François-Marie Arouet (1694-1778), conocido como Voltaire, vivió el siglo que le tocó en suerte con todas sus consecuencias. Escritor, polemista, miembro de la Academia Francesa, filósofo, colaborador de la Enciclopedia de Diderot y d’Alembert, fue un elemento molesto para muchos sectores de la sociedad y de los distintos estamentos. Fue perseguido por sus ideas y encerrado varias veces en la Bastilla; se exilió en Gran Bretaña; vivió en Ginebra y en Postdam. Irónico, mordaz, satírico, desmitificador, arremetió contra casi todo, contra la rigidez del calvinismo, contra la iglesia cristiana cismática o no, contra el Imperio Romano, contra la esclavitud, contra la intolerancia, contra la servidumbre, contra la injusticia, contra las tradiciones, contra los fanatismos, etc, etc, etc… Autor de «Cándido» (libro de lectura imprescindible), «Tratado sobre la intolerancia», «Ensayo sobre las costumbres» entre otros muchos. Fue asiduo tertuliano en el «Procope», lugar de encuentro de escritores y revolucionarios sito en el barrio Latino. A los amantes de París les recomiendo la visita; el restaurante se conserva intacto y creo que aún está la mesa donde Voltaire escribía. Del «Diccionario Filosófico», prologado por Fernando Savater (Ed. Temas de Hoy S. A., 2000, edición de la doctora en filosofía Ana Martínez Arancón) destaco dos definiciones tomadas al azar, pero con toda la idea del mundo. Bancarrota: » No se conocieron las bancarrotas en Francia antes del siglo XVI, y el motivo es porque entonces no había aún banqueros. […] y solo se ejercía el comercio con dinero contante y sonante». Banco: «La banca es un tráfico que consiste en cambiar dinero por papel». ¡Tomemos nota y volvamos al XVIII! Este diccionario, compuesto por dos tomos, es una obra singular de total interés para espíritus abiertos, sin prejuicios. Añadiré que cada definición es un artículo exhaustivo de una erudición pasmosa y además muy divertido; que una cosa no quita la otra.
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Juan Goytisolo: «Cuadernos de Sarajevo (Anotaciones de un viaje a la barbarie)»
Se cumplen 20 años del inicio de la guerra de Bosnia, de la llamada «limpieza étnica» de los musulmanes de Bosnia llevada a cabo por parte de las sanguinarias fuerzas serbias. Lo que sucedió en los Balcanes desde el 6 de abril de 1992 hasta que se firmó la vergonzosa paz de Dayton es la mayor ignominia que la Europa democrática y civilizada llevará siempre en su memoria. Después de los incalificables crímenes nazis ¿cabía esperar el mismo horror genocida, la misma barbarie otra vez en suelo europeo? Europa los dejó en la estacada, Europa no hizo nada para detener a las «águilas blancas» de Ratko Mladic que en una semana asesinaron a 8000 musulmanes, varones de entre 16 y 60 años en Srbrenica; sin contar con las violaciones de mujeres, mutilaciones y crueldades inimaginables. Los campos de concentración con seres esqueléticos que nos miraban detrás de las alambradas desde los informativos que cada mañana nos trasmitían las crónicas de los corresponsales suponía un despertar atónito y desgarrador. ¿Qué estaba pasando? ¿O es que los pueblos de la antigua Yugoslavia no son Europa? Otra cosa es que formen parte de la Comunidad Europea y en eso están. El gran escritor Juan Goytisolo comprometido desde siempre en su lucha por la libertad y por el dialogo entre el islam y el cristianismo traslada en «Cuadernos de Sarajevo» sus experiencias en la asediada ciudad de Sarajevo en el verano de 1993. Sarajevo ciudad cosmopolita ejemplo de convivencia de cuatro culturas como lo fuera Granada, en otro tiempo, era el objetivo que destruir, había que aniquilar la memoria de la cultura musulmana destruyendo la Biblioteca Nacional. Había que destruir la idea, el ideal de convivencia pacifica y enriquecedora. No es tan fácil destruir las ideas. Juan Goytisolo y Susan Sontag, dos ejemplos admirables de compromiso unidos en ese verano de 1993. Hasta en eso los intelectuales europeos fueron cicateros: pocos o ningunos se alinearon en contra de esta guerra. Y ¿cómo entender eso de la Europa de los pueblos? Como eslogan no está mal pero después de Srbrenica no me lo creo; no hay quién se lo crea. El libro habría que releerlo; está editado por El País-Aguilar.
