
«Placa votiva pintada» (detalle), Nueva Guinea, Papuasia. Collección Verité. París. Del libro «Oceanía» (El Universo de las Formas). Ed, Aguilar, 1963.
Mucho se ha hablado de la influencia del arte africano en la obra de Picasso y de la repercusión de este a partir de «Las señoritas de Aviñón» y del cubismo. Otros críticos se decantan más porque sea el paisaje de Horta del Ebro, que el pintor conoce en una estancia estival que realiza acompañado con su entonces pareja Fernande Olivier, el desencadenante de esa nueva manera de hacer. Ya antes, Cezánne había pintado una serie de paisajes pre-cubistas y las impactantes rocas del pueblo de Rousillon en la Provenza, que bien se podrían considerar un precedente cercano. El mal llamado «arte primitivo» o trival sin duda influyó en el quehacer de los pintores de su generación, de la misma manera que el arte japonés lo hizo en los pintores impresionistas. Pero me atrevo a decir que no solo el arte africano sino también el arte de Oceanía tuvo mucho que ver; como muestra, esta imagen que bien podría haber llevado la firma de Picasso.









