¡Bonitas patas! La belleza del tronco no se deja empañar ante el «invento» del palo de la sombrilla cuyo pie deteriorado nos puede llevar a pensar, por contraste, que lo natural permanece …. Plaza de San Antonio (Denia)
Subiendo por la calle de San Agustín hacia el barrio más antiguo, típico y con más sabor de Alicante, el de Santa Cruz, se encuentra uno con este local cerrado que debió ser testigo de encuentros lúdicos y su testimonio ahí esta fijado en las paredes. Poesía, juegos… vida.
El poema está firmado por Mª José Ferrada Lefrenda. Palabras para el barrio, de gente que viste su calle de fantasía.
En el cementerio de Montparnasse, sin buscarla, me encontré con la tumba del músico, compositor, cantante, pintor… del polifacético Serge Gainsbourg (1928-1991); las canciones de este provocador, que compuso para la Greco, como «La javanesa», la versión rompedora de «La Marsellesa» con tintes jamaicanos, y la celebérrima «Je t’aime … moi non plus» escrita para la Bardot, pero finalmente cantada a dúo con su pareja Jane Birkin están, forman parte de nuestra memoria. En su tumba nunca faltan flores y macetas y los típicos billetes de metro.
Enfrente de la tapia del cementerio de Montparnasse, en la avenida de Edgar Quinet, se encuentra está floristería muy bien situada para que nadie se quede con ganas de ofrendar unas flores a todos los que descansan, dicen que en paz.
La flamante nueva alcaldesa de París es por primera vez una mujer y además nacida en Cádiz, y por si fuera poco una mujer joven con experiencia en la labor consistorial por haber sido teniente de alcalde del anterior ayuntamiento capitaneado por el también socialista Delanöe. Desde hacía tiempo se rumoreaba sobre la posibilidad de que Anne Hidalgo fuera quien le sustituyera, dado que había sido su mano derecha en la reconocida, por todos, limpieza de cara de la ciudad, lo que había dado un impulso renovador en todos los sentidos. En el ámbito cultural llenaron París de conciertos de música, en los jardines, parques…; recuerdo la fiesta de la música por debajo de todos los puentes del Sena, rumba, salsa, rock que se celebra, creo, por junio o mayo… y todo París baila que te baila… o el cierre de calles céntricas los domingos para poder patinar -familias enteras patinando- y los carriles bici y el poderlas alquilar en cualquier lugar y las exposiciones de fotografías en el Luxemburgo… en fin. ¡Ay, y se me olvidaba que a ellos debemos la playa parisina, una zona acotada por banderolas azules, con tumbonas y duchas para que los ciudadanos y turistas pudieran tomar el sol al lado del Sena…
Enhorabuena a Anne Hidalgo; también, faltaría más, al nuevo primer ministro Valls, nacido en Barcelona. Y me pregunto: ¿será que los buenos políticos españoles están fuera? Porque de los de aquí, pocos se salvan… por no decir ninguno. ¡Ay, si Agustina de Aragón levantara la cabeza!
¡Bromas aparte, estoy muy orgullosa!
La Casa Rosa, en la actualidad, se conserva como cuando en ella vivió Utrillo, el pintor de Montmartre por excelencia; famosas y reconocidas son sus telas donde plasmó los rincones del barrio nevados, con fuerte sabor parisino, pertenecientes a su etapa blanca. Fue hijo de Suzane Valadon, una pintora francesa, y luego reconocido como hijo por un pintor español, Miguel Utrillo. El pintor pertenece a la llamada Escuela de París, comprendida entre el periodo de entre guerras; en ella se incluye a Chagall y a Modigliani, otros dos enamorados de París.
¿Cuántas furgonetas blancas están ahí siempre, donde no deben?
La Casa Rosa. Foto: Bárbara.
Hay lugares, rincones que no parecen reales; allí es donde se concentra la belleza de forma excesiva, con una densidad que nos conmueve de manera explícita, concretándose en sentimientos encontrados de llanto y alegría, sensación de haber alcanzado la cumbre de algo, de sentir nuestra existencia única y como un estallido de felicidad…
Llevo todo el día fuera de casa y cuando me doy cuenta de que ayer fue el aniversario… treinta años de la muerte del maestro y que, sumado a hoy, hacen treinta años y un día… pienso que es como una condena. ¡Caray, sí, como una condena! Y su ausencia física es terrible para los rayuelistas de todo el mundo, para los cortazarianos, cronopios, famas y demás animales de una raza que tiene el absurdo y la realidad a ras del suelo, como la más mágica de las realidades. El gran Julio lo sabía, sabía con certeza lo que algunos podían intuir en sueños, pero él solo LO SABÍA. ¡CÓMO ME HUBIERA GUSTADO ESTAR AYER subiendo por el camino donde el ángel luciferino de la rotonda nos confunde, y saludar al cuervo que vigila sus rutas en autopistas o no! Y, sentada sobre la lápida, fumar un gaulois mirando al fondo la torre de Montparnasse altiva y terca en un barrio donde el mejor couscous se celebra cotidianamente. Y le hubiera dejado un tiket de metro, unos cigarrillos y un solo de Johnny Carter tapado con la manta, tiritando en su piso miserable de la rue Lagrange. Y después volver, despacio, bajo la lluvia y el frío, como aquel doce de febrero, teniendo como acompañantes a LAS FAMAS, que son alocadas, y la LOS CRONOPIOS, revelados en un concierto como si fueran sus herederos universales. ¡El frío de ese día y la lluvia que nos repiquetea como entonces… sobre sus palabras!