Braque y Picasso: cubismo analítico y cubismo sintético
«No hace falta imitar lo que se quiere crear», máxima de Braque extraída de su diario «El Día y la Noche (1917-1952)», que bien puede servir para los que, como ellos, abrieron nuevos caminos. Georges Braque, nacido el 13 de mayo de 1882 en Argenteuil, muere a los 81 años en París. Pintor y escultor en su primera época, abraza el fauvismo con entusiasmo; cuando a través del poeta Apollinaire conoce a Picasso y visita el estudio de este en el después famoso Bateau-Lavoir y ve «Les demoiselles d’Avignon», su pintura da un giro copernicano: cansado de la preeminencia del color de los fauvistas y, tras conocer la obra de Cézanne, el nuevo lenguaje de Picasso lo embarcará en un proceso que dará lugar al nacimiento del «cubismo analítico», donde los planos sustituyen a los volúmenes y el espacio cobra su máxima importancia; el color pasará a ser algo secundario -para algunos críticos-, aunque yo pienso que es una armonía diferente la que se crea. Durante el verano de 1912, Picasso y él pasan dos meses en Sorgues (¡siempre la Provenza!), cerca de Avignon. Comparten, en ese momento, amistad e idéntico lenguaje que más tarde dará lugar al llamado «cubismo sintético» en el que, según Apollinaire, «el color vuelve a cobrar importancia». Será tras la segunda guerra mundial cuando cada cual siga su propio camino; Picasso abriendo surcos nuevos hasta el día de su muerte y Braque creando sus famosos bodegones. Los dos realizarán decorados y figurines para balés de bailarines de la talla de Diaghileff.
«Último Round» de Julio Cortázar
A las primeras de cambio, con el libro en la mano y traspasada la cubierta, se lleva uno la primera sorpresa: es un libro almanaque en el que las hojas están divididas, cortadas en dos tacos; la parte superior más grande -primer piso-, tamaño cuartilla y la inferior más reducida -planta baja-. Desde ahí se plantean algunas dudas: ¿estarán relacionadas?, ¿serán dos partes independientes?, ¿se podrán leer de arriba a abajo, como si el corte viniera a ser un simple corte de mangas?, ¿o bien nos quiere llevar, como en «Rayuela», a jugar a nuestra bola? Cualquier cosa es posible, aunque el tema se zanja enseguida al darnos cuenta -porque somos prolijos- de que existen y coexisten dos índices diferentes. Lo bueno es que las fotos de abajo ambientan sorpresivamente el texto de arriba o al revés sin que ninguna de las partes tenga nada que ver la una con la otra; o sí. Y ¿qué es lo que ocurre?; que una tensión se instala en cada página dando lugar al desconcierto surealista procador a veces, pura poesía otras. Y como se te descoloque lo de arriba con lo de abajo ni te cuento la de desconciertos. El primer texto de la parte de arriba es un poema llamado «Sílaba Viva» cuyos últimos versos dicen así: «Y él estará con el que luche y el que espiche/y en todo el que se agrande y se repeche / él estará, me cachendió». Sin lugar a dudas hay quién sufre escribiendo, pero sospecho que el maestro de los cronopios se lo debió pasar de los más padre escribiendo ciertas cosas y nos deja como consecuencia esa herencia de humor y de poesía enlazada; sin olvidar por ello sus escritos políticos, de una hondura humanística incomparables. El contenido incluye relatos, poemas, fotografías y dibujos. Textos como «Marcelo del Campo», «Una voce poco fa», «Sobre la exterminación de los cocodrilos de Auvernia» son tan solo un apéritif. El diseño de interiores y la cubierta son de su gran amigo, el pintor Julio Silva, «el otro Julio» como lo llamaba Cortázar, asiduo visitante de la casa de Saignon en la Provenza ; la edición es de RM S.A. México, impreso en China a través de Asia Pacific Offset.
