
Fotos, Aurelio
Noa en el estudio, pintando, algo que a mí me hace absolutamente feliz. La veo que disfruta tanto, que es como verme en un espejo, porque siento lo que ella siente y es como si una se viera desdoblada a pesar de la diferencia de edad tan enorme. Lo que ya me dejó perpleja es que, sin que yo le dijera nada, conectó su tablet y puso la quinta sinfonía de Beethoven. ¿Pueden los genes llegar a esos extremos? Siempre he pintado con música clásica y sobre todo con las sinfonías de ese genio maravilloso, pero ella no me ha visto así. Y me sigo preguntando, ¿pueden los genes llegar a esos extremos?, ese detalle que me fascinó y aún estoy en chok, pero más feliz que una perdiz… Mi niña crece y yo menguo de pura satisfacción y además por los años.











