Picasso en la intimidad de su estudio

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Picasso en su estudio de París, 1944

 

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Picasso ante «Le couple» (1970) en Mougins, en su 89 cumpleaños

En la primera fotografía, Picasso nos sorprende con un modelo de albornoz con cinturón ancho ultimo grito, zapatillas a cuadros a juego con el gorro que lleva un pompón. En la segunda luce una albornoz de mejor factura; son tiempos de bonanza y se nota en la calidad de la prenda. Mon dieu!!!

Edvard Munch

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«Invierno», 1912. The Munde Museum, Oslo.

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«La tormenta», 1893.

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«El día después», 1894-95. Nasjonalgalleriet, Oslo.

Pintor y grabador noruego que nació en Loten en 1873 y falleció cerca de Oslo en 1944. Su sentido trágico de la vida estuvo cimentada en la pérdida de sus seres queridos a temprana edad. Vivió en Berlín y frecuentó París donde toma contacto con los movimientos vanguardistas del momento, sintiendo admiración por Toulouse-Lautrec y Gauguin. Clasificado como simbolista su estilo, sumamente personal, acentúa la fuerza expresiva de la linea, el color no naturalista y el esquematismo. Pronto se relacionó con las esferas políticas y literarias, siendo de destacar su colaboración con el dramaturgo Henrik Ibsen para el que diseña el vestuario y los escenarios de la obra Peer Gynt en 1896. Tras sufrir una enfermedad nerviosa provocada por el abuso del alcohol y por un desengaño amoroso, salió de un hospital siquiátrico en Copenague totalmente restablecido. En 198 vuelve definitivamente a Noruega donde residió hasta su muerte. En 1944 fallece cerca de Oslo y cede a esta ciudad las obras que obraban en su poder. La trayectoria de Munch, como la de tantos pintores, se inicia con obras impresionistas, pero su estilo se va adecuando a su necesidad de expresar la angustia del ser humano y su  vulnerable condición y sufrimiento. «El Friso de la vida» (1893-1918) recoge sus obras más representativas y 22 de estas pinturas se expusieron, en 1902,  con el grupo berlinés Sezessión en las que de nuevo plasma la desilusión del fin de siglo y el hombre como ser sufriente zarandeado por el destino. Las pinturas de Munch decoran el Paraninfo de la Universidad de Oslo; en la Nasjonalgalleriet de Oslo se encuentra «La cámara de la muerte» y «El beso» donde plasma la muerte de su madre y de su hermana. La obra más conocida de Munch sin duda es «El grito», en la Nasjonalgalleriet de Oslo, donde se refleja la angustia y el horror del ser humano.

Olga Della-Vos-Kardovskaya

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Retrato de Anna Ajmatova, 1914, State Tretyakov Gallery

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Retrato del artista Dimitry Kardovsky, 1913

Pintora y artista gráfica, Olga nació el 2 de septiembre de 1875. Hija de un funcionario, realizó estudios de arte en Karkov y posteriormente, en 1894, en San Petersburgo, en el Instituto de Arte de Superior de Pintura, Escultura y Arquitectura en la Academia Imperial de las Artes. Estudió con Savinsky y en el estudio de Repin donde conoció al que fue su marido, DN Kardosvky. En 1899 el matrimonio se fue a vivir a Munich y con posterioridad a Crimea y a Alupa. El mejor periodo de Olga como artista se produjo entre 1900 y 1910 cuando, bajo la influencia del Simbolismo y del Art Nouveau, su paleta se satura de verdes, rojos y azules, con contornos bien definidos y pinceladas decididas. En 1903 funda con otros colegas la Nueva Sociedad de Artistas y participa en todas las exposiciones hasta 1917 y en las exposiciones mundial de Roma, en la de la Unión de Artistas Rusos y en la de la Asociación de Artistas de Moscú. Realizó distintos viajes por Suiza, Florencia y Roma; fue propuesta como académica, pero los acontecimientos revolucionarios impidieron su realización. En 1923 participó en la exposición de la Asociación de artistas de la Rusia Revolucionaria. Expuso en Nueva York en 1925 en una colectiva de arte ruso. Vivió en Moscú, donde impartió clases de dibujo en los talleres de arte industrial; fue evacuada durante la guerra y finalmente vivió en Leningrado. Sus pinturas y dibujos se pueden considerar lo mejor de la llamada Edad de Plata. Sus obras se encuentran en muchos museos y colecciones privadas, en la Galería Estatal de Tretyakov, el Museo Estatal Ruso y el Museo Estatal de Bellas Artes.