Nicanor Parra: Poemas y Antipoemas.
A veces una tropieza con un libro, sin provocar el encuentro. Simplemente el libro se deja caer de una estantería, de una mesa, de una gaveta desvencijada. Algunos se suicidan dejándose caer contra el suelo, así, de un golpe seco; por mi parte solo presencié un caso que me provocó un gran desasosiego: de sus páginas abiertas salió un pececito de plata que se había comido gran parte de las letras y del papel. En tales circunstancias no hay nada que hacer. R.I.P. y a otra cosa. Deduje que los libros tiene sus mañas, sus propios criterios y tareas que cumplir que nos son desconocidas. El libro que se tropezó conmigo -a posta estoy segura; fue él el que provocó el encuentro, que quede claro- y que tengo entre mis manos es «Antipoemas» de Nicanor Parra, antología (1944-1969) editada por Seix Barral en 1972. Aparte de ser un libro resuelto que toma sus propias decisiones sin pestañear, como hemos visto, es sobre todo un libro genial, rompedor, que aporta una nueva forma de hacer, con elementos surrealistas, dotado de sarcasmo, de sutil ironía junto con una dosis de nihilismo metafísico del hombre que se toma a broma, porque en definitiva la vida no tiene sentido. Nicanor Parra, premio Cervantes por el conjunto de su obra en 2011, poeta, físico y matemático, nació en Chile el 5 de septiembre de 1914, es uno de los más grandes poetas latinoamericanos actuales. En el libro «Otros poemas» dedica uno muy hermoso en «Defensa de Violeta Parra», su extraordinaria hermana; en «La cueca larga» añade elementos populares. «Versos de Salón» y «Canciones Rusas» son otros de sus libros que merecen la pena releer.
Cuentos de fantasmas. Edith Wharton.
A la fascinante personalidad de Edith Wharton es difícil sustraerse. Su peripecia vital, primero en Nueva York, después en París, y su producción literaria podrían sin dificultad abarcar varias vidas. Como mujer que vive entre dos siglos es testigo e historiadora del periodo que abarca desde la fecha de su nacimiento en Nueva York en 1864 hasta su muerte el 11 de agosto de 1937 en Saint-Brice-sous-Forêt, cerca de París. Como las grandes personalidades que realizaron su obra de madurez a principios del siglo XX (por qué este periodo es tan rico, Picasso como ejemplo), está dotada de una capacidad extraordinariamente fértil que se manifiesta en una producción que abarca la novela, el relato, los libros de viajes, la poesía, el diseño, la decoración; por si esto no fuera poco, rompe los esquemas de lo que se esperaba de una mujer de la alta burguesía americana, posición que abandona para vivir en Europa. El ambiente artístico de Montmartre y Montparnasse, que atrae a creadores de todo el mundo, ejerce también sobre ella el magnetismo de esos años dorados. Vivía en la famosa rue de Varenne, donde recibía a amigos de la talla de Henry James, Cocteau, Scott Fitzgerald, Hemingway…. Wharton, apasionada luchadora en favor de los refugiados durante la segunda guerra mundial, trabajó para el gobierno francés y para la Cruz Roja, y fue galardonada por su labor humanitaria con la Legión de Honor. En 1921 su novela «La edad de la inocencia» ganó el Premio Pulitzer. Fue la primera mujer Doctor Honoris Causa de la Universidad de Yale y miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras. Es imposible aquí enumerar toda su obra, pero sí es imprescindible citar «Etham Frome» y «La casa de la alegría». Personalmente me gustan los relatos de fantasmas como «Kerfol», «Después», «La campanilla de la doncella»…. Todos aquellos escritores que utilizan la ironía como elemento ácido y corrosivo para denostar unos usos o sistemas sociales determinados me gustan de manera especial. Y si a esto se une una aguda sicología, que da cuerpo, carne a los personajes, estamos ante Edith Wharton en estado puro. Enorme escritora. Mujer libre.
