Archivos

Lo que la Estirga no ve: el Memorial de los Mártires de la Deportación

Extremo de la isla de la Cité. Foto: Bárbara

Cualquiera que se siente en la terraza del café Esmeralda, situado en la esquina de la rue du Cloître Notre Dame y el quai aux Fleurs, puede observar como el sauce llorón se mece despacio. El día puede ser veraniego o primaveral y el ritmo puede cambiar según las horas; en invierno está mudo, sin hojas, pero sigue ahí como el guardián del Memorial. Si uno viene caminando por el square de Juan XXIII no tiene más que cruzar el quai de l’Archevêché para encontrarse con un pequeño jardín que lleva a la misma punta de la isla. Traspasada una verja de hierro, se accede a una discreta escalera que nos deja al mismo nivel del agua. Entramos en un espacio blanco en donde la memoria de todos los judíos deportados se hace también agua, llanto. Y ahí los nombres de todos ellos, fundidos con las palabras de los poetas. Y las velas encendidas por las vidas de 75.000 judíos deportados a los campos Drancy, Beaunela-Rolande y Pithiviers. Solo regresaron 2.500. El 17 de julio de 1993, el Presidente francés Mitterand declaró el aniversario de las detenciones masivas como Día Memorial Nacional de la persecución racista y antisemita. Un año después fue creado este monumento en las orillas del Sena. Y al año siguiente, el presidente Jacques Chirac reconoció la responsabilidad de Francia. Merece la pena una visita al Memorial de los Mártires de la Deportación para que no flaquee nuestra memoria. Respecto al encabezamiento, no es que la Estirga sea insensible, si no lo ve de día es porque Viollet-le Duc, su padre, su creador, la puso donde la puso; otras quimeras le cuentan…, pero no es lo mismo.

Lo que la Estirga tiene a la su izquierda

A la izquierda, el jardin Lagrange para descansar un rato. Antes de sumergirnos en el bullicio del barrio latino una visita a la iglesia más antigua de París es obligada aun para los ateos más recalcitrantes. La iglesia de San Julián el Pobre, de rito ortodoxo griego, es un remanso de paz. En tiempos de la Revolución francesa fue almacén de grano

Le Jardin Lagrange.Foto: Bárbara

.

Sobre La Estirg…

Sobre La Estirga (sin que ella se entere)

La Estirga, clavada en la torre, observa socarrona, impasible, sarcástica le parvis de Notre Dame a sus pies. La misión de La Estirga es esa: observar casi los cuatro puntos cardinales de París (del sur le da noticias otra quimera oportunamente situada). Desde arriba contempla la explanada que hierve de personas anónimas; lleva siglos sabiendo de los esfuerzos caóticos e hilarantes de los humanos. La Estirga se las sabe todas; por eso mantiene el gesto irónico en ese ademán a la par sabio, indiferente, casi contemplativo. La Estirga se sabe eterna… Me gusta subir (preferentemente los domingos de agosto) a las torres de Notre Dame para tocar el ala luciferina, para deslizar la mano sobre su lomo, para rozar la suya que apoya en su cara de piedra. Entonces me mira de reojo de abajo a arriba a lo Humphrey Bogart. Y me siento, tras penoso descenso, Lauren Bacall cuando enciendo un cigarrillo apoyada en el pretil del Pont aux Double viendo pasar el Sena también cáustico y eterno.