Esta obra de 1911, perteneciente a la colección del Museo Pushkin de Bellas Artes de Moscú, responde a la pasión que, a principio del siglo pasado, se desata en Rusia alrededor de Matisse y del arte moderno. El camino venía preparado por la labor que, en la última década, había realizado el grupo llamado «Mundo del arte». El fenómeno tiene su explicación, además, por el hecho de que el arte popular ruso no necesitaba de una representación fotográfica de la realidad, lo cual facilitó la comprensión y la adhesión a un arte que la Rusia zarista atrasada acogió con entusiasmo. Los grandes coleccionistas rusos eran comerciantes, no aristócratas ni de la élite, de modo que la asimilación fue más extensa. La revista publicada y dirigida por el pintor ruso Nikolái Riabushinsky «El vellocino de oro», abanderada del arte moderno, publicó un monográfico sobre el pintor francés incluyendo «Notas de un pintor» del mismo Matisse. Todo ello explica que la mayor parte de las obras importantes de Matisse se halle en sus museos y colecciones particulares, donde su arte fue tan aclamado.
Otro dato curioso es la gran influencia de Matisse en Escandinavia debido a la cantidad de alumnos que tuvo en París, de Escandinavia, la mayoría de ellos suecos.
«Naturaleza muerta con pececillos dorados» es uno de mis matisses preferidos en el cual se da eso de que un cuadro es aquello de que se trata, sin más.