Un Gauguin diferente: The Moon and Sixpence.
William Somerset Maugham, escritor británico (1874-1965), supo desde el arranque de su carrera literaria lo que era saborear el favor del público y de cierta parte de la crítica; su novela «Servidumbre Humana» fue un éxito rotundo, igual que la obra teatral «Lady Frederick». Fue un escritor prolífico que abarcó no solo la novela y el teatro sino ensayos, narración corta y libros de viajes. En 1944 publicó «Al filo de la navaja» ( The Razor’s Edge), su novela más conocida, que fue llevada a la pantalla. Viajero infatigable, en 1916 se embarcó hacia el Pacífico para documentarse sobre la vida de Gauguin en las islas y de cómo se desarrolló la vida del pintor hasta su muerte. La novela «The Moon and Sixpence», publicada en la colección «Los Clásicos del Siglo XX» de Ediciones G.P. (1967) Barcelona bajo el titulo de «Soberbia», es una aproximación al ambiente familiar burgués al que renuncia en pos de su sueño artístico, tardío por cierto, siempre en busca de una belleza extraña que solo encontró en una isla verde, Tahití, donde los pimenteros podían ser lilas como las plantaciones de cocoteros y de vainilla. Del «indígena» en que se convirtió Gauguin, llamado en la novela Strickland, Somerset Maugham dice: «Era un peregrino eterno, absolutamente obsesionado por una divina nostalgia, y el demonio que llevaba dentro era implacable» El otro Gauguin, el más conocido, es el que se revela a través de las «Cartas a Theo» , las que escribió Vincent van Gogh a su hermano o el Paul Gauguin que se desprende de «Escritos de un Salvaje» de Ed. «Debate», escrito por el pintor, donde se muestra una genial personalidad, mas sobre todo un intelectual sagaz, muy culto, que disecciona la práctica del arte de su época. Imprescindibles para quien quiera acercarse tanto a su peripecia vital de aventurero como al precursor de la pintura moderna junto con van Gogh. Ambas personalidades son antagónicas y difíciles de encasillar, pero geniales.
Francisco Torres Monreal: Diez poetas canadienses
La antología «Diez poetas canadienses» del catedrático de la Universidad de Murcia, dramaturgo, crítico y traductor literario, Francisco Torres Monreal, publicada en mayo del 2008 por la Ed, Libros del Innombrable, portada de Louise Robert, es la primera de la poesía franco-canadiense publicada en España. Sin lugar a dudas vino a llenar el vacío que existía respecto de la creación que se hacía en la metrópolis. Poesía de Quebec a partir de los años 60. Edición bilingüe en la que se puede apreciar el rigor, la fidelidad al sentido, al ritmo, al estilo original poético. En este caso se da uno cuenta de que hay que ser «creador», estar en posesión del verso, además de ser traductor literario, para que el texto «viva» como el original; trasmitir el latido que todo poema encierra es un milagro poco frecuente. En este caso «traduttore», no equivale a «tradittore», sino todo lo contrario. Algunos poetas ya fallecidos, como Gaston Miron, Michel Beaulieu y Marie Uguay (una revelación para mí), y otros como Louise Dupré, Pierre Nepveu y Hélène Dorion, Paul Bélanger, Denise Desautels, Jacques Brault y Nicole Brossard cierran el circulo con una extensa producción literaria. Este interesante libro ha sido propiciado por una Beca de Investigación en Estudios Canadienses concedida por el Ministerio de Asuntos Exteriores del Canadá y con una subvención del Conseil des Arts du Canadá.
