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¿Picasso en Oceanía?

«Placa votiva pintada» (detalle), Nueva Guinea, Papuasia. Collección Verité. París. Del libro «Oceanía» (El Universo de las Formas). Ed, Aguilar, 1963.

Mucho se ha hablado de la influencia del arte africano en la obra de Picasso y de la repercusión de este a partir de «Las señoritas de Aviñón» y del cubismo. Otros críticos  se decantan más porque sea el paisaje de Horta del Ebro, que el pintor conoce en una estancia estival que realiza acompañado con su entonces pareja Fernande Olivier, el desencadenante de esa nueva manera de hacer. Ya antes, Cezánne había pintado una serie de paisajes pre-cubistas y las impactantes rocas del pueblo de Rousillon en la Provenza, que bien se podrían considerar un precedente cercano. El mal llamado «arte primitivo» o trival sin duda influyó en el quehacer de los pintores de su generación, de la misma manera que el arte japonés lo hizo en los pintores impresionistas. Pero me atrevo a decir que no solo el arte africano sino también el arte de Oceanía tuvo mucho que ver; como muestra, esta imagen que bien podría haber llevado la firma de Picasso.

Guy de Maupassant. El Horla

Bárbara Carpi, óleo sobre papel (1975) Ilustración del libro «Desde la Soledad. Poemas». de Aurelio Serrano Ortiz. Fotos: Bárbara.

Guy de Maupassant, escritor francés de culto, del que también se ha dicho todo trasladó de forma magistral su ser a su obra. Su corta vida (1850-1893) no le impidió escribir más de trescientos relatos breves y novelas, de entre las cuales destaca Bel-Ami. Gustave Flauber fue su amigo y mentor. De todos sus relatos, El Horla es para mi el exponente más claro del cuento de terror al mismo nivel de Poe. Su carácter nervioso, inestable, frágil, temeroso de lo sobrenatural, de la muerte otorga a sus geniales relatos breves la pulsión necesaria para hacerlos febriles, vivos. En el Horla, nos hace sentir, sentimos desde la primera página toda la alegría de la naturaleza, espléndida en su eclosión primaveral a orillas del Sena, en la zona que va de Rouen a Le Havre; y como poco a poco, cual si de una nube se tratara que de pronto ocultara el sol, nos va invadiendo la  zozobra, la inquietud y el desasosiego. Casi cogidos de sus manos asistimos a la progresiva perturbación del protagonista que, en un crescendo, finaliza casi en la locura. El Horla está narrado en forma de diario -abarca desde mayo hasta setiembre- y en él hay elementos como lo fantástico, el estado anímico, la hipnosis, la sugestión, las alucinaciones, las leyendas normandas… que pueblan sus escasas 54 páginas. Se trata de un caso de posesión, de dominio, pero de un dominio casi apocalíptico. El terror de Maupassant en El Horla es un terror sicológico que no precisa de muletas al uso, paisajes sombríos, chirriar de puertas o arrastrar de cadenas; ahí está el genio. Volviendo a su carácter nervioso, escribe como respira -de forma agitada-, con grandes dosis de exclamaciones e interrogaciones, con un ritmo que nos atrapa desde el principio, que nos deja, como todos los grandes, con ganas de más. Guy de Maupassant está considerado el maestro del relato breve y para muchos es el precursor de la «Metamorfosis» de Kafka. Si no lo han leído, dense un regalo para este verano.

El Horla, Alianza Editorial. Colección Alianza Cien. Madrid, 1994.

62 Modelo para Armar, la tercera novela de Cortázar

Interior del restaurante el «Polidor». Foto: Bárbara Carpi.

«62 Modelo para Armar», tercera novela de Julio Cortázar, arranca en el «Polidor», un restaurante alsaciano ubicado en la rue Monsieur le Prince. Para situarnos mejor, esta  larga calle está el lado del famoso teatro Odeón d0nde, aparte de ser escenario de grandes representaciones, fue testigo de las asambleas y encierros del mayo del 68. En la rue Monsieur le Prince, en la actualidad, podemos encontrar el  restaurante japonés más barato de todo París, un restaurante indú, uno marroquí (excelente) y el «Polidor» de siempre, de rotunda comida casera alsaciana. El restaurante, para aquellos que conozcan la novela, está como debía estar entonces: las mesas populares con sus manteles típicos de cuadros, los espejos, el viejo reloj de pared, el aguardiente de cerezas… En un día cualquiera, es recomendable, si se quiere encontrar mesa (que a lo mejor debe compartir), acudir no más tarde de las dos. El ambiente es agradable y familiar.

