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Matisse, «Naturaleza muerta con pececillos dorados»

Matisse, "Naturaleza muerta con pececillos dorados". 1911.  Museo Pushkin de Bellas Artes Moscú.

Matisse, «Naturaleza muerta con pececillos dorados». 1911. Museo Pushkin de Bellas Artes Moscú.

Esta obra de 1911, perteneciente a la colección del Museo Pushkin de Bellas Artes de Moscú, responde a la pasión que, a principio del siglo pasado, se desata en Rusia alrededor de Matisse y del arte moderno. El camino venía preparado por la labor que, en la última década, había realizado el grupo llamado «Mundo del arte». El fenómeno tiene su explicación, además, por el hecho de que el arte popular ruso no necesitaba de una representación fotográfica de la realidad, lo cual facilitó la comprensión y la adhesión a un arte que la Rusia zarista atrasada acogió con entusiasmo. Los grandes coleccionistas rusos eran comerciantes, no aristócratas ni de la élite, de modo que la asimilación fue más extensa. La revista publicada y dirigida por el pintor ruso Nikolái Riabushinsky «El vellocino de oro», abanderada del arte moderno, publicó un monográfico sobre el pintor francés incluyendo «Notas de un pintor» del mismo Matisse. Todo ello explica que la mayor parte de las obras importantes de Matisse se halle en sus museos y colecciones particulares, donde su arte fue tan aclamado.

Otro dato curioso es la gran influencia de Matisse en Escandinavia debido a la cantidad de alumnos que tuvo en París,  de Escandinavia, la mayoría  de ellos suecos.

«Naturaleza muerta con pececillos dorados» es uno de mis matisses preferidos en el cual se da eso de que un cuadro es aquello de que se trata, sin más.

José Hierro, «Cuaderno de Nueva York» y la cabra de Picasso

Pablo Picasso, "la cabra". Original.1950, Vallauris.

Pablo Picasso, «La cabra». Original. 1950, Vallauris.

El gran poeta José Hierro, Premio Adonáis, Premio Príncipe de Asturias, Nacional de las Letras Españolas,  Reina Sofía de Poesía… publicó en 1998 «Cuaderno de Nueva York», un libro compendio y resumen de su gran saber y hacer, donde conjuga el espacio y el tiempo con la maestría de quien como él sentía que ambos se hayan en el mismo plano; desde esa forma de sentir presente, pasado y futuro a la vez, me ganó para siempre… él, que sabía combinar las coordenadas, nos emociona en poemas como

A orillas del East River, Adagio para Franz Schubert, Alma Mahler Hotel, Ballenas en Long Island…

Versos que nos transportan y otros como estos que nos divierten:

Bendito sea Dios porque inventó la cabra

-la cabra que rifaba por los pueblos-

mucho antes que Pablo Picasso,

con barriga de cesto de mimbre

 y tetas como guantes de bronce.

 Picasso realizó en Vallauris varias versiones de la cabra; en el Museo Picasso de París hay dos, una en el jardín de bronce y otra en una sala que está realizada con distintos materiales. La original está hecha con yeso, cesto de mimbre, vasijas de cerámica, hoja de palma, metal, madera y cartón, terminada en 1951. Existe otra en el MOMA de bronce.

Picasso, «Gertrude Stein»

Picasso: "Gertrud Stein". Óleo sobre tela, 100 x 81. Nueva York, MOMA.

Picasso: «Gertrud Stein». Óleo sobre tela, 100 x 81. Nueva York, MOMA.

Los hermanos norteamericanos, de origen judío, Leo y Gertrud Stein llegan a París en 1903; en 1905 conocen a Matisse y el año siguiente a Picasso. El salón literario de su residencia convocaba a los artistas vanguardistas de la época, tanto plásticos como escritores; ambos hermanos ejercieron una importante labor de mecenazgo que contribuyó tanto a la consolidación de alguno de ellos, como a la rivalidad entre los distintos receptores de sus padrinazgos. Durante un tiempo «un succè de scandale», el éxito del escándalo, acompañó a Matisse y a Picasso, pronto Leo se decantó por favorecer a Matisse mientras Gertrud lo hacía con Picasso. Gertrud, poetisa, escritora, de físico contundente, fue retratada por Picasso en 1906, retrato que le regaló Leo y que nunca le gustó; cuentan que dijo que no se parecía, a lo que el pintor le contestó: Ya se parecerá. No obstante, ella siempre acompañó a Picasso en su trayectoria vanguardista, de ruptura y de investigación. Por su parte, la reiteración de palabras en su poesía  viene a ser un intento cubista de su quehacer literario.  Gertrud murió en Francia a la edad de 72 años.

