La caja registradora de los miedos reseñó el suyo. Era novilunio y lobo lunar insularizó su pánico, rodeado como estaba de ojos fluorescentes; en la noche feroz la tierra acechaba a la luna que giraba ingrávida en la bóveda celeste. Lobo lunar maldijo al planeta que en novilunio la ocultaba. Ciego, sin luz aullaba su ausencia y las presas se desternillaban en sus madrigueras.
Archivos
Lobo lunar
Gobernaba el buen tiempo en los límites siderales cuando en primavera Lobo Lunar tenía pensamientos que florecían en lila y amarillos. Lejos el cuervo de Poe acuñaba pensamientos negros que, bajo el obelisco de la Concordia, transitaban en círculos concéntricos.
Gobernaba el silencio en los límites del tiempo.
Más lejos aún, la luna, en cuarto creciente, se elevaba sobre la sabana, los juncos y los trigales verdes. El viento, viejo prestamista de sonidos, amplificó los ecos. Cercenado el silencio, el lobo soñó que lo estrangulaba mientras éste rugía sobre las rocas. Los pensamientos lilas y amarillos de Lobo Lunar planeaban sobre las montañas buscando su salida al mar. Allí, en los límites siderales, las luciérnagas, sobre las estrellas, procesionaban la noche.
Las lapas enmudecían en la resaca del mar. Lobo lunar soñaba que estrangulaba el viento, los erizos aplaudían y las anémonas se dejaban peinar por las olas.
Moraleja: soñar no cuesta dinero, entretiene y en tiempo de crisis es muy aconsejable.
Lobo lunar
El crepúsculo circulaba por entre las charcas.
La Luna reflejada en el agua se escindía en bolas de mercurio que, desbocadas, rebotaban sin rumbo.
El crepúsculo circulaba por entre las charcas.
El sapo comerciaba con las ranas que croaban de forma sincopada. Al beber, el lobo chascaba la lengua y junto al viento se iba encadenando el ritmo del atardecer. La música del bosque ablandaba a las caperucitas temerosas que, cantando bajito, ponían sordina al terceto.
El crepúsculo circulaba por entre las charcas.
Al anochecer el lobo croaba y croaba y el sapo enamoraba a las caperucitas temerosas. Lobo lunar patrullaba el claro con desgana mientras la luna crecía y crecía preñada de si misma. Lobo lunar se iba apagando al tiempo que la luna llena brillaba sobre el llano con un resplandor apocalíptico.
Moraleja: Nada es lo que parece. Aplicación práctica ninguna.
Lobo lunar
Remedio casero contra la subida de las tasas eléctricas.
Los búhos cubrían los nidos que la luz poliédrica de la luna enlazaba en las copas. Los árboles gemían y Lobo Lunar tiritaba de frío. Los búhos gestionaban sus círculos oculares para leer razonablemente la noche. Lobo Lunar, que tiritaba, echó más leña al fuego y unas briquetas prefabricadas. El hollín se prendió y una vez más una bala insensata y amnésica zanjó el asunto. De lo alto cayeron un lirón y un grajo que, con la nitidez del fuego fatuo, se asaron a la brasa. Lobo Lunar los troceó y los untó con mostaza. Mientras comía, emanaba del cielo un equilibrio exótico y transparente. Una lechuza hizo «chut» y el bosque se durmió perplejo y sincopadamente.
Contra la subida, volvamos al fuego del hogar, a las trébedes y la economía doméstica de nuestros abuelos. Es una quimera, pero ¡qué bonito!
Lobo lunar
La luna decrecía con balido aullador. Allí arriba dolía hasta la ingravidez del viento, que al verse mudo enloquecía. De la luna caían trozos, bloques desgajados como carcoma que serraban los claros del bosque. Abajo, en los pastos, lobo lunar comenzó a utilizar los bloques de luna y martilleando la noche capitalizó el material lapislazulino de ella que balaba mientras se paría a si misma.
Instalada ya en cuarto menguante, vitalmente aún desorientada observó a lobo lunar que brillaba como una luciérnaga encendida mientras saltaba las cercas corriendo tras los tiernos corderos.
Este, más que un remedio casero, es un consejo encaminado a encarrilar las maltrechas economías domésticas. Con los tiempos que corren de «guerra mundial incruenta», que no mata con balas, pero que nos va llevando a la inanición, a umbrales de pobreza inconcebibles hasta hace bien poco… con todo lo que se avecina, gracias a los canallas que manejan en la sombra los tejemanejes financieros, hay que olvidarse de eso de que todo es «de usar y tirar». Pues no, hay que reutilizar, hay que volver al trueque Hagamos como el lobo que lo aprovecha todo, hasta lo que le cae del cielo. ¡Volvamos al remiendo! Que siempre es mejor que remendar nuestras vidas con hipotecas y créditos imposibles.
Lobo lunar
La luna aulladora, como carcoma silenciosa, se repetía en la noche con ánimo divulgador. La historia no convencía ni al lobo. El lobo, que no tenía patrocinador, enmudecía, pero brillaba en la noche como luciérnaga inmensa. Dentro de la casa, Lobo Lunar, decidió suicidarse hastiado del tiempo invernal. Decidió quitarse entero, mejor que de en medio; con la pistola en la mano vio cómo se prendía el hollín de la chimenea; un fuego infernal, vivo, crecía desmesuradamente. Era demasiado poco o demasiado mucho. Cogió la pistola y con decidida decisión disparó un tiro decisorio dentro de la chimenea. La trepidación que se produjo en el aire hizo caer el hollín que apagó el fuego de forma fulminante.
Moraleja: en caso de que se prenda el hollín de la chimenea, en vez de limpiar el tiro, nada como un tiro certero y decisorio. Y además es más barato.





