muertos civiles palestinos, hasta ahora.
Parece que nada cambia, que la locura de los gobiernos es una onda que se transmite desde cualquier tiempo, en cualquier época; el odio es un gusano que se enquista y, larvado, permanece durante años en la sociedad que se va corrompiendo poco a poco y, cuando es la hora, los gobiernos apelan, despiertan los sentimientos más bajos, los instintos salvajes de la masa que, enloquecida, se prepara para masacrar al contrario corrompido a su vez por el mismo veneno… el odio se propaga como una honda de generación en generación. El fanatismo está servido y el patriotismo es su bandera.
Esta obra de Picasso, «Masacre en Corea», está inspirada en al cuadro de Goya «Los fusilamientos del 3 de mayo», donde el pintor aragonés plasmó el horror del pueblo español fusilado por las tropas francesas. Nada nuevo en la historia del arte. Picasso pintó esta obra en 1951, cuando la guerra de Corea estallaba, contra las conciencia de los que, ajenos al conflicto, se preguntaban de nuevo el porqué de una guerra sin sentido. Este cuadro de Picasso no tuvo la repercusión que se esperaba tras el Gernika; se esperaba otro similar y, sin embargo, la fuerza de los cuerpos desnudos indefensos en su pureza frente a unos soldados estadounidenses con unos cascos clásicos (¿griegos?), intemporales, me produce una impresión más impactante; de modo que, y siempre desde una interpretación muy personal, esta obra resume la locura de todas las guerras, el horror de todo exterminio; la fuerza simbólica de esos cascos sin más identificación que, como máquinas de matar, es terrible…
Y Gaza…. 650 muertos civiles palestinos, hasta ahora. ¿Y es que nadie puede parar esta masacre? ¿Por qué el paraguas de EEUU sobre Israel? ¿Por qué Israel masacra como se masacró a los judíos…? Tanto rencor aún…, tantos porqués cuya respuesta todos sabemos; pero nunca el saber ha servido tan poco como ahora en el caso de la franja de Gaza. Distintos gobiernos se amparan en el terrorismo del contrario para realizar terrorismo de Estado… ¿Existe diferencia?
¿Cuantos muertos palestinos vale un muerto iraelí?
Y los niños inocentes…