Fantástico retrato cuyo tratamiento del rostro es similar al autoretrato del pintor con paleta, el arte africano e incluso del arte ibero…

Epicuro: Exhortaciones

Exhortación 15 : Es necesario reír y filosofar, tratar los asuntos de casa y mantener las demás relaciones y nunca descansar de proferir las sentencias de la recta filosofía.

Matisse, «Tulipanes en un jarrón Chino». 1943. Tinta china sobre papel (52 x 40). Museo de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Van Gogh, «El zuavo»

"El zuavo" Óleo sobre tela. 65 X 54 cm. Ámsterdam, Rijksmuseum Vincent van Gogh.

Cuando el pintor llega al sur, a Arles en octubre de 1888, con mal tiempo, frío y nieve tiene que esperar a que los almendros florezcan para sentir que de verdad está en su Japón. Hemos visto en Matisse su atracción por el sur y para tantos otros artistas en que la luz, el exotismo, la naturaleza diferente suponen un foco nuevo desde donde explorar para ir hacia adelante; Vincent no es ajeno a ese influjo. Desde el principio el objeto de sus cuadros serán los huertos nevados, pero también desde el principio siente que encontrar modelos que quieran posar para él será un problema que solo con el tiempo puede resolver pintando el retrato de los escasos amigos que irá haciendo, como al cartero Joseph Roulin y a la familia de este, labradores, ancianos… hasta las prostitutas de un lupanar de Arles se niegan a posar porque estaba mal visto, salvo una que, tras una sesión y cobrando el posado por adelantado, no vuelve más.

En septiembre de 1888 hace amistad con el subteniente del regimiento de los zuavos instalado en Arles; su amistad supondrá para Vincent un regalo cálido, una proximidad que necesitaba; el retrato que hace de su amigo Milliet es un magnifico óleo sobre tela, hoy en el Rijksmuseum Kröller-Müller.

El exotismo del traje de los zuavos lo plasma el pintor en junio del mismo año en dos óleos sobre tela que realiza en su estudio, «El zuavo» y «El zuavo sentado»;  en este último, de cuerpo entero, se aprecia perfectamente el gorro tipo fez con una borla negra, llamado chechia, los voluminosos pantalones en rojo, la chaquetilla corta sin cuello,  un chaleco (gilet), la faja de lana (la ceinture) y las polainas blancas; los turbantes, que también llevaban, eran de distintos colores según el lugar de origen de los distintos regimientos, así los de Argel eran rojos, los de Orán blancos…

El cuadro reproducido, «El Zuavo», supone un muestrario del dominio del color y un refinamiento estético que traspasa la tela; sobre ese fondo verde intenso destaca el rojo del gorro con la borla negra, la chaqueta oscura con arabescos en ocres y amarillos y ese color azul celeste del fagín. La fuerza de los rasgos duros, raciales de ese rostro donde todos los colores del cuadro está presentes es, aparte de una obra maestra, la síntesis de ese precepto que anunció Picasso: que los colores presentes en una obra, estén en toda la superficie del cuadro.

El uniforme de los zuavos se mantuvo así hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial y como curiosidad, el padre de Camus, muerto en el frente francés, servía en un regimiento de los zuavos.

Vincent van Gogh, «El zuavo». Óleo sobre tela. 65 x 54 cm. Ámsterdam, Rijksmuseum Van Gogh.

Matisse, la influencia de África

"El marroquí Amido", Matisse, óleo sobre tela. 146x 61cm. 1912

«El marroquí Amido», Matisse, óleo sobre tela. 146x 61cm. 1912

 

Este magnífico óleo sobre tela fechado en 1912 de Matisse nos transmite, junto con sus odaliscas, los arabescos de las telas que inundan sus cuadros, las escenas de  los cafés, el embrujo que sus viajes por el norte de África dejaron en el espíritu del artista, así como las visitas que hiciera a la Alhambra en su estancia por diversas ciudades de Andalucía. «El marroquí Amido» se puede admirar en el Museo del Ermitage de Leningrado.