En la novela el protagonista acaba de comprar un libro -que bien pudo ser en la misma calle, pues existen varias librerías en ella-, libro que probablemente no va ha leer, acaba de pedir una botella de Sylvaner sin saber muy bien porqué y acaba de oír: «Je voudrais un château saignant, había dicho el comensal gordo…».

Adonis: el poeta sirio del «movimiento del verso libre». ¿El Nobel para cuándo?

Visor Libros. Madrid. 2010.

Lo que está pasando en Egipto en estos días, con las elecciones que aún no dan un claro resultado; lo que está pasando esta noche en la plaza Tahrir, con la manifestación multitudinaria en el lugar que insufló esperanza hacia un futuro mejor; en este escenario que hemos seguido desde la «primavera árabe», todos los ciudadanos democráticos del Mediterráneo, hermanos de cultura, de música, de civilización compartida, a todos ellos, estos hermosos versos de «Adonis», Ali Áhmed Saíd Ésber.

Marrakech/Fez

( El Espacio Entreteje la Interpretación)

Di: Vaga el tiempo

entre bruma diáfana que tiembla,

no de vapor ni polvo

sino de aliento humano.

Di: LLagas y escombros la historia,

exhala el presente olor a paja,

Di: Los esclavos al poder.

Di: He aquí los días ornados por el crimen.

¡Sin duda! Agoniza una cultura en este civilizado establo.

Entre las calles de los Joyeros y los Cristianos,

regiones mendicantes donde se hacinan

glorias de turbantes y candiles

errando por los calzones del horizonte.

¡Sin duda! Algo que arroja Bab El Asá,

se tensa en Bab El Bahar

 y casi estalla en Bab El Barud.

Murmullos devoran las distancias.

¿Cómo abrir agujeros para que sople el aire?

(Fragmento)

Tesoros ocultos al descubierto.

Durante la Segunda Guerra Mundial, un sinfín de obras de arte fueron destruidas o se les perdió la pista y, consecuentemente, se consideraron desaparecidas. Cuando la Alemania nazi invade Rusia, los daños ocasionados a su patrimonio fue considerable. Con la entrada de los aliados en la Alemania derrotada, se produce una dispersión de obras de arte por parte de los distintos estados vencedores; unos, con intención de salvaguardar las obras; otros, con el mismo interés aunque con el sentimiento de justa recompensa por los irreparables daños sufridos; y todos,  técnicos encargados de llevar a cabo esta acción, según las órdenes recibidas por sus respectivos gobiernos. El soviético encargó que, por vía férrea, fueran llevados a diversos museos rusos obras en poder de marchantes alemanes pertenecientes a diversas colecciones privadas -sin olvidar que el gobierno nazi antes había despojado a propietarios judíos de sus colecciones particulares-. Con la posterior guerra fría las cosas no sufrieron cambio alguno. En la primavera de 1995, en la ciudad de San Petersburgo se celebró una exposición, «Tesoros ocultos al descubierto», con la muestra, por primera vez, de 74 cuadros que han permanecido ocultos durante medio siglo en los almacenes del Museo Estatal del Ermitage. Estas obras, perfectamente cuidadas y conservadas, mantenían la frescura del momento en que fueron creadas. La mayoría estaban sin catalogar y poco o nada se sabía de ellas, dado que muchos marchantes guardaban obras de grandes pintores esperando la mejor ocasión y que el mercado les fuera favorable, a fin de obtener el precio más elevado. La relación de los artistas expuestos es impresionante: Delacroix, Corot, Renoir, Pissaro, Cézanne, Degas, van Gogh, Gauguin, Monet, Picasso, Matisse, Rouault, Toulouse-Lautrec y un largo etc. El libro «Tesoros ocultos al descubierto», editado por el Ministerio de Cultura de la Federación Rusa y el Museo del Ermitage (Ediciones Polígrafa en España, Barcelona  1995) de Albert Kostenevich, conservador de pintura moderna en el Museo Estatal del Ermitage, da fe de todo ello.

Las acuarelas de Rodin

Rodin: «Femme en bleu». Musée Bourdelle. Paris.

