
Bárbara Carpi. Ornitortero, óleo sobre tablex, 98 por 124 cm. Colección Udina-García. Alcalá de Henares. Foto: Bárbara Carpi,
Julio Cortázar tradujo el libro «Memorias de Adriano» de Marguerite Yourcenar; los versos del emperador Adriano, «Animula vagula blandula», introducen el primer capítulo de la excelente novela de la escritora francesa, que se aproximó a la figura histórica con una precisión rigurosa, con una prosa elegante, con un conocimiento del mundo clásico que la erudición del traductor en ese ámbito ayudó de forma magistral. Los versos de Adriano, según una traducción que se atribuye a Cortázar, dice así: «Mínima alma mía, tierna y flotante / huésped y compañera de mi cuerpo / descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, / donde habrás de renunciar a los juegos de antaño.» Es una forma bella de expresar el sentimiento por el alma compañera que abandona el cuerpo. En el precioso poema que Cortázar dedica a Alejandra Pizarnik aparecen estos versos producto de su propia creación: «animula el tabaco / vagula Anaïs Nin / blandula vodka tónic», claro, nada que ver con el Imperio Romano; el surrealismo tiene sus propias no-leyes que hacen que sea lo que es y no otra cosa o todas las cosas a la vez o ninguna. Amén.