René Lalique, un maestro del diseño

René Lalique, "Diadema-Orquídeas". 18X 16 cm,

 

René Lalique nacido en Francia (1860-1945) es el autor de esta  prodigiosa obra,»Diadema-Orquídeas», que podemos admirar en el Museo Calouste Gulbenkian en Lisboa. El joyero, orfebre y diseñador francés fue amigo personal del coleccionista Calouste Gulbenkian que, en agradecimiento a la ciudad de Lisboa, donde se refugió durante la segunda guerra mundial, donó a su muerte su inmensa colección al estado portugués. La obra de Lalique, de un gusto refinado, se encuadra en la llamada «Arte Nova». La pieza está hecha en marfil, carey, oro y lleva un topacio en forma de gota en el centro de las orquídeas. La diadema,  dotada de un gran realismo, siempre desde los parámetros simbolistas, adquiere en el tratamiento y técnica perfecta de su autor un sentido erótico muy elegante.

Kandinsky: 1911-1913, hacia la abstracción

Kandinsky, Composición IV. Óleo sobre tela, 159 X 250 cm. Düsseldorf, Alemania. 1911.

Kandinsky, Composición IV. Óleo sobre tela, 159 X 250 cm. Düsseldorf, Alemania. 1911.

Durante estos años, Wassily Kandinsky funda su nuevo grupo, Der Blaue Raiter, de capital importancia para el expresionismo alemán, y su pintura se hace plenamente abstracta. En este periodo pinta composición IV, V, VI, VII. En la composición IV (Batalla), aquí reproducida, fechada en 1911, no obstante aún hay referencias al mundo medieval ruso aunque no lo parezca, concretamente en la lucha entre dos cosacos; este lienzo tiene una composición dual: el conflicto ocupa la mitad izquierda, la armonía la derecha. En la obra de gran formato sobre tela Composición VI ya consigue plenamente que los colores se independicen de los objetos: es la abstracción plena; se puede admirar en el Museo de el Ermitage en San Petersburgo

Juan Gris, el cubismo más colorista

Juan Gris "Frutero, vaso y limón" Óleo sobre tela.

Juan Gris «Frutero, vaso y limón» Óleo sobre tela.

Hasta hace solo tres décadas en los museos y colecciones importantes de España no existía prácticamente obra alguna del pintor madrileño. En la actualidad, subsanado este despropósito, existen obras destacables en los Museos Reina Sofía y en el Thyssen, así como importante es la colección de la Telefónica, que se puede visitar en la Gran Vía madrileña.

Una vez que abrazó el cubismo en 1912 no lo abandonó;  por tanto de los tres, Picasso, Braque y él, el que continuó en la senda del movimiento fue Gris. Resulta sorprendente aún y, no me canso de decirlo, no ha recibido el reconocimiento por parte del público que su obra merece. Y si esta obra de enorme calidad está de alguna forma por descubrir, su labor como ilustrador, tanto en Madrid como en París, que le permitió subsistir en los primeros años, prácticamente no se conoce. Fue por muchos años uno de los españoles que habitaron el mítico Bateau-Lavoir. Mientras Picasso iba hacia un arte figurativo y Braque se decantaba por unos bodegones más realistas, Juan Gris avanzaba en el color dotando al cubismo no solo de una plasticidad más rica sino incorporando papeles de periódicos y cartones, y apostando por una gama de colores más viva e intensa. El primero, «Frutero, vaso y limón», que encuentro bellísimo,  de 1916, es muy sobrio en cuanto al color; el segundo responde a esa deriva rica en color, aunque el último sea anterior (1913); la búsqueda del color ya será inequívoca pues el germen está ahí desde el comienzo.

Juan Gris, "El Sifón". Óleo sobre tela.

Juan Gris, «El Sifón». Óleo sobre tela.

Epicuro: Exhortaciones

Matisse, "La danza" 1909. acuarela y tinta china sobre papel (22,1x 32 cm). Muse de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Matisse, «La danza», 1909. Acuarela y tinta china sobre papel (22,1 x 32 cm). Museo de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Me confieso admiradora de la filosofía epicúrea. De todas las recomendaciones de Epicuro para llevar una vida feliz, una de las exhortaciones que estos días recordaba dice así: La amistad danza alrededor de la tierra habitada anunciándonos  a todos que nos despertemos a la felicidad. 

Y viendo las distintas obras de Matisse sobre la danza, nada mejor que seguir danzando con el pensamiento de Epicuro.