François-Auguste Rodin, nacido el 12 de noviembre de 1840, contemporáneo pues de los impresionistas, es considerado el padre de la escultura moderna. Estudioso de la anatomía humana al modo clásico, que no de lo que se hacía en lo académico al uso, es sin duda el único seguidor de Miguel Ángel, el único discípulo capaz de seguir al Maestro sin por ello ajustarse a los cánones clásicos, sino amoldándolos en función de la expresibilidad  que en cada caso necesita Después de su viaje a Italia, en 1875, dijo refiriéndose a Miguel Ángel: «Es él el que me ha permitido escapar de la escultura académica». Según  palabras de Yvon Taillander, Rodin «es grande tanto por lo que ha destruido como por lo que ha creado». Aunque durante un tiempo tuvo que hacer trabajos decorativos de subsistencia, al alcanzar la fama y el reconocimiento su vida cambió hasta el punto de que vivió en el Hotel Biron, lugar donde se ubica en la actualidad su museo. Paseando por sus bonitos jardines, en primavera y verano, entre rosales y frondosos árboles, sus obras nos acompañan en un recorrido sorprendente. Poder contemplar el «Pensador» admirando al tiempo el colorido de las flores que lo circundan es un regalo; el canto de los pájaros nos conduce hasta el «Balzac», de imponente factura, de fuerza titánica y allí los gorriones o las abubillas, bajo el sol,  campan a sus anchas; y desde más acá, bajo la sombra protectora de las ramas, «Las puertas del Infierno» o  «Los Burgueses de Calais» a ras de suelo nos conmueven no solo por su grandiosidad sino también por su proximidad. Sorprende también ver, entre semana, a tantas mamás con sus niños que juegan a la pelota; pregunté y resulta que el jardín del Museo es público, cosa impensable por otras latitudes. Al fondo del Jardín unas tumbonas de teca comodísimas invitan al descanso; sobre ellas un entramado de hojas altísimas conforma una bóveda reconfortante, reparadora, fresca -ahora, conseguir una tumbona para la siesta después de comer en el restaurante «Le jardin de Varenne», es casi imposible-. Dentro del Museo nos esperan «El beso» y, una de mis preferidas, «La que fue hermosa mujer del herrero», terrible descripción de los estragos que en el cuerpo deja el paso del tiempo. «La Catedral» es otra pieza de inigualable belleza.

Sobre la relación que mantuvo el genio con Camille Claudel, prefiero pasar de puntillas, pues me parece detestable. ¡Nadie es perfecto, sin duda! Rodin pintó y sus acuarelas, magnificas todas, anuncian a un Matisse y a un Dufy. En ellas se muestra como un genial colorista que amaba, en su juventud, el colorido veneciano y que acudía al Louvre como copista siendo adolescente.

Imágenes del libro de Yvon Taillandier «Rodin». Ed. Flammarion, Paris, 1966.

Rodin: «Femme vue de dos». Musée Rodin, Paris.

Picasso y Matisse: el pintor y la modelo

Matisse, dibujo a pluma, 1937.

El tema del pintor y la modelo es bastante recurrente en la pintura del pasado siglo. Henri Matisse, en el año 1935, se dibuja a sí mismo en la madurez, con su barba y sus gafas que le daban un aspecto de pulcro profesor, en el acto de retratar a las modelos. Nunca tuvo Matisse aire de pintor bohemio. Picasso, en los años treinta, en la célebre » Suite Vollard», trata el tema del escultor en su estudio y ya, con una edad más avanzada -sobre el año 1963 en Mougins-, comienza a tratar el tema del pintor y su modelo de forma obsesiva, llegando a realizar un centenar de aguafuertes, grabados, dibujos y óleos sobre lienzo. Ambos debieron sentir la necesidad de recrear el cuadro dentro del cuadro y, en el caso de Matisse, él, el pintor, se convierte en actor retratado en el momento de pintar a la modelo. No estoy segura de si Picasso se retrataba a sí mismo o a un «pintor arquetipo». La actividad artística vista desde fuera convierte al observador en un «voyeur» que «ve» lo que se desarrolla en el interior del taller, participando pasivamente de su actividad creativa. La imagen, por su naturaleza estática, es un gran hermano congelado. Picasso admiraba la obra de Matisse al que consideraba el más interesante, el que tendría mayor proyección en el futuro. La linea pura, exquisita del dibujo de Matisse es consecuencia del despojamiento de lo superfluo.

El dibujo de Matisse  forma parte del libro «Matisse Line Drawings And Prints» de Dover Publications, N.Y., 1979.

«Carta de navegación» (Poesía 1975-2005). Juana J. Marín Saura, poeta

«Carta de navegación».