El kimono

 

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Serie «El kimono». Foto: Bárbara

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Serie «El Kimono». Foto:     Bárbara

Oriente y Occidente, lo lejano y lo que considerábamos exótico está hoy al alcance de la mano; el mundo se ha ido encogiendo y se puede decir con más propiedad que nunca que es un pañuelo. La televisión, los medios audiovisuales nos hacen sentir liliputienses, sin ánimo de ofender, nos uniforma y nos unifica de modo que el sueño de los espíritus aventureros cada vez  más tiene que poner sus ojos en el espacio… la Tierra no da más de sí.

Marie Bradquemond, impresionista

 

 

 

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Paisaje. Camino de jardín. Colección particular

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Dibujo

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Paisaje

Marie Bracquemond, nacida Marie Guiveron, es un caso más de mujer pintora con enorme talento que, como tantas otras, tuvieron que luchar para sobrevivir en unos ambientes predominantemente masculinos y, aun así, tuvo que renunciar a pintar por los celos artísticos de su marido, el también pintor Félix Bracquemond.  Marie nació cerca de Brest en una pequeña localidad francesa y pronto destacó como pintora y dibujante, tomando clases particulares de pintura. Muy pronto, en 1857, una obra suya fue aceptada en el Salón de París, la gran y prestigiada exposición que organizaba la Academia de Bellas Artes. Ingres se interesó por ella y la tomó como discípula, consiguiéndole un empleo como copista de las obras maestras del Museo del Louvre. Allí fue donde conoció a su marido en 1869; se casaron y tuvieron a su único hijo Pierre. En un principio él la animó y seguramente admiraba el talento de su mujer, introduciéndola en los círculos impresionistas; Degas y Monet se interesaron por su obra y la animaron a pintar al aire libre, cosa inusual en una mujer. Expuso con los impresionistas desde 1879 hasta 1886. Gauguin, que estuvo alojado en la casa del matrimonio, dejó su impronta en la obra de Marie. Poco a poco Félix se sintió celoso de la fama de su mujer y ella, abrumada por las discusiones familiares, abandonó la pintura; al mismo tiempo creció el reconocimiento de él con la concesión de la Legión de Honor y la Medalla de Honor de la Exposición Universal de 1900. Un caso tristísimo el de Marie, de la que es difícil encontrar obra suya en las colecciones públicas; solo la labor de su hijo permitió recordar el talento de su madre. Marie murió en 1916.

Preciosa la cabeza de mujer en ese magnífico dibujo.

Matissse y «Las flores del mal»

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En múltiples ocasiones las firmas más reputadas de los pintores se han puesto al servicio de las obras insignes de la literatura; así la pintura y la literatura se alían para producir obras para deleite de todos, aficionados y coleccionistas. Ya hemos visto, en su momento, las ilustraciones de Dalí para «El don Juan Tenorio» y «Alicia», y la «Lisístrata» de Picasso… Pero ha habido otras muchas, como sucede con la obra de Baudelaire «Las flores del mal», que ha tenido muchas versiones ilustradas, como la de Rodín o esta de retratos esquemáticos de Matisse desprovistos de todo artificio, donde la línea pura y simple es la única protagonista. Esta versión se publicó en 1947 por la Bibliothéque Française.

Los girasoles marchitos

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Hay flores tan hermosas que hasta el paso del tiempo les sienta bien; ellas no necesitan cremas de belleza que rellenen los surcos, alisen y den esplendor al encanto con que la naturaleza les dota. Simplemente envejecen tan bien que da gusto verlas en su sencillez, sin artilugios, sin trampas ni cartón. Es una bonita lección que deberíamos aprender, porque no hay nada tan bello como un rostro surcado, marcado por arrugas que la vida deja…