Seguimos paseando por Florencia y nos volvemos a encontrar con otra obra de Clet Abraham, una señal de dirección obligatoria reconvertida en pez. Encuentro, en términos automovilísticos, que es un pez que está en el chasis, es decir es una pura raspa; aunque sea esta una raspa muy maja, simpática y divertida.
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Junto al río
Por las calles
Me llamó la atención a la puerta de un restaurante esta caja de un vino tinto denominación de origen de la Toscana con el nombre de Cabreo. Cabreo es lo que en España decimos que tiene alguien que está muy enfadado. Por supuesto que el vino no tiene nada que ver y debe de estar buenísimo; su cata una delicia. Las setas tampoco tienen mala pinta; estamos en plena temporada.
Claustro de S. Lorenzo
Como estamos ya a viernes muchos intentan desconectar de la rutina y del estrés, para ello la serenidad de las formas de un claustro con un canto gregoriano de música de fondo, la lectura sosegada o la simple contemplación de una ermita en mitad de campo pueden ser opciones para hacer algo distinto que nos permitan experimentar un relaxing (¡gracias, Ana Botella!) espiritual.
Aviso a navegantes
Esta vez se me ocurre que nada mejor que un llamador florentino, así de espectacular, para avisar a los lectores que he empezado a colgar un cuento nuevo que lleva por título: «Nostradamus y el oficio de relojero», ambientado en la Provenza y dedicado al maestro Cortázar que la disfrutó.
La cúpula de la basílica de San Lorenzo
El trazado de las grandes ciudades modernas con sus amplias avenidas, sin dejar de tener su encanto, nos impide el sobresalto infantil que nos deja con la boca abierta tal como sucede cuando se pasea por un entramado de callejuelas medievales en las que, de pronto, se nos viene encima una cúpula como esta de la basílica de San Lorenzo; la desproporción nos apabulla y nos empequeñece al tiempo que pensamos: ¡qué grandes los Medicis!
Hotel Paris
En el centro antiguo de Florencia hay un número importante de hoteles ubicados en antiguos palacetes con un encanto extraordinario. El hotel Paris situado en la via dei Banchi ocupa enteramente el Palacio Venturi, antiguamente palacio Doni, y una parte del palacio Mondragone. La vía se construyó para unir el barrio de San Giovanni (Duomo) y el de Santa Maria Novella, y se terminó en 1324. Desde el hotel se divisa la cúpula del Duomo, muy cerca se encuentran Santa María Magiore, La Basílica de San Lorenzo con su mercadillo popular en las calles adyacentes y la Capilla Medicea.
El hotel Paris cuenta con una bonita terraza para desayunar con buen tiempo y un comedor con unos techos abovedados con frescos muy interesantes.
El Corredor de Vasari y el Ponte Vecchio
Las vistas desde las galerías de los Uffizi son magníficas: el Arno duplica los puentes y una se imagina figuras emboscadas pasando desde el Palacio Vecchio hasta el Oltrarno gracias al corredor de Vasari, sin pisar la calle. Esa genial idea de Cosme I del pasadizo aéreo para desplazarse hasta el palacio Pitti sin ser visto da alas a mi imaginación, que siempre identifica el esplendor de la Florencia de los Medici con las intrigas, los venenos, las dagas y las conspiraciones… Pero con esta luz, en este día radiante, es tonto no dejarse llevar por lo que la retina fija en la memoria para siempre.
Por las calles
Por las calles con historia de Florencia, se encuentran joyas sin valor como curiosos picaportes, entradas de carruajes, flores de lis en los sitios más insospechados, buzones del siglo pasado y entre inventos antiguos y nuevos las señales de tráfico más ingeniosas y divertidas como esta, en la que el guardia te prohíbe el paso, pero eso sí, con amor.