Tras  el sugerente titulo «Carta de navegación» se encuentra reflejado el exquisito hacer de Juana J. Marín por espacio de treinta años, «verso a verso, poema tras poema» anudando imágenes, espacios íntimos e intimistas atmósferas donde  desde «el otro» se sucede el yo más lírico y trascendente. Esta antología es el resultado de una vocación «en llamas», incendiada, profunda, enraizada a veces en el paisaje real o en la interiorización de ese otro paisaje humano, siempre presente. Trabajadora infatigable, cofundadora de la revista literaria Azahara, escritora en revistas, catálogos de arte y literatura, articulista  en medios de comunicación, su actividad refleja su amor constante por la literatura y por la pintura con la que tiene una relación muy directa  a través de su permanente contacto con pintores de hoy y del pasado; en «El rastro del pincel», libro de poemas del año de 1988, encontramos  poemas dedicados a Matisse, Braque, Picasso, Kandinski, Degas, Miró, Dalí, Millet…

Es «Premio Internacional de Poesía Zenobia». Madrid 1989. Han sido traducidos al sistema braille sus libros de poemas: «A través de la luz», » Habitar el aire» y «Del azul». Amante de tertulias,  de coloquios donde la palabra es sujeto y predicado del fraseo poético, la presencia de Juana J. Marín Saura, lo mismo en su etapa madrileña como aquí nos era imprescindible.  Juana nos debe tras unos años de silencio el siguiente libro que está por venir y que todos esperamos.

La antología está prologada por Luis Alberto de Cuenca y la portada es de Rosa Vivanco. El libro está editado por la Universidad de Murcia en 2006.

Del libro de poemas «Del azul».

Tu memoria.

Desde esta tarde sabes

que tu memoria se guarda

                                          entre mis libros

Como ligeros pétalos

ocupa el dorado hueco

                               que la juventud

                                       nos dejara para siempre.

Proverbios Africanos

Estatua de la sociedad «bwiti», sociedad de iniciación «tsonga».

Proverbio Tsonga (África del Sur). 

De la Muerte

«La vida es lenta en venir,

la muerte es inmediata».

 Porverbio Kikuyu ( Kenya)

De las fuerzas secretas

» No hay nada que camine sobre la

tierra que no pueda ser atrapado».

Del libro » Poesía Anónima Africana». Editor Miguel Castellote.

Ilustración del libro «África Negra.  La creación plástica» de » El Universo de las Formas», Ed. Aguilar,  Madrid, 1967.

«Cuentos Crueles». Auguste Villiers de l’Isle-Adam.

Goya.

Verlaine acuñó el concepto de «poetas malditos» en su libro del mismo título «Les poétes maudits», que es un ensayo dedicado a los poetas Mallarmé, Auguste Villiers de l’Isle-Adam, Rimbaud, Tristan Corbière, Marceline Desbordes-Valmore y al mismo Verlaine. El autor de «Cuentos crueles» nació en Bretaña el 7 de noviembre de 1838 y murió el 18 de agosto de 1889 en París, en la más absoluta miseria. De origen noble, fue defensor de la Comuna de París. Poeta encuadrado en el simbolismo y en el decadentismo, fue admirado por Rubén Darío, Mallarmé y por el propio Verlaine, que lo consideraba como un enorme poeta y un narrador genial. En Villiers de l’Isle-Adam se entremezclan la ironía. el sentido del humor, la metafísica y el terror. Habría que entrecomillar el terror de entonces, pues es evidente que la percepción del mismo ha variado mucho desde la época de los simbolistas. Desde el libro de Verlaine, es cierto que el término «poeta maldito» se extiende a todo aquel artista que es incomprendido en su tiempo y vive de forma bohemia,  en contra de los convencionalismos sociales. El ocultismo, la prevalencia del espíritu sobre la materia, el amor por encima de la muerte es un rasgo común en los «Cuentos Crueles» (1883-1888). «Vera» quizás es el cuento más conocido, donde el sentimiento amoroso trasciende el espacio temporal. La obra de este autor comprende la poesía («Deux essais de poésie»), el teatro ( «Eleín» y «Morgane» ) y la narración (» L’Eve future», «Histoires insolites») a pesar de morir relativamente joven. El concepto de «poeta maldito» de Paul Verlaine que ha llegado hasta nosotros lo toma del poema de Baudelaire «Bendición» con el que comienza «Las flores del Mal». Añadiría que el título «Cuentos crueles» lo asimilo más al cuento «Aceite de perro» de Ambrose Bierce -que sí considero cuento cruel, aunque divertidísimo- que a los cuentos metafísicos de Auguste Villiers de L’Isle-Adam.