«El Perseguidor» de Julio Cortázar
Me he preguntado recientemente si «El Perseguidor», que es una novela corta, pero redonda, inmensa, se puede considerar la precursora de su genial «Rayuela». Por más cortazariana que sea, no soy crítica literaria ni experta de nada salvo en atesorar recuerdos y amigos (que no es cosa baladí, porque hay días…)
Descubrí esta obra hace poco y en ella estaban todos los elementos que hicieron de Cortázar el escritor más genial, original e inteligente del siglo XX. En ambas se disfruta de la bastísima erudición de un políglota que paladea las palabras, las moldea, las esculpe a su antojo sacando de ellas destellos electrizantes que nos golpean sacudiéndonos de la monotonía de tanto best seller. En «El Perseguidor» se respira la atmósfera del barrio latino donde Johnny Carter (Charlie Parker), trompetista, y sus amigos aspiran la vida como una droga. La escritura cubista de Cortázar que avanza en distintas direcciones, profundizando en cada ángulo, en cada resquicio como un demiurgo que barajara todos los tiempos es él mismo «ser» cubista o tridimensional o polidimensional…; así somos, solo que no lo sabíamos con tanta certeza. Johnny Carter vive en el cuarto piso de un hotelito de la rue Lagrange… Curiosidades de la vida, en el 72 viví en el «Foyer Notre Dame», sito en el 5 de la misma calle, que ya no existe, que después ha sido librería de viejo y en el último año una tienda hindú. He pensado muchas veces dónde estaría ese hotelito, pero lo mismo da, la calle sigue allí con su jardín ahora llamado Square René Viviani y la pequeña iglesia donde programan conciertos en honor de María Callas…
El compromiso de Albert Camus.
Albert Camus, que falleció el 4 de enero de 1960 en un mortal accidente de coche cerca de Villebrevin, era de esos intelectuales del siglo pasado comprometido con la vida; nada que afectara al ser humano le era indiferente. Un intelectual que ejercía el deber de estar, de tomar partido ante los acontecimientos que le tocó vivir. Luchó contra las dictaduras, contra el estalinismo y se posicionó frente a la guerra de Argelia, de donde era originario, frente a los colonialistas, frente a los grandes colonos y a la metrópoli. Tras las guerras coloniales en el continente africano, la situación de esos pueblos no mejoró sino todo lo contrario; los regímenes que se instalaron después nada tenían que ver con sistemas democráticos. Aún hoy en muchos la realidad, el día a día es dramático. Esta desoladora realidad Camus no la percibe desde el cementerio de Lourmarin, un precioso pueblo de la Provenza. Allí está enterrado cerca de su casa, cerca de los olivos de su jardín. Su amigo el poeta René Char nacido en l’Ile sur la Sorgue, la Venecia local, pueblo contaminado solo de belleza, le enseñó toda la que encierra el parque natural de Luberon y de los pueblos encaramados o esparcidos por sus laderas; le llevó a la Fontaine de Vouclus, lugar hecho agua donde Petrarca tiene su museo, a Gordes, a Lacoste, a Roussillon (donde cualquiera se perdería)… Cuando le concedieron el Nobel de literatura, Camus se compró una casa en Lourmarin, cerca del Mont Ventoux, a solo unos treinta kilómetros de la de su amigo. Reformó y acondicionó la casa, que había sido un criadero de gusanos de seda. Este hecho anecdótico parece una gran metáfora de su vida: precaria primero en Argelia, «pied noire» luego en Francia y finalmente inmenso escritor galardonado con el Nobel en 1957. Su hija en la actualidad vive en esa casa, en la calle que lleva el nombre de su padre. Camus murió joven y solo pudo disfrutarla dos años, pero estoy convencida de que en la Provenza encontró los colores, quizás la luz del Mediterráneo, de su Argelia natal. Aparte de ser un ejemplo de intelectual comprometido es, sin duda, uno de los grandes escritores del siglo pasado que arroja luz sobre la condición humana; es más, diría que para entender al ser humano hay que leer a Camus. Toda su obra es necesaria, más actual que nunca; solo destaco (por más cercanas a mí) «Calígula», «La Peste», «El extranjero» y «El primer Hombre», el manuscrito que llevaba en el coche el día que murió.







