Los girasoles marchitos

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Hay flores tan hermosas que hasta el paso del tiempo les sienta bien; ellas no necesitan cremas de belleza que rellenen los surcos, alisen y den esplendor al encanto con que la naturaleza les dota. Simplemente envejecen tan bien que da gusto verlas en su sencillez, sin artilugios, sin trampas ni cartón. Es una bonita lección que deberíamos aprender, porque no hay nada tan bello como un rostro surcado, marcado por arrugas que la vida deja…

8 pensamientos en “Los girasoles marchitos

  1. Tienes toda la razón, Bárbara: pocas cosas elevan más el ánimo que ver una anciana o anciano con ese brillo infantil en sus ojos que demuestra que los surcos sembrados en el rostro florecen verdaderamente en el corazón

  2. La naturaleza estará ahí para darnos increíbles lecciones: sus formas, sus colores, sus movimientos y transformaciones, le susurran al hombre o le gritan con voz de trueno que todo fin es convertido en un nuevo servicio.
    Esa similitud que nos dejas, es sin duda, una enseñanza genuina.
    Un fuerte abrazo, en unidad con la resplandeciente naturaleza, querida amiga.

    • Me sigue maravillando la naturaleza, adoro las plantas y el mar me apasiona desde pequeña; supongo que el haber vivido en una isla preciosa ha contribuido y mucho. Muchísimas gracias, querido amigo. Tus apariciones aquí, me alegran el día.
      Un fortísimo abrazo desde el Mediterráneo.

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